Título: Traición

Vicio: #12 Espinas

Fandom: Harry Potter

Claim: Minerva McGonagall

Personajes: Minerva McGonagall, Severus Snape

No puede creerlo. Las palabras resuenan una y otra vez en su cabeza en un sinsentido inacabable. Ni aun pronunciándolas en voz alta logra que tengan algún sentido.

Severus Snape ha asesinado a Albus Dumbledore a sangre fría.

Repite las palabras una y otra vez pero no logra que suene real. Ha escuchado lo que sucedió tantas veces y con tal lujo de detalles que es casi como si hubiese estado allí, casi puede ver a Albus resbalando contra el muro de la torre, casi puede ver su rostro contorsionado por el dolor, casi puede escuchar su último suspiro: Severus... En su mente puede ver el rayo de luz esmeralda golpear su pecho, puede verlo tambalearse hacia atrás, caer sobre la baranda, deslizarse al vacío...

Pero no puede ver a Severus asesinarlo. Cada vez que trata de imaginarlo, algo bloquea la visión. No puede ver al mago levantar la varita y apuntar al pecho de su mentor. No puede ver cómo sus labios se mueven para pronunciar el conjuro, no puede ver su rostro (¿frío, inexpresivo¿crispado por el odio, tal vez?) al momento de lanzar la maldición, no puede verlo huir de la escena del crimen, no puede verlo dejar atrás el lugar que una vez juró proteger...

Por más que se esfuerce, por más que cierre los ojos con fuerza y se concentre, simplemente no puede ver cómo Severus los ha traicionado.

Si los otros le preguntan (que no lo harán, demasiado ocupados están con sus propios pensamientos, su propio dolor, pero si lo hacen...), si le preguntan porqué confió en Snape cuando todas las pruebas parecían estar en su contra, cuando nunca dio ninguna muestra de arrepentimiento, cuando seguía comportándose como el bastardo sin sentimientos que es... les dirá una mentira. No una mentira-mentira, es una mentira-verdad, mitad realidad, mitad engaño. ¿Engaño para quién¿Ella misma o los otros? No lo sabe ni le importa.

Dirá que confiaba en él porque sólo Albus dijo que era de fiar. Dirá que siempre creyó que el profesor tenía un motivo incuestionable para creer en la lealtad de Snape, dirá que nunca se imaginó que el anciano hechicero podría equivocarse.

Pero no es cierto. Ella siempre supo que la debilidad de Albus era su determinación en creer en la gente cuando no había ningún motivo para ello, sabía que su corazón había nublado el juicio más de una vez. Si creyó en Snape, no fue simplemente porque Dumbledore se lo había dicho. Ella nunca pensó que el mago fuese infalible, nunca creyó que fuese incapaz de cometer errores. Que Dumbledore confiase en Snape no era en sí mismo un factor decisivo para que ella también lo hiciera.

Si confió en Snape, si creyó en su inocencia, no fue solamente por Dumbledore. Fue porque ella misma vio en el hombre algo digno de respeto, de admiración incluso. Ella vio algo (ahora no puede imaginar qué, por más que lo intente no puede ni podrá recordarlo) en aquel hombre amargado que le llevó a confiar en él.

No solían ponerse de acuerdo en nada. Sus visiones del mundo eran tan opuestas que cualquiera hubiera creído que provenían de universos paralelos. Se peleaban un día sí y el otro también, y la mayor parte del tiempo ella sentía deseos de partirle algo en la cabeza (sentimiento que él sin duda reciprocaba). Había una distancia tan grande entre sus distintas maneras de concebir la enseñanza, la vida, la humanidad, que podría haberse medido en eones luz. Y sin embargo, cuando el mundo parecía caerse a pedazos a su alrededor, cuando todo en lo que creía parecía desmoronarse sin remedio, él era una de las primeras personas que se le venían a la mente para pedir ayuda.

Cuando la junta escolar decidió suspender a Albus en sus funciones, aquel invierno aciago en que la Cámara de los Secretos había sido abierta, fue Snape con quien se quedó hasta entrada la madrugada discutiendo todas las medidas de seguridad posibles. Cuando Black violó las defensas del Ministerio y se introdujo en Hogwarts durante el banquete de Halloween, fue con Snape a revisar aula por aula, sala por sala. Fue Snape a quien acudió cuando le atormentaba la culpa por no haberse dado cuenta que un impostor había tomado el lugar de Alastor, su amigo de toda la vida, y quien le dijo que no era la única a quien Crouch había engañado. Fue Snape también quién ideó con ellas distintas formas de mantener a Umbridge a raya una vez que el Ministerio hubiera sacado de su puesto a Albus y quien engañó a la mujer con falso Veritaserum, fue él a quién ella le dio el collar maldito de Katie Bell para que lo revisara.

Fue también Snape la primera persona que pensó en llamar cuando escuchó que los mortífagos habían irrumpido en Hogwarts y tal vez eso no se lo perdone nunca.

Ella confiaba en él. Podía no estar de acuerdo con su forma de pensar, podía detestarlo de a ratos, pero confiaba en él. Confiaba en él, y su traición es una espina que no podrá arrancarse nunca, un aguijón que esparce su veneno contaminándolo todo.

Severus nos ha traicionado. Ha matado a Albus y nos ha vendido al Innombrable.

Aún no suena real. Aún parece ser algo escapado de una pesadilla.

Pero pronto su mente lo aceptará como real. Pronto tendrá que aceptar la magnitud de la traición de Severus...

Y cuando así sea, cuando haya aceptado que él los traicionó, que él se burló de su confianza... entonces no habrá escala para medir su odio ni escondite lo suficientemente recóndito para refugiarse de su furia.