Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí. Esta es la secuela AU de otro AU, así que todo el mundo está OOC. ¿Entonces? Como diría Bender: "bite my shiny metal ass".

Capítulo XIII

El comienzo de algo

¿Y éste?

Pues para el caso que nos ocupa, 'éste' estaba bastante bueno y Pilika no se molestó en disimular su escrutinio apreciativo. Las cosas buenas estaban en el mundo para ser admiradas, después de todo. ¿O no? Y el tipo tenía unos tremendos ojazos de color violeta, de la variedad que golpea con saña y deja tendida...

Len notó su mirada y se aclaró la garganta con expresión severa para llamar su atención.

"Pilika. Te presento a Zhe Wang. Es un primo lejano, hace poco que trabaja conmigo, y lo he traído para que me ayude en las negociaciones de un nuevo contrato." - se la quedó mirando con un aire que de pronto ya no era tan severo como de costumbre, sino más bien algo divertido - "Creo que es suficiente información para ti, por lo menos de momento."

La chica, sospechando que al mirar un tanto embelesada al chino número dos estaba haciendo el oso en beneficio de Len, carraspeó un poco y se inclinó ligeramente en una amable reverencia, haciéndose a un lado para dejarles pasar.

"Encantada de conocerlo, señor Wang." - el tipo respondió a su reverencia con otra similar - "Pasen, por favor." - dijo, modosita, ganándose una mirada de reojo por parte de su cuñado no oficial - "Yoh y Anna no están, pero a Tamao le encantará saludarlos," - seguro, pensó con malicia - "y Horohoro está arriba. Si esperan un momento aquí en la salita... Len, estás en tu casa."

Sin dar tiempo a que el joven chino - a quien ya se le notaban algunos signos de alarma - dijera algo más, salió con la intención de ir al piso de arriba a buscar a su hermano, no sin antes desviarse para hacer una parada estratégica en la cocina e informarle a Tamao lo que pasaba.

"Oye, Tamao, más vale que vayas rindiendo la cena... cortar unas verduritas de más, ya sabes. Porque seguro que esta gente se queda a cenar..."

"¡Pero Pilika¿Quién...?"

"Deja, que voy a avisarle a Horo que Len está aquí y ya bajo."

"¿Len¿El señorito Len ha venido?"

"Ajá, y muy bien acompañado, por cierto. ¿Porqué no vas y los saludas mientras yo le aviso al perezoso de mi hermano?"

"La cena..." - balbució Tamao, como siempre reacia a departir con los visitantes que llegaban a casa de los Asakura. La timidez casi patológica que era su marca de fábrica no había desaparecido del todo con los años...

"Es cuestión de rendir lo que ya está hecho, boba. Yo misma te ayudaré en un ratito. Anda, te aseguro de que no te vas a arrepentir; lo que vino con Len es un finísimo ejemplar de la especie."

"¡Pilika!"

"¡Caramba con la niña! Yo tratando de alegrarte la tarde con un poquito de colirio para esos ojos llorosos que tienes, y así es como me pagas... no vayas, pues." - sin más, se dio media vuelta y salió de la cocina, avanzando por el pasillo y subiendo las escaleras de dos en dos.

Horohoro seguía tendido en el balcón tal y como lo había dejado, con una pierna colgando del banco y la bocota abierta y babeante; el espectáculo era de lo menos edificante que podía verse, y por enésima vez la ainu no pudo menos que preguntarse qué habría visto Len Tao en su hermano.

... excluyendo las obvias razones físicas. El hecho de que fuera su hermana no la cegaba ante la realidad de que Horo estaba que se pudría de bueno, y de que su físico musculoso era la fantasía de muchas mujeres frágiles y de no pocos hombres de la variedad que bota la segunda velocidad y se baña con jabón de limón. Por otro lado, el ainu no era ningún imbécil: contaba con inteligencia de sobra, tenía la cabeza bien puesta y a pesar de su proverbial rudeza era muy cariñoso, lo cual aumentaba su atractivo. Y ni a él ni a su pareja se les veía lo gay, o bi, o lo que fuera, por ningún lado; lo cual los hacía doblemente peligrosos.

