Sinceramente... GOMENASAY POR LA TARDANZA Y POR EL CAPITULO ANTERIOR!!
devo admitirlo... fue un capitulo del asco el anterior. Como recompensa: este capitulo, con 3.475 palabras (sin incluir lo q yo escribo aca arriba y allá abajo), con un sello de aprovacion por parte de Mafka (mi hermana), asi q en serio, espero que disfruten de este capi. que sería el último, sin contar el epílogo, que explicará un poco los hechos contados que me qedaron un poco desordenados... ya, no doy más rodeos, aqi esta el capi
DISFRUTENLO!! :D
No Me Hables de amor no correspondido
La Despedida
Abrió la puerta con esa timidez que la caracterizaba. Sus manos temblaban al igual que sus piernas, que amenazaban con no poder sostenerla más.
-Na-Naruto-kun… -Se le acercó y lo miró a los ojos. Esa mirada triste le rompía el corazón al rubio; no podía evitar sentirse culpable por gran parte del sufrimiento de la niña, no, mujer de los ojos blancos.
- Vamos, que nos esperan, cámbiate de ropa, te esperamos abajo'ttebayo- Se volteó y bajó las escaleras.
- Hinata-sama…
-No te preocupes, Neji-nii-san, creo que después de todo si podré con esto. Aunque me duela, lo mejor es que me despida de él. Y-yo soy tan to-torpe, no-no aproveché estar con Kiba cuando pude- Las lágrimas volvieron a correr por sus sonrojadas mejillas- Mejor me cambio rápido, no debería llegar tarde
-Hai. Le espero abajo entonces.
Hinata se cambiaba lentamente su vestimenta, no tenía fuerzas para apresurarse, y menos con esa depresión que se apoderaba de ella. Sacó su blusa negra, la misma con la que había ido al funeral del tercer Hokage, pero se dio cuenta que ya no le quedaba buena, y entonces sacó un vestido negro, simple y sin mangas, pero elegante. Se peinó con calma y delicadeza y se puso un poco de sombra para que no se le notara tanto que había llorado. Sacó unos zapatos, negros también, de tacón bajo, y se los colocó. Salió de la habitación a paso calmado, bajó los escalones con suavidad y se encontró en la sala con que la esperaban Naruto, Neji, Sakura y Shino.
-Veo que ya estás lista, Hinata.- Por primera vez vio al Aburame con su cara totalmente al descubierto, con lentes oscuros más alargados, y vestía de negro, al igual que ella
-Hinata, te ves hermosa… Seguro que… Seguro que a Kiba le hubiese encantado verte así- Dijo la pelirosa con lágrimas en sus ojos. Vestía una falda negra de alto sobre la rodilla y una camisa del mismo color. Estaba aferrada al brazo de Naruto, que la miraba con conmoción. Al verlos tan juntos, tan cariñosos, el corazón le dolió de forma repentina. ¿Eran celos? Seguro que lo que sentía por Naruto la hacía sentirse así… Pero, ¿y si el solo hecho de verlos juntos era el que le dolía?, ¿Y si les tenía envidia en vez de celos?
-Mejor vamos, no creo que quieran llegar tarde.- Dijo Neji al ver la expresión del rostro de su prima. La tomó del codo y la sacó de la mansión, seguido por los demás.
Al fin llegaron al lugar. Hana lloraba al lado de su madre, que tenía una expresión ausente. Hinata observó a todos los rostros presentes, y se percató de que menos de la mitad de la aldea estaba presente, ni la Hokage estaba allí. Ella sabía que la muerte de Kiba no fue heroica como la de otros ninjas, pero ¿acaso él no fue importante también?, al parecer no lo era.
Y entonces se percató de que no debió haber asistido, porque con cada mirada de los presentes, su corazón se encogía más y más.
La ceremonia comenzó, el tiempo se paró y el cielo se oscureció para la chica, a pesar de que estaba despejado en su totalidad. Con una rosa blanca entre sus dedos, miraba desde su asiento como la familia del Inuzuka se despedía del chico con melancolía. Ese ataúd negro tan lejano y a la vez tan cercano la mantenía tranquila.
Llegó su momento de despedirse. Con pasos lentos y seguros, caminó hasta el lugar donde yacía su amigo. Lo miró por la abertura del féretro… Se veía tan tranquilo, tan feliz, tan inexpresivo; aquel no podía ser el mismo Kiba que conocía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, lo que le nubló la vista; le susurró disculpas, acarició la rosa en sus manos, y la depositó al interior, la colocó entre los dedos… ¿fríos? Fríos no estaban, si no que bastante cálidos. Debía ser por el sol que lo iluminaba… Sí, eso era.
