Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí. Esta es la secuela AU de otro AU, así que todo el mundo está OOC. So? Como diría Bender: "bite my shiny metal ass".

Capítulo IX

¿La curiosidad mató al gato?

Por una vez, Pilika quiso ser prudente; aunque sentía que la inquietud y la anticipación se la estaban comiendo viva, se las arregló para seguir su rutina normal en el trabajo y en las clases sin desviarse de su propósito. Cuando terminó, se fue directo a casa sin vacilar y sin tomar el atajo. Una vez allí, le costó mucho trabajo dejarse las uñas en paz mientras esperaba noticias de Jun, y esas noticias se hicieron esperar al menos un par de horas.

En algún momento pasó por la cocina, en la que Tamao ya se afanaba preparando la cena con algo de ayuda por parte de Ryu, quien troceaba los vegetales con un entusiasmo algo alarmante... bueno, la mayor parte de las acciones de Ryu resultaban alarmantes debido a su enorme humanidad. Ante un observador cualquiera, la pelirosada simplemente habría parecido un tanto mustia; pero el que la conociera bien - como la joven ainu, por poner un ejemplo - notaría que estaba bastante alicaída.

La pelea entre ella y Manta tenía que haber sido interesante, pero por más curiosidad que le provocara y por más que quisiera enterarse de los detalles, en esos momentos Pilika sólo podía pensar en que probablemente iba a encontrarse de manos a boca con su "rival". Así que no era el momento preciso para fastidiar a Tamao, sobre todo tomando en consideración que estaba preparando la cena y que cualquier contrariedad podía alterar el resultado final de los esfuerzos de la pelirosada; no sería la primera vez que la comida quedara demasiado salada o completamente desabrida gracias a los vaivenes emocionales de la cocinera.

Ya anochecía cuando su móvil al fin sonó.

"¿Estás en casa, chica?" - preguntó Jun, sin molestarse en saludar.

"Sí; estaba esperando a que me llamaras, y..."

"Mueve el trasero, ponte algo decente y no muy colorido, que en quince minutos paso por ti. Vamos al cubil de los Marlowe, el viejo no puso objeciones y nos espera." - sin esperar a que ella respondiera, la otra colgó.

Pilika tardó por lo menos un minuto en carburar lo que la joven china acababa de decirle, y sólo entonces corrió hacia su armario en busca de algo que ponerse para la ocasión; por suerte ya se había duchado y sólo perdería algún tiempo escogiendo la ropa. No tardó demasiado, sin embargo: una sencilla blusa de tejido sedoso y unos elegantes pantalones negros, que reservaba para los momentos en los que quería verse seria y "mayor", eran la elección lógica. Completó el atuendo con sencillos zapatos negros de tacón mediano, unos pequeños aretes de oro, y un toque de labial rosado para no parecer un cadáver.

Una llamada a la puerta la sobresaltó, pero al mirar su reloj se dio cuenta de que aún le sobraban tres minutos; y encima Jun no era precisamente conocida por su puntualidad.

"Pasa." - su inesperado visitante resultó ser Anna, con su retoño a cuestas; la sacerdotisa le lanzó una larga y crítica mirada antes de arquear una ceja en gesto interrogativo - "¿Qué tal me veo?"

"Muy bien. Vine a preguntar cómo estabas, y me alegra ver que estás de lo mejor. Supongo que no cenarás aquí."

"Tomaré cualquier cosa en la cocina antes de salir. Jun viene por mí, iré con ella a casa de los Marlowe." - la expresión de la rubia reflejó sorpresa.

"¿A explorar el terreno? No esperaba que te pusieras en acción tan rápido, Pilika."

"Algo tengo que hacer, no? Y respecto a la rapidez... no creo que Lyserg vaya a estar mucho tiempo más en el país. Lo más probable es que se largue en un par de semanas, y..."

"¡Llegué!" - la voz estentórea de Horohoro llegó hasta ellas, proveniente de la planta baja, y casi de inmediato el pequeño Hana comenzó a retorcerse en los brazos de su madre. El ainu era otro de sus favoritos, indudablemente debido a que tenía la tendencia de hacerle todas esas pequeñas maldades tan adoradas por los chiquillos... y tan temidas por sus madres - "¿Dónde está todo el mundo?"

