XI. ¿Existen los malos augurios?
Para Accarias, convertirse en Augur fue toda una molestia. Él querría haber sido guerrero o político, pero nunca jamás religioso. Pero su tío, el famoso Indo, el Augur murió sin tener hijos. Y él como sobrino más cercano, tuvo que desempeñar el cargo desde muy pequeño.
Lo odiaba ¿en qué retorcido mundo vivía si para saber si algo era propicio tenía que matar a un pobre animal y ver sus tripas? Pero sabía que era necesario, y entre sus conciudadanos era, además, muy respetado.
Ser Augur, significaba ver si las cuestiones importantes se podían realizar, es decir, saber si habría buena fortuna en los días venideros. A él llegaban tanto nobles como campesinos para saber si su comercio se podría abrir, o su matrimonio iba a ser próspero. Para ello tuvo que estudiar durante años, cosas aburridísimas que no le gustaban, pero al final, pudo llegar a ser muy bueno en su trabajo. Con el pelo largo, y una barba bien cuidada, el traje típico banco sin ningún adorno, hacían de él que pareciera poco más que un desarrapado, sino fuera porqué debía llevar un sombrero característico, y todo el mundo podía saber quién era en esa ciudad el Augur.
Aquella tarde, había terminado pronto de comer, y su mujer Sehia, le había pedido azarosamente que se quedara con ella, embarazada como estaba de cinco meses, él era incapaz de decirle que no. Ya que sus predicciones –hechas por la insistencia de su mujer- le habían dicho que su primer hijo sería varón, y eso le había alegrado como nada en años. Y al no haber ningún evento planeado, creyó que nadie pensaría mal de él, por una tarde libre que se tomaba al año, pues ser Augur era un trabajo a tiempo completo.
Pero ni prediciendo el futuro, pudo Accarias ver lo que se le avecinaba esa misma tarde. Mientras mantenía con su esposa una animada conversación sobre el nombre de su hijo, alguien llamó a su puerta ajetreadamente.
-Ya voy, ya voy –dijo el hombre que se negó a que Sehia se levantara- las prisas no son buenas.
-Buenas tardes, Accarias, el Augur.
-Buenas tardes, Yuzu de la familia Kurosaki ¿qué te trae por aquí?
-Necesitamos predicciones y su presencia en mi casa esta tarde, mi hermano se casa.
-Pero… -el hombre era muy ordenado y tenía todo bien apuntado, en su cabeza- el enlace no es…
-¡No! ¡no! Debemos celebrar esta tarde la boda.
-¿A qué viene tal urgencia?
-La familia de la novia esta aquí y no podrán estar para la otra fecha.
-Una total contrariedad, está bien ¿a qué hora debo estar?
-¿En una hora?
-Allí estaré.
Cuando cerró la puerta, Accarias suspiró, ahora debía encontrar un conejo de tez completamente blanca en una hora, ya sabía que iba a cenar.
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-Los augurios han sido nefastos, Masaki-san, no debería celebrarse hoy una boda –dijo con tristeza, estaban solos los dos en el patio trasero, pues los augurios, según la tradición han de hacerse a solas. Y después sólo quiso hablar con la señora de la casa.
-¡Tonterías! Se van a casar.
-Pero no es buena idea, mire este hígado, todo apunta…
-¡Quite eso de mi cara! No hay vuelta a atrás, sino los podemos casar, Rukia-chan estará triste, así que los vamos a casar, así que vaya preparándose, que la ceremonia será en veinte minutos ¿tiempo suficiente?
-Claro.
No iba a discutir más con aquella mujer, él ya había avisado, malos augurios era algo que se podía pasar por algo con una buena limpieza a los novios. Pero nefastos… no había manera de arreglar eso, no al menos ese día. Deberían casarse otro día, pero él no era un apasionado de su trabajo, y sabía que haber avisado, era suficiente para quitarse el mal augurio de su cabeza.
De ella era la responsabilidad.
Absolutamente.
En cambio, la boda fue normal, algo corto, familiar y sin pretensiones. Accarias, sabía que Masaki-san ya estaría tranquila, pero lo malo vendría después. Esa noche, cuando llegase a su casa y se lo contase a su mujer, ella se pondría hecha una loca limpiando su casa, pues pensaba que su marido estaba casi maldito.
