Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí. Esta es la secuela AU de otro AU, así que todo el mundo está OOC. ¿Entonces? Como diría Bender: "bite my shiny metal ass".

Capítulo X

Cara a cara

Pilika no tuvo mucho tiempo de analizarla antes de que los ojos de la mujer, discretamente, se fijaran en ellas con una pregunta escrita en sus profundidades azulgrises.

"¿Tommy?" - su voz era suave y cultivada, armonizando a la perfección con su apariencia casi etérea - "¿Me presentas a las damas?"

Ooooh. Por lo menos la rubia mostraba que su costosa educación había servido para algo... en lugar de preguntar de buenas a primeras quiénes eran, lo cual sin duda iba a sonar bastante impertinente, prefirió irse por el lado de la cortesía; y utilizando el lenguaje local, además. Con eso ya ganaba puntos en la modesta opinión de la ainu, aunque el asunto de encontrarle cualidades no le hiciera gracia precisamente.

El joven rubio - mejor conocido como 'Tommy', pensó Pilika con malicia - pareció salir del momentáneo estupor en el que lo había dejado sumido el repentino ataque directo de la chica, y respondió en el mismo idioma, como una inesperada muestra de cortesía.

"Las señoras han venido a visitar a nuestro padre," - dijo rígidamente y sin especificar, probablemente porque no recordaba lo que el viejo le había dicho sobre ellas cuando los presentó... y mucho menos sus nombres - "Señoras, ésta es mi hermana, Lynda."

"Miss Marlowe," - saludó Jun con formalidad, inclinando levemente la cabeza en un gesto de saludo. Pilika la imitó, esperando que no se notara demasiado su torpeza social y sintiéndose verdaderamente incómoda por primera vez desde que llegaran a la casa; la tal Lynda respondió de la misma manera, con elegancia - "Me apena decirlo, pero tenemos que correr. Ha sido un placer conocerles. ¡Hasta luego!"

Aliviada, y sin esperar a que le dijeran nada, Pilika se deslizó por la puerta que el mayordomo ya había abierto, caminando presurosa hacia el auto que les esperaba y escuchando el rápido taconeo de Jun tras ella.

Le faltaban unos metros para alcanzar la seguridad del vehículo, cuando un auto plateado entró en la pequeña avenida y se detuvo justo detrás del auto negro de los Tao. Del susodicho auto se apeó Lyserg Diethel, por supuesto; no podía ser de otra forma, habida cuenta la suerte perra que la ainu se gastaba últimamente.

"¿Pilika? Qué haces aquí?" - su pregunta sonó brusca e impertinente, a pesar de su tono cortés. Estaba evidentemente sorprendido.

"Acompañé a Jun a presentar sus condolencias al viejo," - logró articular, tratando de poner la expresión más inocente que pudo. Lo malo fue que Lyserg frunció el ceño en un gesto de clara desaprobación, haciendo que su lengua se disparara de nuevo sin pedirle permiso a su cerebro - "y de paso, hemos conocido a tu prometida."

Los ojos verdes se ensancharon por momentos y el joven abrió la boca para hablar, pero en ese preciso momento Jun les alcanzó y se lanzó a saludar a Lyserg con entusiasmo.

"¡Lyserg Diethel! Es bueno verte después de tanto tiempo. Cómo estás?"

"Muy bien, señorita Jun. Es un placer para mí verla de nuevo." - repuso el inglés con la caballerosidad que era una de sus cualidades innatas.

"El placer es mío, no lo dudes." - la joven china sonrió con encanto y tiró a matar, con sinceridad aplastante - "Cada vez estás más guapo, chico... es una lástima que estés comprometido. Por cierto que tienes una novia muy hermosa y elegante; acabamos de conocerla."

