AYUDA DEL EXTERIOR
Chapter Two
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Al principio no lo había lamentado; Hibiki había tenido que ir a parar a la enfermería más veces de las esperadas en las últimas semanas; pero fue hasta que le llevaron con Duero a que lo examinara por su agresivo comportamiento que había comenzado a molestarse.
Pero no era eso lo único que le preocupaba a Duero y al resto de la tripulación del Nirvana.
Como todos sabían él era un chico temperamental; solo que ahora, en las últimas semanas, había pasado de ser aquel hombre temperamental y caprichoso a una constante bomba de tiempo que podía explotar en insultos y golpes a la más mínima provocación. Y si alguien sabía provocarlo, ese era el nuevo inquilino.
Hibiki lo sabía. Sabía que aquel hombre disfrutaba poniéndole los nervios de punta y él simplemente se dejaba llevar por el inmenso deseo de poner sus puños sobre cualquier parte vulnerable del extraño. Sin embargo sus deseos se frustraban al contemplar la adoración que el Nirvana expresaba por su enemigo, así que terminaba desquitando su coraje con puertas, ventana y objetos de ornato que encontraba a su paso.
La situación se agravaba conforme el tiempo pasaba, era un impulso tan fuerte que ya pocas veces podía controlar, hasta el punto en que ahora después de que le habían llevado hasta su habitación a marchas forzadas y en medio de gritos y algunos puntapiés, comenzaba a sentirse invadido por una extraña sensación de culpa.
Todo había comenzado porque se habían encontrado en el pasillo… Por centésima vez en lo que iba del día.
Iba con ella, Dita reía divertida mientras que el galán de pacotilla le contaba una de sus muchas aventuras. Y no era que Hibiki los estuviera siguiendo… No; era sólo que a veces sentía una pequeña necesidad de asegurarse de que ella estuviera bien y bueno, antes, cuando no estaba ese tipo rondándola todo el tiempo las cosas eran más fáciles. Se la encontraba en el pasillo, ella lo recibía con el acostumbrado Alien-san; él pretendía sentirse abrumado y listo. Misión cumplida, claro, hasta que el sentimiento por verla aflorara de nuevo.
El gran problema era que ahora la sensación de querer asegurarse que todo estuviera bien, era más frecuente y por ende terminaba siempre enfrentándose con el que ahora era un enemigo más mortal que la propia cosecha.
Las risas cesaron cuando se encontraron de frente. Hibiki buscó la mirada cristalina de Dita. Quería que ella viera en sus ojos el reproche de estar traicionando a la tripulación al estar todo el tiempo con ese intruso; pero un par de ojos azules, claros y muy diferentes a los que él buscaba; habían volteado a verle reflejando una mirada llena de sorna y una actitud triunfante hasta el punto de resultar un insulto.
Fue así que después de patear una puerta había terminado nuevamente en la enfermería.
Dentro de la habitación de Ezra, Dita hacía mimos a Karu-chan esperanzada en conseguir que la pequeña se durmiera.
"¿Qué pasa Ezra¿Porqué me miras a Dita de esa forma?" dijo levantando la mirada hasta la mecedora donde su amiga teía un par de calcetines.
"Dita has estado muy extraña… ¿Te sientes bien?"
"Sí, Dita esta bien, bueno solo un poco confundida…"
"¿Confundida acerca de qué? preguntó Ezra pidiendole a la chica que se acercara a su mecedora.
"No entiendo porqué Alien-san pelea a todas horas con Ghâzi… ¿Porqué se comporta a veces bien con Dita y a veces tan mal¿Por qué? "
"¿Has dicho Ghazi? Pensé que él también era Alien-san…"exclamó Ezra intrigada.
"No Ezra… Dita solo conoce un Alien-san… Ghazi es amable, pero Dita no quisiera llamarlo Alien-san, solo que él así me lo pide… solo fue una terrible confusión y ahora todos pelean por mi culpa…"
"No Dita, ellos pelean porque tienen asuntos que resolver consigo mismos… En cambio tú en lugar de preocuparte por sus peleas, deberías tratar de resolver tus propios conflictos ¿No crees?" acarició su cabellera "¿Qué es lo que te preocupa Dita¿Por qué has estado más triste en estos días¿Es que acaso Ghazi está haciendo algo que te incomode o que te moleste? Porque si es así…"
"No" interrumpió la chica "No es eso"
"Entonces qué es Dita-chan…"
Dita suspiró tristemente y recargó su cabeza en las piernas de Ezra.
