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X. Planes de mujeres.

Cuando a Rukia le llegó la noticia, fue como un rayo de luz en un día nublado. Desde que Inoue se fue, y hacía ya una semana, se sentía algo sola. Al no estar su amiga, Tatsuki no aparecía. Karin se había ido con Chad, y Masaki había acaparado a su hijo, que era el único que ahora le hacía caso. Así que sólo le quedaba el loco de su sensei y Yuzu, pues Yourichi nunca estaba, siempre andaba perdida. E Isshin, bueno él era algo diferente a los demás.

La visita de su hermana estaba planeada antes de ese tiempo, pero al perecer su marido hizo postergar la visita, sin ninguna razón aparente. Así que, el día señalado, Rukia se había puesto el vestido que más le gustaba y esperaba ansiosa en el ventanal del salón, la visita de su hermana.

-¿Todavía esperando? –le dijo Ichigo que le había pedido un tiempo a su madre, mientras se puso a su lado a mirar también.

-Si, tarda mucho ¿no crees? Es casi hora de comer.

-¿Llevas aquí desde esta mañana?

-Si.

Desde que Ichigo se enteró de la verdadera razón de la expulsión de Rukia sentía poco afecto o nada hacía Kuchiki Byakuya, pues él recordaba perfectamente el día que la chica llegó a su casa. Recordaba a su hermana, tan afligida, pero el hombre que estaba a su lado, no lo sentía nada en absoluto.

Y ahora le odiaba. Aunque en su interior agradecía que hubiese buscado su casa a Rukia y no otro lugar.

Se quedaron callados, como si no tuvieran nada que decirse. Ichigo sabía perfectamente, por su madre, que Hisana vendría única y exclusivamente a conocerlo. Pues nunca había visitado su casa, después de dejar a su hermana. Y se sentía algo nervioso por la visita. Era cómo si fueran a hacerle una inspección, y no le gustaba nada.

Poco más tarde, apareció una preciosa calesa con tonos plateados y azules, que Rukia reconoció como la de la familia Kuchiki por su emblema. Jamás la había visto antes, pero al ver salir de ella a Byakuya y a su hermana, supo que no se había equivocado en absoluto.

Salió corriendo a abrazar a Hisana.

-¿Qué modales son esos Rukia? –preguntó el cabeza del Clan Kuchiki.

-Lo siento nii-sama.

Esa breve conversación hizo que a Ichigo le hirviera la sangre ¿quién se creía que era ese noble para hablarle así?

-Tranquilo, está bien, hacía tiempo que no nos veíamos –contestó su mujer cándidamente, sin dejar a su pequeña hermana.

-Hisana-onee-sama –así le llamaba cuando Byakuya estaba cerca.- Vamos dentro y te presentaré a todos.

Las presentaciones eran absurdas, todo el mundo sabía quien cada uno, pero ella debía presentar a Ichigo en condiciones.

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Para Ichigo fue horrible, ver cómo esos dos nobles encorsetados le hacían una revisión de arriaba abajo. Y su ceño, se frunció más si era posible.

-Rukia, ¿podríamos hablar a solas?

-Es hora de comer –indicó Masaki.

-Por favor, sólo unos minutos.

-Claro.

Ambas hermanas subieron a la habitación de Rukia, la mayor se acomodó sentada en la cama y la pequeña cogió la silla de su escritorio, mucho más incómoda, y ambas sonrieron.

-¿Eres feliz, Rukia?

-Si, onee-san, aunque siempre puede ir todo mejor ¿no?

-En que sentido –Hisana comenzó a creer que su opción de un shinigami no eran tan mala.

-Una amiga, Inoue Orihime, se fue enfadada conmigo.

-¿Pero ella no era muy amiga tuya? –Rukia le había hablado bastante.

-Si, pero, es algo largo ¿tenemos tiempo?

Su hermana asintió con la cabeza, sabiendo que nadie las interrumpiría. Rukia le contó todo lo que había pasado desde el principio hasta el final, sin esconder nada. No fue un buen trago para ella, sabía todo lo que había hecho mal, pero su hermana iba a hacer de juez imparcial en este asunto.

-No estuvo bien que se lo ocultaras –recapacitó,- pero, debías querer mucho este compromiso si lo mantuviste en secreto para que nadie lo estropeara ¿no se cierto?

-Si.

-Comprendo –pensó que contarle ahora todos sus planes a su hermana, era absurdo, y se los guardó para ella.- Me alegro mucho Rukia.

-¿Vendrás a la boda?

-No creo.

-¿Por qué?

-Dos viajes seguidos no serán buenos para mi salud, el médico no lo aprobaría. ¿Y si os casáis en la casita donde vamos todos los inviernos?

-No puedo llevar humanos a las dependencias del Clan Kuchiki.

-Es cierto, no lo aceptarían.

Se quedó sorprendida, su pequeña hermana había pensado más sensatamente que ella misma, y sin querer, se dio cuenta de lo absurdamente egoísta que había sido ¿cómo podía ella cambiar la vida de Rukia sin su consentimiento? ¿Tanto se había acostumbrado a ser de una familia noble que ni tan siquiera podía pensar un poco la chica que tenía delante?

-Aún así, pospondré la boda hasta que puedas venir –le dijo con esperanza en los ojos.