Oh. Pilika estaba dividida entre la diversión, la pena y la vergüenza ajena. Nadie como Jun para soltarle a la gente las cosas en la cara con la mayor naturalidad del mundo, y aunque la joven ainu hubiera preferido no toparse al inglés en donde se suponía que ella no debía estar, una parte de ella estaba disfrutando mucho al ver a Lyserg completamente desconcertado. Y sonrojado, porque a la luz de las farolas que iluminaban la pequeña avenida, sus mejillas habían tomado un tono oscuro.

Pero la chica sabía que tenía que irse de allí. Y rápido.

"Oye, Jun, muévelo." - le advirtió a la mujer en voz baja.

"Es una pena que nos tengamos que ir, espero verte pronto en circunstancias menos apuradas... y por supuesto, estás invitado a visitarnos cuando quieras." - era un alivio que Jun, por una vez, decidiera no llevarle la contraria; ya Pilika estaba más que lista para darle un puntapié si llegaba a alargar demasiado la conversación.

"Sí, sí, tenemos que irnos ya." - dijo presurosa.

"Se lo agradezco, señorita Jun. Trataré de visitarles en cuanto pueda." - dijo amablemente el inglés, sus ojos verdes fijos en Pilika aunque sus palabras estaban dirigidas hacia Jun Tao.

"¡Nos vemos!" - voceó la joven ainu nerviosamente, tirando del brazo de Jun y prácticamente arrastrándola hasta el auto. La mirada neutra de Lyserg, clavada en ella, la hacía sentir como un bacilo bajo el lente de un microscopio.

Sólo pudo respirar con verdadero alivio cuando el auto arrancó y abandonaron la propiedad de los Marlowe, pero sabía que no se había librado de la confrontación; sólo la había pospuesto por un tiempo.

¿Pero, en qué confrontación estaba pensando? Estaba siendo no sólo absurda, sino también obtusa. Lyserg no tenía nada que decirle, y si al caso iban, ella tampoco tenía nada que decirle o reclamarle, porque no había nada entre ellos más que amistad... una amistad que aparentemente tampoco valía gran cosa. Así que ella no tenía que sentirse culpable por el hecho de que la curiosidad la había llevado a meterse de cabeza en casa de los Marlowe; al fin y al cabo, como no había nada entre ellos, Pilika era libre de ir a donde le diera la regalada gana.

Igual le afectaba, pero bueno... era algo que no podía evitar.

La impresión que se le había quedado de Lynda Marlowe era la de un conjunto diseñado para producir la ilusión de perfección. No era una belleza arrebatadora, pero se las arreglaba para parecerlo, y su finura y elegancia completaban el cuadro de una manera más que efectiva. Y rayos, tal y como se veía hacía una pareja perfecta para Lyserg Diethel.

Roma había caído en un día, y una prometida podía caer en horas... pero Pilika ni siquiera sabía si el inglés sentía por ella algo más que el cariño amistoso que le demostraba, no tenía armas para luchar. Condenado Lyserg por ser tan expresivo como una pared, y condenada ella por andar arrastrando la cobija por él...

"Oye, Pilika." - Jun había permanecido callada unos minutos, lo cual era muy raro en ella; por eso la peliazul temió sus siguientes palabras - "No era mentira, no... el muchacho está que se pudre de bueno, palabra."

"¡JUN!" - bramó, y la joven china se echó a reír.

"Ya, niña, recuerda que te dije que con hombres menores no me meto. ¿Qué te ha parecido la tal Lynda?"

"No sé qué pensar. Es muy elegante, va muy bien arreglada... es mi opuesto total. Y combinan perfectamente, los muy pelmazos..." - dijo, pensativa.

"Y ni dudar que está comprometida, porque la roca que lleva en el dedo lo atestigua. Un zafiro precioso, de unos cuatro kilates a ojo de buen cubero, en una montura de oro blanco o platino. Una monada."

Pilika le lanzó una mirada oblicua, entre asombrada y resentida.

"¡Cómo te fijas en los detalles! Yo ni siquiera me fijé en sus manos... la cara, el conjunto general, y gracias."

"A las rivales hay que analizarlas bien, niña." - soltó la mujer, en tono sentencioso.