Levantó su rostro, y al comenzar a caminar para alejarse del lugar, vio de reojo como se movía el pecho de Kiba. Asustada, se volteó en busca de aquella señal, pero otra vez su cuerpo estaba quieto. ¿Se estaba imaginando cosas?
Se acercaba el momento del entierro, y Shino, Shikamaru, Chouji y Naruto, todos los que fueron alguna vez los amigos del Inuzuka, llevaron el ataúd a pie hasta el cementerio, donde un profundo agujero en la tierra los esperaba. Unas últimas palabras, y el cuerpo sería enterrado bajo la tierra para siempre.
-¡Deténganse!- Desde lo lejos se escuchó el grito desesperado de la Hokage. Corría a gran velocidad, hasta que se detuvo por completo al frente de todas las personas allí presentes.- Es-Esperen… Inuzuka no está muerto.
Todos quedaron conmocionados, nadie asimilaba las palabras de Tsunade. Tsume no sabía si estar feliz, triste, enojada o simplemente no creer lo que le decían, pero más que mal, ¿no era la misma Hokage la que se lo afirmaba? Lo primero que pasó por su mente fue ir a comprobar que su hijo estaba vivo, nunca perdería la esperanza de que lo fuera a estar. Se acercó a donde estaba Kiba, al ataúd, levantó la tapa, y vio de nuevo su cara tranquila, pacífica; y la tristeza y la ira se apoderaron de ella. Se abalanzó sobre la Hokage y tomándola de la ropa, la levantó de forma amenazante, olvidando con quien estaba tratando.
-¡¿Qué es lo que pretendes conseguir con esta farsa?! ¡No por ser la Hokage tienes el derecho de pisotear nuestros sentimientos! ¡Acabo de perder a mi hijo!
Se hizo una pausa, el ambiente se puso tenso, todo el mundo callaba en ese mismo instante.
-Tsume, suéltame ahora.- Al no ver una reacción de parte de la mujer, levantó la mano derecha y con fuerza (moderada para toda la que tenía) apretó la muñeca de la Inuzuka.- Creo que antes de dejarme mal ante todos, deberías pensar en lo que haces y con quién lo haces.-
Tsume la liberó, pero en su miraba aún estaban reflejadas la ira y la tristeza.- Como dije anterior mente- Se dirigió a los presentes- Inuzuka no está muerto
-¡Pero si yo misma lo vi morir! ¡Murió en mis propios brazos!
-No, Sakura, lo que sucedió en realidad fue que todo su organismo dejó de funcionar…
-¡Pero eso es lo mismo que morir!- Le interrumpió Sakura, que no lograba entender que su maestra le diera una escusa tan incoherente.
-¿Me permites continuar?
-Eh… Etto… Gomen.
-Sus órganos dejaron de funcionar, pero solo por una cantidad limitada de tiempo, por los efectos del veneno al cual fue sometido. Luego de una investigación bastante profunda –se tomó las manos por la espalda y comenzó a caminar por el irregular terreno -logré identificar el veneno que ingirió Inuzuka: el llamado Suero de la Muerte Corta. Éste actúa paralizando todos los órganos, simulando una muerte perfecta, pero entre un día y medio y dos y medio, poco a poco se van recuperando los signos vitales…
-"Entonces… lo que yo vi…"-El corazón le latía a gran velocidad y comenzó a sentirse mareada. Demasiadas cosas la habían pasado en un poco más de una semana. Hinata sentía desvanecerse, se afirmó del brazo de Shino mientras de a poco iba cayendo. Por suerte, el chico la logró atajar antes de estrellarse contra el suelo. Y justo en el momento en que una perdía la conciencia, otro la recuperaba.
Kiba no solía despertar de forma tranquila, y esta no iba a ser una excepción. Apretó sus párpados y se llevó las manos a los ojos para restregárselos con fuerza… Pero tuvo un pequeño problema: sus brazos no lograban doblarse a lo ancho como podría haberlo hecho en su cama o en cualquier otro lugar. Intentó abrir los ojos, pero aún no lograba ver bien, éstos aún no se acostumbraban a la luz. Intentó sentarse, pero su cabeza chocó con "algo". Dio un grito de dolor, lo que llamó la atención de todos los presentes. Miró sobre sí, pero solo vio el cielo despejado… un momento, ¿no se suponía que estaba en su cama? ¿y con qué se había pegado si no había nada allí arriba? Y recién en ese momento se percató de las paredes acolchadas ubicadas a sus lados. Volvió a mirar hacia arriba, y subió sus manos hasta encontrarse con el causante del golpe: una ventana de vidrio demasiado transparente. En ese momento se desesperó, y comenzó a golpear el vidrio.