Ay, no... justo ahora.

"Esto... oye, Anna, no le vayas a contar a Horo nada de lo que hablamos. Te lo pido por favorcito."

"¿Y eso? No creo que sea bueno ocultarle a tu hermano en qué andas, Pilika."

"Anda, Annita; porfa, sí? Ya sabes lo bruto que puede ponerse Horo cuando sospecha o cree sospechar que alguien está interesado en mí o viceversa; si le digo algo de esto me va a fastidiar la combinación. Lo sabes." - la rubia le miró pensativa unos segundos antes de asentir.

"Si no se lo dices tú misma, no veo porqué tengo que decírselo yo. Esperemos que consigas la información que necesitas, sin que termines metiéndote en camisa de once varas."

"Gracias por el voto de confianz... ARGH!" - el torbellino que era Horo ya había entrado a la habitación por sorpresa, y en dos zancadas la había envuelto en un auténtico abrazo quebrantahuesos.

"¡Enana! Estás muy elegante, tú. A dónde se supone que vas a estas horas?"

"Eh... por ahí, de paseo con Jun." - logró improvisar, una vez que el joven le dio algo de espacio para respirar.

"¿Con Jun? No estarán tramando algo ustedes dos, o sí?" - se apartó un poco y la miró con suspicacia, el ceño fruncido.

"Ya tenías que salirme con una de las tuyas. No estamos tramando nada, hombre, vamos a visitar a una amiga suya y ya está."

"No sé, no sé. Mucho cuidado con meterse en líos, Pilika..."

"Pero qué manía, ni que yo fuera una buscapleitos."

"Te recuerdo, enana, que no hace mucho que te tropezaste con un cadáver por andar metiendo la nariz en donde no te llamaban."

"Ya, ya. Déjame ir a buscar algo a la cocina, que no quiero que el estómago me gruña frente a esa gente."

"Y yo que pensaba cenar con mi adorada hermanita pequeña..." - se quejó el ainu poniendo la cara más sufrida que pudo, y que a Pilika no le hacía efecto a esas alturas.

"Claro, para acabar comiéndote la mitad de mi plato, mastuerzo. ¡Bajo y me voy!"

Sin dejar que Horo articulara una palabra más, se metió algo de dinero en el bolsillo y salió como una exhalación, bajando las escaleras de dos en dos antes de que a su hermano se le ocurriera seguirla. Ya en la cocina, en la que Tamao y Ryu ya se preparaban para servir la cena, se disculpó con ellos y se preparó un emparedado de queso ultrarrápido; estaba a punto de hincarle el diente cuando se escuchó un bocinazo frente a la casa, así que salió corriendo y se metió en el asiento posterior del elegante auto negro antes de que Horo pudiera interceptarla.

Jun, impactante como siempre en un ajustado vestido negro con delicados bordados en verde, la miró divertida mientras le ordenaba al conductor llevarlas a casa de los Marlowe. Pilika esperó a dejar de jadear por el esfuerzo y sólo entonces comenzó a comerse el emparedado con calma.

"Hambrienta, eh?"

"Mucho." - repuso la peliazul con la boca llena, sin intentar siquiera recordar sus buenos modales.

"Bueno, pues termina pronto de tragar, porque quiero que me lo cuentes todo. Y cuando digo todo, es TODO."

"No hay mucho que contar." - tragó el bocado y procedió a explicar sucintamente: - "La hija mayor de Marlowe es la prometida de Lyserg," - dolía pensar en eso, pero no pudo evitar disfrutar la sorpresa que evidenció Jun al quedarse mirándola con la boca abierta - "yo quiero conocerla, y de paso quiero averiguar qué es lo que siente Lyserg por mí. Como no me muevo en esos círculos, pues recurrí a ti."

"Ahora sí que me dejaste cual pajarito en rama, chiquita." - murmuró la joven china al cabo de un par de minutos, cuando se recuperó de la sorpresa.