"No sé ni siquiera si estoy en la competencia. Vamos, que no sé si hay competencia posible."

"Yo creo que sí, chiquita. Por la manera como te miró y la cara que puso cuando le dijiste que había conocido a su prometida, yo diría que hay BASTANTE interés de su parte..."

"Ahí está el rollo: con Lyserg nunca se puede saber qué piensa ni qué hay en realidad. Yo creo que me tiene mucho afecto, pero no aseguraría que el asunto va más allá."

"A mí me parece que sí va, Pilika." - dijo al fin Jun, con convicción.

No hacía falta que alguien se lo dijera, porque de todos modos la esperanza se agitaba en el corazón de la joven ainu, por más que no quisiera alimentarla con falsas expectativas. Pero tenía demasiadas preguntas rondándole la cabeza. ¿Cómo se habían comprometido? Estaría él verdaderamente enamorado? Todo se le antojaba la mar de raro... con sólo verla no podía saber cómo era, pero su talante daba a entender que era inteligente, suave y gélida, de alguna manera muy parecida al propio Lyserg. Quizás ése era su tipo de mujer...

Otra vez estaba llena de preguntas, y no había quien las respondiera.

Al llegar a la casa, después de agradecerle a Jun por el favor y aguantar por lo menos diez minutos de bromas, no tropezó con nadie en su camino a la cocina. Al pasar frente a la sala vio a Yoh tirado en el piso con Ryu, ambos jugando con Hana, y pudo escuchar la música suave que provenía del piso de arriba, de la habitación de Tamao. Horo no estaba a la vista, y cuando al fin arribó a la cocina sólo Anna estaba allí, lavando algunos platos en el fregadero.

"Allí tienes algo de cenar, supongo que no comiste..." - le señaló un plato tapado que estaba sobre la mesa, en el lugar de costumbre, y Pilika no perdió tiempo en sentarse a comer.

"El viejo hizo que nos sirvieran una bandeja con los bocadillos más deliciosos que te puedas imaginar, Anna; pero no le podía caer encima como la marabunta. Descubrí que cuento con un poquito de modales, o algo parecido..."

"Bien por ti. ¿Lograste conocer a la tal Lynda?"

"Sólo me la presentaron cuando ya nos veníamos."

"¿Y?"

Terminó diciéndole a Anna más o menos lo mismo que ya le había dicho a Jun; y era que no había mucho que contar de todos modos. Conocer a la tal Lynda, aunque fuera sólo por un momento, había terminado de revolverle la cabeza por completo... dudas, temores y cábalas rondaban su mente sin descanso, y seguro que le iba a costar dormirse. Segurísimo.


No durmió mal, a pesar de todo, y despertó con la sensación de que algo importante iba a suceder ese día. Aunque claro estaba que las posibilidades de que ese "algo" importante tuviera que ver con Lyserg eran más bien pocas, considerando que se le habían agotado las ideas para intentar acercarse a él; no sabía muy bien qué iba a hacer de ahora en adelante.

Se le fue el tiempo sin sentirlo pensando en la inmortalidad del cangrejo, y cuando se dio cuenta tuvo que correr para recoger sus cosas, meter un magro almuerzo en su bolso y buscar la bicicleta en el garaje. Por suerte, al salir encontró a Yoh metiendo los bártulos de Anna en la maleta del auto, lo cual sólo podía significar que iba a llevarla al instituto.

"¿Y eso?" - inquirió curiosa.

"Va a asistir a una clase magistral en la Facultad de Artes de la universidad. Si quieres te llevamos..."

"Genial, gracias!" - no pensaba desaprovechar la oportunidad; de cualquier manera iba a llegar tarde en la bici, y tampoco estaba de buen humor para pedalear.