"Nunca importó cuan enfadado estuviera con Dita… Alien-san siempre evitaba que los enemigos atacaran el dread azul…" suspiró de nuevo "Aun si Dita había dicho algo tonto minutos antes, Alien-san estaba siempre cerca… Pero esa vez… Esa vez no lo hizo… Y Dita pensó… D-Dita pensó que él que ignoró todos sus mensajes pidiéndole que viniera… Dita pensó que… "
"Oh… ya veo… Supongo que en realidad esperabas que Hibiki te rescatara ¿No es así?"
La pelirroja bajó la mirada y asintió lentamente.
"Dita-chan, eso no fue lo que sucedió. Hibiki estuvo muy preocupado por ti; él quería volver a buscarte pero no se lo permitieron. Estaba desesperado – como todos nosotros – por encontrarte, por saber cómo estabas… Dime por favor que borrarás eso de tu cabeza. Dita, Hibiki es muy bueno y te quiere mucho; sólo que no sabe muy bien como demostrarlo. Dale tiempo y verás como pronto te sorprenderá"
"¿Crees que sea así Ezra?"
"Estoy segura que así es…"
Dita pegó un brinco hasta ponerse de pie, con una gran sonrisa en el rostro.
"Entonces Dita tiene que ponerse muy linda esta noche para la fiesta. ¡¡Dita ayudará a Alien-san a demostrar sus sentimientos!!"
En el comedor del Nirvana se había formado tal caos que cualquiera pudiera decir que una nave nodriza había sido destruida ahí dentro. Cientos de globos de colores, delicadamente colocados sobre el contorno de las paredes ahora yacían en el piso ante el peligro de ser exterminados por aquellos pares de piernas que circulaban de un lado para otro sin parar.
Jura chillaba fuertemente frente a lo que seguramente habría sido un divino pastel preparado especialmente para ella. Ahora sólo se encontraban varios trozos sobre el mantel y lo demás había sido repartido por todo el piso.
Lanzando suspiros llenos de melancolía y con el cabello hecho un desastre, aquella era la vez que todo el Nirvana había visto una Jura tan afectada. De pronto, dando una voltereta, la rubia se enjugó lentamente las lágrimas mientras su mirada se cargaba de rencor profundo y sus ojos se entrecerraban fijos en la puerta.
"¡¡¡Lo voy a matar!!!"
"Jura espera…" grito Barnette sin éxito. Las puertas se cerraron en sus narices impidiéndole seguir a su caprichosa compañera.
"Hibiki Tokai… ¡¡¡Regresa aquí y deja que te ponga las manos encima pequeña sabandija!!!"
Hibiki apresuraba el paso al tiempo que daba vuelta por uno de los pasillos del Nirvana. De lejos escuchó el eco de los gritos de furia lanzados por Jura. Sin embargo para pesar de la chica, estos no habían hecho ningún efecto en él.
"Barnette ¿Qué haces aquí?… Suéltame, te digo que me sueltes necesito encontrar a ese criminal…" el eco retumbaba nuevamente por los pasillos "¡¡Voy a matarlo, te juro que voy a matarlo!!"
Se detuvo.
De pronto, las voces comenzaron a hacerse más lejanas y los gritos se convirtieron en sollozos. Él estuvo escuchándolo todo el tiempo pero ahora no le importaba. Ni siquiera le importaba su orgullo herido.
El chasquido que produjo la puerta al cerrar, fue lo único que consiguió romper el completo silencio que encerraba toda la habitación. Hibiki se desprendió arrebatadoramente de su camisa naranja y de sus botas lanzándolas por el aire.
Aun cuando sus pensamientos eran confusos y no sabía bien como definirlos, podía reconocer que en ese momento, la mezcla de vergüenza y coraje parecían abrumarlo al grado de sentir que perdía la respiración.
