Capítulo 2: Conquistando a Michiru Kaioh.
Estaba aterrado, la voz de Michiru contando resonaba con fuerza en mi cabeza y lentamente un nudo espantoso iba formándose en mi estómago a causa de los nervios.
-Voy a forzar la puerta a la cuenta de tres si no sales…
¿Qué haría? Quería hundirme ahí mismo. De haber sido enano me hubiese arrojado al W.C. y felizmente hubiese viajado por el excusado, cualquier cosa con tal de salir de ese lío.
-Uno… - comencé a morder mi labio inferior con histeria – Dos… - hubiera gritado como un total enfermo de no ser que eso solo hubiera empeorado las cosas. Tenía que abrir y fingir algo antes de que ella contara hasta tres, pero vamos, solo tenía un segundo de tiempo y…- ¡Tres!
Sentí como iba a lanzarse contra la puerta, así que para evitar esa escena de Michiru la rescatadora rompe-puertas preferí abrir yo mismo. Mala elección. Michiru, que había tomado algo de impulso para forzar la puerta con más facilidad, aterrizó contra mi cuerpo cuando se encontró con la puerta abierta. Mis mejillas ardieron más que nunca y no fui capaz de hacer nada, mi cuerpo se fue hacia atrás con ella contra mi y sentí el duro golpe de la pared al chocar mi espalda contra esta. Cerré los ojos fuertemente cuando esto pasó y después los abrí con temor. Ahí estaba, con las mejillas también rojas, el cabello algo alborotado y notablemente impresionada. No sabía qué decir así que opté por lo primero que se me pasó por la cabeza.
-¿Estás cómoda? – enseguida se apartó de mi y ordenó tanto su cabello como sus ropas, sin mirarme directamente.
Pensé que no diría nada y que todo sería mucho más fácil de lo que había previsto, pero oh dios, que equivocado estaba.
-¿Qué haces aquí?... – fue lo primero que dijo. No pude responder, aun no tenía ninguna mentira planeada. Pronto ella pareció asustada, comenzó a mirar hacia los alrededores del baño y nuevamente me miró – Esto es un baño de mujeres… tú…
Sentí terror, por un momento me creí descubierto. Intenté explicarme.
-No es lo que parece, verás, yo solo… - ella me interrumpió.
-No, silencio… por favor. – volvió a mirar hacia todos lados y por primera vez creo que la sentí histérica - ¿Lo tenías todo planeado?
-¿Qué? – no entendía de qué me hablaba.
-Me viste pasar por el pasillo, corriste a esconderte aquí y armaste un escándalo para atraerme… ¿Cuál es tu propósito Haruka? – por alguna razón sonreí al escuchar mi nombre con su voz, estaba extrañándolo demasiado – Si crees que no me defenderé de ti como en la heladería estás muy equivocado…
-¿Ah?... Oh, mierda. – ahora me creía un pervertido de primera. Admito que me lo merezco – Michiru, te juro que no sabía que vendrías. No pienso hacerte nada, no soy un depravado, aunque no me creas… yo…
Pero ella comenzó a alejarse, al parecer no quería saber nada más de mí. Bastante normal su elección. Pero recordó algo, o eso creo al menos, y se volteó de nuevo hacia mí.
-Si es cierto lo que dices… Si realmente no me mientes… ¿Entonces qué haces aquí?
Horrible pregunta. Estaba tan nervioso que ninguna idea pasó por mi cabeza y lo único que pude hacer fue balbucear incoherencias.
-Lo supuse. – fue lo único que dijo ante mis balbuceos, y sin más se marchó.
Suspiré resignado y caminé lentamente y con la cabeza gacha hasta la salida del baño de mujeres. Seguí caminando de la misma forma hasta ver en el suelo un par de pies, así que miré hacia arriba antes de chocar contra alguien. No se si sonreí o puse cara de idiota, pero ahí estaba ella con una extraña expresión de arrepentimiento.