El campus estaba el triple de animado que de costumbre y hervía de actividad, gracias a un ciclo de ponencias y clases magistrales que comenzaba esa semana. Pilika había leído muy por encima los carteles que anunciaban el evento, sin mucho interés porque no había nada relacionado con su especialidad; pero por lo menos sabía que se anunciaba la presencia de muchos - y muy importantes - ponentes y especialistas nacionales e internacionales.

Así que después de despedirse de los Asakura se dirigió a cumplir son sus clases de la mañana, fastidiada al pensar que en la tarde le tocaba ir a las pasantías. Si tan sólo no le hubiera tocado un jefe tan intragable...

A mediodía le costó encontrar un lugar tranquilo en el que pudiera sentarse a comer, porque había demasiada gente hasta en los jardines; encontró un lugarcito más o menos alejado - el grupo más cercano se encontraba por lo menos a diez metros de su persona - y se sentó en el césped bajo un árbol, sacando su almuerzo del bolso. Solía comer sola porque no tenía amistades especiales en su grupo de estudio; a esas alturas de la carrera tampoco había mucho lugar para la socialización, todo el mundo estaba ya trabajando solo y concentrándose en pasantías y tesis.

Ya casi terminaba de comer - pensando en lo que podía ocurrírsele para ver de nuevo a Lyserg, por supuesto - cuando se percató de la presencia de alguien junto a ella; alguien a quien no había visto acercarse por encontrarse demasiado distraída. Levantó la mirada rápidamente, sobresaltada, y su mandíbula casi rozó el césped al reconocer al recién llegado: parado rígidamente frente a ella, observándola desde su elevada estatura, estaba nada más y nada menos que Thomas Marlowe.

Misterio. ¿Qué hacía el Señor Arisco y Estirado paradote allí, mirándola?

Terminó de masticar el bocado que casi escupe al verlo, se sacudió las migas que habían caído sobre su regazo para disimular su asombro y su confusión, y luego tornó a mirarlo con toda la serenidad que pudo reunir.

"¿Qué se le ofrece?" - preguntó al cabo de un minuto de incómodo silencio, cansada ya del jueguito de miradas al estilo quién puede más. Trató de no sonar demasiado hostil, pero le resultaba difícil.

"Señorita Usui." - Pilika lo miró con incredulidad, pensando por un momento que en cualquier instante podía ver pasar una vaca volando; existían los milagros, y el tipo la había llamado por su apellido! - "Usted me tildó de grosero. Quiero demostrarle que no lo soy."

"¡Anda! Pues vaya milagro. Ayer andaba usted bastante falto de cortesía, según recuerdo." - le soltó la chica con bastante ironía, y pudo ver cómo las cejas rubias temblaban revelando cierta irritación.

"Estaba alterado por causa de mi hermana. No es suficiente para justificar mi comportamiento descortés, sin embargo; por eso quiero presentarle mis excusas."

Ahora sí que la dejó boquiabierta.

"Estoo... y usted vino aquí sólo para pedirme disculpas? Y cómo se enteró de mi apellido?"

"En realidad he venido a dar una conferencia, pero la vi aquí y decidí hablarle. Planeaba una disculpa formal para usted y la señora que la acompañaba, y por eso esta mañana me comuniqué con la señora Jun Tao por intermedio de mi padre; ella me dio su nombre y dirección. Fue una sorpresa encontrarla aquí." - su manera excesivamente formal y casi rebuscada de hablar comenzaba a alterarle los nervios a Pilika.

Cielos, qué estirado era. Parecía un soldadito de madera, un muñequito de plástico; lo que fuera, pero no parecía de verdad. ¡Y estaba pidiéndole disculpas!

No le costaba nada complacerlo...

"Bueno, pues... disculpa aceptada, señor Marlowe." - dijo al fin, tratando de imitar la rígida formalidad del joven y fallando miserablemente. Suspiró - "¿Porqué será que los ingleses que conozco son tan estirados?" - masculló, pero el tipo alcanzó a escucharla y no pudo disimular la sorpresa que sus palabras le produjeron. Seguro que se ofendía.

