Todo lo que deseas
por Karoru Metallium
Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí.
Capítulo V
Verdes como el trigo verde, y como el verde limón...
Pilika sintió, por espacio de diez segundos o algo así, que las orejas le ardían y que de ellas brotaba humo... porque estaba ardiendo de indignación. No podía creer que Lyserg, - con quien llevaba casi cuatro años carteándose -, la saludara como si ella fuera una muchachita así, de buenas a primeras.
Casi de inmediato se calmó. Ya no era el mismo fosforito de antes, podía controlarse cuando así lo quería; y entendía perfectamente que cualquier escena de ira por su parte iba a ser interpretada como una muestra de inmadurez. Así que buscó la más dulce de sus sonrisas y el más falso de sus tonos, olvidándose de sus fachas desastrosas, y se hizo a un lado para que el joven pudiera pasar.
"¡Lyserg! Pero qué pequeña y deliciosa sorpresa! Pasa adelante y perdona mis fachas, había olvidado que podías venir esta tarde y estaba preparando la cena..." - le hizo señas con su mano libre para que la siguiera, se dio media vuelta y se encaminó de regreso a la cocina - "Espero que no te moleste hacerme compañía mientras termino..." - dijo, sin mirarle.
"Por supuesto que no me molesta, Pilika." - dijo tranquilamente, siguiéndola.
Una vez en la cocina, se volvió a mirarle.
"Tengo que sacar la tarta del horno y dejar la comida lista. Sólo tardaré unos minutos." - hizo ademán de poner al niño en el piso, pero un gesto del inglés se lo impidió.
"Tú eres Hana, verdad?" - dijo sorpresivamente, inclinándose hacia el niño que Pilika aún sostenía en sus brazos, y ésta no pudo evitar quedarse de nuevo hechizada al ver la sonrisa que el inglés le dirigía al chiquillo - "Te he visto en fotografías. Yo soy Lyserg."
"¡Iser!" - exclamó alegremente Hana - "Oa!"
El niño extendió sus manitas y Lyserg, sin transición, lo tomó en brazos como si fuera la cosa más natural del mundo. Sobre decir que la ainu estaba boquiabierta observando la escena... Hana no se iba de brazos con cualquiera y era muy claro en sus agrados y desagrados, así que el número de personas que podía cargarlo - o soportarlo - era más bien limitado.
Ni los bebés se salvaban del encanto del inglés. Joder.
"¡Hola, bebé!" - sin prestar atención a las manchas de harina que el pequeño estaba dejando en su chaqueta, y que provenían del delantal de Pilika, el joven lo cargó con gusto y una gran sonrisa.
"No sabía que te gustaban tanto los niños." - comentó la peliazul, tratando de ocultar su asombro y convertirlo en simple curiosidad mientras sacaba el pastel del horno y lo ponía a reposar sobre el mesón.
"Me agradan, aunque casi nunca tengo oportunidad de interactuar con ellos. Y este chiquilín es una dulzura." - dijo con sinceridad. Si la joven ainu hubiera tenido puestas las medias, a buen seguro se le habrían escurrido. El platón en el que acababa de servir las verduras salteadas estuvo en un tris de irse al suelo.
"Sí, es un pequeño encantador." - logró articular, con algo de sorna, y Lyserg la miró con algo de desconcierto.
Hana era ya, definitivamente, una víctima más del joven. Se estaba quedando inusualmente quieto, jugueteando con su corbata y mirándolo de hito en hito con sus grandes ojazos oscuros. El tipo era peligrosísimo: lo que hacía cuatro años había sido puro encanto juvenil, era ahora una fuerza que arrollaba aunque su poseedor no se diera cuenta de ello. Bah, probablemente sabía el efecto que causaba en la gente... no era ningún idiota.
"Pilika..."
"¿Sí?" - preguntó. Tenía los nervios de punta y tuvo que controlarse para que a) su voz no saliera como el croar de una rana, y b) la comida que llevaba en el platón no terminara decorando el piso. Tragó con dificultad y trató de no mirarlo, pero fue inútil: Lyserg avanzó hacia ella y utilizó su mano libre para hacer que elevara la cara... el leve contacto de los largos dedos contra su barbilla la electrizó. Él, por su parte, estaba muy serio.
"Estás molesta conmigo porque te dije 'pequeña', cierto?"
"A decir verdad, sí, lo estoy."