Sin vacilar ni un instante, avanzó y le apretó la nariz con fuerza por espacio de unos segundos, hasta que el Bello Durmiente cayó en la cuenta de que no podía respirar y se despertó de golpe, manoteando. Pilika, ya acostumbrada a las peculiaridades de su hermano, tuvo la prudencia de apartarse unos cuantos pasos después de llevar a cabo su hazaña, no fuera a ser que una de aquellas manazas colisionara accidentalmente con su cara.

"¡Pilika Usui! Qué crees que haces? Tratas de matarme?" - se quejó, una vez que dejó de agitarse como un pescado en la red.

"Trataba de despertarte, y que conste que esa tarea requiere de medidas drásticas, mastuerzo."

"¿Y qué carrizo es tan importante como para que me despertaras?" - preguntó malhumorado, mirando su reloj de pulsera - "Todavía es temprano, no creo que ya esté lista la cena..."

"¿Podrías disimular por una vez que la comida es el verdadero amor de tu vida, idiota? Tu novio acaba de llegar, está abajo en la salita." - vio cómo los ojos de su hermano se iluminaban y no pudo evitar lanzar una bomba para embromarlo - "Por cierto que ha venido acompañado de un tipo que está buenísimo y lo que le sigue de buenísimo..."

"¿Eeeeeeeh? Quién?" - el entrecejo de Horo se frunció hasta alcanzar el aspecto fiero que sólo tenía en batalla.

"Un tal Wang, que trabaja con él... según dijo Len, claro. Viajaron juntos." - su tono era claramente insinuante y divertido, pero el joven no captó la broma.

"Creo que lo ha mencionado alguna vez, pero... cómo está eso de que viaja con él? Len no me ha dicho..." - dándose cuenta al fin de que su querida hermanita estaba gozando una ola y parte de otra viéndole la cara, el ainu abortó lo que parecía ser el comienzo de un largo catálogo de quejas - "Voy a ver." - dijo de pronto, resuelto.

"A eso vine, a avisarte para que fueras, no vaya a ser que te estén comiendo el mandado. Pero te recomiendo que primero vayas al cuarto de baño y te laves la cara... estás lleno de babas."

"Pilika..." - dejó caer el joven en tono de resignada advertencia. Claro que igual acabó deteniéndose en el cuarto de baño más cercano para lavarse la cara...

Allí le dejó la chica, bajando para atender a los jóvenes chinos y no perderse los acontecimientos en desarrollo; encontró a Tamao en la salita con ellos, sentada en una postura más bien rígida y con el rostro algo enrojecido. Al verla llegar, se puso en pie rápidamente y se excusó con una vocecita quebradiza, alegando que tenía algo a punto de quemarse en la cocina antes de hacer mutis como una exhalación, lanzándole una mirada abiertamente rencorosa a la peliazul.

Ésta la ignoró olímpicamente y ocupó el lugar que la chica había dejado frente a los dos jóvenes, sin dejar de sonreír con amabilidad.

"¿Qué estás tramando, Pilika?" - preguntó Len después de un momento de silencio, mirándola con sospecha.

"¿Yoooooo? Naaada. Cuénteme algo, señor Wang. ¿Conoce a Len desde hace mucho?"

El pastelito chino, mostrando algo de desconcierto ante su actitud desenfadada, se disponía a contestarle cuando Horohoro hizo su gran entrada con un sucinto 'buenas tardes'. Su exuberante aura viril llenó la habitación como una presencia casi tangible, y Pilika no pudo menos que sonreír al ver contestada - de nuevo, y por todo lo alto - su sempiterna pregunta acerca de qué demonios veía Len en él. Claro que dejó de sonreír y enarcó las cejas al ver cómo su hermano, sin más ceremonias, avanzaba y se detenía justo frente a Len antes de proceder a arrodillarse formalmente y a plantarle un sensual beso en la boca que dejó impactado al personal.

Nadie como Horokei Usui para establecer un hecho y dejarlo clarito y raspado sin tener que decir ni una palabra: el gesto gritaba 'mío' y 'ni se te ocurra, imbécil' sin ambigüedades; y por supuesto, el hecho de que Len no se lo quitara de encima de inmediato como si fuera una papa caliente ayudaba bastante a clarificar el asunto. La peliazul tenía ganas de darle una ovación de pie a su nada sutil hermanito, mientras que el chino número dos se los había quedado mirando con la boca abierta como un pez.

