Todo lo que deseas
por Karoru Metallium
Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí.
Capítulo VI
Quiero verte
Lyserg Diethel podía estar en el mismo país - en el mismo continente, vamos - que ella por primera vez en cuatro años, pero eso no necesariamente significaba que Pilika lo vería a diario. De hecho, habían pasado dos días desde que el inglés había visitado la casa de los Asakura; y a pesar de que entre las pasantías y el par de asignaturas que le faltaban tenía trabajo más que suficiente, la peliazul no podía dejar de pensar en él.
No se recibieron noticias de Lyserg en esos días; pero sí de Horo, que venía a pasarse unas semanas en la ciudad para arreglar algunos asuntos comerciales de la tribu y de paso encontrarse con Len, quien también vendría de China para la ocasión. Su hermano siempre se quedaba en casa de los Asakura, así que al menos Pilika tendría más gente con quién conversar - no que el ainu fuera un gran conversador, pero sí era buen oyente cuando se le antojaba - y en quien desahogar sus frustraciones con algún que otro coscorrón y/o codazo bien administrado.
En la mañana del tercer DDL (Días Después de Lyserg, como los contaba la chica en su cabeza), el que a menudo se convertía en habitante temporal de la casa arribó sin hacer aspavientos... hasta que ella lo vio, claro.
"¡¡HORO!" - la chica se abalanzó hacia el corpulento shaman, quien le obsequió con un abrazo de oso.
Le pareció que su hermano mayor estaba más guapo que nunca, con su aspecto sanote y corpulento y sus ojos chispeantes de alegría y buen humor. Era evidente que, aunque vivían separados, la relación entre él y Len Tao iba viento en popa. Y el encontrarse feliz y satisfecho le sentaba magníficamente, además...
"¿Cómo estás, enana?" - le preguntó, alborotándole el cabello en ese gesto cariñoso que a Pilika la hacía debatirse entre la ternura y la irritación.
"¿A quién llamas enana, mastuerzo? No has escuchado aquello de que los mejores perfumes y los venenos más potentes vienen en frasco pequeño? A ver si ahora quieres averiguar cuál de los dos soy yo..." - vociferó airadamente, acuñándole un buen pellizco.
"¡Ay! No te escames, mujer, caramba! Tú sabes que tengo razón, te quedaste muy chiquita. AY!" - el segundo pellizco resultó el doble de fuerte que el anterior, y su efecto quedó bien patente en la expresión adolorida del shaman - "Mira cómo me tratas, y yo que sólo te digo la verdad y te traigo cosas buenas de casa... toma, malagradecida."
Pilika, que ya había tomado prudente distancia, vio con curiosidad cómo su hermano mayor se quitaba el bolso que llevaba en la espalda - el cual parecía a punto de reventar - y rebuscaba entre su contenido hasta dar con un paquete cuadrado, primorosamente envuelto. Se lo tendió, y ella lo tomó con algo de recelo.
"¿Qué es?"
"Creo que son unas blusas que mamá bordó para ti. Te manda mil besos que no te daré, por cierto, y no dejó de moquear mientras me daba todas las recomendaciones y consejos que según ella debes seguir. Ya sabes que para ella el mundo fuera de Hokkaido es peligroso y perverso..."
Bueeeeeno... a ella aún no le había pasado nada en los años que llevaba fuera de Hokkaido, pero sin duda el mundo fuera de esa protegida y aislada comunidad ainu en la que todos se conocían, era bastante peligroso. Pilika no pudo evitar pensar qué pensaría su madre si se enterara del incidente con el cadáver... mejor ni pensar en eso.
"¿Y cómo está papá?"
"Bah. Ya sabes que sólo tiene dos estados: necio e insoportable. Ahora mismo sólo anda necio, así que podemos decir que está bien." - el joven guardó silencio por unos instantes y luego le rodeó los hombros con un brazo - "Cuando hablé con Yoh por teléfono, me contó todo el asunto del descubrimiento del cadáver. Espero que ya se te haya pasado la impresión..."
