Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí. Esta es la secuela AU de otro AU, así que todo el mundo está OOC. ¿Entonces? Como diría Bender: "bite my shiny metal ass".

Capítulo XII

Deshojando la margarita

Corrió como una exhalación, esquivando por unos centímetros a Anna, que en ese momento salía al porche y se detuvo justo a tiempo de evitar ser arrollada por el torbellino azul; subió entonces las escaleras de dos en dos para finalmente encerrarse en su habitación.

No intentó asomarse a la ventana, simplemente se dejó caer boca arriba sobre la pequeña montaña de cojines en un rinconcito de su habitación; aún estaba allí un par de minutos después, mirando al techo con los ojos levemente húmedos y el corazón aún latiendo a millón por hora, cuando escuchó el auto de Lyserg arrancar y alejarse. Se llevó una mano a los labios... aún podía sentir la calidez de la boca del joven en la suya, había sido como un sueño, pero tan sólido y real...

Porque había sido real. Había pasado, ella se había atrevido a hacer lo impensable. Cielos. Ahora sí que se sentía como la heroína de una de las novelitas rosas que Shalona escribía y que las chicas como Tamao devoraban como si fueran rosquitas; esto le hacía recordar los 'pájaros' que le revoloteaban en el estómago cuando Lyserg estaba cerca de ella, años atrás.

Algo de verdad tenía que haber en las susodichas novelitas, porque de pronto estaba experimentando todas las sensaciones descritas en sus rosadas páginas: el corazón que le latía como si quisiera salírsele del pecho, el calor en todo el cuerpo, el cosquilleo en los labios, el temblor de los nervios, la euforia de la adrenalina. Todos los clichés cursis y ridículos, diseñados para acelerar los corazones y arrancar suspiros de lectoras adolescentes y alguna que otra solterona, ya no resultaban tan ridículos ni tan tirados por los pelos cuando le pasaban a una.

Porque vaya, esos clichés se sentían demasiado bien en carne propia. Pilika de repente estaba adorando los clichés. Los amaba. Oh, sí.

Y eso que aún no se terminaba de creer que había besado al hombre de sus sueños, y que éste le había correspondido durante unos maravillosos e intoxicantes segundos. El porqué lo había hecho... bueno, eso ya era harina de otro costal. La ainu se negaba a creer que le había correspondido simplemente porque ella le gustaba; gracias a ese beso estaba más o menos segura de que se sentía atraído por ella como mujer, pero conociendo a Lyserg - al menos lo poco que él se dejaba conocer - esa razón era sólo un componente de la mezcla. A lo mejor había querido darle una cucharada de su propia medicina, por ser tan atrevida...

No se arrepentía de lo que había hecho, aunque sabía que le iba a ser muy difícil mirar al inglés a la cara la próxima vez que se encontraran. Después de todo, ella no iba por ahí besando tipos todos los días.

No pasó ni media hora antes de que escuchara un discreto llamado a la puerta, y como sabía que no podía tratarse de nadie más que de Anna, dijo "pase" con todo el aplomo que pudo reunir. La sacerdotisa entró con cara de circunstancias, pero sin ocultar su curiosidad, cerrando la puerta a sus espaldas.

"A ver... qué pasó allí afuera?" - preguntó directamente como era su costumbres, sin andarse por las ramas - "Y perdona que me meta, pero no pude evitar darme cuenta de que había pasado algo entre ustedes..."

"¿Te dijo Lyserg alguna cosa?" - inquirió la chica con el corazón trepidante, y vio cómo la rubia arqueaba las cejas.

"No, se limitó a despedirse de nuevo y se fue. ¿Esperabas que me dijera algo en particular?"

"Creo que... es decir, no. Digo, no sé." - era vergonzoso cómo se enredaba toda - "¿Qué cara tenía cuando se fue? Parecía enfadado, o algo...?"

"Pues no. Tenía la misma cara de siempre: amable e impersonal. Ya sabes que él es muy afecto a los extremos: o no expresa nada, o es puro drama." - suspiró - "Por lo que más quieras, Pilika, dime de una buena vez qué fue lo que hiciste que te tiene tan inquieta."

"Lo besé."

"¿Que hiciste QUÉ?"

"Lo que has oído." - por una vez Anna mostraba abiertamente su desconcierto, pues se quedó mirando a la peliazul con la boca abierta.