Cuando Horo al fin se apartó, ambos respiraban agitadamente y Len estaba rojo.

"No sabía que vendrías hoy." - dijo el ainu en voz baja, con un tono casi íntimo que no combinaba para nada con su apariencia. De pronto parecía que la temperatura en la salita había aumentado cuando menos un par de grados, porque incluso la única fémina presente podía sentir el calor que emanaba de la escena... y comenzó a temer que fueran a darse el lote allí mismo, frente a ellos. Al fin y al cabo, era la primera vez que se veían en meses...

"Quería dar la sorpresa." - dijo al fin Len, secamente, aunque el rojo de sus mejillas aumentaba por momentos. Era uno de esos momentos memorables por los que cualquier fanática del yaoi mataría, y Pilika lamentaba que Jun no estuviera presente para brincar de gusto ante semejante escena e intentar inmortalizarla con fotografías. Antes de que Horo le brincara al cuello, claro - "Él es Wang, creo que en alguna ocasión te dije que..."

"Sí, hombre, me acuerdo. Mucho gusto." - dijo, inclinándose cortésmente hacia el otro joven antes de volver a enfocar su atención en Len, ignorando al resto de la creación como ya era costumbre en él cuando el joven chino estaba presente.

Pilika se aplicó a la nada ardua tarea de tratar de sacarle al chino número dos la historia de su vida, a fines de entretenerlo mientras el par de tórtolos hablaba. Así estuvieron hasta que Len anunció, con evidente reluctancia, que sólo estaban de paso pues tenían que asistir a una cena de negocios en la mansión de los Tao. Jun iba a ser la anfitriona y a buen seguro les estaba esperando ya, así que debían irse.

A pesar de encontrarse intercambiando zalemas con el circunspecto señor Wang, que no por estar reventándose de bueno dejaba de ser más soso que una calabaza - así había tenido oportunidad de comprobarlo la chica durante el tercer grado que le había aplicado - la ainu alcanzó a escuchar cuando su hermano le decía a Len que pasaría por la mansión en la noche, y no pudo menos que imaginarse por un momento la clase de escenas censurables que iban a tener lugar una vez que los chicos pudieran estar en privado y a gusto. Tuvo que sacudir la cabeza para apartar los pensamientos perversos de su cabeza y concentrarse en despedirse de los chinos con la cara más inocente de la que pudo echar mano.

Pero nada iba a salvar a Horo de ser embromado, no señor...

"Hooooroooo... Horiiiiiiitoooo... conque vas a practicar ecuaciones esta noche, eh?"

"¿Ecua... de qué rayos hablas, Pilika?" - demandó con el ceño fruncido.

"¿Recuerdas lo que dijo Choco aquella vez, acerca de que le gustaría saber qué letra eras tú en la ecuación...?"

"¡PILIKA USUI!"

El bramido del ainu sacudió la casa, pero ya la culpable de su furia corría escaleras arriba, riendo a mandíbula batiente.


Pilika tenía muy claro que el no saber qué hacer en su situación actual, implicaba que lo mejor era quedarse tranquilita y dejar que los acontecimientos siguieran su curso, sin tratar de apresurarlos. Pero claro, una cosa era saberlo y otra aguantarse... y ella no era conocida en su entorno por ser paciente, por no mencionar el hecho de que Lyserg podía irse del país de un momento a otro. No podía darse el lujo de quedarse de brazos cruzados ante semejante riesgo.

Pero... qué hacer?

Y si al fin se le ocurría qué hacer, cómo ejecutarlo sin meter las cuatro y hasta el fondo? Porque daba la casualidad de que - para más inri - se había levantado con el pie izquierdo ese día: no había sonado la alarma del móvil (o ella no la había escuchado, qué más daba a estas alturas), había tenido que ducharse y vestirse de prisa y a los trancazos, y no le había dado tiempo de prepararse algo más elaborado que un triste sándwich para el almuerzo. Encima, le había tocado asesoría y el profesor estaba de un humor criticón y puntilloso de los mil diablos: sólo le faltó sacudir el fajo de hojas en las que la chica le había entregado el resultado impreso de las tres cuartas partes de su trabajo, a ver si se le caía algún signo de puntuación para criticárselo también.