"Es sólo una expresión cariñosa, sabes?" - hubo una larga pausa durante la cual sólo se escucharon los gorgoritos que Hana hacía ocasionalmente - "Sé que es posible que te sientas algo incómoda conmigo después de casi cuatro años sin vernos, pero quiero que sepas que no tienes motivo para ello. Te aprecio y valoro muchísimo lo que me has dado durante este tiempo..."
"¿Lo que te he dado..?" - lo miró, confundida.
"Quizás no te hayas dado cuenta, pero tus correos electrónicos y tus cartas me mantenían anclado a la realidad, y consciente de que hay gente normal y buena allí afuera. No soy penalista, y sin embargo en mi trabajo he visto la suficiente porquería como para volver cínico a cualquiera... bastante tengo ya con lo que me ha pasado, no necesito andar por ahí desilusionado de todo y de todos. Y por ello te agradezco."
Pilika tragó grueso... otra vez. Condenado Lyserg, en modo persuasivo no había resistencia posible. Sin embargo, y a pesar de que ella sabía que todas sus palabras eran sinceras, percibía algo... algo extraño en la conducta del shaman inglés, desde el primer momento y la primera palabra. Como si a pesar de su sinceridad no estuviera diciéndolo todo, como si estuviera conteniéndose con todas sus fuerzas, reprimiendo algo que lo afectaba mucho y que no quería revelar.
A pesar de su abierta amargura nunca había sido un libro abierto, su comportamiento casi siempre encajando a la perfección en el molde preconcebido del inglés reservado y reprimido; pero ahora, más que nunca, la joven ainu sentía que ocultaba algo tras esa máscara de calma y buen humor, como siempre teñida con el toque de melancolía que era la marca de fábrica del chico. Había una distancia cautelosa en los hermosos ojos verdes.
"Oye, no tienes nada que agradecer; te... te aprecio, y para mí ha sido un placer. Lo siento si me he puesto medio cachorra, pero es que me revienta que me traten como a una niña sólo porque soy bajita. No soy una niña, ya no."
"Lo sé. Eres una mujer; y de las más hermosas, por añadidura." - la sonrisa se sentía en su voz, haciendo que la chica contuviera las ganas de suspirar.
"No intentes adularme, Lyserg..."
"No lo estoy haciendo y lo sabes." - era cierto - "Estoy muy feliz de verte de nuevo."
"Yo también me alegro mucho," - dijo al fin, volviéndose para tapar la última cacerola con una mano bastante insegura - "de que al fin te hayas dignado a visitarnos..."
"Ya salió el peine." - al mirarlo era evidente la chispita de diversión que bailaba en los maravillosos ojos verdes - "De hecho, y para que lo sepas, estas son las primeras verdaderas vacaciones que me tomo en cuatro años."
"Pero no te las estás tomando por placer... ni por venir a vernos." - el tono zumbón de Pilika apagó un poco el toque divertido en aquellos ojos, y la ainu casi lamentó haber abierto la bocota - "Vamos, dame a Hana antes de que te arruine la corbata."
El joven le tendió al chiquillo, y entre ellos se hizo otra pausa de silencio.
"Pensaba tomármelas de todos modos. Supongo, ya que me has dicho eso, que estás enterada de uno de los motivos de mi visita al Japón."
"Ajá. El asunto del tipo ese, Marlowe."
"Yoh te lo dijo, entonces..."
"Lyserg, fui yo quien encontró el cadáver de la tipa esa."
"¿Qué?" - los ojos verdes se abrieron como platos.
"Ah, no lo sabías. Verás, yo..."
"¡QUERIDO LYSERG!"
La exclamación de Ryu, que llegaba vestido con un traje azul bastante extravagante y precedido por una nube de perfume, casi perforó los tímpanos del personal. El enorme shaman se abalanzó sobre el inglés, que con todo y el estirón que había dado - Pilika le calculaba un metro ochenta y cinco a ojo de buen cubero, y no creía equivocarse por más de tres centímetros - lucía casi pequeño al lado de la figura gigantesca y tosca de Ryu.
Éste, después de administrarle un abrazo de oso de lo menos terapéutico, lo soltó y tomó distancia para observarle con una gran sonrisa.
