Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí.

Capítulo IV

Esperándote

Lyserg llega hoy. Lyserg llega hoy. Lyserg... AYYYY, me equivoqué otra vez!

Ya era la enésima vez que Pilika se equivocaba pasando la primera parte del informe de sus pasantías, tarea que no corría con prisas pero que había asumido para evitar morir de aburrimiento. Domingo. Y encima la llegada de Lyserg, que le tenía absolutamente sorbido el seso...

Escribía un rato y de pronto se quedaba con la mirada perdida en el espacio, pensando en las musarañas y en el inglés; para descubrir unos minutos después que había borrado accidentalmente lo escrito, o que simplemente había plasmado el desastre que era su cerebro en esos momentos.

Ya son casi las cinco. ¿Será que llega y se va directo a un hotel, o a visitar al viejo ése? Será que no se le ocurre venir a la casa?

"Pilika. Pilika. ¡PILIKA!"

Se vino abajo con todo y silla cuando la sonora exclamación al fin penetró sus sentidos, demasiado ocupados con sus verdes pensamientos. Tamao se había cansado de llamarla con su voz más calmada y dulce y había recurrido al tono más asertivo de su repertorio... que resultaba bastante ruidoso.

"¿Qué?" - preguntó malhumorada, poniéndose de pie y sobándose la cadera.

"El joven Yoh no está, doña Anna salió a hacer unas compras y me dejó a cargo de Hana... pero tengo que salir, Manta pasará por mí en unos minutos. ¿Te molestaría quedarte con el pequeño y hacer la cena?"

"Claro que no me molesta. Me extraña que me lo dejen, siempre están diciendo que no debo salir sola ni quedarme sola en la casa..." - comentó, con algo de ironía.

"Somos dos mujeres solas en una casa con un bebé, Pilika; por supuesto que el joven Yoh y doña Anna no nos dejarían desprotegidas. Amidamaru cuida la casa, y yo tengo a mis guardianes personales... los dejaré contigo."

"Conozco a Conchi y a Ponchi, y francamente no sé si quedarme con ellos sea mejor que estar sola," - dijo con humor, haciendo que la pelirosada se sonrojara un poco - "considerando que la última vez que trataron de protegerme terminé calada hasta los huesos. Te lo agradezco, Tamao, pero creo que con Amidamaru es más que suficiente; es preferible que dejes durmiendo a tus guardianes." - sin más, se volvió hacia la computadora, guardó y cerró el archivo en el que estaba trabajando, y procedió a apagarla.

"Si estoy interrumpiendo tu trabajo quizás sea mejor que me lleve a Hana..."

"Lo que estoy haciendo no lleva apuro. Y mira que eres loca, cómo se te ocurre que te vas a llevar a ese terremoto a una cita? La arruinaría en segundos... además, necesitas tu tiempito a solas con Manta para... ya sabes, todas esas cositas que los novios hacen."

"Pilika... basta." - la pelirosada estaba roja como una manzana.

"Vamos, muévete. ¿Dónde está el pequeño terror de la llanura?"

"¡Lika! Toy!" - su pregunta la contestó el mismo Hana, quien de pronto apareció detrás de Tamao dándole un buen susto.

"¡Hana! Te pedí que por favor te quedaras en la habitación!"

"¿Ves lo que te digo? Imagínatelo interrumpiendo tu cita..." - comentó casualmente la joven ainu, abalanzándose sobre Hana y capturándolo en un solo y fluido movimiento. El chiquillo lanzó un alarido y comenzó a reírse ruidosamente mientras la pelirosada los miraba, desconcertada.

"Manta debe estar al llegar, voy a buscar mi bolso."

"¿Vas a salir con esa ropa?" - el tono de Pilika expresaba puro horror, y Tamao como siempre la miró como si fuera un bicho raro. Era evidente que no veía nada malo en su plumoso suéter rosado y sus jeans.

"Pues sí. ¿Qué tiene de malo? Está limpia." - aseguró, poniéndose a la defensiva.

"¡Si no digo que esté sucia! Pero es una cita con tu prometido, y al menos deberías ponerte uno de esos lindos vestiditos que tienes por ahí guardados..."

"No es tan formal, Pilika, sólo vamos al cine y..."