"Esto es fuerte. Espera." - la sacerdotisa, que hasta ese momento había estado de pie frente a ella, descendió hasta el suelo con gracia hasta quedar arrodillada en la postura tradicional, algo que Pilika a veces encontraba difícil de hacer. No por falta de flexibilidad, sino porque se fastidiaba rápidamente de conservar semejante posición - "¿Porqué lo hiciste?"

Su mirada era interrogante, pero calma. La ainu respondió con sinceridad.

"No sé. Porque siempre quise hacerlo, supongo; pero fue más un impulso que otra cosa. Él estaba esperando a que yo le dijera algo, yo no sabía qué hacer, sentí la tentación y no lo pensé... simplemente actué."

"¿Y él qué hizo?"

"se quedó muy asombrado, eso creo. Y luego me devolvió el beso. y..."

"¿Cóooomo?" - no dejaba de tener su gracia el ver a la siempre compuesta y seria Anna perder el tipo por segunda vez en menos de cinco minutos - "Ahora sí que me sorprendiste. No entiendo."

"Yo tampoco. Pero te aseguro que lo hizo. Después el beso terminó, él tenía puesta su cara de palo de siempre, sentí que me moría de la vergüenza y me eché a correr. Y eso fue lo que viste; fin de la historia."

El ceño de la rubia se frunció y por momentos fue más que evidente que algo le inquietaba, lo que le dio muy mala espina a Pilika. No era común que Anna mostrara su preocupación o inconformidad con algo.

"Lo sabía."

"¿Sabías qué? Que lo besaría?"

"No... sabía que si Lyserg regresaba al país tarde o temprano iba a pasar algo entre ustedes, por más que se lo advertí hace años, y por más que él dijera que sólo pretendía mantener una amistad contigo."

"¿Que se lo advertiste...? El qué? Eeeeh? Anna! Qué tratas de decirme?"

"Pilika, no eres tonta; sabes muy bien lo que ese beso significa. Le gustas a Lyserg, y eso no es de hoy... hace años, el día antes de mi boda, sostuve una pequeña conversación con él al respecto, porque me di cuenta y no quería que salieras lastimada."

"¿Por eso me dijiste que no era posible...? Sabías que él estaba comprometido?" - la miró con incredulidad.

"No sabía que estuviera comprometido y él tampoco me dijo nada, pero deduje que debía tratarse de algo así. Él estaba... parecía muy alterado y muy amargo cuando me dijo que no podía aproximarse a nadie en plan romántico, y mucho menos a ti porque en verdad eras especial. Y ya ves. A pesar de lo que me dijo, lo atraes demasiado."

"Pero... pero él nunca dijo... y..."

A estas alturas, a Pilika ya comenzaba a darle vueltas la cabeza tratando de comprender. Ella también recordaba muy bien la conversación que había tenido con Lyserg años atrás, cuando él había hablado del matrimonio como una "atadura", diciéndole que 'no siempre se podía escoger a la persona con la que se iba a estar'. No había dudas de que se refería a Lynda Marlowe aún en ese entonces, pero también le había dicho antes a Pilika que no tenía novia... quizás porque no consideraba a la mujer en cuestión como su novia, aunque fuera su prometida. Porque tanto como mentir, el inglés no tenía esa costumbre.

Pero esto... lo que la sacerdotisa acababa de decirle confirmaba que siempre le había gustado a Lyserg. Gustar gustar, como en 'me gustas y quiero contigo'... oh, cielos.

"Dame algo de crédito, Pilika." - dijo secamente la rubia - "No hacía falta que lo dijera, estaba muy claro en su actitud que le gustabas, y mucho."

"¡Y hasta ahora me lo dices!" - exclamó la ainu de pronto, dándose una fuerte palmada en la frente - "¿Porqué te has guardado semejante pieza de información durante años, Anna?"

"Porque pensé que no había necesidad de que te comieras el coco con la noticia, ya que el interesado no iba a hacer nada al respecto, o al menos eso dijo entonces. Ahora lo ha hecho, aunque no debía y todos conocemos por fin la razón por la cual no debe." - su ceño se profundizó - "No quiero que te hagas daño con esto, Pilika."

"Le gusto. En verdad le gusto, siempre le he gustado..." - murmuró la peliazul, sintiéndose mareada y eufórica por momentos.

