VIII. Sayonara, Kurosaki-kun.

Rukia no pudo acercarse más a Orihime, Tatsuki se lo impedía, y no había piedad con ella. Fue triste, pero la chica pensó que lo mejor que podía hacer era darle tiempo. Así que miró a Ichigo, algo le pasaba, tenía cara de estar enfadado, pero no era eso lo que le llamaba la atención sino su mirada. Aunque no lo supieran se conocían mejor de lo que pensaban.

-¿Qué te ocurre? –le dijo disimuladamente, ambos estaban de pie, mientras la mayoría estaba sentada.

-Nada.

-Algo te pasa –le cogió por la mano y tras varios cuchicheos más, se lo llevó todo lo disimuladamente posible a la parte de atrás de la gran casa.

-¿Qué haces?

-No quiero algo así, no quiero que me mientas ¿qué te pasa?

-¿Y a ti?

-Nada…

-¿Y tú eres la que no quieres mentiras?

-Esta bien –Rukia dudaba, ¿y si al contarle lo de Orihime resultaba el final de todo eso? Pero no quería más mentiras.- Estoy un poco mal por Inoue.

-¿Qué le pasa? ¿se siente mal?

-No, ella… tenía esperanzas en casarse contigo.

-¿Qué? ¿conmigo? –se señaló a sí mismo algo asombrado.

-Si, y claro, yo debí haberle dicho algo, pero no encontré el momento y ahora esta decepcionada por partida doble.

-No te preocupes, lo acabará entendiendo.

-¿Y tú? ¿qué te pasa a ti?

-La gente me ha enfadado.

-¿Por qué?

-Todos me daban la enhorabuena, pero… -no quería hacerle daño a Rukia, aún así:- por la espalda criticaban mi elección.

-¿A mi?

-Si.

-Comprendo, estás a tiempo…

-Son idiotas, no te conocen.

Y acto seguido la atrajo hacia él.

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-Inoue-san ¿qué te pasa? –preguntó el quincy.

-Nada, estoy bien –sonrió disimulando.

-¿Por qué estas sentada tan lejos de los demás?

-Quería un poco de soledad, tanta gente me abruma, y le pedí a Tatsuki que me dejase estar.

-Perdona, ya me voy…

-No, Ishida-kun ¿sólo venías para eso? –en el fondo necesitaba hablar con alguien más, alguien que no supiera qué estaba pasando.

-Yo, tras escuchar lo que dijo Kurosaki-san… he estado pensando en una cosa –tragó saliva.- ¿Con quien decías que ibas a casarte pronto Inoue-san?

-Eso ya no importa –miró al suelo con lágrimas en los ojos.

-Creo que no es el mejor momento para hablar contigo de esto –comprendió rápidamente que era Ichigo e hizo amago de levantarse.

-No, Ishida-kun –le sonrió mientras una lágrima le caía por la cara.- No es lo que piensas, aún así preferiría no hablar de eso.

-Claro –el chico se volvió a sentar.

-Has sido muy amable conmigo todo este tiempo, gracias Ishida-kun, ahora mismo tengo claro quienes son mis amigos.

-¿Amigos? ¿Yo…?

-¿Qué ocurre Ishida-kun?

-No importa, lo hablaremos en otro momento –sabía que partiría pronto a su casa, y se había propuesto como fecha límite ese día, pero parecía que no se iba a cumplir.

-Por favor, dímelo.

-Inoue yo, desde hace tiempo…

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Yourichi había llegado muy tarde al espectáculo de Kurosaki Isshin, ya que había tenido que ir a una de las Casas Nobles del Seretei a hablar de asuntos, para ella, triviales, pero bastante bien pagados. Así que cuando le contaron la buena nueva, y la sutil manera de anunciarlo, quiso ir corriendo a ver a los dos afortunados. Para ella, que no sentía mucho afecto por nada, Ichigo era como crío malcriado, y Rukia una pequeña niña enfadada con el mundo. Le encantaba que estuvieran juntos.

Pero cómo no quería ir sola cogió a Kisuke del brazo y fue a buscar el reiatsu de los dos chicos. Que sin lugar a dudas estaban detrás de la casa. Pero cuando llegó vio una escena que cambiaba todo. Más aún que el anuncio inesperado.

-Ichigo es un buen chico, Hisana, me parece una buena opción para Rukia.