"¡Querido Lyserg! Cómo has crecido! Y cada vez estás más apuesto..." - su tono ya era más normal, lo cual hizo que la chica suspirara de alivio; pero se alarmó cuando el gigantesco shaman apretó el antebrazo del más joven por encima de la manga de su chaqueta, como tanteando su musculatura - "y fuerte! Has estado entrenando, eh?"
La joven ainu no pudo evitar largar la risa ante la expresión del rostro de Lyserg, que fluctuaba entre la vergüenza, el asombro y la simple y pura incredulidad; además, un ligero rubor comenzaba a asomar en sus mejillas.
"Sólo lo suficiente para mantenerme en forma..." - articuló al fin, recobrando la compostura. Pero no por mucho...
"¿En forma? No me digas que estabas gordito!" - Ryu le guiñó un ojo malicioso.
"No, siempre he sido más bien flaco." - contestó, con la cara encendida. Pilika sintió lástima y decidió salvarle de todo el posible bochorno que le aguardaba, echando al niño en los brazos del enorme shaman.
"Cuida a Hana. Yo me voy a duchar, estoy asquerosa. Nos vemos en un rato, Lyserg... porque te quedarás a cenar, verdad?"
"No quisiera imponer mi presencia..."
Hana - que tenía un radar incorporado en cuanto a sus padres se refería - empezó a retorcerse en los brazos de Ryu, y casi de inmediato se escuchó el sonido de la puerta principal al abrirse; todos salieron al pasillo y encontraron allí a los dueños de casa, que acababan de llegar. El chiquillo de inmediato fue bajado cuidadosamente en el suelo, para que pudiera echar una carrerilla y precipitarse a los brazos de su madre.
Yoh, por su parte, sonrió de oreja a oreja y avanzó hacia el inglés, envolviéndolo en un afectuosos abrazo que éste devolvió con una sonrisa casi feliz; sonrisa que derritió el corazón de Pilika.
"Es un placer tenerte de nuevo aquí, Lyserg. Te hemos extrañado."
"Puedo decir lo mismo. Los he echado mucho de menos... a todos." - repuso el joven con sinceridad.
"¿Cómo has estado, Lyserg?" - le saludó Anna, con la cordialidad un tanto seca de la que solía hacer gala.
"Bastante bien, Anna, gracias. Ya he conocido al pequeño de la casa." - le dijo, con una de sus devastadoras sonrisas. La itako, por su parte, no era del todo inmune al encanto del shaman inglés y acabó respondiendo con una propia.
"Espero que no le hayas dado demasiada confianza, porque puede ser un verdadero abusador cuando lo dejan." - le advirtió.
"Es adorable, no le vi nada de abusador."
"Supongo que acabas de llegar; debes estar agotado después de un viaje tan largo. ¿Te quedarás con nosotros?" - inquirió Yoh con la más placentera de sus expresiones.
"Se los agradezco mucho, pero no. Ya he pasado por la casa de los Marlowe y allí dejé mi equipaje."
Pilika, que por momentos había albergado la esperanza de tener al joven inglés al alcance de la mano, aunque sólo fuera para quedarse mirándolo todo el día como la boba que era, se vio desilusionada. Ryu, por su parte, hizo la pregunta que la ainu no se atrevía a vocalizar.
"¿Y cuánto tiempo planeas quedarte en Japón, querido Lyserg?"
"Planeo quedarme por un mes y medio, por el momento no tengo casos urgentes."
"Al menos te quedarás a cenar con nosotros esta noche, espero..." - intervino Anna, como buena anfitriona.
"Vamos, Lyserg, quédate. Recordemos los viejos tiempos." - dijo Ryu alegremente, haciéndolo sonreír de nuevo.
"Será un placer."
Pilika pidió que le dieran quince minutos de gracia y subió a ducharse. Ya el joven la había visto en las peores fachas, así que no tenía sentido emplear más tiempo del acostumbrado arreglándose; cuando bajó llevaba unos jeans limpios y una blusa estampada, y el lustroso cabello suelto y bien peinado.
Como ella había preparado la cena y Tamao no estaba, Ryu se encargó de servirla. En la mesa quedó justo junto a Lyserg, y aunque la mayor parte de la conversación fue general y sin tocar tópicos privados - Yoh contó algunas anécdotas, Anna le lanzó alguno que otro codazo por ciertos comentarios que juzgó indiscretos, y Ryu se entretuvo haciendo el recuento de su vida en los últimos cuatro años; sin mencionar su relación secreta con Suisei, por supuesto -, en un determinado momento el inglés se volvió hacia ella y le habló en voz baja.