"Bueno, sí... aunque cada vez que lo recuerdo siento que me va a dar un ataque de náuseas. Después de todo, la cabeza machacada de esa tercia se lleva el premio a la cosa más horrorosa que he visto."
"También me dijo que Lyserg está aquí. ¿Estás bien?"
"¿Eeeh? Porqué no habría de estarlo?" - preguntó la chica, confundida. Tardó cinco segundos en darse cuenta de lo que las palabras de su hermano implicaban, y entonces procedió a indignarse - "¡Pero bueno! Ustedes están más pendientes de Lyserg que yo, caramba! Qué no entienden que no está pasando NADA? En qué idioma quieren que lo repita?"
"Pilika, todo el mundo sabe que te gusta el lechuguino. Tengo que preguntar, porque me preocupo por ti y..."
"¿Y porqué regla de tres todo el mundo se empeña en asumir que si pasa algo con él será malo para mí?" - preguntó, ceñuda. Horo, a pesar de que la discusión tomaba ribetes cómicos por momentos, seguía la mar de serio.
"Porque ese tipo, aunque es buena gente, es también un drama ambulante. Eso no lo puedes negar ni tú."
"¿No te agrada?"
"Claro que me agrada, pero por supuesto que no quiero que le haga daño a mi hermanita, y eso es lo que veo venir..."
"¡Horo!" - barboteó indignada, sintiendo que la cara le iba a estallar de un momento a otro, de tan roja y caliente como la sentía - "Estás viendo cosas donde no las hay! Para empezar, Lyserg anda la mar de enrollado con alguna cosa que ya me gustaría a mí saber qué es... y para terminar, creo que se le dificulta bastante verme como a una mujer..."
"Pues mejor que mejor, así no tendré que partirle la cara. No eres una mujer, eres mi hermanita, y es mi deber impedir que algún idiota se te arrime para fregarte. ¡Así que olvídate del tango!"
"¡¡HORO!" - bramó Pilika al fin, harta de un todo - "Quieres decir que no vas a dejar que nadie se me acerque sólo porque soy tu hermanita? Quieres que llegue a vieja siendo una solterona triste y amargada?"
"Nooooooo... aunque pensándolo bien, podría decir que prefiero verte sola porque quieres, antes que verle sola y triste porque alguien te hizo daño, enana. No lo soportaría, te lo juro."
La indignación de la peliazul se esfumó como por arte de magia, y miró a su hermano con ternura.
"¡Eres tan tierno, Horo! Digo, eres un bruto y un mastuerzo, pero también eres tierno como nadie. Ya veo porqué Len, con todo y lo apretado que es, te conserva." - añadió, y tuvo el malicioso placer de verlo sonrojarse.
"Piliiiikaaaa..." - comenzó, en tono de advertencia, y ella no pudo evitar reírse.
"Ya, ya, te dejo en paz; no lloriquees. ¿Qué has sabido de Len, por cierto?"
"Que está bien." - repuso escuetamente el ainu, con cara de circunstancias y las orejas rojas como amapolas.
"Qué expresivo eres," - se mofó la chica, sonriendo - "¿No me vas a contar las cositas que se dicen cuando hablan por teléfono?"
"Creí que no te interesaba conocer los detalles íntimos, hermanita. Creo recordar que una vez incluso me dijiste algo por el estilo de 'no, guácala!'" - esta vez era Horo quien sonreía burlonamente, y fue el turno de Pilika para sonrojarse.
"¡Está bien, está bien, tú ganas! No me digas nada, caramba." - refunfuñó, malhumorada.
Ya había tenido años para acostumbrarse al hecho de que Horo y Len estaban "juntos" en todos los sentidos de la palabra, menos en el de vivir en el mismo lugar y compartir casa. Pero claro, eso no significaba que fuese capaz de pensar en ellos como pareja en el aspecto físico, por mucho que con el paso del tiempo se le hubiera pegado algo de la obsesión de Jun con el yaoi. No le molestaba que la pareja de Horo perteneciera a su mismo sexo, simplemente no era capaz de imaginarse al grandullón de su hermano como un ser sexual, y menos aún sexualmente activo. Le daban agruras sólo con pensarlo, y agradecía al cielo que su imaginación - demasiado desarrollada, por cierto - estuviera limitada por los escrúpulos en ese sentido.