Mientras se recostaba en la cama una imagen difusa cruzó por su mente envolviéndolo nuevamente en cierta angustia que contraía su pecho. Era que aun faltaba tiempo para que el recuerdo de lo sucedido aquella tarde fuese más fácil de asimilar…
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Primero había sido su petulancia al cruzar la puerta, pavoneándose como sólo sabía hacerlo Jura dentro del Nirvana. Pero eso habría pasado desapercibido si él no hubiera adivinado las intenciones de Ghazi al recorrer con su mirada toda la cafetería… Buscaba algo.
Y Hibiki sabía bien qué era lo que Ghazi buscaba, porque al fin y al cabo él había hecho lo mismo al llegar.
"¿Quién demonios lo invitó a la fiesta?" se dirigió a Bart.
Ofuscado, Bart, sólo había atinado a mirarlo y levantar los hombros negando tener esa información.
"Yo lo invité… ¿Tienes algún problema con eso Hibiki?" escuchó mientras volteaba para percatarse de la presencia de la exuberante rubia que cumplía años.
"No. Ningún problema" había contestado con una cara que manifestaba un rotundo SÍ.
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Abrió lentamente los ojos y contempló de nuevo la blanca pared de su habitación; pero de nuevo, los recuerdos vinieron a su mente sin que pudiera haber hecho nada para detenerlos.
La fiesta había comenzado ya. La imponente rubia había elegido un entallado atuendo rojo que destacaba su pálida piel, Hibiki la observó charlando animosamente con Bart; más adelante, Ezra, Barnette y Buzam reían ante la infinidad de gestos que hacía Karu-chan y ya casi en el fondo, Parfet mostraba a Duero las nuevas herramientas que tenía para incluir a su arsenal. Tal parecía que todos se estaban divirtiendo en aquella fiesta. Todos menos él.
Sus cavilaciones se interrumpieron cuando Pyoro se acercó revoloteando alrededor de su cabeza.
"Hibiki… ¿No te diviertes?"
"Déjame solo" escupió Hibiki molesto.
Pyoro se acercó observando su rostro "Hibiki… Has estado extraño. Y Pyoro lo sabe. No hay que ocultar las cosas que nos molestan. Tal vez deberías buscar con quien charlar… las mujeres de Mejer son muy buenas en eso; en la plática y en el baile. Deberías buscar alguien con quien bailar, así quitarías esa cara…"
"Cállate…" interrumpió irritado sin mirar al robot.
"Uhm…" resopló el robot indignado "Pyoro solo querer ayudar" refunfuñó mientras se marchaba.
Como se había quedado solo otra vez, decidió que sería mejor estar sentado. Desde su lugar podía ver todo el salón, la puerta y las pocas parejas que comenzaban a bailar al ritmo de la música.
Comenzó a considerar seriamente irse de la fiesta pero alguien le detuvo.
"Alien-san" el estridente grito sonó a sus espaldas provocando que se girara hasta encontrarse cara a cara con un rostro conocido.
Dos ojos azules le miraban fijamente. Él sintió un imperceptible cosquilleo en su estómago al notar que su atuendo le permitía ver un poco más de su pálida piel.
"¿Qué quieres ahora?"
Con una sonrisa enmarcada se oreja a oreja Dita mecía su cabeza al ritmo de la música.
"Alien-san ¡Baila conmigo!"
Él movió su cabeza negándose sin decir una palabra.
"Vamos Alien-san por favor… La música es linda, no deberías estar sentado… Hay que disfrutar la fiesta…"
Ella sujetó uno de sus brazos y comenzó a tironear.
"Oye, déjame en paz" gruñó sin poder evitar sonreír, un segundo después recobró su aspecto duro "Ve a molestar a otro, yo no estoy de humor"
"Dita solo quiere estar cerca de Alien-san, si Alien-san no baila con Dita, entonces Dita no bailará con nadie"
"Ya te dije que busques a otro, a mí me molestas" dijo mientras disimuladamente dejaba un espacio en la mesa justo para que ella se sentara a su lado "Además, yo no bailo… eso no es para hombres"
"¿¿Quién ha dicho semejante tontería??"
La sonrisa de Hibiki se esfumó al instante. Ghazi y su seductora sonrisa habían hecho acto de aparición.
"Tal vez deberías dejar que un verdadero hombre te llevase a la pista de baile mi querida Dita" insistió Ghazi tomando la mano de Dita y llevándola hasta sus labios para depositar un suave beso.