"Ay, no." - como de costumbre, se le había escapado algo y ese algo la alarmó al recordar; tanto, que dejó de comer - "¿Crees que Lyserg esté allí ahora?"

No había pensado en que el inglés se estaba quedando en esa casa, por todos los cielos; se le había olvidado por completo, y de pronto se llenó de aprensión. ¿Qué pensaría si la veía llegar? Seguro pensaría que la niñita metiche lo estaba persiguiendo, o que su curiosidad la estaba llevando a meterse en algo tan serio como el asesinato que había tenido lugar en la casa. Cosa que, hablando en plata, a Pilika le importaba un soberano pepino...

"No sé." - la voz de Jun la sacó de sus sombrías cavilaciones - "Podrían estar todos, porque creo que la hija llegaba hoy; Marlowe no me lo dijo y yo no le pregunté. No te pongas nerviosa, chica. ¿No estabas decidida, acaso?"

"¡Lo estoy! Es sólo que no había pensado en que Lyserg podría estar presente. Y no estoy nerviosa."

"Claro que lo estás. Respira hondo y déjate las uñas en paz."

"Te odio, Jun. Sólo a ratos, pero quiero que conste en acta notariada que te odio." - dijo con convicción, retomando el consumo de su emparedado de emergencia, y la aludida se limitó a echarse a reír.

"¡Qué va! Me adoras."


Cuando llegaron a la casa, la cancela de hierro se abrió automáticamente para dejar pasar el auto luego de unos segundos de espera; Pilika recordó la cámara que apuntaba a la entrada, y por la que seguramente habían visto a los ocupantes del auto. Cuando un mayordomo canoso y solemne las hizo pasar, se quedó embobada por momentos... la casa que por fuera parecía un pastel de bodas con todos aquellos ornamentos, tenía un vestíbulo tan grande e impresionante que probablemente era utilizado como salón de baile en las ocasiones importantes. El parquet relucía, una enorme escalera doble y curva conducía al piso superior, y una gigantesca araña de cristal colgaba del elevado techo; parecía el set de filmación de una de esas películas de época en las que las mujeres llevaban peluca y crinolina.

El mayordomo las condujo hacia la derecha, a una puerta de madera labrada que accedía a lo que evidentemente era un enorme despacho, decorado en tonos de azul con muebles de madera oscura, muy sencillo y elegante. El hombre que estaba sentado en un gran sillón junto al ventanal se puso de pie al verlas llegar y avanzó hacia ellas; evidentemente se trataba del dueño de casa.

Richard Marlowe no era lo que Pilika vagamente se había imaginado. Definitivamente no era le prototipo de anciano millonario y frágil que pudiera ser mangoneado por una cazafortunas sin escrúpulos, como pensaba ella que había sido Meiko... era un hombre muy alto y corpulento, que sin embargo se movía con sorprendente elegancia y fluidez al caminar hacia ellas. Sus cabellos totalmente blancos y las arrugas en su rostro revelaban que probablemente había sobrepasado ya - con creces - los sesenta años, pero sus brillantes ojos grises eran tan ágiles y alertas como los de un jovencito.

Sin embargo, a pesar de su evidente fuerza física y su actitud alerta, un aura de tristeza y cierto desamparo parecía rodearle de una manera casi tangible. Su voz era profunda, extrañamente bronca y sin embargo agradable cuando saludó a Jun con impecable cortesía en un japonés perfecto, llegando incluso a besar su mano en un gesto que a la joven ainu le recordó a Lyserg; y luego se volvió hacia Pilika esperando a que le fuera presentada.

"Espero que me perdone haber traído a remolque a mi amiga, Richard; la familia con la que vive está fuera y no quería dejarla sola en casa," - explicó Jun, mintiendo con fluidez y encanto - "ella es Pilika Usui. Pilika, el señor Marlowe."

"Encantada."

"Señorita Usui," - dijo cortésmente, y repitió el gesto de besar su mano. Al ver su propia manita desaparecer en los confines de aquella manaza enorme y bien cuidada, la peliazul tuvo que contener un estremecimiento ante los pensamientos que cruzaron por su mente. ¿Dónde se encontrarían manos más capaces de deformar a golpes un rostro? Uf. Mejor ni pensarlo - "Es un placer conocerla. Es usted de esta ciudad?"