"No te enfades, enana," - dijo, alborotándole el cabello de nuevo - "sabes que en el fondo no soy más que un idiota sentimental y llorón. ¿No te basta con eso? Partiendo de ahí puedes imaginarte el resto..."
"¿Puedo?" - la chica volvió a sonreír - "No me imagino a Len siendo sentimental, ni romántico, ni nada por el estilo..."
"¿Que no? Ése es peor que yo, te lo aseguro; lo que pasa es que lo disimula mejor, y cuando lo expresa es el triple de rudo y ordinario que yo." - su rostro sonriente hablaba de afecto y añoranza, y Pilika no pudo evitar que se le escapara un suspiro. Debía de ser lindo sentirse querido de esa manera...
Se dio cuenta de que Horo ya no reía y la estaba mirando 'raro', así que dejó los suspiros para otra ocasión.
"Te trae de un ala, Horito!" - canturreó, divertida, logrando de nuevo que se sonrojara.
"Ya verás cuando te enamores, enana. ¡No te vas a librar de que te friegue día y noche hasta que me supliques tregua!"
"Yo no sé si llegue el día en que puedas fastidiarme, Horo, porque es más fácil que yo te friegue a ti. Además, si me enamorara tú serías la última persona del mundo a la que se lo diría."
"¿Cóoooomo?" - inquirió el ainu, ofendido.
"¿Cómo quieres que te lo diga, mastuerzo? Si en cuanto te enteres lo más probable es que me espantes a la futura víctima, tú mismo lo has dicho!"
Por eso ni loca iba a contarle que estaba echando las muelas por el majadero de Lyserg Diethel. No señor. Mejor que lo tomara como un simple caso de "me gusta y ya", porque si se enteraba de que lo que sentía iba en serio, era muy capaz de armar un escándalo de padre y señor... Horo aún no se daba cuenta de que en muchos sentidos su padre y él eran más parecidos que diferentes. Cuando se le metía algo en la cabeza, su hermano podía ser incluso el doble de terco, retrógrado y rígido que el temido patriarca de los Usui...
"¡No es así, chica! Yo sólo quiero que seas feliz... pero conste que cada vez que puedes me haces la vida de cuadritos metiéndote conmigo y con Len."
"¡Es que hacen una pareja tan rara!" - comentó, riendo por lo bajo - "Él, tan bajito y tan fiero, y tú tan grandote y ordinario; te apuesto a que cuando la gente los ve no se imagina que puedan estar juntos durante más de cinco minutos sin querer matarse. Pero igual se ven lindos, es tan tierno, me encanta!"
"Quieres que te administre una dosis letal de cosquillas, eh? Eso es lo que te estás ganando..."
El shaman la atrapó con un certero manotazo, y a Pilika de nada le valió retorcerse tratando de liberarse, porque sabía muy bien lo que se avecinaba...
"¡¡No, Horito! Palabra que no lo vuelvo a hacer! No! NO! JAJAJAJA!"
Al regresar de la universidad, a Pilika se le ocurrió pasar a saludar a Jun y a Li Pai Long; el mismo Horo le había informado que la exuberante mujer acababa de regresar de un viaje por el continente, así que le había enviado un mensaje para visitarlos en la tarde.
La joven china había decidido vivir su vida sin preocuparse más del qué dirán - mucho menos si el que decía era su padre, En Tao, quien se había serenado un poco pero seguía siendo igual de maleta que antes -, y con el dinero que había reunido en sus viajes le había comprado la casa a su familia, para poder hacer con ella lo que le viniera en gana. En una parte del terreno había hecho construir una escuela para niños dotados con poderes espirituales, valiéndose de sus títulos como psicóloga e investigadora de lo paranormal, y estaba teniendo un éxito más que notable; ya contaba con un buen grupo de estudiantes y una sólida reputación.