El único punto positivo del día era que al menos no tenía que presentarse a la empresa en la que estaba haciendo las pasantías, porque hubiera sido el colmo de todos los colmillos tener que calarse a la chupeta de ajo que le había tocado como jefe de departamento... qué va, lo mejor era dar un paseíto para calmarse los nervios antes de irse derechita para su casa y dejar de andar buscándole la quinta pata al gato.

Dio una vuelta por el parque cercano y luego tomó el camino largo, evitando el atajo que podría meterla en problemas de nuevo aunque lograra su ansiado objetivo de ver a Lyserg. Llegó a la casa de los Asakura cuando ya caía la tarde se encontró - con sorpresa - que ni siquiera Tamao estaba en la cocina, a pesar de que se acercaba la hora de la cena. Un silbido alegre la alertó, sin embargo, de que no estaba sola en la casa; subió, tocó a la puerta de Ryu y cuando éste repuso que pasara se encontró con el espectáculo de la década. Frente a un gran espejo, el enorme shaman se afanaba en ejecutar un complicado peinado en su brillante cabello negro; su corpulenta figura estaba embutida en un ajustado traje enterizo blanco, adornado con apliques de metal y flecos.

Las Vegas, apártate que aquí va Ryu...

"Qué bueno que llegas, chica. No sabía qué hacer... todo el mundo salió, sabes. Los dueños de casa se han llevado a Hana a una cena, Horohoro está con Len, según creo, y Tamao salió con Manta. Te dejó comida en el horno, por cierto..."

"¿Y tú para dónde vas tan arreglado?"

"Homenaje a Elvis en el bar, querida Pilika. No pensarás que voy a perdérmelo..."

"No, claro que no..." - silabeó la chica, aún impresionada por el espectáculo de Ryu en ese traje tan ajustado que no dejaba nada a la imaginación; debía de habérselo puesto usando aceite o mantequilla, y no quería pensar siquiera si acaso llevaba ropa interior debajo de la ajustada creación que parecía estar hecha de látex.

"Pero no te quedas sola. Amidamaru está aquí, y creo que Conchi y Ponchi andan por ahí..."

"Está bien, Ryu, no te apures... la presencia de Amidamaru me tranquiliza, porque es gente... bueno, espíritu serio. Al par de gálfaros ésos sí que no quisiera tropezármelos..."

Bajó las escaleras, y se disponía a entrar en la cocina en busca de lo que le habían dejado para comer cuando el timbre sonó. No pensaba en nada mientras caminaba hacia la puerta, quizás porque estaba cansada y fastidiada; por eso su sorpresa fue mayúscula al encontrarse casi que de manos a boca con nadie menos que... Lyserg, luciendo tan bien como siempre en un atuendo casual de ésos apreciados por su costosa sencillez. Allí estaba, en todo su verde esplendor a la tenue luz de la tarde que moría - pues aún no encendían la luz del porche - llevando la misma expresión blanda y cortés que lo caracterizaba y que tanto irritaba a la chica.

Claro que en ese preciso momento la irritación se veía superada por el calor y el bochorno, porque acababa de descubrir que no podía mirarlo sin recordar el memorable beso del otro día. Su mirada se encontraba irresistiblemente atraída hacia aquellos labios finos y curvados que había besado - y que le habían correspondido.

Sintió que las mejillas se le encendían, porque un fugaz destello en los ojos verdes le dio a entender sin palabras que el inglés sabía exactamente en lo que ella estaba pensando. No era necesario que Lyserg abandonara ni por un momento su proverbial cara de palo, porque era evidente. Cielos. ¿Cómo iba ella a mantener la calma?

"Buenas tardes, Pilika. ¿O debería decir buenas noches?" - el tono era el mismo de siempre, mesurado y agradable.

"Hola, Lyserg. Creo que ya va siendo de noche, pero lo mismo da." - se apartó para dejarle pasar, y cerró la puerta no bien hubo entrado - "¿Y... a qué debemos el inesperado placer de tu presencia?" - no pudo evitar que el sarcasmo se colara en su voz.

"¿Qué, no puedo venir a visitar a mis amigos?"

"Yo no he dicho eso. Considerando que vives a medio mundo de distancia y que estarás aquí sólo por poco tiempo, es genial que aparezcas de vez en cuando." - zumbó, algo molesta.

