Disclaimer: Harry Potter es propiedad de JKR. Las frases en cursiva, por si alguien no lo sabe, pertenecen al Credo.
Vicio: #8 Religión
Personajes: Minerva McGonagall.
Summary: En los tiempos más oscuros, la fe es puesta a prueba. Para Minerva McGonagall, la batalla final contra Voldemort no será la excepción.
Notas: Quería pensar un poco en cómo deben ver los magos el cristianismo, considerando tanto la caza de brujas como que aún festejan la Navidad y Pascua, desde el punto de vista de una Minerva McGonagall bastante agnóstica. Espero que nadie se sienta ofendido, no era en absoluto mi intención.
Escrito antes de HP7
Credo
Creo en Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra...
El cielo se había vuelto carmesí, surcado por un centenar de destellos rojos y por fulgurantes llamaradas. La tierra también se había teñido de escarlata, pero no por el resplandor del fuego, sino por los ríos de sangre que manaban de las heridos apilados en el suelo junto a los cadáveres. El aire olía a putrefacción y a azufre, a cenizas y muerte. El calor era tan intenso que abrasaba sus mejillas y ella pensó que el Averno no podría ser mucho peor.
Era la batalla para la que se habían preparado durante años. Era la lucha de la luz contra las tinieblas, era el punto crucial de la guerra por la paz o la tiranía. Ambos bandos peleaban por la supremacía. Los dos querían construir de las cenizas un mundo a su imagen y semejanza, hacer que surgiera de los escombros un nuevo orden. Sin embargo, hasta donde le alcanzaba la vista Minerva lo único que podía ver era devastación.
Quedaban pocos, muy pocos de su bando en condiciones de luchar. Sus enemigos los superaban en número y los habían emboscado. Minerva se dio cuenta con horror que estaban rodeados y no había escapatoria posible. Los ojos tras las máscaras blancas revelaban que no habría piedad para nadie. No saldrían vivos de allí.
Detrás suyo, una voz femenina empezó a recitar una plegaria en voz baja. Minerva le hubiera gustado decirle que ahorrase el aliento.
Dios estaba demasiado lejos para escuchar.
Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor...
Su abuela había sido una mujer muy religiosa. Era cristiana, pero su cristianismo difería con mucho del cristianismo de los Muggles. Para empezar, su Biblia no dictaminaba que las brujas debían ser quemadas en la hoguera por firmar pactos con el Diablo. Lo cual hubiera sido un tanto contradictorio, considerando que de acuerdo con esa misma Biblia el propio Jesucristo había sido un poderoso hechicero, quizás el más poderoso que existiera jamás.
Minerva recordaba largas tardes invernales en la casa de su abuela, el viento rugiendo fuera mientras la anciana le narraba las historias del Antiguo Testamento. Su abuela le contaba cómo Dios había creado a los hombres a su imagen y semejanza, pero que sólo había elegido a unos pocos entre ellos para que heredaran el Paraíso. A ellos les había otorgado el poder de dominar las fuerzas de la naturaleza y les había encomendado gobernar al resto de las criaturas y seres en su lugar.
Pero el hombre, por más que hubiera sido hecho a imagen y semejanza de su Creador, era débil. El Antiguo Testamento estaba lleno de las historias de grandes hombres y mujeres que caían en desgracia a causa de su orgullo desmedido, que sufrían destinos horrorosos por tener la soberbia de creerse iguales a Dios.
Jesús había llegado a la Tierra para cambiar todo eso. Hijo de una bruja de linaje intachable pero vida humilde y criado por un carpintero Muggle, Cristo comenzó a predicar por una convivencia pacífica entre magos y Muggles, sosteniendo que al ser hijos de Dios todos ellos eran hermanos por igual. El deber de los magos y brujas era velar por los Muggles y guiarlos, como el primogénito con sus hermanos menores. Sólo de esa forma se lograría la paz y se construiría el paraíso en la Tierra.
Pero los mismos Muggles a los que él tanto había intentado ayudar le traicionaron, dejándolo morir en la cruz. Los pocos Muggles que permanecieron "fieles" a él tergiversaron sus enseñanzas hasta convertirlas en las atrocidades que justificaron la llamada Santa Inquisición. Sólo aquellos magos que estaban verdaderamente cerca de Cristo lograron mantener viva su doctrina.
Su abuela solía decir que los Muggles que se llamaban a sí mismos cristianos no merecían el nombre, después de negar la misma naturaleza de su Salvador (porque honestamente¿cómo podían atreverse a decir que un hombre que caminaba sobre las aguas y convertía el agua en vino no era un mago poderoso?). Su abuela decía que los Muggles nunca podrían ser auténticos cristianos, que habían errado el camino con todas las atrocidades inenarrables que habían cometido en nombre de su Señor.