"¿Y qué? No te digo que te pongas sedas y joyas, sólo que cuides un poquito más tu apariencia. Hiiija, con razón no levantas ni el polvo a pesar de que eres muy bonita... " - sin más, con todo y Hana a cuestas, la ainu se dirigió al santuario rosado que era la habitación de Tamao y utilizó su mano libre para abrir el armario empotrado que se encontraba junto al montón de cojines que formaban nido en una esquina - "Vamos a ver qué te puede servir"

"Pero Pilika..."

"¡Shhh! Ya verás que me vas a dar las gracias cuando Manta se te quede mirando como bobo." - comenzó a hurgar entre la ropa que colgaba de los ganchos - "Umm... demasiado rosa. Éste tiene demasiados volantes, parece de quinceañera... éste es demasiado formal. Esto deberías echarlo a la basura, está muy usado... esto está pasado de moda... esto es muy simplón... oh, mira! Apuesto a que esto te quedaría fantástico con una falda blanca, y hará que te veas menos pálida..."

Sostuvo triunfalmente la linda blusa de delgados tirantes adornada con un pequeño listón de encaje, todo en un bonito tono rosa subido. Tamao, sin embargo, enrojeció al verla.

"La compré porque me gustó el color," - empezó, vacilante - "pero nunca la he usado. Me parece que es muy... un poco... bueno, enseña mucha piel, y es algo llamativa, y..."

"¡Déjate de pavadas, mujer! Date con una piedra en los dientes y aprecia el hecho de que estás bien provista de aquí y tienes con qué llenar y sostener una blusa bonita como ésta," - dijo, señalándose el busto y haciendo que la otra mujer enrojeciera aún más - "el escote no es tan bajo como para que se te vea más de la cuenta, ya lo verás cuando la tengas puesta."

Le tendió la blusa, dejó a Hana en el piso y comenzó a escarbar de nuevo en el armario, emergiendo con una amplia falda blanca que tenía también un pequeño borde de encajes. Luego, sin más comentarios, sacó de la zapatera un par de sandalias blancas de medio tacón y escogió un bolsito blanco de la colección que colgaba en un rincón del armario.

"Bueno, ahí tienes. Vamos a salir para que puedas vestirte... Hana Asakura! Suelta esos zapatos inmediatamente!

Agarró al niño en volandas y lo sacó de la habitación antes de que pudiera ocasionar algún desastre en el santuario rosado, bajando a la salita para esperar allí los resultados de su búsqueda en el armario. Tamao no la decepcionó: llevaba el cabello suelto sobre los hombros, había algo más de rosa que de costumbre de sus mejillas y lucía radiante, puesto que la blusa dejaba al descubierto sus hombros y brazos y le dabavivacidad a su piel. La chica, a pesar de su obsesión con el rosa, siempre escogía ropa que no destacaba sus cualidades y que la hacía perderse en el montón; por eso, un simple cambio como ése la hacía ver casi impactante.

"¿Qué te dije? Luces fantástica! Vas a dejar a Manta con la boca abierta, ya lo verás." - como si al mencionarlo lo hubiera invocado, una bocina inconfundible resonó afuera - "Ahí lo tienes, vamos, muévete!" - la siguió hasta el porche con Hana a cuestas, y tuvo el placer de ver cómo Manta, después de saludarla a ella con un alegre gesto, se quedaba con los ojos llenos de deleite y asombro clavados en su prometida - " Estoy decidida a que hagamos una buena limpieza en ese armario tuyo y le demos una refrescada a ese guardarropa, Tamao..."

"D-después, Pilika." - la pelirosada tartamudeó un poco, como siempre lo hacía cuando estaba nerviosa, y echó a andar hacia el auto. Manta ya se había bajado y le sostenía la portezuela abierta, caballerosamente, si bien se notaba que seguía maravillado con la apariencia de la chica.

En ese momento un motorizado arribó a la escena, y por el llamativo casco rojo y el extravagante atuendo de cuero rojo y negro, no podía tratarse de otra persona... Ryu acababa de hacer su entrada triunfal.

"¡Esperen! A dónde van que no me invitan?" - el shaman aparcó la motocicleta en el jardín y se quitó el casco, dejando al descubierto su lustroso cabello negro, que esta vez lucía un peinado muy al estilo Pompadour. A pesar de su brillante sonrisa, parecía algo mohíno.

"¡Déjalos, mastuerzo, que tienen una cita! Que la pasen de lujo, muchachos!" - Pilika los despidió con cierto dejo malicioso que hizo que Tamao enrojeciera todavía más, y se quedó en la entrada hasta que el auto desapareció calle abajo.

"¡Liu! Aíba!"