"Si querías verme, sólo tenías que enviarme un mensaje vía internet. También tengo un teléfono móvil asignado mientras me encuentre aquí, podías haberme preguntado." - contraatacó el inglés en un tono suave, no exento de cierto dejo de mofa, blandiendo un pequeño móvil negro que se acababa de sacar del bolsillo de los jeans que llevaba. Y que le quedaban la mar de bien. No, no iba a pensar en eso; mejor refugiarse en el enojo y la ironía...

"¿Ah, sí? Pero es que yo creí que no estabas disponible, fíjate. Creí que el caso, y tu prometida por supuesto, absorbían todo tu tiempo, y que por eso no asomabas la cara por estos lares..."

"He estado ocupado ayudando a Richard lo más que puedo. No me es posible intervenir directamente en el caso, pero la policía local está abierta a mis sugerencias, ha sido de lo más amable y me ha permitido acceso a la información..." - no respondió a la provocación de la joven al mencionar como de pasada a su novia. Chico listo y escurridizo.

"A mí no tienes porqué explicarme nada."

"No tengo que, lo hago porque quiero."

"Gracias por el honor, milord."

"Pilika..." - un resplandor animó de pronto el verde sereno de aquellos ojos, y la chica casi se muere de un infarto al darse cuenta de que Anna no había mentido. Las señales estaban ahí si una sabía qué estaba buscando: ella le gustaba a Lyserg, quizás mucho más de lo que alcanzaba a imaginarse en su cabecita inexperta; por muy discreto que fuera, el inglés no podía evitar demostrar de alguna manera que disfrutaba enormemente sus encuentros con ella, más allá de los límites que la amistad imponía.

Pero no tuvo tiempo de detenerse a analizar su descubrimiento, porque Ryu acababa de hacer su aparición en el vestíbulo en toda la rocambolesca gloria de su extravagante traje de Elvis, procediendo de inmediato a abalanzarse sobre el joven apenas lo vio, envolviéndolo en uno de sus vigorosos abrazos. La ainu se olvidó por un momento del predicamento en el que se hallaba, divertida al ver al inglés todo desconcertado y aturrullado ante la exuberancia afectiva del shaman.

"¡Querido Lyserg! Te vendes caro, eh? Mira que no venir a visitarnos en todo este tiempo..." - a eso se llamaba reprochar con estilo y buen humor. No se podía negar que Ryu de vez en cuando acertaba.

"He estado ocupado con el caso..." - empezó el interfecto con el responso que Pilika ya conocía, pero el shaman lo interrumpió.

"... del asesinato de la que iba a ser tu futura suegra, lo sé. Pero ya sabes que de vez en cuando tienes que hacer espacio en tu agenda para visitar a los amigos, chico."

Tanto Pilika como el inglés se quedaron mirando al shaman con la boca abierta.

"Cierra la boca, que te vas a tragar una mosca." - señaló el hombretón con toda la cachaza del mundo - "Me encanta cuando todo el mundo cree que no me entero de nada, de veras que sí."

"Ryu..." - empezó de nuevo Lyserg, pero aludido no le dejó terminar.

"Tranquilo, eh? A ver si un día de éstos nos sentamos a conversar un rato, antes que tengas que regresar a Inglaterra. ¡Me voy, Pilika! No me esperes despierta. Te dejo en buena compañía."

Y sin más, sin esperar a que los aludidos dejaran de boquear por el asombro y pudieran contestarle, hizo mutis. Sólo cuando la puerta se cerró tras su enorme humanidad, Pilika se recuperó lo suficiente como para hacer un comentario al respecto.

"Caramba con el Ryu..."

"Está acostumbrado a que lo subestimen, a pesar de su tamaño. O quizás precisamente a causa de eso." - repuso el inglés, con una de esas sonrisas suyas que desarmaban.

"Bueno... no es raro que la gente se deje llevar por las apariencias y piense lo que no es. O que ignore a alguien sólo porque no le parece importante." - esta vez, Lyserg no iba a pasar por alto la provocación.

"Pilika," - su rostro de repente expresaba la máxima seriedad - "Tenemos que hablar, y no puedo pensar en un mejor momento que el presente."

¡Oh, cielos! Eso significaba que al fin iban a poner las cartas sobre la mesa? La chica sintió que las rodillas se le aflojaban y que las manos le temblaban, y para ocultar la repentina turbación que la invadía no encontró otra cosa mejor que hacer más que cruzarse de brazos y mirarle expectante.