"Despierta, niña. Recuerda que es un hombre comprometido, y mucho, a juzgar por lo que ha dicho. Así que no empieces a pensar en pajaritos preñados, porque los pajaritos ponen huevos. ¿Me has oído?" - Anna parecía ahora más preocupada que nunca.

"... yo creo que es tarde para evitar que piense en pajaritos preñados, como dices tú. Estoy enamorada de él, lo sabes muy bien," - dijo resuelta, recuperándose de su momentáneo atontamiento - "y ahora que me confirmas que siempre le he gustado como mujer, no puedo evitar tener esperanzas."

"Pilika..." - la sacerdotisa suspiró - "¿Qué te ha dicho Lyserg acerca de la mujer con la que está comprometido?"

"Yo le pregunté si estaba enamorado de ella, y me dijo que no. Que no estaba en condiciones de revelarme el porqué de su compromiso, y yo le dije que de todas maneras lo iba a averiguar, tarde o temprano. Y eso haré."

"¿Te dijo eso antes de venir acá?"

"Sí. ¡Me llevó a tomar un delicioso té inglés con muchos pastelitos, Anna!" - su entusiasmo hizo sonreír a la aludida, a pesar de la seriedad con la que habían hablado hasta el momento. La comida era la debilidad más notoria de Pilika aparte de su tendencia a soltar lo que pensaba sin importar quién estuviera delante, y a la ainu no le avergonzaba admitir ninguna de las dos cosas - "Oh, cielos, le gusto. Y yo que pensé que no le gustaba porque soy flaca y me falta pechuga, y..."

"No seas tonta." - la regañó la rubia, cruzándose de brazos en un gesto casi beligerante - "Eres una buena chica con cualidades de sobra, y no es para nada extraño que Lyserg se haya prendado de ti casi desde el primer momento, al igual que todos en esta casa. Tienes tus lunas, como las tenemos todos, pero hasta en eso tienes una forma de ser única; los que te conocemos te queremos y no deseamos que te pase nada malo."

La peliazul sintió que enrojecía. Sabía que era querida por los Asakura y sus amigos, pero escucharlo de una manera tan sincera y directa de la boca de la propia Anna era algo increíble, algo que la llenaba de calidez. Sin embargo, y a pesar de los sentimientos que evocaron en ella, Pilika sabía que detrás de sus palabras acechaba el peso casi tangible de un 'pero'...

"... y aquí viene el pero. Con todo y lo talentuda, encantadora y llena de cualidades que es la señorita Pilika Usui, tú no la crees capaz de conquistar de todas todas al esquivo señorito Lyserg Diethel. Es eso, verdad? Porque te la pasas diciendo que no quieres que me haga daño con todo este asunto, como si estuvieras segurísima de que entre nosotros no puede haber nada de nada." - trató de que no sonara a queja o reproche, pero fue imposible. El suspiro que siguió a sus palabras selló el carácter de las mismas sin lugar a dudas.

No obstante, Anna no se inmutó; se limitó a observarla intensamente con sus ojos oscuros y penetrantes durante casi un minuto, antes de hablar de nuevo.

"Puede que esté siendo demasiado negativa, como dice Yoh. No digo que no pueda haber algo entre ustedes, pero hay obstáculos muy grandes en el camino de los dos... y tengo el presentimiento de que algo malo podría ocurrir. No he podido quitarme los malos pensamientos de la cabeza desde que encontraste el cadáver de esa mujer; sabes que cuentas con mi apoyo para lo que decidas hacer, pero me preocupa tu bienestar."

"Te lo agradezco. Pero quiero intentarlo, Anna, de verdad quiero; ahora que sé que le gusto, quiero saber cuánto y si es posible algo más. Tú me entiendes, verdad?" - tenía que encontrar la manera de que la sacerdotisa comprendiera. De pronto la chica sentía que era muy importante lograrlo - "Recuerdas hace años, cuando te pregunté cómo sabía una si en verdad estaba enamorada? Tú me dijiste lo que sentías por Yoh... pues yo siento eso por Lyserg. Nuestra situación es distinta, porque yo no estoy segura de que sienta por mí lo que yo siento por él; pero tú luchaste por la persona a la que querías, y yo quiero hacer lo mismo. Que no quede por falta de ganas de intentarlo."