La exclamación provenía del pequeño en los brazos de la ainu, quien se retorcía tratando de llamar la atención del enorme shaman. Éste lo tomó en brazos de inmediato y comenzó a lanzarlo hacia arriba y a atajarlo como si fuera una pelota, haciéndolo reír a carcajadas.

"¿Cómo está el peludo? Cómo está la bolita de miel? Cómo está el monstruito de la casa? Eeeeeeh?" - la peliazul puso los ojos en blanco en señal de exasperación: si Ryu resultaba extraño, rimbombante y ridículo el noventa por ciento del tiempo, cuando entraba en contacto con niños pequeños se ponía aún peor. Ponía la voz meliflua, inventaba los motes más absurdos, hacía pucheros, danzaba en puntitas...

"Mira que a Anna no le gusta cuando haces eso, Ryu..." - le advirtió Pilika, entrando en la casa - "¿Tienes hambre? Te puedo calentar un resto del guisado que hizo Tamao para el almuerzo, si quieres. Está bastante bueno."

"Sería estupendo, Pilika, gracias." - la siguió a la cocina y se quedó en el umbral con Hana mientras ella ponía la cacerola al fuego y preparaba un plato.

"No creas que no me di cuenta, Ryu. ¿Qué te ha pasado esta vez?"

"¿Que qué me pasa? A mí? Naaada..."

"No me vengas con bobadas. ¿Y esa cara de burro aplastado que tienes, a qué se debe?"

"Problemas personales..."

"Ajá. Me corto la nariz si cierta peliteñida que todos amamos odiar no está metida en el asunto..."

"No lo hagas, tienes una naricita muy linda. Y no le digas así..." - protestó el enorme shaman débilmente, acomodando a Hana en sus brazos. Éste se hallaba entretenido jugando con su ampuloso peinado, al que Pilika le auguraba pocos minutos más de vida.

"Hermano, ese pelo es teñido y tienes que admitirlo; lo sé yo, que bastante me fregó y me delató con papá cuando era chica sólo porque me llevaba casi cinco años, y además porque se creía la madre de las siete estrellas. Su cabello original es castaño, aunque con tantos encuentros que has tenido con ella ya deberías tener evidencia sólida de que es así..." - su mano derecha voló a tapar su boca, pero ya era tarde: las palabras, que insinuaban claramente lo que pensaba, ya habían escapado; no pudo evitar enrojecer de vergüenza.

Para su sorpresa, Ryu se echó a reír. Cuando al fin se calmó, tuvo incluso que restañarse una lágrima; mientras una Pilika algo indignada esperaba la explicación pertinente.

"En verdad eres un caso, pero no voy a discutir esas cosas contigo, niña." - le dijo en tono paternal y rimbombante.

"¿Y qué te hace pensar que yo quiero hablar de eso contigo? Guácala! No!"

"Yo tampoco querría hablar de eso contigo, ni aunque me mataran. ¡Eres una jovencita decente! Dije eso porque no me gusta que digas que todos la odian. No es cierto, y además odiar es muy feo, Pilika." - comentó el shaman, moderando su voz y adoptando un aire reflexivo que hizo que la joven se sintiera avergonzada de nuevo.

"Claro que no es cierto, Ryu, no es para que te ofendas. Es sólo un decir... ya sabes que nos hizo la vida de cuadritos y no tenemos buenos recuerdos de ella, es todo... de allí a odiarla hay mucho trecho, y no creo que ninguno de nosotros lo vaya a recorrer."

"Lo sé, lo sé, pequeña. No me gusta que utilices palabras tan duras, es todo."

Por todo lo que le era sagrado, Pilika sabía que no podría entender jamás lo que alguien como Ryu encontraba atractivo en Suisei; además de su espectacular cuerpo y su linda cara, claro. Ryu podía actuar como un bufón la mayor parte del tiempo, pero era un ser considerado, generoso, devoto, leal y nada superficial; algo más tenía que haber en la pelirroja, algo que los demás no podían ver pero que él se las arreglaba para percibir con claridad. Porque estaba enamorado, y eso no era de ayer...

"No podremos vernos en otros tres o cuatro meses. Va a rodar una película en Francia." - le dijo al fin, con voz queda, jugueteando con el niño que a estas alturas ya había deshecho casi por completo el complicado peinado. No que al shaman pareciera importarle demasiado.