Hisana sonrió. Rukia siempre sabía sorprenderla. Así que haciendo gala del último resquicio de nobleza que le iba a quedar para con su hermana, pensó rápidamente en algo qué hacer. Sabía que su marido jamás aprobaría algo así, pero ¿y si le tendiera una especie de trampa? Algo a lo que no pudiera decir que no.

-Rukia, corre y llama a Masaki-san –cuando su hermana iba a preguntar, la interrumpió.- No hagas preguntas y ve.

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Masaki estaba pasando uno de los peores momentos de su vida, no le gustaba nada ese tal Kuchiki Byakuya, y como les miraba a todos por encima del hombro. Su hijo estaba igual, con los brazos cruzados y ganas de, seguramente, pegarle una buena paliza. Yuzu parecía en su mundo, y el único interesado era Isshin, y su única razón era porque le trataba como a su igual.

Cuando vio bajar a Rukia se iluminó el rostro, pronto comerían y se irían. Lo sentía mucho por Hisana-san, pero ella no podía soportar esa situación. Pero cuando la chica morena la instó a subir, sus esperanzas se desvanecieron, ahora querían algo de ella, y no sabía bien qué.

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En el momento que Rukia escuchó salir de la boca de su hermana "Déjanos solas, tenemos que hablar" se temió lo peor, y no porqué la hubieran excluido de mala manera, como si fuera una niña, sino porqué no sabía que estaba ocurriendo y eso le molestaba.

Al bajar se sentó al lado de Ichigo, pero el chico pronto se levantó y ambos fueron cerca de la ventana a hablar, dejando a la pobre Yuzu con los dos hombres hablando de sus cosas. En el fondo les dio lástima.

-Me han dicho que baje –dijo ofuscada- y no se qué esta pasando allí arriba.

-¿Qué podrán hacer las dos? No me gusta esto Rukia.

-Ni a mi.

Momentos antes de que su madre bajara por las escaleras, Ichigo estaba planeando una fuga en toda regla, cogería a Rukia y se irían para no ver más al noble encorsetado. Pero su madre bajaba sonriente hablando con quien pronto, muy pronto, sería su cuñada. Y eso le causó tal curiosidad que sus planes de fugarse con su prometida se le olvidaron.

-Rukia-chan, Ichigo –les llamó la madre del pelirrojo.- Debo hablar con vosotros un momento.

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Una vez que Masaki hubo escuchado el plan de Hisana, le gustó más de lo que pensaba. Pronto llegaron a la conclusión que sería lo más correcto que la noble hablase con los maridos, y Yuzu. Pues Masaki no estaba dispuesta a lidiar con Byakuya, y sabía el buen talante de Isshin y que pronto comprendería lo bueno de esa opción.

Ella se encargaría de los chicos, y así lo hizo. Los llevo a los jardines y los sentó en un banco.

-Tu hermana ha tenido una idea maravillosa, Rukia-chan –sonrió.- Pero no la podemos llevar a cabo si vosotros dos no aceptáis.

-¿Qué ocurre?

-Queremos que os cacéis esta tarde –dijo sin inmutarse, y antes de que pudieran reaccionar siguió hablando:- así, Rukia-chan, tu hermana podrá asistir a la boda, y tu familia también estará.

Rukia sonrió, pero pronto vio dificultades.

-¿Y tus invitados Masaki-san? Te has tomado muchas molestias…

Lo que la chica no sabía es que casi todos los invitados habían declinado amablemente la invitación, hasta el propio Ishida. Y los pocos que no, esperaba que lo hicieran pronto, y mandarles una nota de agradecimiento y cambio de planes no le costaría mucho tiempo. Una hora a lo sumo. Lo único que sentía era que Karin no estuviera, pero sabía que no le importaría demasiado.

-No hay problema, escribiré una carta explicando la situación.

-Van a pensar que la he dejado preñada… -bufó Ichigo cruzándose de brazos. Masaki no pudo más que reírse.

-¿Y eso qué más te da? –replicó Rukia.- ¡Qué piensen lo que quieran!

-Bueno, -pensó que era mejor continuar.- Ambos tenéis los trajes y cómo somos tan pocos nuestro propio cocinero puede hacernos una buena cena, decorar el jardín nos tomará poco tiempo a Yuzu y a mi, y creo que en pocas horas podemos celebrar el enlace ¿qué decís?

Ichigo miró a Rukia, tenía un brillo especial en los ojos. Lo comprendía, si había alguien en el mundo que quisiera incondicionalmente, esa era a su hermana, sin importarle nada.

-Por mi está bien –contestó el chico.

-¡Claro! Pero yo también puedo ayudar.

-¡Muy bien! ¡Manos a la obra!

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Bueno, este debe ser el penúltimo capi, pues al final me marcho antes, el siguiente debe ser el último sin dilación. Pero bueno, como este era una intro, creo que he llegado al punto que quería, en el próximo os comentaré un poco más sobre el siguiente fic.

Y ahora, en el siguiente…

XI. ¿Existen los malos augurios?

"-¡Ichigo! ¿Qué pasa?

-No querrás saberlo –dejó a su padre en el suelo y se fue con ella.

-Anda dime –sonrió.

-No –se cruzó de brazos.- No quiero hablar de eso.

-Bueno, mi hermana quiere verte."