-¡HEY! ¡¿QUÉ SUCEDE AQUÍ?! ¡QUE ALGUIÉN ME SAQUE! ¡PERO QUE MIERDA ESTÁ PASANDO!
-¿Ahora me creen?- Dijo Tsunade con calma. Algunas señoras cuchicheaban por lo bajo, otras lloraban, otras se abrazaban, mientras los hombre se acercaban con curiosidad al féretro viendo como un hiperactivo Kiba lo golpeaba desde adentro. La Hokage se acercó a ellos, y con autoridad comenzó a dar órdenes, muy satisfecha de su trabajo-¡HEY TÚ! Abre esta cosa, que así se nos morirá el niño de un ataque cardiaco… ¡Vamos! ¡Ayúdenle a bajar! No creo que después de dos días de "dormir" tenga tanta fuera como…
-¡Suéltenme! ¡Puedo arreglármelas sólo!- Al parecer, Kiba tenía la fuerza suficiente para hacer todo por su cuenta… De un salto salió del ataúd, se tambaleó un poco, acomodó sus ropas, a pesar de que no le gustaba para nada estar con ropas tan formales; observó a la gente a su alrededor, y vio a su madre y su hermana llorando en silencio mientras le regalaban una triste sonrisa. Y por primera vez en mucho tiempo, Tsume lo abrazó con fuerza, dejándolo prácticamente sin respiración. Kiba no comprendía que era lo que pasaba, pero se estaba tan bien en los brazos de su madre. Su hermana lo contemplaba con las manos en el pecho, esperando paciente a su turno de abrazarlo.
Y comenzó a acercarse la gente a verlo, a abrazarlo, a hablarle. Pero faltaban dos personas en acercársele: Shino y Hinata. Se separó de la gente y fue a buscar a la chica, pero por mucho que tratara de ver, no funcionaba, no la encontraba; así que usó de su olfato y encontró ese olor tan maravilloso no lejos de allí. Cuando logró verla, la encontró inconsciente en el suelo, en los brazos de una tranquilo, pero conmocionado Shino. Éste, al ver al Inuzuka, dejó con delicadeza la cabeza de la ojiblanca en el suelo y se le acercó. Primero se miraron un rato a los ojos.
-Me alegro que estés bien.- Dijo Shino mientras se le acercaba y le daba la mano
-Hmp- El chico de las mejillas pintadas no estaba acostumbrado a que Shino le diera la mano, y eso le sorprendía bastante. Aunque cuando quedó totalmente impactado fue cuando Shino lo acercó hacia sí y lo abrazó de forma afectuosa, mientras le daba unos golpes en la espalda. -¿Qué le paso a Hinata?
-Se desmayó al saber que no estabas muerto.
Cuando al fin Shino lo soltó, se acercó a ella, y se sentó a su lado para contemplar su belleza. En sus mejillas aún se distinguían los surcos de los ríos de lágrimas que corrieron por ellas, sus labios habían perdido color, y su rostro estaba pálido, pero aún así la encontraba hermosa. Con cuidado corrió unos mechones de cabello de su rostro y una sonrisa dulce se le dibujó en los labios. Y con sus caricias, Hinata comenzó a despertar y mientras abría los ojos, la imagen de su acompañante se iba formando, haciéndole reaccionar más rápido. Se sentó y lo miró a los ojos mientras los suyos se humedecían otra vez, dejando caer nuevas lágrimas por aquellos surcos ya marcados.
-Ki-Kiba-kun…
-Eh… Vamos, no llores, Hinata.
-Pero es que, tu… Creí que ya no volvería a verte… ¡Te extrañé tanto!- No tenía el valor de abrazarlo, de tocarlo, por eso sólo agachó la cabeza apretando sus manos apoyadas a su costado. Kiba no podía resistirse a verla llorar así, y menos si era por él que lo hacía. Actuó por reflejo, tomándola de los hombros y acercándola a sí, para luego rodearla con sus brazos mientras se perdía en la fragancia de sus cabellos.
- Te dije que no lloraras, no me gusta que estés así- La apretó contra sí con más fuerza, y la chica correspondió el abrazo, posando sus manos en su espalda, y la cabeza en su hombro, llorando con más fuerza aún y diciendo su nombre una y otra vez.