"No sabría decirle." - esta vez fue ella la que se quedó de a tres cuartos al escuchar la voz serena y formal - "¿Conoce usted a muchos compatriotas míos?"

"Sólo a uno hasta ayer, cuando los conocí a usted y a su padre." - Pilika no pudo evitar sonreír - "Claro que su señor padre es encantador..."

"Y yo no lo soy. Entiendo el mensaje."

"Oiga, no se ofenda que no lo dije con esa intención. Lo que pasa es que su papá no tiene esa expresión de 'me duele el hígado y los odio a todos' que usted carga, es todo. Pensé que me estaba tratando con esa falta de cortesía por puro prejuicio, porque es obvio que no pertenezco a su clase social." - de nuevo lo había sorprendido y a tal punto que no podía ocultarlo.

"No soy prejuicioso en ese sentido, se lo puedo asegurar. ¿Siempre dice lo que piensa, señorita Usui?" - preguntó después de un momento de asombrado silencio.

"Por regla general, señor Marlowe." - repuso, divertida - "Supongo que usted no está acostumbrado a que la gente sea sincera... vamos, yo puedo ser una tumba si quiero; pero si no veo la necesidad de mentir aunque sea por omisión, pues no lo hago y punto."

"Eso podría meterla en problemas." - el tipo ahora la miraba con la cabeza ligeramente ladeada, como estudiándola.

"Eso mismo me ha dicho Lyserg muchas veces..."

"¿Conoce a Lyserg?" - una ceja rubia se elevó en un gesto de incredulidad.

"Por supuesto. Hace años viajó con mi hermano, y es muy amigo de la familia con la cual vivo..."- se detuvo al recordar que estaba hablando con el hermano de la prometida de Lyserg. Ooops.

Marlowe frunció el ceño y se la quedó mirando fijamente por unos momentos que la hicieron sentirse bastante incómoda; tanto, que se puso de pie y se sacudió los jeans para disimular su inquietud. Cuando volvió a mirarlo, el tipo pareció sobresaltarse y miró su reloj.

"Me temo que debo retirarme, señorita Usui. Ha sido un alivio hablar con usted y resolver la situación..."

"Espérese." - se colgó el bolso de nuevo al hombro, y tendió su mano derecha - "Si es cierto que no tiene prejuicios, pues venga esa mano y hagamos la paz." - el joven respondió al gesto amistoso con sorprendente naturalidad, y el apretón de manos fue firme y tibio - "Ya está. ¿Ve cómo no duele ser amable y simpático?"

"Um," - era evidente que se había quedado sin palabras de nuevo - "fue un placer, señorita Usui. Hasta luego." - se inclinó cortésmente y caminó hacia el amplio sendero empedrado que serpenteaba entre los jardines, uniéndose a un grupo formado por dos mujeres y un hombre mayor que al parecer habían estado esperándole pacientemente.

Las mujeres, una muy joven y la otra más o menos cuarentona, le dirigieron a Pilika una mirada de pocos amigos antes de alejarse con "Tommy". Caramba con el muchacho, pues; y es que no era para nada mal parecido. La ainu, divertida, les deseaba suerte si acaso estaban tratando de derretir ese glaciar... porque por lo visto, lo único que podía quebrar la impasibilidad del joven era una buena dosis de brutal honestidad, y dudaba mucho que alguna de esas mujeres fuera capaz de dársela.

Dejando de lado lo que acababa de ocurrir, se encaminó hacia la empresa en la que estaba haciendo sus pasantías, a unas pocas cuadras de distancia de la universidad. Cuando salió de allí, a la misma hora de siempre, pensó en bajar a pie hasta la casa, aunque iba a ser mucho más largo y tedioso el camino sin la bici...

No tuvo tiempo de pensar más en la logística de su regreso a casa, porque apenas iba cruzando el estacionamiento cuando un auto plateado - que ya le iba siendo bastante familiar - se detuvo junto a ella y la ventanilla del lado del pasajero bajó para revelar a Lyserg, quien iba la mar de elegante en un traje gris azulado y le hizo señas de que abordara el auto, su mirada escudada tras unos modernos anteojos oscuros. Ella obedeció sin chistar, en primera porque un aventón no le venía nada mal, y en segunda porque quería saber si el inglés sería capaz de hablarle de su situación personal.