"Lo siento, amigo." - repuso con sinceridad, sirviéndole un plato y haciéndole señas para que lepasara al niño y pudiera sentarse a comer.

No le agradaba Suisei. No le había agradado su prima cuando era una niña, y había descendido aún más en su escala de apreciación con todos los actos que su malicia y su cizaña le habían hecho cometer en contra de Horo y algunos de los demás habitantes de la casa por aquel entonces, en los tiempos en los que Yoh y Anna se habían casado. En cambio, Ryu le agradaba mucho, y por eso temía verlo lastimado. Sin embargo, se había pasado casi cuatro años esperando a que Suisei le diera calabazas o le hiciera algo todavía peor al enorme y bondadoso shaman, y eso aún no sucedía.

Si decía que lo sentía, era porque en verdad lo sentía... por Ryu. Por lo que a ella le importaba, Suisei podía hundirse en la sima más profunda del infierno, siempre y cuando no se le ocurriera lastimar a una persona que era como familia para ella.

Mientras Ryu comía con mucho apetito a pesar de su talante un tanto mustio, Pilika se recogió el cabello con un pañuelo y se puso un delantal, ubicó al chiquillo en el piso de la cocina sobre una alfombrilla, y le dio algunos juguetes para que se entretuviera. Allí podría estar pendiente de él y no perderlo de vista mientras hacía la comida; era un recurso que la misma Anna utilizaba cuando le tocaba cocinar.

Decidió hacer una tarta de fresas como postre además del menú ordinario, y puso manos a la obra en lo que Ryu terminaba de comer. No solía cocinar con frecuencia, pero era una cocinera bastante buena cuando se lo proponía. La única pega era que solía ensuciar demasiados trastes y que invariablemente terminaba echándose una parte de los ingredientes encima; el delantal no lograba evitar del todo que se pusiera la ropa perdida.

Pudo concentrarse un rato mientras Ryu jugaba con Hana, pero cuando éste se excusó y salió, diciendo que tenía que desempacar, tuvo que partirse en dos para tener un ojo en la cocina y el otro en el chiquillo. Eso hizo que acabara ensuciándose un poco más que de costumbre.

Justo cuando estaba en pleno salteado de las verduras, el timbre sonó, sobresaltándola. Diablos... ah, pero se había olvidado de que Ryu estaba en casa. Él atendería la puerta, seguro.

"Ryu! La puerta!"

No hubo respuesta, y después de un minuto el timbre volvió a sonar. Pilika comenzaba a irritarse, y cuando Pilika se irritaba se le salía la hebra...

"RYU! Que está sonando el timbre, leñe!" - voceó, mientras manejaba la enorme sartén con sorprendente agilidad, nacida de la práctica. La voz del aludido respondió desde la planta alta, algo amortiguada.

"¡Estoy tomando un baño, pequeña! No querrás que salga en toalla y..."

"¡NO! El cielo no lo permita, quédate donde estás!" - fastidiada, la ainu apagó la hornilla. Menos mal que las verduras estaban listas y sólo haría falta calentarlas cuando los demás llegaran... y menos mal que el horno tenía temporizador, y no corría el riesgo de que su tarta se quemase mientras atendía a quien fuera que estuviera en la puerta - "Ya va! Quienquiera que sea, espere un minuto y le atiendo!" - voceó de nuevo, en el menos elegante de los tonos.

Pero a Hana no podía dejarlo solo en la cocina, así que lo levantó y salió al pasillo como una tromba, dispuesta a enfrentarse con quien se atrevía a molestar precisamente cuando estaba haciendo la cena. Sus pasos eran decididos hasta que recordó algo, y ese recuerdo la hizo quedarse como de piedra a medio camino.

¿Y si era Lyserg? Cielo santo, se había olvidado por completo de que Lyserg podía venir esa tarde!

Entre el vestuario de Tamao, los rollos de Ryu y el tener que ocuparse del niño y de la cena por igual, a la joven ainu se le había ido de la cabeza por entero lo que la había tenido preocupada todo el día. Así que allí estaba, jadeante y manchada de harina, con el pelo recogido en un pañuelo viejo, con unos pantalones capri que habían visto mejores días y una blusita corta sin mangas que no era adecuada para recibir gente, debajo de un delantal a cuadros lleno de harina y otros ingredientes menos identificables, con un niño a cuestas...