-Actué mal al criticarte así, Haruka. – no dije nada. – Pero… ciertamente lo que pasó en la heladería fue…
-Un completo error de mi parte. Lo lamento demasiado. – me apresuré a decir. Hubo un momento en que ninguno de los dos articuló palabra, lo cual me hizo sentir incómodo. Tenía que romper el hielo y mejorar todo este asunto. – Yo… creo que arruiné todo, nuestra amistad. Haría lo que fuera con tal de remediarlo.
Ella sonrió y yo también, luego de verla hacerlo.
Regresé a casa unas horas después con una radiante sonrisa en el rostro. Me metí a la tina y cerré los ojos disfrutando del aroma de los aceites minerales que había vertido en el agua. Recordé cada momento después de que nos reconciliamos con Michiru. Su sonrisa, la forma en que ladeó ligeramente la cabeza hacia la izquierda, como me tendió la mano, como estreché su mano… Tan suave… Otra vez lo estaba haciendo. Mi mano derecha se perdía entre mis piernas e incontables suspiros y gemidos bajos salían de mi boca. Deseaba intensamente que en vez de mi mano fuese la de ella, suave y delicada, la que me tocase de esa forma. De tanto imaginar aquello sucedió lo inevitable, llegué al orgasmo pensando en algo que dio vueltas en mi cabeza durante toda la noche: Conquistar a Michiru Kaioh.
Me desperté a las seis de la madrugada y a las siete ya iba camino a una florería. Compré un ramo de rosas blancas y rojas y seguí hasta el colegio. Llegué con veinte minutos de anticipo y me oculté tras un pilar de piedra que estaba fuera de la sala de Michiru. Primero llegó un chico que al pasar cerca del pilar me quedó mirando con una expresión de risa en el rostro. De seguro yo era el único "Romeo" en todo el colegio que se ocultaba en un pilar para regalar flores a una dama; pero me importó poco. Y ahí llegaba ella, impecable como siempre: uniforme liso y limpio, cabello hermoso, zapatos lustrados, era perfecta. Llegó al pilar y me tembló todo el cuerpo, tenía pensado dármelas de galán, sonreírle y decir alguna frase ridícula y cursi de esas que les gusta tanto a las chicas, pero en vez de eso…
-¿Para mi? – preguntó ella extrañada cuando estiré el brazo con el ramo en mi mano, mi cuerpo tieso y mis mejillas ardiendo.
-S-si… - dije acompañando mis palabras con un torpe movimiento de cabeza y una sonrisa forzada.
Michiru Tomó el ramo y lo acercó a su rostro hasta olerlo mientras cerraba los ojos, una hermosa escena para mí. Es increíble como uno parece despegar cuando está ante la persona que ama, todo es ella, todo de ella importa, la forma en que se mueve cuando respira, como abre lentamente los ojos, como pestañea… es demasiado, solo un enamorado me comprendería.
El resto del día en el colegio me la pasé despistado, juntándome con Michiru en los recreos y, para mi suerte, actuando con la normalidad de antes de habernos peleado.
Pasó una semana sin muchas novedades, excepto porque cada día le llevaba un regalo nuevo, ella sonreía y agradecía, pero no pasábamos a mayores, hasta que decidí jugarme el todo por el todo: la invité a ver una película romántica al cine.
Debo admitir que estaba sumamente aburrido, la película era un desastre, mucho drama, lágrimas y conflictos sumamente patéticos... Por un momento sentí vergüenza ajena de las chicas que lloraban con semejante culebrón, pero mi rostro se volvió una expresión radiante al ver que Michiru bostezaba... Ella no era como las demás chicas en la sala.