Tsunade se llevó a Kiba al Hospital por unos días. No podía dejar que una oportunidad como esa de investigar a la primera víctima de ese veneno en la villa.
Al volver a casa, Kiba sólo preguntaba por Akamaru. Le importaba un pimiento que haya estado "muerto" por dos días completos, lo único que quería era saber el estado de salud de su mascota. Buscó por todos lados: En su habitación, en el jardín, en el baño, en la cocina… Todos los lugares donde el can solía estar o jugar.
-Que no te esfuerces tanto, te he dicho miles de veces que no tengo a Akamaru aquí… Además, ¿cómo es que un perrote tan grande como él no se pueda encontrar en una casa tan pequeña como ésta?- Decía Hana, por milésima vez en tres días.
-Pero ¡donde más puede estar! Oh, vamos, no me digas que lo dejaste solo con todos los otros perros que cuidas…
-¡Eh! ¿Cómo puede estar solo si está con todos esos perros?
-Grrr…- Comenzó a enojarse el chico. ¿Que acaso no le podía entender?- Takû… Bueno, no importa, pero… ¿cómo está?
- Bastante bien, ahora come e incluso tiene ánimos para romperme los platos de la comida…
-¡Jaja! Te lo tiene bien merecido.
Y así continuaron la pelea. Pero Hana disfrutaba peleando con su hermano, ahora lo valoraba más que antes.
Pasaban las semanas, Tsunade, Tsume y Hana investigaban los sucesos y trataba de encontrar un culpable para lo sucedido, pero sin incluir en esto a Kiba. Hasta ahora, sólo habían llegado a la conclusión de que el sicópata que había envenenado a Kiba era el que el que había envenenado a Akamaru.
Pero lo que ellas no sabían era que Akamaru había visto al culpable, que era testigo de lo que había pasado. Cuando éste estuvo completamente recuperado, hablo con Kiba sobre estos sucesos. Nadie más le entendía, alguien tenía que saber.
-Kiba, tengo que hablar contigo…
-¿Qué pasa, Akamaru?-Le sorprendió ver al can entrar a su habitación tan serio. Generalmente no entraba en él tan cuidadosamente, solía ser más… bruto.
-Es sobre lo que pasó ese día… ¿Te acuerdas, que un día antes que me enfermara, tú me dejaste dormir fuera de la puerta de la cocina? Ese día estaba como asfixiado, necesitaba dormir fuera y…
-Ve al grano, ¡me desesperas!
-Bueno… un hombre quería entrar a la casa, estaba oscuro y no se dio cuenta de que yo estaba ahí…
-¡Sí que tenía que ser ciego! Hasta ahora no hay nadie que no note tu presencia… ¡Ja!
-No me interrumpas con esas estupideces por favor…
-Je... Je… Gomen –juntó sus manos frente su rostro y cerró los ojos en un gesto de disculpa.
-El punto es, que al verme se asustó, trató de atacarme pero no pudo. Me di cuenta que tenía sus bolsos llenos de frascos y jeringas. Tomó una jeringa y me la enterró en la espalda. Después entró a la casa y de ahí no recuerdo más. Creo que su objetivo no era yo, si no tú, pero lo que no comprendo es por qué tardó tanto el que… bueno, te hiciera efecto el veneno.
-Sinceramente, yo tampoco lo entiendo muy bien. Creo que lo mejor sería… -"Toc-toc" la puerta sonó, e interrumpió la conversación entre los dos.- Eh… ¿quién es?
–K-Kiba-kun, ¿puedo pasar?
– "¡Mierda! Espero que no me haya escuchado nada…" S-Sí, pasa… –Rascó nerviosamente su mejilla mientras se sonrojaba levemente.
–¿He interrumpido? ¿Estabas hablando con alguien? –terminó de abrir la puerta y se encontró a Kiba sentado en el marco de la ventana y a Akamaru al frente suyo, sentado en el suelo dándole la espalda, pero girando su rostro hacia ella mientras movía enérgicamente su cola.- ¡Oh! ¡Akamaru, estás bien! –Se lanzó al cuello del perro, y Kiba evitaba verla, centrando su vista en las calles de la aldea. Da un suspiro.
–Ya ni me acuerdo como era estar en alguna misión… ¡Cuánto desearía volver a hacer algo! Aunque fuera tratar de atrapar a un estúpido gato. Quiero encontrar al bastardo que hizo mi vida tan… tan… ¡tan aburrida! –Reclamó, aún sin verla. Al escuchar esto, Hinata se alarmó. Se separó de Akamaru y caminó lentamente hasta sentarse al frente de Kiba.