Claro que cuando le dirigió la palabra fue para preguntarle algo que no esperaba; algo que encima sonaba a reclamo, y por eso la pregunta tuvo la virtud de irritarle.

"¿Qué hacías en casa de los Marlowe, Pilika?"

"Creo recordar que te lo dije ayer. Además, no te debo ninguna explicación." - dijo, con un aire digno que se desinfló de inmediato ante el expresivo suspiro que el inglés dejó escapar.

"Sólo quería saber."

"Pues tenía curiosidad por conocer al viejo y a tu novia, y fui a satisfacerla. Ya lo sabes." - repuso al fin ella, con algo de insolencia.

"No tienes que ser tan hostil conmigo; lamento mucho que te hayas enterado de Lynda de esa manera, pero..."

"¿Y qué es lo que lamentas en realidad, Lyserg? Que me haya enterado por otras personas... o casualmente... en lugar de que tú, mi supuesto amigo, me lo dijeras?"

No podía verle los ojos, pero casi sintió la culpa que invadía al joven.

"No tengo excusas para eso. Fue una cobardía de mi parte el ocultártelo."

"¿Porqué lo hiciste, entonces?"

"Temía tu reacción." - dijo lentamente, como si tuviera que sopesar cada palabra. Y era probable que sintiera en verdad la necesidad de pensar bien lo que decía, porque la ainu estaba consciente de que su cara, a buen seguro, mostraba que estaba a punto de reventar de coraje.

"¿Cuál? Me estás viendo, no? Estoy tranquilita, me lo estoy tomando todo muy bien, muy quesito. Claro que me da coraje que nuestra 'amistad' te valga mangos, pero trato de no tomármelo muy a pecho..."

"Estás resentida conmigo, y no te falta razón."

"Puede ser. ¿Me dejas que te haga una pregunta? Una sola?"

"Dime."

"¿Estás enamorado de ella?"


N.A.: Tropiezos, tropiezos xD. ¿Contestará Lyserg a la pregunta de Pilika? O seguirá guabineando y escurriéndose como hombre que es al fin y al cabo? Lo sabremos en el próximo cap. Siento mucho la tardanza, chicos...

Gracias a mis lectores: Akane Yukino (ay niña... mira que es más fácil decirlo que hacerlo, y te apuesto a que la propia Pilika está muy consciente de eso), Niacriza (ya lo verás, tranquila), Kena (yo esperé y nunca llegó; pero eso no significa que haya perdido toda la fe, sino que me he vuelto sumamente cínica y bastante amargada xD. No me ofendo. Cada vez que pasa algo así es porque una transición se avecina), Aredhel (esperemos que no, pero nunca se sabe. Tranquila que a Pili debe venirle algo bueno por ahí), Maty (ahora es peor porque tengo mucho trabajo), Yamiana (saludos!), Pmeliitah (gracias! Algo de eso habrá), Niacriza (pues con esta familia va a haber movimiento, lo verás), Nadeshiko (habrá que ver xD), Lady Scorpio (bueno, yo avisé. Y/A es ya una pareja establecida y no hay que buscarle tres patas al gato; aunque igual algo se verá xD), Korishiteru (gracias!), DarkCam (pues te doy la bienvenida, y espero que lo sigas disfrutando xD), Saph (gracias!), CaTa (si ahora es que le falta xDDD), Chokoreeto (no se puede complacer a todo el mundo. Gracias por leer), Viosil Uab (ya te daba por perdido en acción xD. Sí, las chicas interactúan bien y es un placer escribirlas, son una maravilla. TommyDraco? Eso habría que verlo xDDDD. Y sí, uxoricida suena... no sé, como sexy xD).