Quizás cualquiera se sentiría algo incómodo de que la chica que quieres se esté aburriendo en una cita... pero para mi todo iba sobre ruedas. La función a la que entramos era la última y ya eran cerca de las una de la madrugada. Michiru, luego de tres bostezos, apoyó su cabeza en mi hombro derecho. No podía dejar pasar esa oportunidad... así que estiré el brazo y lo pasé al rededor de ella, acercándola más a mi, pero sin apartar los ojos de la pantalla, fingiendo que era un simple acto de caballerosidad de mi parte. No pensaba cometer el mismo error estúpido de la heladería. Miré de reojo a mi dama azul y la vi sonreír ante mi semi-abrazo. Eso fue como una señal para pasar a más... El siguiente paso fue juguetear con un mechón de sus cabellos; lentamente enrollaba mi dedo índice en esa hondura marina, sintiendo su sedosa textura. Mi dedo recorrió más hasta llegar a su cuello y darle pequeños roces que la hicieron estremecer... Entonces, lo más importante: dejé de hacer movimiento alguno. Es bien sabido que las chicas adoran que las consientan y les hagan cariño, pero aprenden a apreciar más las cosas cuando se las quitas sin más. Muchas de mis compañeras de clase han tenido chicos enamorados de ellas, pero estas no se interesan en él hasta que sus galanes les dejan de prestar atención. Eso hice yo. Me "concentré" en la película y Michiru, instantáneamente, se puso inquieta. Su cuerpo se movió incómodo en su asiento acolchado y hundió ligeramente el rostro contra el hueco entre mi hombro y cuello. Quise reír de alegría, abrazarla y besarla en ese mismo momento, pero tenía que provocarla un poco más. Seguí inmutable hasta que ella fue quien comenzó a juguetear con el cuello de mi camisa - negra, elegante para una cita -, hasta que sus dedos se perdieron en mi cuello, cerca de mi oreja.
Es difícil explicar como sucedió todo a continuación. Para mi fue como si el tiempo se hubiera detenido, mi respiración fuese muy rápida y el latir de mi corazón muy sonoro. No estoy seguro de haber pensado algo en ese momento, solo podía sentir. Los labios de la señorita Kaioh eran blandos y muy suaves; su mejilla, acariciada por mis dedos, era tersa, sin rastros de impurezas, completamente lisa; su cintura sumamente estrella, mi brazo se apegaba a ella con anhelos de quitarle el aire y fundirla contra mi cuerpo, pero obviamente no hice movimiento brusco alguno. Al comienzo mi lengua no se atrevía a excursionar la boca de Michiru, estaba algo nervioso y no quería parecer muy apresurado, el temor de un nuevo rechazo como ocurrió en la heladería me hacía ir lento; pero fue ella quien separó más sus labios y dio un pequeño roce a mi boca con sus lengua, aproveché ese momento y puse mi mano contra su nuca, apegando más nuestros rostros y profundizando el beso. No sabría describir bien el sabor de ella... Dulce, fresco, casi marino a excepción de que no era para nada salada, así que resumiré todo en una sola palabra: Exquisito.
Cuando nos separamos hubo silencio. Pensé en pedir perdón o algo así, pero ella sonrió y tomó mi mano. Justo en ese instante la película terminó.
Supongo que ella estaba tan nerviosa como yo, porque al salir de la sala - aun de la mano, con nuestros dedos entrelazados - comenzó a comentar cosas sobre la película:
-Me gustó la escena en que la protagonista huía de casa para encontrarse en la noche con... ahm... su amante, si. Muy buena actuación por parte de los dos. - decía ella, no muy segura de sus palabras, lo cual me causó gracia y la encaré con una sonrisa un tanto burlesca.
-Kaioh-dono, ese no era su amante, era su hermano fugitivo... Y la escena en si fue un asco. Jajaja, no es necesario que digas que te gustó la película cuando los dos sabemos que fue un asco. - Ella rió y se encogió de hombros.
-"Kaioh-dono"... Pero que educado estás, Haruka. - alzó una ceja de forma irónica y luego soltó mi mano, poniéndose delante de mi y mirándome a los ojos - Creo que prefiero al chico rebelde...