Casi tuvo que sacudir la cabeza para alejar semejantes ideas, y poder responder a la pregunta sin que le temblara la voz. Ya el hombre le había soltado la mano, que había retenido sólo el tiempo suficiente para inclinarse cortésmente sobre ella.

"No; soy de Hokkaido, pero vivo aquí desde hace más de tres años."

"Nunca he ido a Hokkaido, pero me han dicho que es muy hermoso. Tengo que ir algún día." - una levísima y triste sonrisa se dibujó en el rostro del viejo - "Por favor, tomen asiento."

Bueeeeno. Por lo visto el tipo estaba solo en casa y no había peligro de tropezarse con Lyserg, así que la ainu se permitió relajarse poco a poco, guardando silencio para escuchar la conversación entre la joven china y el millonario, en la que intervino de cuando en cuando con alguna que otra pregunta discreta, sirviendo de apoyo a Jun. El tipo era la mar de amable, y Jun lo trataba con un tacto exquisito que contrastaba con sus usuales maneras más campechanas; la amistad que se había desarrollado entre ellas hacía que Pilika tendiera a olvidar la impecable educación que había recibido Jun como miembro de la familia Tao.

Y, por más que tratase de pensar en él como un presunto uxoricida - esas manazas la habían asustado por momentos -, la peliazul sólo alcanzaba a verle como un hombre inteligente y sensible que había perdido a la mujer que amaba... había bolsas oscuras bajo sus ojos grises, y en cada palabra dejaba patente su profundo afecto por la fallecida y la sincera pesadumbre que lo invadía al pensar en su trágico final.

Claro, el haberla querido mucho no bastaba para descartarlo como asesino; por algo existía en el mundo la consabida expresión 'crimen pasional'. Y ahí iba de nuevo Pilika embalada, haciendo conjeturas sobre algo que no era asunto suyo ni tenía porqué serlo; si Lyserg llegaba, la veía ahí y pensaba en ella como una metiche insoportable, pues no iba a estar lejos de la verdad.

La distrajo la llegada de una pulcra sirvienta que llevaba una enorme bandeja cargada con té y bocadillos, y aunque se encontraba aún hambrienta, recurrió a toda su fuerza de voluntad para resistir y no caerle encima al servicio como una plaga de langostas. Se le hacía agua la boca mirando el surtido de delicados bocadillos, tortitas, dulces... cositas divinas que no solían consumirse con frecuencia en casa de los Asakura; pero se obligó a tomar sólo un mini emparedado y a comerlo lentamente, fingiendo calma y compostura. Casi escupe el bocado cuando la puerta del despacho volvió a abrirse y vio con el rabillo del ojo que un hombre ataviado con un traje oscuro se detenía en el umbral...

Se rehizo y disimuló su confusión con una tosecilla, al ojearle con detenimiento y darse cuenta de que definitivamente no se trataba de Lyserg. Este hombre tenía una estatura y constitución similares a la del shaman inglés, pero sus cabellos eran de un rubio muy claro y sus ojos entre grises y azules eran tan fríos como los inviernos en Hokkaido. Era muy bien parecido, pero su frialdad le hacía parecer una estatua; y cuando la mirada gélida recorrió a los ocupantes del despacho con vago desinterés y se detuvo en ella, Pilika decidió de inmediato que era un antipático, y eso lo ponía automáticamente en la categoría de 'me cae gordo'.

"Buenas noches," - saludó con cortesía, pero sin amabilidad; había una diferencia, y aunque su voz era agradable la ainu frunció el ceño - "si me lo permites, necesito hablar contigo un momento." - dijo, dirigiéndose hacia el viejo Marlowe.

El estirado éste tenía que ser el único hijo varón del viejo. ¿Cómo había dicho Lyserg que se llamaba? Ah, sí; Thomas. Al padre, evidentemente, no le hacía mucha gracia la actitud rígida del tipo, pero se limitó a dirigirle una mirada cansada antes de meterlo en vereda con todo el aplomo del mundo:

"Me gustaría presentarte primero a las damas." - dijo, poniéndose de pie; al hijo no le quedó de otra que avanzar y detenerse a su lado - "Mi hijo Thomas. Jun Tao, directora del Colegio Especial. Su amiga, la señorita Usui."