-Pero es humano, necesito un candidato rápido, sino tendrá que pasar su vida allí. ¿Estás segura que Rukia no es feliz?

-No del todo, pero siempre lleva ese halo de melancolía… Y tras conocer la noticia estaba algo más animada, pero creo que tenía miedo a estar sola, siempre ha temido lo mismo. Ayudo a Kisuke con su entrenamiento, se de lo que hablo.

-Entonces no se hable más, buscaré y encontraré a alguien rápido.

-¿Y no has pensado en el Teniente que mandaste la última vez?

-¿Renji-kun?

-Si, cuando fue a verme antes vio a Rukia, y parecían estar muy bien juntos.

-¿Tú crees?

-Tantea las cosas, esta tarde es la boda de Karin, pero mañana por la tarde llevaré a Rukia a pasear a caballo cerca del lago, asegúrate que Renji esté allí y los dejaré solos.

-¿Pero cómo…?

-Eso ya no es cosa mía, si ocurriera algo, te mandaría misiva con él ¿de acuerdo?

-Claro.

-Ahora debo irme, o llegaré tarde.

-Gracias.

-No hay de qué.

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Ichigo tenía a Rukia aprisionada contra la pared, no en contra de su voluntad ni mucho menos, sino más bien por cuenta propia. Tenía una mano enredada en su pelo y la otra en su cintura, mientras la chica le sujetaba la espalda. Todo eso, como no, mientras se besaban con demasiadas ganas.

-¡Vaya noche de bodas que van a tener estos dos! –al comentario de Urahara, los dos se separaron violentamente.

-¡Ya te digo Kisuke! –Yourichi veía las cosas cambiar a pasos agigantados, el paseo del día siguiente con Rukia le vendría de perlas.

-Bueno, bueno, chicos, debemos volver a la fiesta ¿no creéis?

-Si.

-En fin –el hombre del sombrero raro, cogió a Ichigo por el hombro y se lo llevó cuchicheando lentamente, mientras se acercaban al jolgorio.

-Rukia.

-¿Si? –estaba algo avergonzada y acalorada.

-Mañana por la tarde ¿querrías salir a montar a caballo conmigo? Hace tiempo que no hablamos.

-Claro, Yourichi-san –sonrió.- ¿Ocurre algo?

-No, nada, sólo quería hablar un poco contigo.

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-Ishida-kun, yo… -cuando iba a contestarle vio claramente como Ichigo y Rukia se desquitaban de sus acompañantes y se ponían a hablar animadamente juntos, mientras otras personas se acercaban. Fue superior a ella.- Creo que sería genial.

-¿De verdad?

-Pero yo volveré a mis tierras pronto.

-Iré contigo.

-No te preocupes –le cogió una mano, sabiendo que no le miraba a él justamente- si algo no va bien o te arrepientes, volverás tan pronto como quieras. Confía en mi.

-No querré volver –le dijo mirándolo a los ojos.

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Tras la boda, Rukia estaba molida, se acababa de poner su pijama y se estiraba poco a poco, pronto se quedaría dormida. Su habitación era grande, tenia algunos libros en la mesa, sobre todo de Kidoh y a Sode no Shirayuki cerca de su cama. Pero sus estudios, en ese momento, le daban igual.

Con un sentimiento agrio y dulce a la vez, recordaba todo lo que acababa de pasar. Jamás pensó que Ichigo sería el hombre de su vida, siempre le había atraído ese muchacho mal peinado que tan sólo sonreía cuando su madre se acercaba, o una de sus hermanas hacía alguna tontería. Es más, siempre lo había mirado desde una barrera, cómo si él fuera de un mundo y ella de otro, aunque eso era técnicamente así, ahora se había disuelto.

Le encantaba cuando sonreía, pero con ella era distinto, aquella tarde, en el rato que estuvieron a solas, le logró sonsacar varías sonrisas, pero nada que ver con las de su madre. Esas eran suyas. Ese humano insolente había hecho que ella perdiera el control, de todo.

Pero luego se acordó de su amiga, de Inoue, sabía que le había hecho daño, y debía disculparse. Quizás con el tiempo podría entenderla, y sobre todo comprender que el Ichigo que ella cree que existe, sólo está en su imaginación, él no era un caballero con blanca armadura, no, era un cabezón y un insolente. Debía hablar con ella cuanto antes.