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-No llores más, por favor –le dijo Rukia a su hermana.
-No lo puedo remediar, estoy muy sensible últimamente –sonrió y se enjuagó las lágrimas.- Pero ya está, quiero hablar con Ichigo.
-Claro, iré a buscarlo.
Y Rukia lo encontró aplastando la cabeza de su padre en el suelo mientras le gritaba algo totalmente incoherente. Su madre había pasado completamente de ellos y junto con Yuzu llevaba a Byakuya hacía el salón.
-¡Ichigo! ¿Qué pasa?
-No querrás saberlo –dejó a su padre en el suelo y se fue con ella.
-Anda dime –sonrió.
-No –se cruzó de brazos.- No quiero hablar de eso.
-Bueno, mi hermana quiere verte.
-¿A mi?
-Ve ya, no seas pesado –cuando vio a Ichigo ir con su hermana, todavía sentada en el jardín, fue a ver a Isshin. Y mientras ayudaba a levantarlo escuchó algo extraño.
-¡Hijo mío! ¡esos consejos eran los mejores para tu noche de bodas!
Acto seguido le volvió a hundir la cara del hombre en el suelo.
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Ichigo se sentó sin muchas ganas al lado de Hisana. En el fondo, ya no había nada más que hacer y no le apetecía mucho ahora un sermón acerca de cómo tratar a Rukia. Pero bueno, no podía hacer más.
-Kurosaki Ichigo –le dijo lentamente- se lo que opinas de mi con tan sólo mirarte. –El chico se giró, eso le había pillado desprevenido.- Se que no te gusto, ni mi marido tampoco.
-Bueno… -comenzó a rascarse la cabeza de forma compulsiva.
-Y entiendo que creas que abandoné a Rukia, pero no fue así. El Seretei es un sitio muy distinto al que tú vives. Y no espero que un simple humano comprenda todo lo que tuve que pasar.
-Entonces –comenzó a decir enfadado- ¿para qué me has hecho venir?
-Tan sólo –dijo ella muy tranquila- para hacerte saber que algún día se que las cosas cambiaran y Rukia podrá volver como una Kuchiki que es. En ese momento, Kurosaki Ichigo, espero que asumas bien tu papel.
Y acto seguido, sin dejar al chico contestar, se marchó. Sin especificar muy bien si su papel sería el de marido de una Kuchiki, o el del humano que una vez estuvo casado con ella. Pero le dio igual.
La cena fue tensa para Ichigo, pero ver a Rukia tan feliz le reconfortaba. Él sólo quería que el tiempo pasase volando y ver cómo la calesa de los Kuchiki se iba colina arriba camino al Seretei. Y eso no tardó en llegar.
Cuando todo estuvo a oscuras, y por fin Ichigo y Rukia pudieron estar solos en la habitación del chico, que ahora sería de los dos, por lo amplio de la misma. Fue entonces, cuando pudieron hablar de todo lo acaecido, hasta bien entrada la madrugada.
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Una semana después, Karin volvió, y con ella Chad. Trajeron noticias de Orihime, ella estaba feliz con los Quincy, pero ningún recado dio para Rukia. Tan sólo quiso que explicasen que todo iba bien, y que esperaba ir en un tiempo a visitar a quienes habían sido su familia. Tatsuki fue de visita fugaz una tarde, pero tan sólo habló con Ichigo, al parecer para explicarle el porqué de su desaparición.
Pronto las cosas comenzaron a tener un nuevo rumbo. Pero Rukia notó algo que no le gustaba en absoluto: Ichigo se aburría, muchísimo. Acostumbrado como estaba a otros menesteres, el mero hecho de estar en casa, entrenar de vez en cuando y pasear por el pueblo, era para él soporífero. Sabía que junto a ella era feliz, pero quizás tener casa propia hubiese sido mejor idea, pues tan sólo pasaban juntos las horas nocturnas y alguna robada para pasear.
Así, el día que Rukia comenzó a ponerse enferma, él palideció al recordar a su hermana, pensó en que podía tener la misma enfermedad. Pero cuando el médico salió anunciando que estaba embarazada, la vida dio un vuelco para el pelirrojo.