"Encantado." - saludó el joven, limitándose a hacer una ligera inclinación de cabeza en señal de saludo, manteniendo la cortesía al mínimo pero no tan poco que pudiera ser acusado de falta. No estaba encantado, más claro imposible, y su actitud ya estaba haciendo que Pilika viera rojo - "¿Podemos hablar?" - dijo a continuación, dirigiéndose exclusivamente al padre, que esta vez le miró con cara de pocos amigos.

"Si me disculpan un momento, señoritas..." - el viejo se excusó, y ambos abandonaron el despacho.

Ni bien hubieron salido, Pilika tomó otro mini emparedado y descargó su enojo en él. No podía creer que Lyserg se hubiera referido al antipático ése como 'un buen chico'; el pobrecito tenía que ser muy ingenuo o estar ciego para no ver la clase de soberbia que se gastaba el niño. Jun la observó, risueña.

"Simpático el muchacho, verdad?"

"¿Qué se estará creyendo el tipo éste? El padre de las siete estrellas? Qué grosero! Ni parece hijo del viejo." - masculló de mal humor, acabando con el tercero y el cuarto emparedado en dos bocados y tomando un cannoli de la bandeja.

"Es una pena que sea un imbécil presuntuoso... es bastante guapo." - comentó la joven china, al vuelo.

"Sí, también hay animales ponzoñosos que son muy bonitos." - la miró de reojo, hablando sin querer con la boca llena de crema - "Saca la cuenta y mira lo que tenemos hasta el momento: el viejo es de lo mejor, la hija menor es una mimada histérica, y el hijo es un engreído insoportable. Tiemblo de miedo al pensar en la clase de bicho que puede ser la tal Lynda, y lo que el hecho de ingresar en semejante familia pueda provocar en el carácter de Lyserg. Me da pavor, te lo aseguro."

"No es muy alentador lo que se ve, no... pero a lo mejor la tal Lynda es la excepción a la regla."

"¿Tú crees? Está fácil que el gato se bañe!" - sentenció Pilika, que ya iba por el cuarto dulcito a pesar de que no había dejado de hablar en ningún momento.

"Aun si es una pedante como su hermano, seguiría siendo la prometida de tu príncipe verde." - apuntó sagazmente Jun - "¿Qué piensas hacer al respecto? Digo, si es que piensas hacer algo en concreto..."

"Yo no estoy aquí para hacer nada en concreto, como tú dices. Yo sólo quiero verla y saber cómo es; y si fuera posible, averiguar qué tal son las cosas entre ella y Lyserg."

"¿Y qué si descubres que todo va bien y que son el uno para el otro, bla, bla, etcétera?"

"Algo tiene que estar mal, para que él nunca la haya mencionado y esté tan renuente a hablar de ella ahora. Pero mi respuesta a tu pregunta es: nada... me iría a llorar al valle y los dejaría tranquilitos."

"Qué niña tan noble eres." - dijo al fin la mujer, medio en serio y medio en broma.

"Al diablo la nobleza. Si descubro que no es buena para Lyserg, pues tendré que arreglármelas para que él se dé cuenta de eso a tiempo."

"¿Para quedarte con él, ser felices y comer perdices?"

"Para que él no termine siendo un infeliz al lado de alguien a quien no quiere o que no lo quiera, Jun. Aunque no me quiera, y eso todavía está por averiguarse... quisiera saber qué es lo que verdaderamente siente por mí, pero para eso tendría que acorralarle u obligarle a dejar su reserva, y todo el mundo sabe que ninguna de las dos cosas es tarea fácil."

"Pues te deseo la mejor de las suertes, chica. La vas a necesitar."

El viejo Marlowe se tardó unos cinco minutos en regresar, y cuando lo hizo parecía encontrarse algo agitado.

"Lo siento, señoritas, pero debo atender un asunto familiar urgente..."

