VI. Reencuentro.

Rukia se sentía extraña. De la casa donde vivía, al pueblo había andando relativamente poco tiempo, pero una cosa era hacerlo sola, y otra muy distinta con toda esta gente. Ella caminaba la última, y los veía a la gran mayoría hablar y reír, con la excusa de la boda de Karin cada uno iba a hacer una cosa distinta al pueblo ¿y ella? Acompañaba a Inoue, ese Quincy estaba siempre muy pegado a ella, y de primeras no le gustaba mucho.

Al llegar al pueblo todo seguía igual que la última vez, las calles empedradas, los pequeños tejados amarillentos por el tiempo y sólo un par de edificios altos que eran las posadas, que estaban totalmente prohibidas para ellas. Masaki decía que sólo habían malhechores y rufianes por esos lares. Pero Rukia un día escuchó claramente como ella misma conoció a Isshin en uno de esos sitios, curioso.

En fin, ella caminaba sola y la gente cuchicheaba a sus espaldas, pero estaba más que acostumbrada, su tez blanca y sus ojos extraños hacían de ella una especie de atracción de feria para esas gentes. Pero ya no le importaba.

Al llegar a plena plaza del pueblo, se dividieron, cada uno a sus quehaceres y decidieron verse allí en hora y media. Rukia fue con Inoue a ver ropa, que era lo que más gustaba en el mundo a la pelirroja. No lo entendía bien, pues Masaki ya les había programado un día con un costurero para hacerles el traje de la boda de Karin, pero es como si la pelirroja no pudiera soportar no ir.

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Para los shinigamis rasos era normal salir del Seretei a pequeñas excursiones por el resto de lugares. Ellos que podían combatir contra los hollows tenían apostillados pequeños campamentos por muchos lugares. Eran temidos, pero en el fondo a la gente les aliviaba que estuvieran cerca por si alguno de esos bichos aparecía.

Pero para los altos cargos, Capitanes, Tenientes y Oficiales, salir de la Sociedad de Almas era un absurdo, ellos vivían y morían por el Seretei. Así que cuando un Teniente tuvo que salir en su primera misión a ese pequeño pueblo lleno de humanos, le pareció extraño. Pero no rechistó, quería quedar bien con su Capitán. Escondió su reiatsu lo mejor que pudo y se quedó en la posada señalada como "La taza verde", muy conocida por su cerveza mohosa, a otro shinigami que debía darle información.

El sitio estaba sucio, y de vez en cuando podían verse cucarachas asomando sus antenas por el suelo. Era un asco ¿cómo podían vivir esas gentes allí? Si su entrenamiento militar hubiese sido otro, estaría mucho menos preparado para esa situación. Pero aún así, decidió tomarse algo, esperando que fuera realmente desagradable. No fue así.

La paciencia no era su punto fuerte, así que así que se dedicó a mirar por la ventana que estaba sucia de estar meses a la intemperie y sin nadie que se preocupase por ella. En ese momento sintió un reiatsu, no lo conocía, pero tampoco conocía a la persona con la que tenía que verse, así que simplemente esperó. No le habían dicho mucho, y la misión era algo extraña. Su Capitán solía mandarle las cosas directamente, pero en esa ocasión fue una carta la que le llegó, mientras él estaba de viaje, aún así, con su sello, así que salió inmediatamente.

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Rukia estaba cansada de ver trajes, era aburrido y monótono. No es que ella no fuera femenina, sino que para todo había un límite, así que dejó a Inoue probándose el que sería ya su quinto vestido y se dedicó a pasear un poco. Estaba algo despistada, pensando en el descerebrado de Ichigo, creía que había sido la mejor opción que podía tomar. En el fondo, desde que eran pequeños, le gustaba, pero jamás pensó que él correspondiera esos sentimientos que había olvidado.

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Por su parte, Ichigo, había dejado a su madre con sus cosas, y se había dedicado a salir al jardín, se había sentado debajo de un gran árbol y comenzó a pensar en todo lo que su madre le había dicho. Y sin querer, sus pensamientos viajaron a su infancia, y recordó la primera vez que vio a Rukia, sintió tanta pena por esa pequeña muchacha abandonada. Pero esos ojos, siempre le habían gustado. Mientras crecía no se parecía a ninguna chica que él conociese, y siempre que pudo la defendió ante otros niños mucho más crueles. Pero cuando tuvo que partir para su enseñanza militar, la echó de menos, pero fue un sentimiento que pasó con el tiempo de no verla, jamás estaba en vacaciones y él poco a poco se fue olvidando de ella. Hasta el día que la volvió a ver, es como si no hubiese crecido ni un ápice. Y le gustaba. ¿Le conocían sus padres mejor de lo que él pensaba? Quería a la enana cabezona, y el poco tiempo que había pasado con ella fue como un flechazo directo. Cuando volviera se lo haría saber.

