Disclaimer: Harry Potter es de JKR.

Título: Rivalidad

Vicio: #5 A elección del autor/a

Fandom: Harry Potter

Claim: Minerva McGonagall

Personajes: Minerva McGonagall, Tom Marvolo Riddle, Alastor Moody.

Summary: Tom Riddle podía ser el héroe del colegio, pero nadie intentaba pasarle por encima a Minerva McGonagall y salía indemne.

Rivalidad

Todo el colegio sabía quién era. Las chicas se codeaban unas a otras al verlo pasar en los pasillo y cuchicheaban en voz baja, los chicos lo admiraban y envidiaban a partes iguales, los profesores no dejaban de alabar sus incontables méritos. Tom Marvolo Riddle, con su indómito cabello oscuro, sus túnicas de segunda mano y su sonrisa enigmática era el chico del que hablaba toda la escuela. Que era un huérfano que no tenía donde caerse muerto, que era un alumno brillante, que era el chico más atractivo de toda la escuela, que era un tipo reservado que no confiaba en nadie, que era un joven de modales impecables, que llegaría lejos. Por un motivo u otro, el castillo entero parecía estar todas las semanas comentando sobre Tom Riddle y sus proezas, que a los dieciséis años ya eran muchas. Había recibido en el transcurso de un año su insignia de prefecto, doce MHB y el Premio por Servicios Especiales al Colegio, sin mencionar los brillantes y en ocasiones geniales resultados que obtenía en todas las asignaturas. Simplemente no era un muchacho que pudiera pasar desapercibido.

Ella nunca le había hecho el menor caso. Ya a los dieciséis años era una joven seria, centrada en sus estudios, con poco tiempo y paciencia para chismes. Sí, Riddle sacaba excelentes notas, mas no era el único. Sin duda que tenía un comportamiento ejemplar, pero era una persona fría a quien los niños más pequeños temían. Ella no negaba que podía ser considerado atractivo, pero tenía una expresión demasiado dura, una sonrisa demasiado falsa para su gusto. Por otra parte, las chicas de Gryffindor tenían poco o nada que ver con los muchachos de Slytherin, por más que se conocieran desde primero y que compartieran el cargo de prefectos. Ella sencillamente nunca se había fijado demasiado en él, más allá de la curiosidad superficial que pudiera despertar en ella tal o cual logro, y él jamás había parecido reparar en su existencia.

Hasta que entraron a sexto.

Durante los primeros cinco años de carrera escolar, los gryffindors habían compartido con los slytherins sólo las clases de Pociones, en las cuales Riddle había demostrado ser el favorito del profesor Slughorn, y Cuidado de las Criaturas Mágicas, dos asignaturas que a ella no le interesaban en lo más mínimo. Con la obtención de sus TIMOS, los alumnos de las cuatro casas comenzaron a compartir las clases de aquellas materias a las que se presentarían a los EXTASIS. Lo cual significaba que Tom Marvolo Riddle y Minerva McGonagall, prefectos de Slytherin y Gryffindor respectivamente, compartirían por vez primera clase de Transformaciones.

Aquellos que sabían que tanto Riddle como McGonagall habían obtenido las calificaciones más altas en dicha materia con un mínimo margen de diferencia durante los cinco años anteriores, empezaron a hacer apuestas acerca de cuál de los dos se quedaría con el puesto de mejor alumno en Transformaciones. A Minerva aquello le tenía sin cuidado. Se esforzaba en sus estudios para superarse a sí misma, no para quedar bien delante de sus compañeros. Tenía que admitir, sin embargo, que competir con un alumno tan brillante y talentoso como Riddle era un aliciente adicional, pero la rivalidad no le quitaba el sueño. Procuraba ser la mejor porque era su asignatura preferida pero no tenía reparos en reconocerle a Riddle sus victorias. Era posible suponer que Riddle, pese a su cortesía, no abrigase sentimientos tan magnánimos, pero se cuidó muy bien de no dejar traslucir nada, felicitando amablemente a su compañera cuando lo superaba en algún ejercicio.

Durante los primeros meses, la competencia fue pareja. Un día, Minerva ganaba veinte puntos para su casa por ser la única capaz de dar la definición correcta de tal o cual encantamiento; al siguiente Riddle era felicitado por conjurar un hechizo antes que nadie. A Minerva lo equitativo de la competencia la impulsaba a esforzarse más. A Riddle, acostumbrado a ser el mejor en todo, simplemente le fastidiaba.

Se aproximaba la fecha de los primeros exámenes y los miembros de ambas casas empezaron a hacer apuestas.

- Casi todo Gryffindor, la mayor parte de Hufflepuff y unos cuantos de Ravenclaw apuestan por ti, Minerva – le comentó un día Dedalus Diggle a la salida de una clase de Encantamientos - ¿Qué te parece?

La muchacha enarcó una ceja, incapaz de ocultar su fastidio.

- Es una tontería, Dedalus. Los exámenes no son una competencia escolar, no se trata de ver quién gana.

- ¿Entonces te da igual quién saque una nota más alta?

Minerva se dio vuelta a mirar a Alastor Moody, quien como de costumbre se había acercado sin que nadie lo notase. Ella puso los ojos en blanco.

- Estudio porque quiero ser buena en Transformaciones, no porque me interese derrotar a nadie. No es el punto.

Alastor se encogió de hombros.

- Me parece que Riddle no lo ve así. Apostaría a que es capaz de cualquier cosa con tal de demostrar que es el mejor.

Minerva chasqueó la lengua, entre irritada y divertida.

- Alastor, tú ves conspiraciones en todas partes.