No estaba ni remotamente presentable. La lista de esto-no-me-puede-estar-pasando era interminable, y Pilika se debatía entre la vergüenza, la urgencia y la desesperación. No que ella hubiera pensado en ponerse un traje de princesa, alguno de los vestidos rosa de Tamao o algún atuendo sofisticado - sí, tenía algunos de ésos para cuando le tocaba alguna presentación importante en la universidad o en el trabajo -, pero al menos hubiera querido estar reposadita, bañadita y limpiecita...

Rayos. ¡Rayos!

Se encontró deseando que la persona que esperaba afuera no fuera la persona a la que había estado esperando casi todo el día. Que se hubiera ido primero a ver al viejo. Que se hubiera ido a un hotel. Cualquier cosa, cualquier cosa, lo que fuera...

El timbre sonó de nuevo.

¡Nooooooooo!

"Que no sea Lyserg, por favor, que no sea Lyserg," - murmuró en una plegaria, mientras sus pies la llevaban hacia la puerta aun en contra de su voluntad, porque su educación se imponía - "prometo que me voy a portar bien, que no voy a meterme más en donde no me llaman, pero por favor, que no sea Lyserg!"

Abrió la puerta con su mano libre y un nudo en la boca del estómago. Si era posible que ambas cosas sucedieran a la vez, ella lo estaba comprobando en ese mismo momento: su corazón cantó gloria! y al mismo tiempo se le fue a los pies.

Sus plegarias no habían sido escuchadas, porque frente a ella, enmarcado por las últimas luces doradas de la tarde que moría, estaba el mismísimo Lyserg Diethel. Llevaba un elegante traje gris, corbata clara y un abrigo también gris, doblado, colgando de su brazo derecho; sonreía, sus claros y maravillosos ojos verdes centelleaban y lucía magnífico. Espléndido.

¡Y ella en fachas de fregona!

"Hola, pequeña Pilika." - su voz profunda y agradable contenía un hechizo difícil de resistir. Pilika sentía que flotaba en una burbuja dorada, a pesar de la angustia por sus fachas y de los sonidos que hacía Hana en sus brazos... hasta que se dio cuenta de el adjetivo que el joven había utilizado.

¿Qué se cree éste? Que porque me quedé enana va a tratarme como si tuviera ocho años? "Pequeña" Pilika?

¡Y un cuerno!


N.A.: Que las otras parejas son secundarias y se irán desarrollando, leñe! Ya no lo voy a repetir más... esto estaba escrito desde hace rato, pero no pasado; me he tardado por el trabajo, como siempre. Pobre Pilika, debe sentirse un poco como Edward Elric... y que el tipo por el que estás babeada se dirija a ti como si fueras cuchi debe ser... simplemente vergonzoso xD.

Gracias a mis lectores: Mordecay (que no, no va a ser una novelita de misterio xD), Vickyng (mujeres legendarias con fama de malas, vamos. Aunque Cruella lo es sin matices xD. Por eso es bueno tener varios fics... si en uno me atasco, continúo con el otro y así no pierdo el flow; como son tan distintos, no pasa nada. Y Pilika es un personaje que merece atención, por eso la he rescatado), Nadeshiko (ya veremos... mira que estamos hablando de alguien la mar de cerrado), Viosil Uab (cybernoviazgo, eh? No me hables de eso que tuve una mala experiencia xD. No me cuesta idear los episodios porque todo está ya más que bosquejado en mi cabeza; lo que me cuesta es encontrar tiempo para escribir. Joey es bastante bueno y diferente, sí xD. Diox, cómo me entretienen tus revs; lástima que no te guste el yaoi... pero espera, podrías leer mi Reloj de Arena, el centro también es una pareja hetero xD), Niacriza (te gustaron los parientes de la chiquita, eh?), Seinko (es muy posible que ni se lo figure xD), Faye Burning Deep (lo siento...), Jenny Anderson (nah, a veces no sorprendo xD. Arriba repito lo que ya he dicho. Y pronto se actualizarán esas dos), Kena Tao (fuera dudas), Rama-chan (no te preocupes, yo lo entiendo bastante bien aunque no pueda escribirlo xD. Yoh y Anna van a tener su historia, y Tamao... bueno, ella quiere algo especial, lo que sucede es que a veces uno no ve lo especial ni aunque le pegue en las narices), Maki Tasui (tranquila que viene todo el mundo xD), Sumire-chan (gracias, espero que lo disfrutes!), EsmeLi (ya verás! Y no exageres conmigo.A Pilika sí hay que adorarla, yo la adoro xD), Akane Yukino (bienvenida!).