Disclaimer: Harry Potter es propiedad de JKR.

Título: Picante o Travesura

Vicio: #17 Pimienta

Fandom: Harry Potter

Claim: Minerva McGonagall

Personajes: Minerva McGonagall, Fred & George Weasley

Summary: Las buenas acciones son recompensadas y las malas, debidamente castigadas… a veces.

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- ¿Quién de ustedes le puso pastillas de pimienta en el té a la profesora Umbridge?

George Weasley ha perdido la cuenta de las veces que han sido llamados al despacho de la profesora McGonagall para ser cuestionados sobre cualquier evento extraño que acontezca en el colegio, hayan tenido ellos algo que ver o no. Debería, a estas alturas, resultarle indiferente. Debería haberse acostumbrado. Sin embargo, no lo ha hecho y todavía siente su corazón latirle deprisa... pero no por miedo. Es por el orgullo de saber que, cuando algo verdaderamente bizarro sucede o cuando alguien gasta una broma realmente original, la profesora siempre piensa primero en ellos. Que ella los crea capaces de hacer tantas y tan variadas travesuras por semana es a su modo de ver el mayor de los cumplidos.

Aunque recordar a Umbridge chillando como una posesa al agujereársele la lengua también brinda su cuota de satisfacción, claro está.

La profesora McGonagall los mira por encima de sus anteojos con expresión severa. Si fueran niños de primer año, inocentes e ingenuos, con un sano temor a la autoridad, esa mirada sería suficiente para provocarles pavor.

El problema es que, aún a los once años, ninguno de los dos fue nunca muy inocente que digamos y el temor a la autoridad lo perdieron después de sobrevivir a su madre.

Fred abre mucho los ojos, la imagen de la ingenuidad misma.

- ¿Alguien le puso pastillas de pimienta a la profesora Umbridge? – Imprime a su voz una leve nota de perplejidad - ¿Por qué alguien le haría una cosa así a una profesora?

George lo patea disimuladamente: está siendo demasiado obvio. La profesora McGonagall también debe pensar así porque pone los ojos en blanco.

- Señor Weasley, no va a hacerme creer que ustedes no tienen nada que ver en este asunto. Sé perfectamente que esas pastillas no son manufactura de Zonko's sino suya... y ningún otro alumno en esta escuela es lo suficientemente suicida.

George puede sentir su pecho hincharse de orgullo ante estas palabras... pero los halagos no valen una detención así que mantiene el rostro inexpresivo.

- Muchos alumnos compran nuestros productos. Y, eh... todos ellos detestan a Umbridge.

- La profesora Umbridge – la mujer le corrige pero él nota que está ocultando una sonrisa. Después de todo, no son solamente los alumnos quienes la detestan.

La profesora McGonagall los mira fijamente pero ellos, después de años de práctica, permanecen imperturbables. Ella frunce levemente el ceño.

- La profesora Umbridge ha prometido castigar severamente a los responsables. Ha pedido a los jefes de casa nuestra total colaboración para hallar a los culpables. Les aseguro que, si llega a sospechar que han sido ustedes, ninguno de nosotros lo tendrá fácil.

- Qué bueno que no hayamos tenido nada que ver¿verdad?

Hay veces en las que hasta George se sorprende de la desfachatez de su hermano. No mucho, pero se sorprende.

La profesora McGonagall fija en él sus ojos claros. Fred ni siquiera pestañea.

- Supongo que no tienen idea de quién está detrás de esto.

Los mellizos intercambian una mirada y se encogen de hombros al unísono.

- No, profesora.

Sus ojos penetrantes siguen clavados en los suyos, como si tratase de excavar la verdad con su mirada. Al cabo de un momento deja escapar un suspiro, y George sabe que han ganado la partida.

- En ese caso, señores, pueden marcharse.

No necesitan que se los repita dos veces. Felicitándose internamente, se apresuran a levantarse para largarse de allí. Cuando llegan a la puerta, sin embargo, la voz de la profesora los detiene.

- Es una pena¿saben? Se va a desperdiciar la caja de Honeydukes.

- ¿Qué caja de Honeydukes? – pregunta George, intrigado.

La sonrisa de la profesora es por algún motivo más escalofriante que nada que él haya visto antes.

- La que los jefes de casa compramos para darle a quienquiera que le hubiera gastado la broma a Umbridge...