"No se preocupe, Richard." - dijo Jun con desenvoltura, poniéndose de pie; Pilika la imitó, mirando la bandeja aún repleta con añoranza - "Agradezco mucho que nos haya recibido en estas circunstancias, y espero que no hayamos sido una molestia para usted."

"Al contrario, agradezco mucho su visita," - otra vez aquella leve sonrisa iluminó el rostro del hombre, y de alguna manera se percibía su sinceridad - "me han distraído por un rato de mis problemas, y eso es de mucho agradecer. Les debo una invitación a cenar que espero pueda realizarse pronto."

"No tiene que molestarse..." - empezó la joven china como lo mandaba la cortesía.

"No es molestia, se lo aseguro. Ha sido un placer tenerles aquí a usted y a su amiga."

El mayordomo las condujo de nuevo al vestíbulo; allí, el tal Thomas daba instrucciones a una sirvienta en voz baja y se volvió a mirarlas, con una expresión que a Pilika se le antojó ligeramente despectiva y que de nuevo la hizo ver rojo. No planeaba hacer nada - de todos modos era su casa, no la de Pilika -, pero de todos modos lo hizo: al pasar cerca de él, se detuvo a su lado y lo miró directamente a los ojos, aunque le doliera el cuello por lo forzado de su posición al mirar hacia arriba.

Una ceja rubia se arqueó en señal de interrogación, y eso era todo lo que a la ainu le hacía falta para arrancar.

"Usted es un grosero. No importa que esté en su casa y que nosotros seamos meros visitantes: usted es un grosero. Ya que se cree mejor que el resto, debería disimular mejor su desdén."

"¿Pero qué...?" - la expresión de absoluta sorpresa que se extendió por el rostro frío fue casi cómica; pero Pilika se distrajo por un momento cuando vio, de reojo, que alguien bajaba la escalera.

Era una mujer que descendía por la escalera de la derecha, y que al verlos de pie en el vestíbulo se detuvo cuando apenas le faltaban cuatro o cinco escalones. Hacía todo un cuadro de elegancia que armonizaba con el fondo grandioso del enorme salón, y de alguna manera tenía que estar consciente de que acababa de hacer una gran entrada a escena.

Era bastante alta y delgada pero curvilínea, sus ojos azulgrises centelleaban como joyas en un rostro que sin ser exactamente hermoso era muy atractivo, de facciones delicadas y curiosas, y poseía una larga cabellera ondulada de un tono rubio tan claro que era casi platinado. Lucía un femenino y discreto vestido de seda gris perla - evidentemente de diseñador - que dejaba al descubierto sus brazos y parte de unas piernas esbeltas y bien torneadas.

Esa tenía que ser Lynda Marlowe; su parecido con el estirado Thomas era más que evidente. Y también, era, sin lugar a dudas, la mujer a la que Tamao había bautizado como El Fantasma de Montecarlo.

La prometida de Lyserg Diethel...


N.A.: Tropiezos, tropiezos xD. He comenzado a publicar en mi perfil el progreso de los fics que llevo, así que podrán enterarse de cómo va la cosa mirando allí.

Gracias a mis lectores: Akane Yukino (ahora son una verdadera familia, y cuidan los unos de los otros), Niacriza (ya lo verás, tranquila), Yamiana (pues de todos los fics éste es el que menos tardo en actualizar porque los caps son más cortos xD), Vickyng (es que hay que armarse de valor y ella tiene la fuerza para soportarlo. Pues sí, me gusta rescatar esos personajes, es cierto en el caso de Noin... el caso de Pili es distinto porque a ella la vi crecer : 3 Gracias!), Maty (por lo visto tienes un dedo metido en todos los pasteles del cole xDDD. Sí, se complementan bien, pero con Jun la cosa va todavía mejor, jaja), Kena Tao (siempre queda la esperanza de que las cosas mejoren. Y ahora sí que voy a andar atascada de trabajo. Gracias mil!), Nakuru Tsukishiro (no todo será tan simple, no... y ya veremos en dónde desemboca el rollo entre Manta y Tamao xD) .