Sus hermosas manos soltaron los dos primeros botones de mi camisa. Yo reí y sacudí la cabeza para que mi cabello quedara más despeinado.
-¿Así está mejor, Michiru? - pregunté con un toque galante. Pero ella se estaba fijando en otra cosa... algo que me hizo sentir sumamente incómodo -
- ¿No tienes calor llevando una camiseta debajo de la camisa? - iba a poner sus manos cerca de mi pecho, pero instintivamente me hice hacia atrás, sonriendo con un enorme esfuerzo.
-Jaja... Es que como es cine de trasnoche... pensé que podía hacer frío. - ella negó con la cabeza y sonrió sin darle mayor importancia. Yo me puse a la par de ella y le tomé la mano para caminar hacia la salida del lugar - Oh, vamos... no creí que la noche fuera a ser tan calurosa... - el tono de voz que empleé al decir aquellas palabras dieron a entender que se trataba de un doble sentido, por lo que luego de unas miradas y un sonrojo en nuestras mejilla ambos reímos a la par.
El resto de la semana fue hermosa, pero a la vez levemente incómoda. En los recreos nos íbamos a caminar a los rincones más apartados del patio del colegio. Nuestras manos se acariciaban mutuamente y de vez en cuando un beso suave deleitaba nuestros labios. Aun no teníamos nada formal y para muchas personas éramos solo amigos, solo un par notaba que teníamos un romance, a pesar de que ya no era secreto para nadie que yo estaba perdidamente enamorado de la chica de cabello azul, en especial de mis compañeras y compañeros de clase, por lo que una vez más mi grupo de amistades era sumamente reducido. Las chicas de mi salón parecían temerme y a aquella a quien una vez le miré las piernas difundía rumores falsos de un supuesto acoso sexual de mi hacia ella hace unos años atrás. El problema es evidente. Mis compañeros de clase sabían que tras todo mi ser había un cuerpo femenino. Para ellos yo era una lesbiana sumamente amachada, no más que eso, no un chico atormentado en un cuerpo extraño; solo una marimacho. En si la opinión del resto me importaba poco, pero cuando ya pasaban a las ofensas era realmente molesto y frustrante. Llegar a tu asiento en una clase y encontrar sobre la mesa un papel con amenazas de homofóbicos, burlas de gente "normal" y, solo de vez en cuando, insinuaciones anónimas de chicas lésbicas; eso causaba rabia y temor en mi. El temor era que alguno de esos estúpidos pudiera contarle mi más íntimo secreto a Michiru y con ello mandar a joder todo nuestro amor (si es que ella me amaba claro). Por eso prefería mantener el asunto un poco más oculto en el colegio, y como Michiru no es una chica a la que le guste estar montando escándalos en los patios del colegio, como muchos chicos que parecen revolcarse en frente de todos en los recreos, no había problema con ser más discretos.
De vez en cuando estudiábamos juntos o íbamos a pasear, pero como ya mencioné; aun nada formal. Eso cambiaría pronto.
Puede sonar contradictorio de mi parte, ya que por un lado temía que la gente se enterase de nuestra relación, pero por a la vez lo que más deseaba era tener ese derecho y esa suerte de poder decir que la hermosa señorita Kaoih era mi novia. Había momentos que quería gritar a todo pulmón que ella me quería, que mis labios adoraban los suyos y mi lengua amaba su boca; que su risa inundaba mis oídos y... bueno, todo tipo de cosas cursis que uno piensa cuando está enamorado, las cuales prefiero ahorrarme para no caer en lo "patético". Tenía que correr el riesgo y hacer lo nuestro más formal.
