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La Petición
Los Reyes de Gondor se encontraban sentados en la cama, apoyados contra el cabecero. Ella con las piernas juntas, pensativa, con la cabeza sobre sus rodillas. Él rodeándola con un brazo, jugueteando con sus cabellos oscuros de dulce perfume embriagador. Intentaba ponerle algo de optimismo a la situación un tanto comprometida.
- No deberias tomarte tan en serio lo que dice Silmerel - susurró al oído de Arwen. Ésta ni se inmutó - Sabes que ultimamente esta muy misteriosa.
Aragorn hizo lo posible por llamar su atención, el tiempo pasaba en su contra. Al parecer Arwen se encontraba más ausente de lo que parecía estarlo; era cierto que Silmi se queria hacer la interesante intentando asustarla pero aún un corazón tan frio como el suyo, deberia entender su sufrimiento. O eso creia ella.
De nuevo Aragorn volvió a las andadas, como un niño pequeño que reclama a su madre atenciones. Él no lloró, pero estuvo apunto de hacerlo, su desesperación era tal que inclsuo se habria puesto a bailar desnudo y hubiera hecho falta. Arwen parecia estar concentrada en otros asuntos.
"¿Porque habria tenido que decir eso?" pensaba "No entiendo nada..."
- Arwen melda, estas segura de que te encuentras bien??
- Eh?...si...claro - era todo lo que conseguía y conseguiría sacar de ella, una retaila de monosílabos impresionantemente adornados con miradas perdidas y gestos de rechazo.
Tras nuevos intentos fallidos que le hacian desesperar, y entre los asuntos de Estados, sus hijos y el poco caso que ultimamente le hacia Arwen; estaba demasiado cansado, agobiado. Algo deprimido y extrañamente...extraño?
Incrédulo a toda esta situación, reconstruia en su mente los anteriores acontecimientos, por si acaso, se habia perdido algo que no entendía, o que resultaba que habia hecho mal.
De pronto llamaron a la puerta, el sonido de ésta, les hizo despertar a los dos de su ensimismamiento. Se sobresaltaron nerviosos, como si hubiesen estado haciendo algo malo o cometiendo un delito mortal.
Con voz suave e intranquila Aragorn cntestó con un "entre" casi susurrado.
Para su sorpresa, no era nadie que pudiera esperar: ni sus hijos (que no solían llamar NUNCA, para desgracia de casi todos) ni Faramir, ni Rian...ni...en fin.
Unos mechones rubios asomaron por el marco de la puerta de roble y seguido a esta un rostro familiar. Legolas se dispuso a entrar sigilosamente, tal vez sentía algo de miedo por su intrusión, aún aceptada, a lo mejor olia en el ambiente esa tensión histérica que parecían tener los Reyes.
Envuelto en un diminuto haz de luz, ajeno del mundo, bordeó la habitación seguido de Gimli.
Aragorn pensó que estaban locos, Arwen no se movió ni un ápice. Sumida en sus pensamientos, con los ojos ausentes, la mente perdida y..."Silmerel..." se repetía "No entiendo nada..."
Aragorn se incorporó a saludar a sus amigos con un extraño atuendo "casero" que distaa mucho de ser...normal...aunque él nunca fue del todo normal.
Ese digamos "atuendo" no era precisamente incómodo, solo llamaba la atención por unas extrañas figuras que al parecer eran una serie de animales mamíferos multiplicados de color marron que ... : ositos
Despúes de contener la risa unos, digamos 20 minutos, sus dos amigos decidieron ponerse más serios, pues Estel habia fruncido el ceño de modo raro también...en general estaba muy raro. Además de la ausencia que presentaba Arwen.
- Que le pasa?, estais...?
- NOOO!! - exclamó nervioso - Es que...
- Si? - preguntaron los dos intrigados
- Cosas que pasan
"¿Aragorn se estaba haciendo el misterioso, o es que ni el mismo sabia lo que ocurría en su familia?" pensaba Legolas "Estoy despeinado?? Por que me miran asi?"
En un momento tan impresionable al resto como era Legolas pensando en su pelo, Arwen solo pensaba (de nuevo) en sus hijos "Dejarlos solos...No, no lo haré.." En un susurro casi impredecible para el oído humano llamó
- Legolas...
. - . - . - .
Gimli observa a legolas dando vueltas por su habitación, algo nervioso y muy tenso.
- Tengo cara de niñera??!! - le gritaba a su amigo - Ves un cartel que ponga: Cuido pequeño principes violentos???
- Son niños, no son violentos, solo traviesos - dijo intentando consolarle
- Como se nota que no conoces a esos dos pequeños alborotadores. Parece...parecen...no se lo que parecen!
- Estas muy alterado, deberias sentarte, tomar una cerveza y dejar que esos niños hagan lo que tienen que hacer ellos solitos. Además no me reproches nada, te los han encargado a ti, SOLO a ti.
Por un momento el elfo rubio se detuvo, mirando a Gimli impresionado. Entornó sus preciosos ojos azules y se acercó lentamente y con agilidad élfica a su amigo, creyendo haber oido mal. Finalmente preguntó en tono de enfado soberbio
- No pensabas quedarte conmigo??
El enano casi se asustó, nunca habia visto al principito rubio enojado tan sinceramente. Tuvo que admitir que si, que se quedaria el tiempo necesario, cuidando a los tres pequeños demonios de Tasmania.
