Disclaimer: Harry Potter es propiedad de JKR.

Título: Un grano de arena

Vicio: #20 A elección del autor/a

Fandom: Harry Potter

Claim: Minerva McGonagall

Personajes: Minerva McGonagall, Alastor Moody

Summary: "Tú no crees en nadie." "Creo en ti." Después de su nombramiento como directora de Hogwarts, McGonagall y Moody tienen una charla.

Escrito antes de HP7
Las aguas mansas del lago resplandecen bajo los últimos rayos del atardecer mientras las hojas verdes de los árboles se mecen suavemente en la brisa vespertina, una estrella solitaria titila distante en el horizonte. La noche desciende sobre el castillo y sus terrenos, con una belleza tal que corta la respiración. La vista es tan perfecta, tan pacífica, que cualquiera que la contemple podría olvidar que hay una guerra estallando afuera, arrebatando las vidas de docenas de personas, destrozando familias y amigos por igual, reduciendo a cenizas el mundo que les llevó tanto tiempo reconstruir.

Minerva McGonagall no puede olvidarlo.

Se hunde en la butaca que aún no siente suya, al igual que tampoco puede sentir suya esta oficina, aun cuando la gárgola le ha dejado entrar; al igual que tampoco puede sentir suyo este cargo, aun cuando los retratos y los profesores siguen sus órdenes.

Durante el día lo sobrelleva estoicamente, tranquilizando a sus estudiantes, guiando a sus subordinados, atendiendo cada una de las necesidades del castillo. Al caer la noche, sin embargo, su coraza de hierro empieza a resquebrajarse cuando la duda y el miedo logran introducirse en ella.

- No creo que pueda hacer esto.

Las palabras que han estado resonando en su cabeza desde aquella fatídica noche cuando todo el mundo volvió sus ojos hacia ella en busca de apoyo y guía, las palabras que ha intentado borrar de su mente tan encarecidamente, las palabras que invaden sus pesadillas finalmente salen al exterior. Por un momento ella espera que decirlas en voz alta la libere de la pesada carga que lleva sobre sus hombros desde esa noche terrible, que le brinde algún tipo de alivio.

No es así.

- Tonterías. No hay nadie mejor que tú para el cargo.

Ella mira al hombre parado junto a la ventana, su extraño, deforme perfil delineado por la luz moribunda que entra a través del vidrio, la mitad de su rostro oculto por las sombras.

- Sabes que no soy él.

- No tienes que serlo – Vuelve su cabeza hacia ella: su ojo azul gira en el lugar, mirando sólo Merlín sabe hacia donde, pero su ojo negro se fija en los suyos y hay una intensidad abrumadora en su mirada oscura. – Tienes lo que hace falta.

Ella suspira, cansada. Le gustaría creer en sus palabras. No puede.

- No tengo ni su poder ni sus conocimientos. La mitad del tiempo siento que ando a tientas, sin saber adónde ir. Él... él siempre sabía qué hacer.

- Él también cometía errores, Minerva.

Sus palabras son como una bofetada en la cara y ella se pone de pie en un salto, su respiración agitada y sus ojos destellando.

- Si te refieres a Snape... – Escupe la última palabra como si fuera veneno, su tono de voz volviéndose corrosivo, porque hay ciertas heridas que no pueden sanar. – Si estás diciendo que cometió un error al confiar en él entonces no soy mejor que Albus, porque yo también fui lo suficientemente ingenua para creer en Snape.

Cada palabra que dice es cierta y se siente como si fuera veneno quemándole a través de las venas. Porque a pesar de su pasado, a pesar de su forma de ser sombría y su moral laxa, ella creyó en él. No sólo porque pensó que Albus tenía un motivo irrefutable para creer en él, pero porque con el correr de los años había aprendido a respetar al hombre oscuro y retorcido que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario, que sacrificaría cualquier cosa por la causa. Un hombre que, a pesar de ser una persona amarga, resentida y desagradable, se hallaba de su lado. Un hombre en quien ella podía confiar.

Un hombre que los ha traicionado a todos ellos y al que ella nunca perdonará, así como nunca se perdonará a sí misma por haber sido tan ciega.

Él niega con la cabeza lentamente y da un paso hacia ella, su expresión dejando traslucir una calidez que muchos nunca asociarían con él.

- No fuiste la única a quien engañó. Todo el mundo creyó en él.

- Tú no – Casi escupe las palabras, enojada, pero ya no sabe a ciencia cierta hacia quién está dirigida su furia. Hacia él, por tener razón donde todos ellos se equivocaron, hacia Snape, por su traición, hacia Albus, por su necesidad de creer en la gente aun con todas las pruebas en contra. Quizás esa sea la razón por la que las siguientes palabras escapan de su boca antes de que pueda detenerlas.

- Pero claro, tú no crees en nadie.

Desearía poder retirar sus palabras tan pronto como abandonan sus labios, pero es demasiado tarde. El silencio se extiende entre ambos. Él se queda muy quieto y tieso por un momento, hasta que su ojo azul gira y se fija en ella.

- Creo en ti.

Sus ojos se abren al doble, más sorprendida de lo que puede expresar ante la sinceridad abrasadora que ve en sus ojos.

- ¿Por qué?

Ella no puede ver porqué él, quien ve conspiraciones en todas partes, quien no confía en nadie, cree en ella. Como si pudiera escuchar sus pensamientos, él camina hacia ella, rodeando el escritorio, y toma su mano entre las suyas.

- Creo en ti porque eres fuerte, aun cuando tú misma no ves tu propia fuerza. Creo en ti porque mantienes el rumbo cuando todos los demás están perdidos. Pones las cosas en perspectiva y eres capaz de tomar la decisión acertada aun cuando sea la más difícil.

La intensidad en sus ojos quema los suyos pero ella no puede apartar la mirada.

- Puedes distinguir lo que está bien de lo que está mal y no temes seguir el camino correcto. Escuchas a las personas y eres capaz de guiarlas cuando lo necesitan, eres compasiva y firme, tienes el corazón y la cabeza en el lugar indicado.

Aprieta su mano fuerte entre las suyas, y la calidez que le brindan sus dedos ásperos parece extenderse por todo su cuerpo.

- Tú eres , y para mí eso es más que suficiente.

Sus ojos no se apartan de los suyos y ella se da cuenta de que le es más fácil respirar, de que el miedo y la duda ya no oprimen su pecho, de que la pesada carga que ha llevado desde la muerte de Dumbledore se ha hecho tolerable aun cuando no ha sido quitada de sus hombros. Sus manos se dan vuelta y entrelaza sus dedos con los de él.

- Yo también creo en ti, Alastor.

Al principio él parece sorprendido, pero luego algo que para la mayoría sería considerado una mueca pero que ella sabe que es una sonrisa ilumina su cara.

Es posible que su esperanza sea tan sólo un grano de arena en un reloj donde el tiempo se desliza demasiado deprisa, es posible que sus esfuerzos sean tan insignificantes como la titubeante luz de una vela en medio de la tormenta más terrible. Pero aún la luz más débil brilla intensamente en la hora más oscura y ellos no dejan de estrecharse las manos mientras la noche cae a su alrededor.