"Por el momento quisiera que hablaras tú. Yo te escucho."

"Sabía que regresar a Japón iba a traerme problemas, y en efecto así ha sido."

"¿Problemas?" - o sea, que YO soy un problema?

"Sí, problemas. Como mi problema contigo, para ser más específico." - hizo una pausa y la miró directo a los ojos - "Sé que sabes que me gustas, que siempre me has gustado, prácticamente desde que te conocí."

¡CÓMOCÓMOCÓMORLCIELOSQUEHADICHOQUEYOLEGUSTOQUESIEMPRELEHEGUSTADOMNSDJASHKAHKSJ!

La chica no pudo hablar durante casi un minuto, la cabeza hecha un revoltillo, sintiendo que las piernas se le volvían de gelatina y que su cerebro se revertía al nivel ameba. Cuando al fin pudo hablar, la voz le salió débil y rasposa y tuvo que aclararse la garganta.

"Estoooo... y qué tiene eso de malo, a ver?"

"¿Cómo que qué tiene de malo?" - Lyserg volvía a mostrar su desconcierto.

"Que me pregunto qué tiene de malo el que yo te guste. Mira, no es que yo me crea una belleza deslumbrante, ni un cerebro privilegiado; estoy bien consciente de mis limitaciones. Pero me escama mucho que hables del hecho de que yo te guste como si eso fuera algo malo. Como si fuera una enfermedad mortal, un virus maligno o algo así..."

Los ojos del joven se ensancharon por un momento, demostrando que estaba sorprendido, antes de que una ligera sonrisa se dibujara en sus labios. Sonrisa que desapareció unos instantes después cuando suspiró y se mesó los cabellos en un gesto entre resignado y exasperado.

"Lo que tiene de malo es que yo soy un hombre comprometido, Pilika. He dado mi palabra, y esta situación está poniendo a prueba mi honradez y mi control."

Más claro ni el agua. Pero eso no impidió que a Pilika le molestara lo que semejante discurso - porque proviniendo de Lyserg, esas pocas palabras eran tan buenas como un discurso de diez páginas - parecía decir entre líneas.

"¿Y qué tratas de insinuar, a ver? Que es culpa mía? Hombre, pues ve buscándote otro chivo expiatorio para ese rollo que tienes, que estás de psiquiatra! Hombre, sí, claro, Pilika la mujer fatal, la vampiresa que te pone al borde del pecado! Idiota. Me vas a echar ese muerto a mí, al ser menos coqueto y seductor sobre la faz de la Tierra..."

Se calló abruptamente cuando Lyserg acortó la ya escasa distancia entre ellos y acarició su mejilla en un gesto cariñoso. Sonreía un poco, y entre la sonrisa y la leve caricia tuvieron la virtud de acelerar el corazón de la ainu hasta que le parecía que él podía sentir el latido de todo su cuerpo estremecido en su mejilla.

"Eres una culpable sin culpa. No tienes que hacer nada para gustarme, porque sólo siendo tú ya me atrapas."

"¿Cómo que te atrapo? Tratas de halagarme, o de insultarme...?

Ahora ambas manos acunaban sus mejillas, inmovilizándola, manteniéndola cautiva y sin poder apartar la mirada. Claro que ella no lo hubiera hecho de cualquier modo, por muy perturbador que resultara mirarse en aquellos ojos verdes y encontrar sólo calor, ternura y algo más que no alcanzaba a definir, pero que acababa por dejarla debilitada de todas todas.

Iba a besarla, seguro, y ella lo iba a permitir... aún más, lo iba a disfrutar. Mucho.

¿Sabes lo que estás haciendo, Pilika Usui? Lo sabes? Te estás metiendo en un lío muy, muy grande. Y de este lío vas a salir fregada, muy fregada...


N.A.: En qué irá a parar todo esto? Todavía queda mucha tela que cortar, amigos XD. TT Mis excusas son las mismas de siempre, así que no los molestaré con ellas. Además de mis rollos laborales también estuve algo bloqueada, con todo escrito y sin ganas de pasarlo. Como estaba previsto, las revs del cap anterior están publicadas en fictionalk (punto) livejournal (punto) com (mirar en mi perfil para el link directo). Se les quiere, chicos y chicas XD