Así que sigilosamente, bajó las escaleras de su cuarto, que daban al pasillo del resto de dormitorios.

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Ichigo aún no se había acostado, llevaba las mismas ropas que había sudado todo el día entero. Miraba por la ventana sin fijarse en nada, con los brazos cruzados y la mirada perdida. Se decía a sí mismo que quizás era algo impulsivo, pero por ahora todo iba bien. ¿Quién le iba a decir a él que esa pequeña marimandona de Rukia iba a resultar ser así? Desde pequeños la había visto como una mujer de hielo, no se acercaba mucho a nadie, pero él siempre lograba sacarle de sus casillas, era la única manera que tenía de hablar con ella. Siempre le había llamado la atención, era tan distinta a los demás.

Y ahora, se veía envuelto en una marabunta de locuras que él mismo se había forjado gracias a su impulsividad. Pero parecía que todo iba bien, le gustaba. Sí, todo lo que estaba ocurriendo, parecía un buen presagio de futuro.

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Cuando Rukia se acercó a la habitación de su amiga, pudo observar por la rendija de la puerta como una pequeña luz, seguramente de un candil, se asomaba. Así que, llamó suavemente con los nudillos y se decidió a entrar.

Para su asombro, Orihime no estaba llorando, sino empaquetando.

-¿Qué haces Inoue? –la pelirroja la miró con los ojos rojos y con menos vida de lo normal.

-Kuchiki-san… -si, estaba furiosa con ella, pero su naturaleza no era la de chillar, sino la de reprimirse.- Yo me voy a ir con Ishida-kun.

-¿Qué? No puedes marcharte, yo lo siento, nunca quise que te enteraras así…

-Ya es algo tarde ¿no crees?

-Si, pero déjame explicarte.

Inoue no quería explicaciones, pero sabía que tarde o temprano las tendría, así que se sentó en la cama y espero pacientemente las excusas de la shinigami.

-Nii-sama quiere que me case, al parecer soy un estorbo para él, o algo parecido, y los Kurosaki pensaron que Ichigo podría ser el candidato.

-¿Y tú? ¿Qué pensaste?

-Que estaba bien –agachó la cabeza.

-¿Por qué no te negaste? ¡Tú no quieres a Kurosaki-kun cómo yo! Tan sólo lo estás utilizando para no quedarte sola –en ese momento, Orihime creyó que marcharse era un error, sabiendo eso, podría hacer entrar en razón a Ichigo, y así apartarlo de las garras de alguien tan egoísta como Rukia.

-No, Inoue –la miró decidida.- Es cierto, mi primer impulso fue el de no quedarme sola, y creo que Ichigo tampoco se lo pensó muy bien cuando aceptó –se arrodilló y se puso frente a su amiga, que estaba sentada en la cama.- Pero creo que siempre he sentido eso por él, no soy como tú, y lo sabes. Me cuesta hacer esto, me cuesta decírtelo. Pero Inoue, si fuera tan sólo por el hecho de no estar sola, jamás hubiese aceptado esta situación.

-Entonces ¿él también… siente eso?

-Si, definitivamente.

-No quiero estar aquí, Kuchiki-san –se encogió de hombros y se cruzó las manos como si se quisiera abrazar, desviando su mirada de la morena.- Me ha dolido que me mintieras, además…

-No podía decir nada, los Kurosaki me lo prohibieron, al menos hasta que pasara la boda de Karin.

-No es una excusa, soy tu amiga.

-Tienes razón, no quería decírtelo.

-Necesito seguir empacando, Kuchiki-san.

-¿Estás segura de esto?

-Ahora mucho más, mañana se lo diré a Isshin-san y a Masaki-san.

-Haz lo que veas conveniente.

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Siento la tardanza, se me fue la cabeza completamente este fin de semana. De veras lo siento, pero en fin, esto llega a su fin pronto, y os pondré un peque avance del fic de verdad.

Ahora ¿todo parece mejor para Ichigo y para Rukia? Quien sabe…

En el siguiente capítulo…

IX. Adiós, días dorados.

"-Se rumorea por el Clan Kuchiki que vas a casarte.

-Así es.

-¿Te parece bien?

-Si, es un buen chico.

-¿Sólo eso? Rukia, -se puso serio- espero que sea algo más que "un buen chico" debe cuidarte, eres una Kuchiki…"