"Espero que ahora podamos proseguir nuestra conversación, Pilika."
"No quiero hablar más de esa cosa sanguinolenta, todavía tengo pesadillas con ella..."
"¿Conocías a Meiko?"
"¿Yoooo? Qué va! Hay varios ricachones antipáticos en la empresa en la que estoy haciendo las pasantías, y ese es todo mi contacto con las altas esferas. Tú sí que te codeas con esa gente, eh? Yoh dijo que el viejo era amigo de tus padres..."
"Lo era, y se portó muy bien conmigo en los peores momentos." - sonrió levemente - "Espero que no me salgas ahora con que tienes prejuicios de clase, Pilika, porque mis padres tenían dinero y mi madre estaba emparentada con la nobleza. ¿Te parece que soy un ricachón antipático?"
"¡Jamás he dicho eso!" - exclamó, indignada, y enrojeció cuando las miradas de todos los presentes convergieron en ella. Volvió a bajar la voz y a ignorar a los demás - "No seas necio. Tú nunca has sido antipático ni te has portado como esos tipos odiosos que creen que porque tienen plata pueden fastidiar a todo el mundo. Es más, no supe que tenías dinero hasta que te vi salir en la prensa rosa..."
"¿Has estado leyendo chismes acerca de mí?" - la incipiente sonrisa se hizo más amplia.
"Sí, pero déjame decirte que has hecho un trabajo fantástico dándole esquinazo a los paparazzi, porque no han descubierto tus secretos más jugosos..."
"Yo no tengo secretos jugosos..."
"Como quieras; tienes secretos, punto. Y siguen siendo secretos. Oye, pero aún no me cuentas porqué estás aquí... está el viejo acusado de asesinato, o algo?"
"No, y si lo estuviera yo no podría defenderlo. Sólo he venido a apoyarle y colaborar en lo que pueda; no tengo aún los detalles del caso. No siquiera sabía que tú habías encontrado el cadáver... vaya una casualidad."
"Bah, tarde o temprano tenía que pasarme algo así. Siempre vivo llevándole la contraria a Yoh y a Anna y metiéndome en donde no debo. Tú sí conocías a la muerta, eh?"
"Sí. Pero hacía más de diez años que no la veía."
"Era muy hermosa." - comentó Pilika en voz baja, recordando la foto en el periódico.
"Richard siempre tuvo buen gusto. Su primera mujer fue modelo y ganó varios concursos de belleza en Europa." - la mirada de aquellos ojos verdes de pronto se había tornado distante otra vez, y los engranajes comenzaron a girar de nuevo en la cabeza de la chica. Era evidente que cualquiera que fuera el problema que preocupaba a Lyserg, tenía algo que ver con la familia Marlowe. Quizás con las mujeres de la familia Marlowe, si es que quedaba alguna...
"¿Y el viejo tiene más familia?" - preguntó, como quien no quiere la cosa, y casi pudo sentir cómo Lyserg se retraía más ante la pregunta.
"Una hermana, tres hijos y un sobrino. ¿Porqué preguntas?"
"Simple curiosidad. Como dijiste que habías venido a apoyarlo, creí que se había quedado solo en el mundo o algo por el estilo..."
El inglés pareció a punto de comentar algo, pero no lo hizo. Transcurrió casi un minuto de silencio antes de que volviera a hablar, y cuando lo hizo fue evidente que intentaba cambiar de tema.
"¿Y a ti qué tal te ha ido?" - la 'inocente' pregunta tuvo la virtud de irritarla de nuevo, y sólo logró mantener la voz baja haciendo un enorme esfuerzo. Pero claro, el tono venenoso y ofendido salió con tanta contundencia como si hubiera gritado...
"¡Qué tupé el tuyo! Casi tres meses sin contestarme un solo correo, y vienes a preguntar cómo me ha ido! Pues bien!"
Se dio cuenta de que había tocado una fibra sensible porque la expresión en el rostro del joven cambió y por un instante pareció retroceder en el tiempo cuatro años. Podía verlo tal y como lo había visto esa noche - la noche de la fiesta de bodas de los Asakura -, la sonrisa suave y divertida y esos ojos verdes mirándola fijamente, salpicados de placer y de pesar... porqué pesar?