"Ya te he dicho lo que pienso al respecto, y no pienso repetirlo. Es tu decisión y sabes que te apoyo... sobre todo porque sé que nada de lo que pueda decir te va a disuadir de hacer lo que se te ocurra." - la rubia sonrió levemente y Pilika dejó escapar el aliento que había contenido sin darse cuenta. Era increíble comprobar lo mucho que pesaban las opiniones de Yoh y Anna en su vida...

"Lo malo es que, al menos de momento, no se me ocurre nada..." - dijo con absoluta candidez, y pudo ver cómo la vergüenza ajena hacía su aparición en el rostro casi siempre imperturbable de la sacerdotisa.

"Pilika... eres un caso."


Como era de esperarse, Lyserg Diethel no se dignó a dejar ver su aristocrática nariz en la casa de los Asakura al día siguiente, y el día posterior a ése ya Pilika estaba que se comía las uñas por la inquietud que le provocaba el no verle... principalmente porque seguía sin saber qué hacer. No iba a presentarse en casa de los Marlowe así de buenas a primeras, en primer lugar porque le había prometido que no volvería a esa casa, y en segundo porque no le iba a servir de nada y probablemente lo haría enfadar.

Y seguro que debía de ser interesantísimo ver al inglés enfadado... pero por una vez ella no quería probar suerte.

El rollo era que él estaba viviendo en esa casa, y a menos que ella saliera en la bicicleta y se pusiera en medio de la carretera para que él la arrollase cuando se le ocurriera salir, no encontraba manera de hacerse la encontradiza. No tenía ni siquiera un número de móvil al cual pudiera llamarle, aunque fuera con el pretexto de verle para ofrecerle sus excusas por un acto del cual no se arrepentía en lo más mínimo... lo único que tenía era su dirección de correo electrónico, y no iba a volcar su corazón poniéndole cuatro letras que sólo podían - probablemente - hacer efecto dichas en persona. Y mientras tanto él estaba pasando los días y las noches en la misma casa con esa... con su prometida.

Era una suerte que tuviera mucho que hacer, así no se pasaba el día carcomiéndose el cerebro pensando en el inglés. Entre los asuntos académicos y los puramente domésticos estaba más que ocupada...

Y si le hacía falta entretenimiento extra, pues allí estaba el problema de Tamao. La pelirosada andaba más mustia y desteñida que nunca, y hasta el momento Pilika no encontraba forma ni manera efectiva de interrogarle acerca de lo que había sucedido entre ella y Manta; debía de haber sido algo bastante serio, porque aunque el cabezón no había interrumpido su rutina de pasar por la casa en las mañanas y en las tardes, ni había dejado de saludar a su prometida con el casto beso en la mejilla de siempre, los dos lucían acartonados e incómodos a más no poder.

Consiguió acorralarle ese día al regresar de la universidad y encontrarla sola en la cocina. Los dueños de casa no estaban, Ryu se había llevado a Hana de paseo - presumiblemente a lo de Jun Tao - y Horo aprovechaba sus "vacaciones" del estrés que le causaba intentar llevarse bien con su padre por el bien de la tribu... durmiendo a pierna suelta arriba en el balcón, con babeo incluido. Así que era el momento indicado: era más probable que Tamao se salvase del Ébola que de Pilika aplicándole por fin el tercer grado para enterarse de lo que pasaba en la casi siempre plácida pareja.

"Ajá." - vio cómo la pelirosada se sobresaltaba al escuchar su voz, al punto de que casi se corta con el cuchillo que estaba utilizando para rebanar legumbres - "¿Y ahora qué ha pasado, mujer? No que todo iba bien, y que ibas a tratar de dejarte de novelerías, y tal?"

"No sé de qué me hablas." - la voz de Tamao vaciló imperceptiblemente y sus manos temblaron un poco.

"No te hagas la loca, que no te queda. Escuché que estabas discutiendo con Manta el otro día, y..."

"¡Pilika! Estabas espiándonos?" - al fin los ojos que habían rehuido los suyos todo el rato se volvieron hacia ella. La expresión en ellos oscilaba entre la indignación, el enojo y el temor.

"¡Claro que no!" - ahora era ella la indignada - "Venía a buscar mi cena y accidentalmente escuché que discutían, pero me largué enseguida para no estorbarles. Ni siquiera entendí lo que decían, pero está claro que pelearon porque andan tiesos a más no poder el uno con el otro. Vamos, escúpelo. Te va a hacer bien."

"No. Esto no voy a discutirlo contigo." - dijo la mujer, extrañamente resuelta. Pilika la miró con los ojos como platos.