Hibiki brincó de su asiento.
"¿Qué demonios haces?" grito exorbitado.
"Vaya no pensé que fuera una ofensa muy grande besar a una bella dama"
"E-eh… N-no es eso…" chilló Hibiki "¿Es que acaso tú estás insinuando que soy poco hombre?" gritó "Ya te voy a demostrar yo que tan hombre puedo ser…"
Gazhi abrió los ojos nervioso. De pronto sospechó que su plan de alejar a Dita de aquel muchachuelo petulante y tenerla para sí en toda la fiesta, iba a resultar en justo lo contrario.
Pero después sonrió.
No aquel tonto no tendría las agallas para vencer su orgullo y acercarse a su adorable pelirroja mucho menos a sacarla a bailar; así que decidió dejar todo a la suerte.
"Entonces aquí está la dama…" dijo al tiempo que extendía frente a él la delicada mano de Dita.
Hibiki sintió el peso de su propio orgullo cargado en la espalda. Sus ojos se turbaron. Sentía deseos de arrebatar esa pequeña mano, tomarla entre las suyas muy fuertemente y correr junto con ella hasta llegar al bangata amarillo; su fiel compañero que le ayudaría a llevarla muy lejos de aquel lugar, lejos de todos y lejos de aquel rufián.
Deseaba hacer todo eso, pero su brazo o incluso cualquier parte de su cuerpo, se rehusaba al movimiento.
Mientras tanto los ojos de ella asombrados miraban de un lado a otro esperando respuesta.
Hibiki sentía como sus mejillas ardían al punto querer explotar. Ella estaba esperando - ¿Pero qué es lo que está esperando¿Qué es lo que quiere de mí? – se preguntó una y otra vez silenciosamente –Ella espera un hombre de verdad – fue la respuesta que retumbó en su cabeza y sin atreverse a levantar la mirada decidió alejarse causando un sin fin de murmuraciones a su alrededor.
"Bien…" suspiró Ghazi con fingida sorpresa "Ya que este chico prefiere irse a dormir… Dita me concedes esta pieza" y antes de que ella pudiera siquiera contestar, él ya la llevaba dando vueltas hasta la pista.
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Después de aquella escena donde sólo había conseguido ponerse en ridículo, había salido de la cafetería sin mirar atrás.
Necesitaba pensar y existía un solo lugar donde conseguía hacerlo. Eso era dentro de su gran compañero de batallas.
Sin embargo procurar la tranquilidad en esos últimos días, le parecía tan imposible, como tratar de retener líquido entre sus manos.
¿Había algo que verdaderamente tuviese que molestarle?
Se había hecho esa pregunta un sin fin de veces desde que el tal Ghazi había llegado al Nirvana; sin embargo esa era una pregunta muy difícil de contestar.
Ya lo había pensado.
Misty se lo había insinuado un sin fin de veces y había llegado a la conclusión de que Dita no tenía nada que ver con su mal genio. Ni ella ni la oleada de calidez que subía por su pecho cada vez que se la encontraba en el pasillo. Para él, era evidente, que el intruso era el problema. Tenía que irse; pero para su pesar los demás no parecían estar disgustados por su presencia.
Su educación en Tarak le había enseñado que el honor era lo más importante; honor, linaje y valentía. Hibiki tenía valentía. El honor no estaba tan seguro, pues Ghazi se estaba encargando de hacerlo añicos y bueno linaje, eso sabía de sobra que nunca lo tendría. Así que no podía dejar que un absurdo galán de ojos bonitos pisoteará las pocas cosas de las cuales estaba orgulloso. De ser un hombre de Tarak valiente y con una reputación intachable.
En Tarak, muchas veces los hombres peleaban entre sí para defender lo que era suyo; defenderlo de otros que querían robarlo. Y con gusto habría defendido a golpes su orgullo herido, pero ese galán de pacotilla era muy diferente a los hombres de tercera clase que él había conocido. Además cómo hacer ver lo despreciable que era ese tipo; si éste sabía muy bien como adular a todo el que se cruzara en su camino, teniendo para ese momento prácticamente a todo el Nirvana en su bolsa.
¿Pero era eso lo que verdaderamente le tenía con los nervios de punta?