-

Minerva obtuvo en su examen de Transformaciones una brillante calificación... pero los resultados de Riddle la superaron ampliamente. Si era sincera consigo misma, tenía que admitir que le escocía un poco saber que no era la mejor, pero no dejó que tal sentimiento le impidiese felicitar a Riddle por su triunfo. Después de todo, era justo reconocerle la victoria a alguien que era tan a las claras merecedor de ella.

- Tendrías que haberlo visto, Avery. Te hubieras muerto de la risa: Tom se estaba copiando bajo la nariz (y tienes que admitir que es una gran nariz) de Dumbledore y el tipo ni se dio cuenta.

Minerva se quedó petrificada en el lugar. Macnair y Avery pasaron de largo sin verla, mientras el primero seguía contando cómo Riddle se las había ingeniado para vencer a "esa mocosa de Gryffindor" escribiendo las respuestas previamente en el pergamino con una tinta especial. Ella los contempló alejarse, estática, aunque en su interior rebullía por la indignación.

El profesor Dumbledore se mostró comprensivo cuando fue a hablar con él pero Riddle lo negó todo. Sin pruebas tangibles de su culpabilidad y considerando que Riddle contaba con el apoyo de todos los otros profesores, empezando con Slughorn, la acusación se desvaneció en el aire. Ella se lo tomó como una afrenta personal. Una cosa era ser derrotada en buena ley por alguien más talentoso que ella, otra muy distinta era obtener la nota más alta por medio de trampas.

A partir de aquel momento, la competencia se volvió feroz. Ya no se trataba solamente de ser el mejor, sino de derrotar al otro de forma aplastante. Dejando a un lado toda pretensión de amabilidad, Riddle y McGonagall se enzarzaron en una rivalidad cruenta, que se traducía en pequeñas batallas campales durantes las clases de Transformaciones. El resto de sus compañeros había renunciado a la idea de alcanzarlos y el profesor Dumbledore parecía haberse resignado a ponerle la nota más alta un día a Riddle, otro a McGonagall.

Para cuando llegaron los exámenes de fin de año toda la escuela contenía el aliento. Otra vez comenzaron las apuestas, pero después de la aplastante victoria de Riddle en el primer examen el apoyo que recibió Minerva fue considerablemente menor. Sólo sus compañeros de casa, que parecían habérselo tomado como una batalla contra Slytherin, no dejaban de alentarla mientras que los amigos de Riddle le dirigían comentarios desagradables en voz baja. Ella ignoró a unos y otros, pasándose los días encerrada en la biblioteca bajo una montaña de libros.

El día del examen no se sintió nerviosa en absoluto, pero la noche anterior a que le entregasen los resultados no pudo pegar ojo. Si Riddle volvía a ganarle después de todos sus esfuerzos ella no podría soportarlo.

Cuando el profesor Dumbledore entró al aula ese día, se sorprendió al encontrar al alumnado sumido en un inusitado silencio. Todas las miradas estaban fijas en él, pero ninguna con tanta intensidad como las de Riddle y Minerva, quien se sentía a punto de desfallecer por la ansiedad. El tiempo que tardó Dumbledore en repartir las notas se le antojó eterno, aunque intentó no dejar traslucir ninguna emoción.

Al ver la expresión satisfecha que se dibujó en el rostro de Riddle al recibir su nota, Minerva sintió que el corazón se le caía a los pies. No era justo. Riddle había hecho trampa la primera vez, no merecía llevarse el mérito. A duras penas conteniendo las lágrimas, la muchacha fijó la vista en sus zapatos, tratando de ignorar las miradas de preocupación de sus amigos y los codazos poco disimulados que le propinara Alastor.

- Señorita McGonagall.

La chica levantó la vista, tratando de mantener una expresión neutra. El profesor Dumbledore le entregó un trozo de pergamino y entonces, para su sorpresa, le sonrió de oreja a oreja.

- Quiero felicitarla, señorita, por haberse sacado la nota más alta del curso. Creo que se merece un aplauso.

Minerva se quedó con la boca abierta mientras sus compañeros de casa la vitoreaban y los slytherin abucheaban. Sus mejores amigas la abrazaron y Dedalus Diggle derribó un banco al pegar un salto de alegría, con lo cual Minerva consiguió recuperar el don del habla el tiempo suficiente para llamarlo idiota, aunque lo hizo con mucho más afecto del habitual.

Una fugaz expresión de ira ensombreció fugazmente las facciones de Riddle al tiempo que apretaba los puños con la suficiente fuerza para hacerse daño pero nadie, ni siquiera Dumbledore, reparó en ello. Al cabo de un instante había recobrado la compostura y se acercó a Minerva luciendo una sonrisa cortés.

- Felicitaciones, Minerva.

Ella estuvo muy tentada de mandarlo a freír espárragos, pero el profesor Dumbledore los estaba mirando con atención así que se tragó su furia, forzó una sonrisa y estrechó la mano que el muchacho le ofreciera. Ella podría haber jurado que había visto un destello rojizo en los ojos del chico, cuya sonrisa se había torcido en una mueca siniestra que le hizo sentir un escalofrío, pero al instante siguiente sus ojos parecían haber recobrado su color normal. Ella se preguntó si lo habría imaginado. No tuvo mucho tiempo para reflexionar en ello porque inmediatamente sintió que la tomaban del brazo.

Se dio vuelta para encontrarse con los chispeantes ojos oscuros de Alastor, pero el muchacho meramente la contempló un momento, sin decir palabra. Ella alzó las cejas.

- ¿No vas a felicitarme, Alastor?

Él frunció el ceño.

- ¿Para qué? Yo no necesitaba el resultado de un examen para saber que eres mejor que Riddle. Siempre lo has sido.

Por algún motivo, el comentario de su amigo le hizo sentir mucho mejor que la victoria sobre Riddle, pero ella nunca podría haber explicado porqué.