"Tan serio es? Me pareció escuchar que Manta te decía que no creía nada, y..." - se dio un manotazo en la boca al darse cuenta de que, como de costumbre, había hablado de más.

"¿No que no habías entendido lo que decíamos?" - la expresión en el rostro de la pelirosada era casi de rencor.

"¡Fue lo único que alcancé a entender, te lo juro por el afro de Choco! Vamos, Tamao. Me preocupa verte así, chica. Qué fue lo que pasó entre ustedes? Si todo iba bien..."

La joven tardó unos momentos en ceder, pero al fin capituló ante la insistencia de la ainu con un suspiro tan hondo que parecía arrancado del alma. Dejó el cuchillo sobre el fregadero y se secó las manos en el delantal que llevaba, sentándose frente a la mesa.

"El problema es que Manta..." - tragó con fuerza - "Manta se dio cuenta de mi reacción cuando vi a... a Lyserg y se molestó mucho. Es que no lo pude evitar, yo..."

Figúrense: Lyserg Diethel de nuevo, haciendo estragos entre el personal femenino... y como siempre, sin querer y sin enterarse. Nada nuevo bajo el sol; pero algo extra debía de haber pasado como para que a Manta se le fueran los tiempos, y Pilika no tardaría en averiguarlo.

"Qué hiciste, Tamao?"

"Yo... yo le había insinuado ya que... que algo faltaba entre nosotros; no se lo dije con todas las palabras, pero algo le di a entender. Y cuando vio cómo me puse al ver a Lyserg, se puso... se molestó. Creo que cree que yo no pienso en él, sino que ando buscando... que busco en otras personas eso que... que nos falta."

Cielos, sólo a ella se le podía ocurrir; la ainu le había dicho que intentara apreciar más lo que tenía con Manta, y la joven lo primero que hacía era insinuarle a su prometido que faltaba pasión en sus vidas. Uf. Era perfectamente comprensible que el cabezón se molestase, sobre todo al ver la reacción de la chica ante el inglés, sumar dos más dos y obtener cinco. A Pilika el asunto le hizo gracia en lugar de darle celos - porque sabía perfectamente que para Tamao, Lyserg era algo así como el proverbial caballero inglés de las novelas rosas de época: alguien ideal e intocable - y se hubiera echado a reír de no estar en juego la tranquilidad de personas a las que en verdad apreciaba.

"¿Y... es cierto?" - la pelirosada se le quedó mirando de hito en hito, momentáneamente desconcertada - "Me refiero a lo que cree Manta. ¿Andas buscando en otras personas lo que crees que él no te da?"

"¡Pilika! Cómo puedes insinuar...?"

"No insinúo nada. Yo sé que para ti Lyserg es algo así como un personaje de cuento y que no estás enamorada de él, pero... lo sabe Manta? Porque vamos, justo después de decirle que falta algo en su relación, te quedas mirando a mi témpano de hielo favorito con ojos de cordero degollado... y hasta yo, siendo el cabezón, me hubiera imaginado cosas..."

"¡Pero Pilika...!"

"Me has dicho que quieres mucho a Manta, pero me late que todavía no alcanzas a darte cuenta de que estás tratando con un hombre que te quiere y no con un muchachito. Está celoso, Tamao, y tiene sus razones para estarlo." - la joven la miró con la boca abierta durante unos segundos, y luego de cerrarla se quedó pensativa, como reflexionando.

"No hemos hablado de eso. Yo no sé qué decirle, y él está muy raro conmigo." - dijo al fin, con aire contrito.

"Al menos no ha intentado cancelar la boda; mira que yo quiero fiesta y no te perdonaría que me privaras de una pachanga tan esperada." - comentó Pilika intentando aligerar un poco el momento, pero se dio cuenta de que las palabras 'cancelar la boda' habían hecho palidecer a la joven y casi de inmediato se puso seria de nuevo - "Veo que te ha caído mal lo que te acabo de decir, y para estar segura de dónde piso repetiré mi pregunta de unos días atrás: en verdad quieres a Manta, Tamao? De veras quieres casarte con él?"

"Sí." - la respuesta de la pelirosada esta vez llevaba una carga de seguridad que había estado ausente en la conversación anterior. Por lo visto, y a la luz de los acontecimientos recientes, el ver al cabezón celoso y enojado había sido más que suficiente para hacer que la rosada analizara sus sentimientos con más cuidado... y menos novelerías - "Pero no sé qué hacer. Nunca lo había visto tan alterado conmigo, y me preocupa que..." - sus manos inquietas retorcían el delantal, delatando lo nerviosa que estaba.