Aun no estaba seguro. Pero las cosas no estaban bien desde aquel maldito accidente. Ya tendría él que ingeniárselas de tal forma que todo volviera a ser como antes, tal como eran antes.
pero mientras el pensaba en aquello en el otro extremo de la nave la música lenta comenzaba a sonar en todo el compartimiento donde festejaban a Jura.
Y si Hibiki hubiera volteado una sola vez, habría bastado para que viera como dos cristalinas gotas de llanto rodaban por las mejillas de Dita. Obviamente Ghazi no se había percatado de ello pues estaba más ocupado buscando espacio entre la multitud que en procurar entender a su compañera de baile.
Y es que ella había esperado tanto, que había llegado a sentirse extenuada de lidiar con el impredecible carácter del hombre más joven del Nirvana. Si le preguntaran cual había sido el día más feliz para ella, sin duda contestaría que había sido aquel día en que se aventuraron al peligroso ataque a las flotas de Tarak. O sea, el día en que lo conoció. El segundo día más feliz… probablemente había sido aquel día en la enfermería, donde sintió esa conexión que pensó que nunca se rompería.
Ella había esperado que el comportamiento de Hibiki hacia ella cambiara y después de ese día, creyó ciegamente que así había sido. Pero se había equivocado.
Hibiki no había cambiado ni un ápice para bien. Al contrario ahora rumiaba todo el día y gritaba a cualquiera que se encontrara en su camino que sorprendentemente casi siempre eran ella y Ghazi… juntos.
Sin embargo aunque su naturaleza afable y soñadora le permitía resistir prácticamente cualquier insulto, la situación entre ella y Hibiki estaba empeorando a tal punto, que temía que en la próxima batalla no fueran capaces de fusionarse.
Y si algún día le hubieran dicho que los hombres podían ser amables, ella nunca lo hubiera creído; sin embargo al permanecer con Ghazi por una noche en batalla le había demostrado que no todos tenían el temperamento explosivo de Hibiki Tokai.
Pensó que tal vez los consejos de Jura acerca de Hibiki no eran tan descabellados – ¡Déjalo solo Dita! Déjalo ya para que deje que refunfuñar de una vez por todas –
Alzó su mirada y observó el perfecto perfil de Ghazi. Todas lo consideraban muy guapo, era extraño que ella no; tal parecía que no había hombre mejor en toda la galaxia que su compañero del Vandread. Sin embargo Ghazi no le gritaba cuando ella se acercaba a él, ni se mofaba cuando ella se veía en aprietos por su torpe comportamiento. Pensó que era agradable sentirse segura de que no la rechazarían. Y esa sensación se infiltraba cada vez más en su cuerpo hasta hacerla sentir como poco a poco necesitaba desesperadamente que le demostraran que con ella se sentían bien, que podría proporcionar con su presencia un poco de felicidad; al menos para alguien.
Dita entrecerró los ojos. Y haciendo a un lado la sensación de traicionar, se acercó más a Ghazi permitiendo que los gruesos brazos del apuesto joven la apretaran contra su pecho "Creo que en verdad no está tan mal" dijo mientras cerraba los ojos y se limpiaba los últimos vestigios de llanto.
En ese mismo momento Hibiki creyó que regresar a la fiesta y pretender que nada había pasado era una idea genial; pero ahora no lo creía en absoluto.
La suave melodía retumbaba en las paredes de la sala de baile y la luz tenue parecía hacer todo el ambiente un poco borroso. Entonces los vio deslizándose uno junto a otro de una forma tan sutil que parecía que estuvieran flotando. Sintió que su corazón caía al piso precipitadamente y que de pronto se hacía mil pedazos.
Sus ojos se nublaron y sintió que involuntarias lágrimas brotaban y mojaban sus mejillas. Sus puños se tensaron hasta hacerle sentir cosquilleo.
Aquella risa cínica y estridente que parecía resultar molesta sólo para él, los destellos de las medallas que colgaban del uniforme azul parecían lastimar sólo sus ojos y de pronto un limitado roce entre las manos de la pareja, seguido por el atrevimiento de acomodar el flequillo pelirrojo que caía sobre los azules ojos de Dita lo hizo volver a la realidad.