Nada más entrar, su anfitriona la recibió con el buen humor que le era característico, luciendo perfecta en su ajustado vestido rojo y dorado. Pilika, como siempre apabullada por el dinamismo de la mujer, terminó sentada en una de las lujosas salitas, con una taza de té en la mano y una bandeja de deliciosos bocadillos en la mesita frente a ella.
"Te he extrañado," - le dijo la mujer con afecto, entre sorbo y sorbo - "ya sé que me he pasado sólo un par de semanas fuera, pero antes de eso ya me costaba verte por aquí. ¿Cómo has estado?"
"Ufff... hasta las metras con las pasantías y las asignaturas que me faltan. Y Long, por dónde anda?"
"En la escuela, se ha hecho cargo mientras yo no estaba. Los chicos lo adoran y él prácticamente los malcría; tendré suerte si sus padres no me demandan por echarlos a perder." - dijo, sonriendo.
Era evidente que la alegría y serenidad de Jun provenían del hecho de que estaba haciendo lo que realmente le gustaba hacer... y de que vivía con el hombre al que amaba. Aunque Li Pai Long técnicamente no estaba vivo, y eso impedía que pudieran casarse y ser legalmente una pareja, quedaba muy claro que los dos eran muy felices juntos.
"Lo saludas de mi parte."
"No te quedas a cenar?" - Jun hizo un gracioso puchero.
"Esto... no puedo, tengo que llegar temprano a la casa o Anna me desollará viva. La última es que me encontré un cadáver, te enteraste?"
"¡Nooooooo! En serio? Cuéntamelo TODO!"
Fue sorprendentemente fácil contarle la historia a Jun, quien demostró ser una excelente oyente, escuchando con avidez y sin interrumpir. Le interesó particularmente la identidad de la mujer fallecida.
"¡Vaya con las casualidades! La farmacéutica del tal Marlowe es uno de los patrocinantes de la escuela... esta Meiko era quien traía los cheques cada mes, y quien hacía las donaciones en los actos oficiales. Era una mujer muy bonita, aunque algo ordinaria, sabes? - al ver que la joven china planeaba embarcarse de lleno en el chisme, Pilika se arrellanó en la butaca y se dispuso a prestarle toda su atención. Jun podía ser toda una mina de información, puesto que conocía a medio mundo en la ciudad y sus alrededores - "De cuando en cuando se le salía la ordinariez, y es que según me contaron, antes de atrapar al viejo era peluquera; no que esa profesión tenga algo de malo, claro... es que la tipa era bruta con ganas. Dicen por ahí que la boda fue un escándalo por eso, porque él prácticamente acababa de enviudar y ella no era de su clase..."
"¿Conoces a los hijos del viejo?" - preguntó, recordando las ideas que la habían asaltado durante su conversación con Lyserg.
"Sólo a una, la que ella tuvo con él; el hijo y la hija mayores viven en Europa, según tengo entendido. Ésta, la tal Aiko, es la más joven de los tres y una pedante insoportable donde las haya. Tiene como dieciséis y le gusta aparentar veinte y tantos, prácticamente anda desvestida por ahí y se cree la tapa del frasco. Es una tarada." - dijo con calor.
Por lo visto, decir que la chica no le caía bien podía llegar a ser el eufemismo del siglo; y eso considerando que Jun no solía hablar mal de la gente porque sí. La mujer era bastante tolerante y flexible después de todo lo que le había tocado vivir, y el hecho de que expresara abiertamente su desdén no era una buena señal.
Pilika se quedó pensativa. ¿Sería esa chica el problema de Lyserg? Porque de algún modo el rollo que tenía montado en la cabeza se relacionaba con la familia Marlowe; muy posiblemente con alguna de las mujeres de esa familia.
"¡Eh, no te me vayas a quedar dormida!" - la exclamación de Jun la devolvió a la realidad - "¿Qué te pasa, Pilika? No tendrás un rollo con esa gente, o sí? Tú sólo encontraste el cadáver de la mujer, no tendrían motivos para fastidiarte."