-¡Rukia! –entró como un loco en la habitación.
-¿Te lo ha dicho? –refunfuñó.
-¡Si! –la cogió y la levantó del suelo en un abrazo.
-Quería decírtelo yo.
-No pasa nada, pequeña, la alegría es la misma –sonrió.- ¿Qué más te ha dicho?
-Que debo descansar, y evitar ajetreos. Puedo pasear, pero no por lugares que me pueda caer. Y sobre la comida… realmente no me he enterado mucho, espero que Masaki-san sepa algo.
-Seguro.
Así, los pocos momentos de alegría a solas se convirtieron en momentos de alegría con sus parientes, pues todos entraron a galope a la habitación para felicitarlos.
-Isshin-san –le comentó Rukia en un momento que pudo aislarlo del resto.- ¿Podrías escribir a mi hermana? Yo no se como hacerle llegar nada.
-Claro –le acarició la cabeza.- Esta misma tarde sabrá la noticia.
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Pero el correo de vuelta, no lo llevaba un shinigami cualquiera, sino el propio Abarai Renji. Y eso sorprendió mucho a los asistentes. No quiso hablar con nadie que no fuera Kurosaki Isshin, tal y como le había pedido su propio Capitán. Una vez sentados en el despacho del mismo, y conocida la noticia, supo que su hijo debía ser el primero en saberla.
-Pasa Ichigo –le dijo- ¿conoces al Teniente Abarai?
-No –dijo secamente recordando las palabras de Rukia sobre él.
Las presentaciones fueron escuetas, y ambos muchachos pronto supieron que competían por algo invisible que ni ellos mismos conocían. Pero aunque era una situación tensa, debían escuchar lo que diría Isshin.
-Ichigo, la hermana de Rukia ha muerto.
-¿Qué?
-Si, al parecer murió hace tres días.
-Y Rukia en su estado… -comenzó a pensar en voz alta.
-Creo que no deberíamos decírselo –dijo su padre.
-¿Qué? ¡no! –replicó Ichigo.- ¿Cómo demonios voy a esconderle eso?
-No estaría bien, Kurosaki-san –replicó Renji sabiendo que poco o nada tenía que decir a todo esto.
-Creo que en su estado es lo mejor que podemos hacer, podría perder el niño.
-¿Rukia está embarazada? –preguntó Renji asombrado.
-¿No te ha dicho nada Byakuya? –preguntó Ichigo algo asombrado.
-No.
Lo que ellos no sabían es que Byakuya no había querido ni leer la nota de Isshin, tan sólo mandó a Renji a dar la noticia, él no quería saber nada del mundo.
Pero Ichigo sabía que Rukia era fuerte, y también que esconderle eso, sería como firmar su sentencia de muerte anticipada. Ella jamás se lo perdonaría. Así que mientras su padre informaba al resto de la familia, él fue quien se lo comentó a su esposa.
Ella no reaccionó.
Renji creyó que podría quedarse al menos esa noche, dudaba mucho que su Capitán fuera a echarle de menos. Pero también sabía que debía cuidar de su escuadrón. Pero no sirvió de mucho, ella se encerró y sólo dejó que Ichigo se quedara con ella.
-¿Cómo está? –le preguntó el Teniente, ya era media noche y nadie sabía nada de Rukia.
-No lo se –se encogió de hombros.- No quiere hablar conmigo, sólo está sentada mirando a la ventana.
-Ve con ella, no la dejes sola.
-Y haz que coma algo –su madre, estaba frente de ellos con una bandeja de comida.
-Lo intentaré.
Pero Rukia no comió esa noche, al día siguiente, y sólo por Ichigo y el niño, decidió comer algo más.
Cuando Ichigo la dejó durmiendo un escalofrío surco su espalda, en ese momento supo que cuando algo puede ir mal, irá peor. Y una voz en su interior, que hacía tiempo no escuchaba, le aseguró que sería así.
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Bueno, ya está, fin de la introducción. El próximo comenzará pasados dos años desde estos acontecimientos. Así que espero poder empezarlo cuando vuelva de vacaciones. Para todos aquellos que también se vayan que tengan felices vacaciones y para los que no, mucho ánimo.
Nos vemos pronto.
¡Mil gracias por seguir el fic!