Dita había dado un imperceptible respingo al sentir el contacto de una mano extraña sobre su piel; y él, Hibiki; pudo jurar que su propio cuerpo se estremeció de la misma forma al contemplar esa simple acción.
Su mente giró en mil direcciones hasta llegar a una sola conclusión.
"Los hombres en Tarak pelean entre sí para defender lo que es suyo; defenderlo de todos los que quieran robarlo"
Entonces, una oleada de fuego que había crecido desde el centro de su estómago, fue concentrándose en dos puntos específicos; sus piernas y sus puños.
Hibiki recordó haber sentido un impulso tan fuerte que no logró dominar; un impulso que le exigía aniquilar lo que tenía frente a sus ojos…
De ahí en adelante… todo le parecía confuso y distante.
Habían pasado ya, más de 40 minutos; él apretó sus párpados tratando de tranquilizar el agitado corazón que todavía palpitaba violentamente; pero las nítidas voces del resto de la tripulación –principalmente los agudos gritos de Jura- parecían resonar clara y repetidamente dentro de las paredes de su cabeza.
El sentimiento de culpa lo invadió por completo… Había arruinado la fiesta… sí; otra vez había arruinado la paz y tranquilidad que el enemigo había brindado a la tripulación del Nirvana desde hacía unas semanas. Así que no podría culpar a Jura por querer matarlo; no podía porque ahora sabía lo que se siente al perder lo mas preciado y tener que ver de frente al que se lo está llevando.
Y es que sus ojos, no podía sacarse de la cabeza que su absurda estupidez había provocado que ella le mirara como nunca antes; llena de decepción.
Si tan solo no se hubiera quedado petrificado después de eso, tal vez habría podido ganar esa pelea; pero por primera vez sentía que las heridas ocasionadas al orgullo no eran las más dolorosas que podía haber.
Se incorporó de inmediato, pues escuchó el fuerte chasquido de la puerta al ser abierta. Y en el preciso instante en que se abrió por completo, se dejó ver una estilizada figura que ingresaba lentamente al compartimiento de Hibiki.
"¿Qué quieres?" espetó el chico al notar la presencia de Meia Gisborn.
"Has causado un nuevo revuelo en toda la nave" comentó la chica despreocupadamente "Me parece que ya se te está haciendo una costumbre" añadió cruzando los brazos.
"¿Ah si?... No me interesa lo que tú o los demás piensen"
"Pues deberías interesarte Hibiki" añadió Meia en tono más serio "No podemos darnos el lujo de someter a la tripulación entera a estos sobresaltos… Estamos en medio de una guerra y por si lo has olvidado somos del mismo bando…"
"No hemos tenido ataques… así que no tienes porqué…"
"¡Precisamente por eso tenemos que conservarnos serenos!… ¿Acaso crees que tú eres el único que está cansado¿Crees que eres el único que espera poder sobrevivir a la cosecha¿Crees que por tu mal humor toda la tripulación tiene que pagar?"
Hibiki se levantó molesto "Yo no creo nada de eso… p-pero…"
"Pero qué" insistió Meia "Dilo Hibiki… ¿Qué es lo que te tiene tan molesto¡¡Dilo Ya!!"
"Déjame en paz"
"Mira Hibiki" Meia retrocedió un poco y se sentó sobre la cama "Estoy preocupada; esta calma no es una simple racha de suerte… Y-yo lo dudo mucho. Ha habido cosas que me resultan extrañas"
Hibiki dio la media vuelta y miro fijamente a la chica de cabellos azulados "¿De qué hablas?"
"Necesito decirte mis sospechas; pero por favor, evita comportarte como un niño…"
"Todos aquí creen que soy un niño" dijo tensando su mandíbula "Pero no lo soy… Yo soy un verdadero hombre"
"Demuéstralo entonces…"
Hibiki estaba dispuesto a reclamar pero contuvo su deseo ante los ojos complacidos de la capitana.