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¿Qué calle era esa? Estaba tan perdida en sus pensamientos que no reconocía ese lugar. Miró izquierda y derecha, no reconocía nada, pero en ese momento, alguien la llamó desde una ventana muy sucia. Era el reiatsu de un shinigami. Y sin saber porqué entró.

-¿Rukia? –el chico se quedó blanco ¿era ella a quien debía ver?

-¿Renji?

Cuando la pequeña Rukia nació, y durante el poco tiempo que pasó en la Sociedad de Almas, había un niño travieso que jugaba con ella sin importarle nada. Él había nacido en el Rukongai, la zona más pobre del Seretei, y le importaban pocos los clasismos. Con el tiempo, mientras Rukia pasaba algún tiempo con Hisana, sobre todo los primeros años, iba a verla a escondidas, hasta que la hermana de la chica los pilló y decidió que estaba bien que se vieran. Pero él entró en la Academia de Shinigamis y perdieron su contacto totalmente.

-Sigues igual –sonrió el pelirrojo.

-Tu no ¿qué demonios te has hecho en las cejas?

-Siéntate –le dijo algo avergonzado.- Ahora soy Teniente, trátame con respeto.

-Si admiten a alguien como tú de Teniente debe estar hundiéndose la Sociedad de Almas –sonrió.- ¿Qué haces aquí?

-Ah –Renji se dio cuenta que su encuentro había sido fortuito.- Tengo que encontrarme con un subordinado, una información para el Capitán Kuchiki.

-¿Nii-sama es tu Capitán?

-Si.

-¿Por qué yo no sabía nada?

-Fue hace poco, quería decírtelo yo en persona cuando fueras a ver a Hisana-sama.

-Me alegro por ti Renji, mucho.

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Cuando Inoue salió de marear a los dependientes de las tiendas, fue al centro de reunión, donde estaban todos menos Rukia ¿dónde se había metido? Decidieron esperarla un poco, pero nada.

-¿Le habrá pasado algo? –preguntó Yuzu algo asustada.

-Rukia-chan sabe cuidarse sola –le contestó su hermana.

-Pero hace ya media hora que la estamos esperando –la pelirroja estaba más que asustada.- Quizás deberíamos buscarla.

-Sabe cuidarse sola –contradijo el Quincy .

Pero para cuando Yuzu fue a replicarle, Rukia aparecía jadeante por la calle. Sonriente, eso asombró un poco a quienes la conocían mejor. Se disculpó rápidamente, sin dar ninguna explicación. Salvo a Inoue cuando iban ya de camino a casa.

-Me encontré con Renji –sonrió.- Hacía tanto tiempo que no lo veía.

-¿Quién es? –la pelirroja pensó que quizás Rukia sintiera más que amistad por él, estaba en una etapa casamentera.

-Un chico que conozco desde hace mucho, y ahora es Teniente –dijo orgullosa.

-¿Un shinigami?

-Si, y se me pasó el tiempo volando mientras hablaba con él.

-Comprendo, Kuchiki-san –sonrió.- Comprendo.

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-Al fin estás solo –dijo una voz femenina desde la mesa de al lado.

-¿Qué?

-Tuve que esperar a que se marchara para poder hablar contigo, veo que ya conoces a Rukia.

Una mujer muy bella, se apareció ante los ojos de Renji.

-Shounin Yourichi –se presentó.- Yo soy con quien habías quedado.

-Lo siento, yo no…

-No importa –sonrió.- Esto es lo que tengo que darte –le entregó un sobre que al parecer llevaban papeles.- Sobra decir que no debes abrirlo.

-Claro.

-Déjalo en la mansión Kuchiki, no en tu escuadrón ¿comprendes?

Renji se sintió extraño, pero aún así asintió con la cabeza y acto seguido se marchó, era como si estar cerca de esa mujer no le gustara. Había algo en ella que le decía que esta absurda misión, para ser la primera fuera del Seretei como Teniente, no era normal.

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¡Por fin aparece Renji! ¿Qué tendrá que ver Yourichi en todo esto? ¡Que capítulo más corto! Bueno, el siguiente será más largo, y saldrá igual de rápido.

Y en el siguiente…

VII. Y dime si…

"-¿Quedarme? ¿Cuándo? ¿Ahora?

-Ahora, luego, no importa –estaba algo ofuscado con la conversación.

-Creo que querría estar junto a mi hermana, la echo mucho de menos.

-Lo comprendo.

-Pero si me caso contigo no lo haría –sonrió, y siguió diciendo en voz baja:- te echaría más de menos a ti."