Corrí un par de veces en mi motocicleta a modo de duelo con un sujeto. Ambas veces gané y cobré una generosa suma de dinero que me alcanzó para comprar un anillo de plata con una piedra azul en medio. Recuerdo que cuando gané la segunda y última carrera de motocicleta estaba radiante. En ningún momento creí perder, no es que sea tan engreído, pero vamos... estoy conciente de mi talento. Esa tarde ni si quiera pasé a darme una ducha antes de ir a la joyería. Partí tal como estaba, con mi traje de competidor, con barro salpicado en mis piernas y polvo cerca de los ojos, lo cual es la única parte que mi casco deja visible. El señor que atendía en la joyería me miró algo extrañado y me pidió que no tocara la vitrina con las joyas porque, obviamente, dejaría marcas de suciedad. En cuanto vi el anillo supe que era el indicado para mi dama. La piedra azul en medio de este tenía el color preciso, como su cabello y sus ojos, a demás de que no era exageradamente grande ni patéticamente pequeña.
Al día siguiente, después de clases, invité a Michiru a una pequeña laguna que quedaba a media hora del colegio. Fuimos en mi motocicleta, me sentía muy galán llevando a Michiru - con su faldita de colegiala ondeando por la velocidad de mi vehículo -, quien me abrazaba por la cintura. Parecía disfrutar la velocidad tanto como yo, aunque en un par de curvas que tomé muy rápido la sentí apretarse con más fuerza contra mi. Era maravillosa la combinación del frío viento contra mi cara y torso mezclado con la calidez que de los brazos de Michiru al rededor de mi cintura. Cuando llegamos a la laguna nos situamos bajo un gran sauce a observar un grupo de cisnes y sus hijos, nadando. Estábamos en total silencio, así que aproveché el momento para posar mi mano contra el mentón de Michiru y besarla dulcemente. A ciegas - porque cierro los ojos cuando beso, como la mayoría de las personas - busqué la cajita - también azul, pero más oscura - que contenía el anillo, y tras finalizar el beso puse el objeto ante sus ojos.
-Michiru... ¿aceptarías ser mi novia? - pregunté. En si el acto puede parecer bastante anticuado, pomposo y ridículo... pero para mi, en ese momento, fue sumamente romántico y creo que para ella también. Se sonrojó y sonrió. Por un momento permaneció callada y tengo que admitir que eso me puso algo nervioso, pero luego respondió...
-Si... Me encantaría, Haruka. - tomó la cajita entre sus manos y al abrirla su rostro se iluminó más. Saqué el anillo y lo puse en su dedo anular. Finalmente nuestro "pacto" se vio sellado con un nuevo beso. - Gracias, Haruka.
Nos sentamos a ver el atardecer y cuando ya estaba oscuro Michiru me sonrió con picardía.
-¡Vamos a nadar al lago! - dijo muy animada. Yo estaba tan feliz por como habían salido las cosas al menos no me amargué ante su petición, la cual me resultaba prácticamente imposible de cumplir.
-No andamos con traje de baño, Michiru... - dije a modo de excusa. Vamos, de tener un cuerpo diferente me lanzaría en boxer a nadar o quizás hasta desnudo, no me importaría.
-Pero es de noche... no hay nadie... - no se si eran ideas mías o su voz sonaba realmente insinuante.
No pude con la tentación de ver a Michiru en ropa interior mojada, así que asentí... Me quité el pantalón tímidamente y luego la camisa del colegio, quedando con una camiseta negra de mangas cortas y boxer a cuadros azules. Fue mucha mi suerte, porque la peli-azul no cuestionó el hecho de que no me sacara la camiseta negra. Una vez más todo estaba marchando perfecto. Ahora era el turno de mi sirena para "desnudarse". Debo haber quedado literalmente con la boca abierta, la forma en que abría su blusa era tan inocente y a le vez sensual... como si con sus gestos puros quisiera excitarme, como si sus dedos largos y finos jugaran con mi paciencia retirando lentamente cada botón del ojal, como si sus manos me invitaran a desnudarla yo mismo... Tuve que hacer un esfuerzo sobre humano por no lanzarme a besar sus pechos en cuanto los tuve ante mí, cubiertos solo con esa prenda íntima delgada de color celeste muy claro. Curiosamente el respeto que tengo por mi amada logró hacer que no me quedara como adolescente estúpido mirando sus senos, logré mirarla a los ojos con una expresión que creo le dio confianza. Me sonrió y se agachó un poco para quitarse el calzado. Dios... mi corazón parecía estallar, en cualquier momento podría haberlo escupido, lo oía retumbar en mis oídos.