–No digas eso. No busques al que te envenenó… Por favor, no lo hagas –Le tomó las manos para que el chico la mirara a los ojos; aquellos ojos que habían llorado tanto por él, y que ahora estaban a punto de volver a hacerlo.
–Hi-Hinata…
–Cuando te creí muerto, me sentí totalmente sola, y me di cuenta que sin ti, no existo, no soy nada, yo… yo no quiero volver a perderte. K-Kiba-kun, no trates de hacer cosas que sean peligrosas, no viviría si… –apretó sus manos alrededor de las suyas, agachó la cabeza mientras algunas lágrimas se le escapaban de los ojos–… si tú ya no estás a mi lado
Y ya no pudo contener más las lágrimas. Lloró y lloró mientras Kiba la miraba paralizado. Akamaru ladró, diciéndole "¡haz algo! No aguanto oír a esta chica llorar", obligándolo a deshacerse de las manos de ella y a acercársele lentamente
–No quiero verte así, menos si es por mi culpa… no te preocupes, no haré nada. –le susurró al oído, mientras la rodeaba con sus fuertes brazos.
Ahora que recordaba, Kiba la había abrazado miles de veces, pero nunca de tal modo. El impacto de su cercanía la dejó sin respiración por un momento, y sus sollozos pararon. Pero al sentirse tan cálida entre sus brazos, la pena se volvió a apoderar de ella, haciéndola apoyarse en el hombro de su fiel amigo, y rodeando su espalda con sus delgados brazos. Y siguió
llorando. Pero la protección que le daba el estar con él la tranquilizó. Se separó de él para mirarle a los afilados ojos, y lentamente sus rostros comenzaron a acercarse. Muy cerca. Podían sentir el aliento del otro golpear sus rostros.
–Me di cuenta de que no es a él al que necesito para ser feliz. Kiba… te necesito… te quiero…
–No es necesario que sigas… yo… –Se alejó torpemente de ella, sonrojado, evitando sus claros ojos–... Hinata, siempre me has gustado. No sabes cómo me dolía verte sufrir por ese idiota, no mereces que te ignoren. –Se volteó para encontrarse de nuevo con su rostro, que ahora estaba sonrojado. La tomó de los hombros con firmeza. – Eres maravillosa. No me atrevía a contarte, tú no te fijabas en mí ¡Siempre él! Temía que por no corresponderte, te alejaras de mí. Por eso te entendía, porque sé lo que se siente que la persona que amas ame a otra.
–Gomen, Kiba-kun… no me di cuenta de que… ¡fui tan ciega! Pero ahora y-yo estoy segura de lo que siento. Kiba-kun… yo… yo…
Pero no pudo seguir, sus labios eran prisioneros de los del chico. Lentamente, el suave roce de sus bocas los sumergía a una cantidad incalculable de sensaciones y sabores. Se encontraban totalmente concentrados en disfrutar el sabor del otro, con los ojos cerrados. Kiba le acariciaba el cabello, Hinata rodeaba su cuello con sus brazos, y no descansaron de besarse hasta que les faltó el aire necesario para seguir. Se miraron a los ojos, con dulzura, se sonrojaron, con timidez, se abrazaron, con fuerza. Kiba no aguantaba el silencio, pero no sabía que hablarle. Pero Hinata no se sentía incómoda. Al contrario, complacida, escuchaba los latidos del corazón de su amigo.
¿Qué más necesitaba? Ahora su mente estaba despejada, podía ver con claridad quién era al que necesitaba, y el que necesitaba de ella. Si bien, ya nada sería como antes, eso no significaba que lo perdería como amigo para siempre; sabía muy bien que Kiba nunca dejaría de tratarla con el respeto y el cariño de hace alrededor de 6 años atrás. El Inuzuka fue su diario de vida, le contaba todo lo que le pasaba, y mejor aún, la trataba de aconsejar. Hinata siempre le lloraba sus problemas, reía con él y confiaba ciegamente en él. En cierta forma, sabía que él no la dejaría, que la cuidaría. Él siempre fue su fiel amigo, al que le hablaba de su amor no correspondido.
Fin
Bua!! me qedo cursi u.u
jeje... espero que este capi le diera mil patadas al anterior... q me arrepiento d haberlo escrito u.u'
ya, besos a todos los q se han tomado el tiempo de dejar un review, o simplemente x leer lo q escribo. No prometo q escriba el epílogo pronto, pero trataré de hacerlo lo antes podible
ByeBye!!