"Bien… Pues me parece muy raro que desde la última batalla, las naves de la cosecha estén tan tranquilas. Sospecho que no es nada bueno y aunque no tengo nada confirmado creo que Ghazi podría estar envuelto en ello"
"Yo lo sabía… ¡¡¡Yo lo sabía!!!" sus ojos brillaron mientras volteaba para quedar de frente con su capitana "Meia, tenemos que sacar a este tipo lo antes posible de la nave"
"Me temo que no podemos hacerlo Hibiki"
De un solo salto, Hibiki se colocó frente a la chica de cabellos azulados "¿Porqué no¿Qué también crees que sea un inocente caballero¿Acaso tú también te has enamorado de él?" Apretando los puños, fijó su mirada en los enigmáticos ojos de Meia Gisborn.
"¡No seas idiota Hibiki!" reclamó ella empujándolo "No sabemos cuales son sus planes y hasta que no los averigüemos, Ghazi no pondrá un pie fuera del Nirvana. No podemos arriesgar a la tripulación por un ataque de celos. ¿Me entiendes?"
Hibiki frunció las narices y resopló con furia "No--- No lo entiendo, pero si así crees que todos podremos estar a salvo, entonces así se hará"
"Yo te avisaré cuando comenzaremos a analizar la situación. Debes estar alerta… Ahhh y por favor Hibiki no más platos rotos, ni ventanas, ni puertas ¿Quieres?"
Sin dar más explicaciones Meia Gisborn se dirigió a la puerta de la habitación. Hibiki frunció el ceño cuando la vio pasar a su lado, qué demonios había querido decir con eso de los celos.
No importaba. Ahora podía estar feliz, pronto ese tipo estaría fuera del Nirvana y él al salvarlos a todos y desenmascarar a ese mequetrefe, redimiría su mal comportamiento ante los únicos ojos azules que podían poner sus rodillas a temblar.
"Y entonces… el alienígena le pegó al alienígena y después…"
"¿Cuál alienígena?" dijo Ezra mirando confundida a sus compañeras.
"Hazte a un lado" protestó Jura "Es mejor que yo se lo explique"
"Yo lo vi de cerca…" reclamó la pelirroja.
"Pero yo soy la perjudicada… Era mi fiesta la que arruinaron ese par de idiotas malagradecidos"
"¿Malagradecidos?" preguntó Dita.
"Sí… Malagradecidos al igual que tú" gritó Jura posando su mirada amenazadoramente en la de Dita "Mira que si fueras una verdadera amiga no habrías provocado que esos dos se dieran de golpes en medio de MI fiesta…"
"Creo que Dita no tiene ninguna culpa de que esos dos no sepan convivir…" la voz de Barnette entrando a la habitación de Ezra "Jura deberías dejar que Dita que siga explicando lo que sucedió"
"¡¡¡Pero ese afán de decirles alienígena a los dos las está confundiendo!!!" gritó la rubia con enfado.
"En realidad Karu-chan y yo no necesitamos conocer los detalles Jura" explicó calmadamente Ezra mientras tomaba en sus manos la pequeña nena que chupaba vorazmente uno de sus dedos. "Sólo queremos saber si ellos y Dita se encuentran bien"
"Claro que se encuentran bien" gritó Jura frustrada "Ni siquiera han podido pelear verdaderamente… Uno o dos golpes y eso fue todo… Después Hibiki cayó al piso"
"Ellos están bien Ezra… eres muy amable al preocuparte…" inquirió Dita mientras hacía un mimo a Karu-chan.
"Y tú Dita… ¿También te encuentras bien?" preguntó Ezra mirando a sus cristalinos ojos azules.
"¡¡¡Esta bien¡¡¡Dita está bien!!!" gritó Jura perdiendo la razón y rompiendo dramáticamente en llanto "¿Qué acaso nadie entiende quién es la verdadera víctima de toda esta situación¡¡Era mi fiesta!!!"
"Jura ha sido suficiente" masculló Barnette a su lado "Dita, Ezra… Jura y yo tenemos que irnos…"
"Pero…" dijo la rubia que fue jalada hasta la puerta sin poder terminar su reclamo.
Ezra esperó hasta el momento en que se escuchó el familiar "clic" que indicaba que la puerta estaba cerrada y ellas completamente solas.
"Dicen que Ghazi le dio una buena trompada a Hibiki…" dijo la joven madre con un dejo de preocupación.
Dita asintió con la cabeza.
"Creo que es mejor que vayas a descansar Dita-chan, es muy tarde. Ya verás que mañana te sentirás mejor"
"Si, tienes razón Ezra. Estoy muy cansada".