Su falta se deslizó con la misma sensualidad, dejándome ver unas caderas marcadas y perfectas, un abdomen y estómago planos con un pequeño ombligo perfecto... Sus muslos eran tersos y firmes, sus piernas largas y bien formadas. Caminamos hacia la laguna y dejé que se adelantara unos pasos para poder mirar - precavidamente, casicon inocencia - su divino trasero respingado y redondeado. El calzón era un conjunto perfecto de su sostén, dios bendiga la lencería femenina, es perfecta.
Michiru me miró por sobre su hombro y me sonrió, seguidamente se lanzó con un elegante piquero a la laguna, casi sin salpicar agua. Yo por mi parte, mandé a joder mi espíritu de súper macho y nada más metí la punta de un dedo de mi pie... Maldita agua helada. A gran distancia Michiru me hacía señas para que entrara de una vez y yo, de pie en la orilla como un niño cobarde, me reía estúpidamente. Fue cuando nadó hacia mi y me jaló de una mano hasta meterme a la laguna. Al poco rato el agua me parecía exquisita. A demás hacía mucho, mucho, tiempo que no me bañaba en una... Ni tampoco en una piscina ni en el mar ni nada público. La razón es simple, no iba a usar un traje de baño de chica, pero tampoco me parecía muy correcto bañarme con camiseta en todos lados... así que simplemente no lo hacía; hasta hoy. Esa noche experimenté nuevos besos "acuáticos". Es bastante agradable besar bajo el agua con la luz de la luna y el cielo estrellado como acompañamiento. A demás de que no solo besé los labios de mi nadadora profesional, sino también su cuello mojado, su espalda y muy cerca de sus pechos... Y ella no se molestó. Hubiera dado lo que fuera por poseerla ahí mismo, pero respeto a las mujeres y se que para ellas el asunto de "no ser fáciles" es muy serio... Por lo que no pasamos a mayores.
Todo iba perfecto hasta que salimos de la laguna... Había olvidado un maldito detalle.
-Quítate esa camiseta o mojarás la ropa jaja... - me dijo mientras comprimía su cabello con las manos, quitándole el agua.
-Eh... - no sabía qué decir. Me puse sumamente nervioso. Por suerte estaba todo bien oscuro y Michiru no podía notar las marcas de los vendajes al tener la camiseta mojada tan pegada a mi piel, ni tampoco la falta de algo entre mis piernas. Pero no tenía forma de ocultar lo que tenía en mi pecho, a demás de quitarme solo la camiseta negra de todos modos las vendas mojarían la ropa seca. Me sentía atrapado.
-¿Pasa algo, Haruka? - Michiru parecía preocupada, así que negué con la cabeza. Entonces vino la salvación a mi mente.
-Ok... bueno, tú también debes quitarte la ropa mojada... Y como es lo único que tienes puesto... iré a cambiarme allá - señalé un árbol lejano - para que no te incomodes y puedas desvestirte con naturalidad.
Una vez más... todo perfecto. Quedé como un caballero y de antemano ella no notaría nada. Me vetí tras el árbol y sobre la camisa me puse el saco del colegio, el cual, por ser bastante grueso, no lograba pasar la humedad de las vendas que oprimían mi maldito busto.
Al día siguiente noté vi a Michiru mostrándole el anillo a sus amigas y un orgullo enorme inundó mi pecho. Ya era el novio de Michiru Kaioh. Pero como todo, lo bueno también tiene un final. La profesora de música de mi sección se enfermó, entonces tuvimos clases con el curso de Michiru... Al comienzo las cosas no iban mal, miraba de lejos como Michiru tocaba violín y por unos minutos todo el mundo desapareció para mi. Solo estaban Michiru y su melodía llena de vida, paz y alegría... Esa alegría y paz finalizaron en cuanto la violinista de ojos azules dejó el instrumento sobre una mesa y sonriendo caminó hacia donde estaba yo.