¿Qué secretos acechaban detrás de esos ojos que parecían tan serenos y a veces tan tristes? Y qué tenían esos secretos que ver con ella?
No le cabía la menor duda de que parte de la melancolía de Lyserg también tenía que ver con ella; de alguna manera lo sabía. Recordaba cada palabra y cada gesto del inglés, incluyendo la confesión que le había hecho cuando se había pasado de tragos en la famosa despedida de soltero de Yoh, y sospechaba que en aquel entonces Lyserg sentía por ella algo que iba más allá de la simple amistad. No tenía la seguridad de que eso hubiera sido del todo cierto en ese entonces, ni si esos sentimientos, cualesquiera que fueran, habían quedado en el pasado; simplemente no se hacía demasiadas ilusiones.
La respuesta del joven llegó en el mismo tono sereno y ligeramente divertido que había usado durante la mayor parte de la conversación.
"Lo siento muchísimo, Pilika, de veras. Estaba muy ocupado con un caso y a veces me olvidaba hasta de comer... no digamos de sentarme a contestar tus correos como es debido."
"Pensé que me estabas dejando de lado. Eso es muy malo para la autoestima de una chica, sabes?"
"Jamás haría eso y lo sabes. Eres muy importante para mí."
"¿En serio?" - las palabras de Lyserg la hicieron sentir absurdamente feliz, y sabía que tenía una enorme y estúpida sonrisa pintada en el rostro cuando se volvió hacia Anna y captó su mirada de advertencia.
"Creo que nunca te he mentido. Además, tú sabes que es verdad."
Lyserg se despidió pronto, con la promesa de volver a visitarlos tan a menudo como pudiera, y la peliazul se sintió como flotando en una nube cuando el joven se inclinó para despedirse de ella con un ligero beso en la mejilla. Se quedó allí plantadota con la sonrisa más tonta de su repertorio hasta que lo vio partir en el elegante auto aparcado en la entrada, y que según les había platicado era un préstamo del viejo - Pilika no podía evitar referirse al tal Marlowe de esa manera - mientras estuviera en el país.
"Pilika..." - la voz de Anna contenía una nota de alarma a pesar de su sequedad.
"Sí, mujer, ya sé lo que me vas a decir: que no me ilusione porque me voy a llevar el ranazo del siglo, que el tipo no está interesado en mí de la forma que yo quiero, etcétera. Sé perfectamente todo eso. No te preocupes tanto y déjame al menos disfrutar de su presencia..."
Ni siquiera las miradas preocupadas que le dirigía Anna pudieron hacer explotar la burbuja en la cual flotaba cuando al fin se acostó, mirando al techo y sin poder dormir por la emoción que sentía. Oh, qué más daba. A buen seguro el joven no pensaba en ella de esa manera; simplemente le había tomado cariño. Pero Pilika estaba decidida a recibir con los brazos abiertos cualquier muestra de afecto, aunque fueran migajas, porque lo quería. Para bien o para mal, lo quería.
Y carpe diem. ¿Qué era lo peor que podía pasarle?
N.A.: Ay Pili... cuando una empieza a pensar de esa manera, segurito que termina estrellándose. Ya vamos saliendo de la etapa aclaratoria y comenzarán a pasar cosas, como en cualquier novelita de las tres... el título de este cap salió de una canción española referida a los ojos verdes, don't sue me.
Gracias a mis lectores: Rama-chan (ya veremos, ya veremos), Niacriza (son cosas que pueden pasarle a cualquiera xD), Sumire-chan (y te quejas... yo mido 1.54. Y el romance, como ves, aún tarda), Akane Yukino (lo que más gusta de Pilika es que es natural, como cualquier chica, con sentimientos y metidas de pata incluidas. Eso vi en ella a través de su aparición en la serie. Ya aparecerán, tranquila), Kena Tao (me alegra que los encuentres familiares xD), Maki Tasui (me alegro!), Viosil Uab (el mundo es injusto, y son cosas que le pasan a cualquiera xD. Y sí, la idea de Ryu haciendo eso es perturbadora, ya ves cómo reacciona Pili xD. Uf, si me lo dijiste no me enteré, pero ahora vuelo a mirar! Yay for you! xD), Yamiana (claro, por aquello de que segundas partes nunca fueron buenas xD. Pero creo que el feeling de este fic es distinto, por eso me aventuré...).