Seguramente a esta hora todos en el Nirvana se encontrarían durmiendo. Pero para él, el sueño era imposible de alcanzar. De pronto esa maldita sensación de querer saber en donde estaba, qué hacía y si todo estaba bien volvió a invadirlo de pies a cabeza.
Trató de resistirlo, pero cada minuto sentía que necesitaba cerciorarse de que nada le pasaría.
De un impulso se sentó sobre el borde de la cama sin quitar la mirada del piso.
"No, no, no ¿Qué demonios estás pensando Hibiki?" se recostó de nuevo.
En un segundo quedó sentado de nuevo en la cama "P-Pero si…"
"No" se volvió a recostar.
"YA basta… sólo voy a cerciorarme de que todo esté bien"
La puerta se deslizó y las luces del pasillo le cegaron por un momento. Caminó a paso rápido dirigiéndose al ala este. Su único objetivo pasar frente a la habitación de Dita. Cerciorarse que todo estuviera en orden y volver a la cama.
Entonces llego al pasillo. Caminó más lento hasta aproximarse a la habitación de la chica.
Retrocedió cuando frente a él, se encontró con la puerta ligeramente abierta. Recordó que lo había escuchado antes; Dita temía a estar sola después del accidente. Seguramente por eso conservaba las puertas abiertas por las noches.
"¡¡Que tonta!! Le puede pasar algo" pensó tratando de sacar de su mente la idea de asomarse por la rendija.
Varias veces intentó regresar a su compartimiento y todas ellas no pudo hacerlo. Parecía que la rendija de la puerta le había hipnotizado.
Hasta que al fin se acercó. Un aroma dulce invadió sus poros al instante. Tocó la puerta para recargarse sobre ella; y ésta se abrió un poco mas, dejando una ranura donde él cabía a la perfección.
Sus piernas temblaron cuando dio un paso dentro de la habitación. Era de noche y no se distinguían bien las cosas; pero seguramente había un centenar de muñecos mirándolo fijamente, así que dio gracias por la oscuridad.
Y ahí estaba aquella chica que en un momento creyó que era una maldición. Estaba de espaldas y a pesar de los nervios, Hibiki no pudo evitar sentirse un poco decepcionado.
Fueron solo unos segundos y ella dio una voltereta en la cama.
Hibiki al borde del pánico retrocedió, pero entonces la tenue luz que provenía desde fuera, se reflejó en sus espléndidos cabellos rojos.
Verla en su cama; durmiendo tan plácidamente despertó cierto calor que iba subiendo desde sus pies hasta llegar a nublar sus cabeza. Se acercó un poco más. Temeroso de despertarla, sin embargo con cada paso sentía crecer la necesidad de dar uno más.
Ya estaba muy cerca. Podía sentir su aliento rebotando sobre su rostro. Pausada y tranquila era su respiración, tan diferente a la de él; agitada y ansiosa. No sabía porqué, pero sus labios vibraban de una forma tan intensa que parecían exigirle tocar con ellos alguna parte de su tersa piel. Y así sin más pensarlo, Hibiki acercó sus labios hasta tocar ligeramente los de ella. Sintió una descarga eléctrica que tensó todos los músculos de su cuerpo y se asustó al enfrentarse a esa sensación desconocida; pero ella era tan suave y cálida que no quería separarse de ahí.
Pero temió que su atrevimiento pudiera despertarla y contra toda su voluntad, se separó lentamente llevándose impregnado su aroma.
Sonrió. Y creyendo que nunca más en la vida podría volver a sentirse tan feliz, recorrió el camino de regreso a su habitación, donde seguramente lo esperaba un sueño reparador.
Hola antes que nada una disculpa por el gran retraso en la actualización. Al fin está aquí. espero que les guste, hice un gran esfuerzo de hecho son las 4.37 a.m. pero ansiaba subir este capitulo. Un gran saludo y un gran beso a las personas que me motivaban a escribir 5 lineas más con cada uno de sus reviews. Mil gracias.
Atte.
DiTa::ToKaI
p.s. Jugué un poco con el tiempo, espero no confundirlos, aun soy novata en estas cosas... pero quiero ir mejorando.