-Has estado muy callado durante la clase¿ocurre algo? - Negué con la cabeza y me encogí de hombros pretendiendo que no sabía bien a lo que se refería. Ella me sonrió y me besó en los labios.
Jamás un beso de Michiru me supo tan amargo... Con total claridad se pudo escuchar un sonidillo ahogado de un grupo de chicas a mis espaldas y una de ellas dijo con voz excesivamente evidente:
-No sabía que Kaioh-chan era lesbiana... - su voz maldita parecía hacer eco en mi cabeza. Se hizo un silencio en toda la sala mientras Michiru se separaba de mis labios y miraba con una expresión extraña a la chica que había dicho aquella horrible frase - Y tan normal que me parecía... Ya decía yo que no Kaioh-chan tenía que tener algún defecto...
Bajé la mirada incapaz de encarar a Michiru o a cualquiera. Así que no tengo idea de qué forma me habrá mirado, solo escuché una risa un poco incómoda de su parte, seguida de una frase con voz sumamente molesta, dirigida a la chica acusadora.
-Buena broma... - la voz de mi amada era una mezcla de molestia e ironía.
-¿Broma? - volví a escuchar la voz de la misma chica, a la que ahora odiaba con toda mi alma. Luego se escucharon unos cuantos murmullos por parte de mis compañeras y compañeros.
-Kaioh-chan ¿Acaso no sabías que Haruka es lesbiana? - ahora era la voz de la chica quien una vez me encaró por haberle mirado las piernas, años atrás - ¿No les has dicho, Haruka?
A pesar de que mis ojos estaban fijos en el suelo, como si quisieras adherirse a él, supe que todas las miradas estaban puestas en mi, inclusive las de la profesora de música. Sentí que me ahogaba, quería gritar, llorar y matar. La frustración era insoportable. Con la vista aun hacia abajo abandoné el aula corriendo sin decir nada. Solo quería desaparecer. En cosa de segundos llegué al estacionamiento donde estaba mi moto, la puse en marcha y me fui... Huí del lugar, directo a encerrarme en mi casa, en mi habitación, en mi cama... Estaba seguro de que había perdido a Michiru Kaioh, mi novia y con ello a mi fantasía de una vida de hombre perfecto...
-Continuará-
Se que me demoré mucho, pero al fin terminé. A ver si ahora saco pronto el próximo capítulo. Gracias a todos aquellos que me han leído x)
Reviews:
MIHARU: Gracias y perdón por no poder actualizar pronto x(
womenvenus: Jajaja, si, Haruka es algo perver en mi fic y lo será más conforme avancen los capítulos.
hym: Perdón por tardar tanto.
mApItA: No entendí bien eso de que tuviste que tomar tu agüita XD pero me alegro de que te haya gustado el cap. 1
michi-chan: Seguiré actualizando... pero no se si muy pronto.
JowiEvans: Gracias, a mi también me agrada Haruka x)
HeLeNa15: Jajajaja, muchas gracias. Bueno este es el primer yuri que escribo XD
GadissGrayword: Al igual que a ti, Haruka y Michiru también son las únicas que me agradan de Sailor Moon.
CHan: Muchísimas gracias x) ojalá te haya gustado este capítulo.
kaioh michiru: Ajam, opino como tu, pobre Haruka x( pero haré que sufra aun más XD porque... los personajes que me agradan tienen que sufrir x)
Matt: Gracias x)
TigreNival: Sorry por hacerte creer que lo había abandonado. Aquí tienes la continuación.
Haruka-chan: Si, pronto viene el lemon, creo que en el próximo capítulo pondré algo x)
Jo: Aquí tienes la continuación XD