"No, chica, nada de eso... ni siquiera los conozco, sabes que no me muevo en esos círculos. Pero Lyserg sí los conoce, y..."
"¿Lyserg? Lyserg Diethel? Tu príncipe verde? No me digas que está aquí!"
"Pues sí, te lo digo." - concedió Pilika de mala gana, resignándose a sufrir la curiosidad implacable de la mujer. Bien merecido se lo tenía, por bocona.
"Ajá. ¿Y qué hiciste después de haberlo visto y de babear como el perro del experimento? Y qué tiene todo eso que ver con los Marlowe?"
"Que anda enrollado y me late que es por culpa de alguien en esa familia. Por eso te pregunté."
"Pero vamos, si sería raro que ese muchacho no estuviera enrollado con algo," - comentó Jun, riendo de buena gana - "claro, ese aire atormentado le va la mar de bien. Si está la mitad de lo bueno que se ve en las revistas, seguro que hasta yo me babearía en su presencia..."
"¡JUN!" - las mejillas de Pilika ardían.
"No te pongas celosa, chica, los hombres menores que yo no son cacería. Además, soy una mujer felizmente comprometida, así que..."
La joven ainu tuvo que aguantar unos cuantos minutos más de bromas antes de lograr abandonar la casona de los Tao, con la cara roja como un tomate y la incómoda sensación de que, a pesar de toda su actitud juguetona, Jun estaba bien consciente de que sus sentimientos hacia Lyserg eran profundos. Horo podía pensar que era un residuo de su adolescencia y que pronto se le pasaría, pero él no era conocido precisamente por ser la estrella más brillante en el firmamento...
Tenía algo más que hacer antes de regresar a casa, y se puso en camino antes de que pudiera arrepentirse, tomando el atajo que le permitiría pasar cerca de la que ahora sabía que era la casa de los Marlowe. Se lo habían prohibido - si Anna se enteraba, seguro que le iba a arrancar el pellejo a tiras - y ella sabía que estaba haciendo mal, pero la esperanza y los deseos de ver a Lyserg aunque fuera de lejos, de momento pudieron más que el sentido común y la prudencia.
Al avistar la casa blanca y ornamentada, rodeada por el elevado muro de piedra, redujo el ritmo de su pedaleo hasta casi detenerse. Se estremeció al divisar el árbol bajo el cual había encontrado el cadáver, pero continuó pedaleando lentamente, acercándose más y más a la hermosa cancela de hierro a través de la cual se veía el camino empedrado, artísticamente curvado, que llevaba hacia la casa.
No había ni un alma a la vista, ni guardias armados ni sirvientas; ni tan siquiera un simple jardinero...
De pronto se le ocurrió mirar hacia arriba, y vio la cámara de video que la apuntaba, y que seguramente estaba siguiendo todos sus movimientos; la ominosa lucecita roja parpadeaba indicando que estaba activa. ¡Demonios! Tenía que haber pensado que algún aparato de vigilancia debía haber en esa casa, aunque a uno de sus habitantes lo hubieran asesinado, machacado y dejado tirado allí sin que el resto del personal se enterase.
Arrancó sin pensarlo más y comenzó a pedalear con todas sus fuerzas tratando de alejarse de la casa, sin mirar atrás. Pero iba tan concentrada en pedalear que no le estaba prestando la atención necesaria al camino frente a ella, y para el momento en el que distinguió la figura en la acera, acercándose vertiginosamente gracias a la velocidad que llevaba, ya era tarde. Supo que iba a llevarse el trancazo de la década, y al girar el manubrio con violencia rezó para caer - al menos - en la hierba y no en el cemento...
Sus plegarias fueron escuchadas, al menos en parte: al desviarse, cayó de lleno en la hierba, lo cual no hubiera estado nada mal si su cabeza no hubiera chocado contra una piedra a la que la mala casualidad había ubicado justo por ahí. Rodó un poco y sintió el ardor de una herida en el brazo izquierdo; quedó echada boca arriba, conmocionada por el golpe.
