Disclaimer: Harry Potter es propiedad de JKR.
Título: Amistad
Vicio: #14 Licor
Fandom: Harry Potter
Claim: Minerva McGonagall
Personajes: Minerva McGonagall, Rubeus Hagrid.
Summary: Rubeus Hagrid es como un niño grande y por eso aun hace cosas como plantarle un beso sonoro en la mejilla en medio de la cena de Navidad.
Rubeus es como un niño grande. Hace ruido al tomar la sopa, se limpia la nariz con la manga, dice siempre lo que piensa en el mismo momento en que lo piensa, sin filtrarlo. Es torpe y descuidado, vuelca cosas y a veces las toma con tanta fuerza que las rompe, como si aun no hubiera aprendido a controlar su cuerpo. Es atolondrado e impulsivo, se viste de una forma espantosa y presenta un constante aspecto desprolijo.
Nadie que posara sus ojos sobre él por vez primera creería que es alguien digno de confianza. Hubo en una época en que Minerva tampoco lo creía. No se podía dudar de que Hagrid tenía un gran corazón, pero jamás parecía pensar antes de hacer las cosas, se portaba como un chico y no parecía tener demasiado respeto por las normas. No medía bien las consecuencias de sus actos y su tendencia a creer siempre lo que le decían le metía constantemente en problemas. Era difícil confiar en alguien así y Minerva no entendía cómo Albus podía hacerlo.
Sin embargo, tal vez porque siempre respetó la opinión de Dumbledore más que la de cualquiera, tal vez porque ella misma comenzó a ver más allá de la superficie, ella empezó a confiar en Hagrid casi sin darse cuenta hasta que se convirtió en una de sus personas de confianza. Tal vez no fuera brillante pero era capaz, tal vez fuera torpe en ocasiones pero podía ser extraordinariamente hábil para ciertas cosas, tal vez fuera ingenuo pero eso significaba que veía lo mejor de la gente y eso era una cualidad envidiable.
Con el correr de los años una extraña amistad se formó entre ellos. No se parecen mucho, pero la personalidad de Rubeus es tan abierta y sincera que uno no puede evitar tomarle cariño, cariño al que él corresponde con una lealtad inquebrantable. A sus ojos, él siempre será el chico que ella solía reprender en sus días de prefecta, antes de que lo expulsaran injustamente, y para él ella siempre será una figura de autoridad, una persona a la que antes que nada hay que respetar. Aun así se ha consolidado una especie de camaradería entre ellos, casi como si ella fuese la hermana mayor que lo saca de los líos en que se mete, casi como si él fuera un hermano pequeño que le brinda su apoyo incondicional.
Tal vez por eso Minerva no se molesta cuando en medio de la cena navideña él le planta un sonoro beso en la mejilla. De cualquier otro hombre ella lo consideraría un atrevimiento, pero viniendo de Rubeus el gesto es sólo una manera inocente de expresar el afecto.
Minerva sabe que él ha tomado unas cuantas copas de más y que está algo achispado. Sabe que en otras circunstancias jamás se le cruzaría por la imaginación arriesgarse a hacerla enfadar en público. Sabe que probablemente se arrepentirá mañana por la mañana, cuando el licor se haya diluido en su sangre y se le haya despejado la cabeza.
Tal vez porque sabe todo eso ella no se enfada con él, o tal vez porque ella también ha tomado más licor de huevo del habitual, pero el caso es que no solo lo deja correr, sino que hasta le causa gracia y se ríe, para estupefacción de los alumnos de los cursos inferiores. En otras ocasiones le hubiera preocupado no mantener la compostura frente a sus discípulos, pero es Navidad, el alcohol burbujea en sus venas y por un momento se contagia de la eterna niñez de Hagrid, que se ha puesto a cantar con voz desafinada.
Al día siguiente se cruza en las escaleras con Hagrid, quien baja la vista al verla y se retuerce las manos, como algunos de los niños de primero cuando sospechan que han metido la pata. Ella al principio no puede comprender cuál es el problema, hasta que él comienza a tartamudear una disculpa por la noche anterior. Ella lo interrumpe a la mitad.
- No estoy enfadada contigo. De haberlo estado ya te hubieras enterado ayer¿no crees?
Pero él sigue retorciéndose las manos y no la mira a los ojos.
- Es que pensé... Usted sabe... Pensé que, cuando se despertara hoy podría enfadarse porque, bueno... estaría más sobria.
De cualquier otra persona podría haber resultado ofensivo, pero escuchárselo decir a Hagrid le dan ganas de reírse a carcajadas. No lo hace porque puede ver que para él, con su candor infantil, esta es una situación muy seria.
- Rubeus – le dice en cambio, gravemente – Creo que a estas alturas ya hay suficiente confianza entre nosotros como para permitir que una tontería así se interponga en nuestra amistad.
Él levanta la vista de golpe, sus ojos negros brillando como soles.
- ¿Seguimos siendo amigos, entonces?
Ella le dedica una de sus raras sonrisas.
- Claro que sí.
Y para demostrárselo, para que él no siga sintiéndose culpable y despejar sus miedos, se inclina hacia delante aprovechando que está parada unos cuantos escalones encima de él y le da un beso en la mejilla, esta vez sin influjo alguno del alcohol.
- Amigos – le dice, y la sonrisa con la que él devuelve su comentario es tan radiante que podría iluminar una habitación entera.