Sin embargo, cuando Minerva veía los crímenes que muchos magos y brujas perpetraban contra los Muggles, cuando veía el trato cruel que recibían las criaturas mágicas, todo con la justificación de proteger una raza superior así designada por el Creador, se preguntaba si los Muggles eran los únicos que habían errado el camino.
Está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso, desde allí ha de juzgar a los vivos y a los muertos...
Las creencias de su madre habían sido menos arcaicas que las de su abuela pero no menos arraigadas. Ella creía fervientemente que toda buena acción llevada a cabo en la Tierra sería recompensada en el más allá, y que la maldad sería debidamente castigada.
Pero Minerva había visto a demasiadas personas sufrir destinos atroces que no se merecían. Personas bondadosas, sabias, que habían sacrificado lo mejor de sus vidas para construir un mundo más justo, eran asesinadas y torturadas con saña, sus vidas eran destrozadas y se les arrebataba todo lo que amaban. Tantos inocentes muertos, masacrados por una causa infame. Víctimas de la crueldad más terrible, tantas que sus nombres y rostros se superponían unos con otros hasta que se hacían indistinguibles.
Y sus victimarios, aquellos que deberían haber sido fulminados por un rayo por su maldad sin límite, caminaban a sus anchas tomando del mundo todo lo que se les antojara, sin que nada ni nadie pudiera detenerlos. ¿Qué clase de justicia era la justicia divina para permitir que sucedieran cosas así?
Si Dios era todopoderoso¿no podía evitar que se perpetraran crímenes horrorosos? Si era justo y bondadoso¿por qué permitía que los inocentes, los indefensos, perecieran a manos de seres que difícilmente pudieran ser considerados humanos?
Minerva no lo comprendía ni creía que lo comprendería jamás. Para ella la justicia no era algo que debiera ser tenido en cuenta en el más allá sino en el aquí y ahora. La bondad, la generosidad, la solidaridad: nadie las recompensaba, ni en este mundo ni en ningún otro. Sabía que no habría ningún premio para ella después de su muerte, sin importar cuánto bien hiciera. Las cosas no funcionaban así.
A pesar de todo, seguía luchando por lo que creía justo. Porque si no había ningún Dios, ninguna recompensa en forma de vida eterna, entonces lo único que importaba era este mundo y lo que las personas hicieran para convertirlo en un lugar mejor.
Creo en...
- Ríndanse y su muerte será rápida.
La nota sardónica en la voz del Mortífago contradecía sus palabras, pero no tenían otra opción. Estaban completamente rodeados por el enemigo, que los doblaba en número. No había ninguna forma de escapar y todos ellos estaban cansados y heridos. No tenían ni las fuerzas ni el poder para enfrentarse al enemigo y vencer, y cualquier camino que tomasen desembocaría en una muerte segura.
Y sin embargo...
Y sin embargo, había un castillo lleno de niños que habían jurado proteger. Había un campo de batalla cubierto por sus compañeros heridos y sólo Merlín sabía qué les sucedería si quedaban a merced de sus enemigos. Había docenas de amigos muertos que jamás recibirían una sepultura adecuada. Había incontables familias que vivirían en el terror absoluto por el resto de sus vidas si se perdía esta batalla. Había tres jóvenes en una carrera contra reloj para vencer al Señor de las Tinieblas pero que jamás tendrían una oportunidad si el enemigo los vencía.
Había un mundo entero sumido en la más negra oscuridad, un mundo por el que ella no dejaría de luchar mientras le quedara aliento en el cuerpo.
Con gesto desafiante alzó la barbilla y elevó su varita, la resolución brillando en sus ojos.
- Yo no me rendiré jamás.
El espectro de ropas negras y máscara nívea lanzó una carcajada que se cortó bruscamente cuando una voz clara dijo:
- Yo tampoco pienso rendirme.
- Ni yo – agregó otra. La voz femenina que había rezado dijo:
- Si nos van a matar, nos llevaremos a tantos de ustedes como sea posible.
Minerva miró uno por uno a sus compañeros. Todos ellos habían sufrido heridas, todos ellos estaban exhaustos más allá de lo tolerable, y sin embargo... Sin embargo, todos y cada uno de ellos estaban de pie, erguidos y con la cabeza en alto, preparados para pelear hasta soltar el aliento final, a dar la vida para salvar otras.
Sucedían demasiadas cosas terribles en el mundo sin que ninguna presencia divina interviniera como para que Minerva siguiera creyendo en Dios. Y sin embargo, en ese momento, cuando la muerte la miró directamente a la cara y aún así su voluntad no flaqueó, ella supo con certeza que su fe nunca había sido más poderosa.