"¿Estás bien? Pilika! Contéstame!"
Esa voz urgente le era familiar, muy familiar... abrió los ojos y allí, justo frente a ella, encima de ella, estaba Lyserg Diethel con el cabello revuelto y una expresión preocupada en su rostro perfecto.
Oooooooh. Si esto no era un encuentro romántico como en las novelas, Pilika estaba dispuesta a donar allí mismo la cabeza para un transplante; sólo faltaban las estrellitas, nubes de algodón y pétalos de flores de cerezo - todo el menaje del manga - para completar el cuadro. Pero estaban en verano, así que nada de pétalos; y las nubes no eran de algodón, eran masas de vapor acuoso suspendidas en la atmósfera, y...
Eso sí, las estrellitas ya las estaba viendo - se había golpeado la cabeza, después de todo -, aunque no eran tan bonitas como las que salían en los mangas shoujo. Además, le estaban haciendo doler la cabeza.
"Lyserg... eres de verdad? Me duele la cabeza." - fue lo primero que se le ocurrió decir, con la voz ronca y desigual. Ohhh. Qué articulada; ahora seguro que lo había impresionado con tan inteligente observación...
"Claro que soy de verdad. ¿Cómo te sientes?" - insistió el joven en un tono que, aunque cortés, dejaba traslucir algo de impaciencia.
"Bien. Ya te dije que sólo me duele la cabeza, me golpeé contra una piedra o algo..."
"A ver," - aquellos dedos largos se enterraron en su cabello y examinaron su cabeza con firmeza; Pilika casi ronroneó de placer, y estuvo a punto de gimotear cuando dejó de tocarla - "Tienes el comienzo de un buen chichón aquí, pero por suerte no hay sangre. Y claro que no estás bien; acabas de preguntarme si soy de verdad." - movió la cabeza en un gesto de desaprobación, y los claros ojos verdes se fijaron en los suyos con una expresión que oscilaba entre la preocupación y la abierta censura - "¿Y se puede saber qué haces por aquí? Creo recordar que Anna te dijo que no tomaras más este camino..."
Rayos. El romance comenzaba a desvanecerse y sólo quedaban los duros hechos: Pilika acababa de lastimarse haciendo algo que no debía, como la niña de ocho años que se suponía que no era. Qué vergüenza.
¿Y porqué, oh, porqué siempre tenía que hacer el ridículo enfrente de Lyserg?
N.A.: Les aviso que el fic va para largo, porque viene el enredo que juega garrote para todos aquí. Conforme vayan apareciendo los demás lo verán... no sé si llegue a ser tan largo como El ganador, pero esto pica y se extiende xD. Perdonen que lo haya sacado un poco tarde, pero la depresión ha podido conmigo y me he volcado en otras cosas...
Gracias a mis lectores: Yamiana, Akane Yukino (eso es lo que la hace tan cercana a nosotros. Y yo creo que todos deseamos verlos juntos, sólo porque la queremos a ella xD), Rama-chan (qué bueno que te pareció real xD), Viosil Uab (esta vez me tardé más. A Pilika todos la queremos así, enana y bocazas, Ryu siempre será exuberante y Lyserg siempre será retraído, aunque ahora habla un poco más xD. Fui y leí un poquito, y el one-shot me gustó! No hables de ebriedades, que yo ando con un despecho que no lo brinca un venado... y no quiero beber para ahogar mis penas xD), Niacriza (tenía que crecer, mujer. Y ahora empezarán a develarse los secretos, chica ojiverde), Sumire-chan (ya verás porqué no las tira, y vienen más escenas de las que te gustan xD), Kena Tao (esas "constantes" nos rescatan de la depresión y nos hacen olvidar por un rato lo malo. Felicidades y gracias!), Nadeshiko (paciencia, paciencia), Maki Tasui (conozco gente así de bonita xD y si Lyserg anda así de recatado es porque tiene un trompo enrollado, como decimos aquí...), Miyo Asakura (hola! Pues bienvenida de nuevo a esta locura xDD).