"Pues nada, que hablando se entiende la gente. Como fuiste tú la que armó todo este embrollo en primer lugar por andar con la cabeza en las nubes, te toca buscarle y hablarle."

"Pero... y si ahora se le ocurre que quiere retrasar, o cancelar...?" - los ojos de la pelirosada de pronto parecieron a punto de salirse de sus órbitas, y de haber tenido las uñas más largas hubiera podido rasgar el delantal que sus manos torturaban.

"Cálmate. Si ése fuera el caso, ya te hubiera dicho algo. Y aunque está enojado, no ha dicho nada al respecto... apuesto a que está esperando que le digas algo sobre retrasar, o cancelar la boda. Por todos los cielos, Tamao, el cabezón te quiere." - repuso Pilika con algo de irritación - "Apuesto doble o nada a que, con todo este rollo que te has armado tú solita, Manta está pensando que no lo quieres y que sería injusto forzar la boda en semejantes circunstancias."

"¿Tú crees? Ay, no..." - las lágrimas empañaron la mirada de la joven - "Soy tan estúpida!"

"No voy a confirmar ni a negar lo que acabas de decir." - dijo con buen humor la ainu, segura por una vez de que todo iba a resolverse para bien entre la rosada y el cabezón, al más puro estilo Yoh Asakura. ¿Porqué? Pues porque si Tamao andaba aún algo insegura, para todos siempre había sido evidente que Manta la adoraba, desde el primer momento en el que su relación había salido a la luz; el enano nunca había hecho un secreto de sus sentimientos.

El timbre de la puerta sobresaltó a ambas, porque que Pilika supiera, hoy no se esperaba a nadie. A menos que fuera Lyserg...

Oh, cielos, podía ser Lyserg; y le tocaba ir a abrir a ella, ya que Tamao estaba afanada preparando la comida. De pronto la ainu sentía de nuevo lo que había sentido al besarle, y el corazón le latía tan fuerte que podía jurar que lo escuchaba mientras caminaba hacia la puerta con pasos algo vacilantes.

Pero lo que vio cuando abrió la puerta, aunque sorprendente, la decepcionó: no se trataba del inglés, sino de Len Tao vestido como pocas veces se le veía, muy formal en un elegante traje gris verdoso y llevando incluso una discreta corbata. Tenía la misma cara de mal yogur de costumbre, aunque se suavizó un tanto al ver a la chica.

"¡Len! Condenado Horo, no me dijo ni pío de que venías hoy!" - lo saludó con entusiasmo, y el joven chino se aclaró la garganta, circunspecto.

"Ejem. Me adelanté un par de días y quise venir a dar la sorpresa."

Sólo entonces Pilika se dio cuenta de que Len no iba solo: de pie tras él, tieso como un palo y con cara de no entender mucho lo que pasaba, estaba un joven alto y bastante bien parecido que compartía cierto aire familiar con Len, gracias al cabello oscuro con reflejos violáceos, los rasgos severos y los ojos muy claros.

¿Y éste?


N.A.: Por si las dudas y tal (imagino que ya muchos estaban pensando que había muerto o algo así xD), leer las últimas noticias en mi perfil: he dejado mis fics en hiatus, a pesar de que están escritos, por razones personales.

Ya sabía yo que ese beso iba a revolucionar a todo el lote xD. Este ha sido un cap de transición, con muchas explicaciones que más adelante se demostrará que son necesarias, y la entrada de un nuevo personaje que va a causar algo de revuelo. Como no dispongo de tiempo online para responder revs vía reply, y ya algún resentido me ha amenazado con denunciarme por meterlas aquí, he dispuesto una cuenta en livejournal para responder a la brevedad las revs que me dejen. Ya en mi perfil está el link a las respuestas de las revs del cap 11 - podrán encontrarlas en fictionalk (punto) livejournal (punto) com -, y las que dejen aquí al leer éste comenzaré a contestarlas esta misma semana; dejando el respectivo nuevo enlace en mi perfil. Allí podrán ver el contestadas las dudas que planteen aquí e incluso discutirlas identificándose debidamente; aunque repito, mi tiempo online es limitadísimo.