Disclaimer: Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP.
Desde que se conocieron, cuando no eran más que unos críos, ella supo que le quería. Todo lo que pasó después, todo lo que pasaría, no sería más que una confirmación de aquel sentimiento que nació en ella cuando no era más que una niña.
Cuando estaban en el parque, con algunos niños más, cuando todos se aburrían, se ponía a contar una historia, con suficientes datos reales como para cuestionarse si era cierta o no. Y aunque al principio lo hacía, después aprendió a ver qué partes eran verdad y cuáles no. No sabía de dónde sacaba historias tan extrañas, pero le molestaba que mintiera tanto, aunque lo hiciera para entretener a la gente. Además, se dio cuenta que a medida que iba explicando historias, se iba alejando del mundo... A cada historia que contaba, se metía más en su faceta de cuentacuentos y quedaba menos del real Yamazaki.
Y, como era de esperar, un día, se pelearon. Estaba cansada de tantas mentiras, así que, en mitad de uno de sus tantos cuentos, le echó en cara todo lo que tenía guardado. Se acordaba como si acabara de pasar. La siguiente vez que le vio, él la invitó a pasar la tarde en su casa, aunque casi no hablaron por el camino. Cuando llegaron a su casa, él le mostró la parte más sincera de sí mismo. Aquella que, estaba segura, no le había mostrado a nadie. Le mostró la gran biblioteca de su padre, la gran cantidad de enciclopedias y novelas fantásticas que había allí guardadas.
Le contó, y eso era lo más valioso, que su padre, que era un gran amante de los libros, estaba muy enfermo, pero que antes, cuando estaba bien, siempre le contaba cosas curiosas que podían encontrarse en esos libros y algunas leyendas interesantes. Le contó sus mejores recuerdos y lo único que le pidió a cambio fue que le perdonara. Aquello no se lo esperaba. El día anterior, ella le había acusado de muchas cosas que, bueno, quizá eran verdad en parte, pero que no se las merecía en absoluto. Estaba mucho más serio que de costumbre y aquello no se le olvidaría jamás.
Después de aquello, se puso a bromear como siempre y ella le siguió la corriente lo mejor que pudo.
Y a pesar de no soportar que cada dos por tres contara aquellas mentiras, a pesar de saber que lo seguiría haciendo, sabía que le hacía feliz hacerlo, así que en cierta parte, también la hacía feliz a ella.
420 palabras :)
Ahora me ha dado por escribir de parejas que no sean Sakura y Shaoran. Y siempre me han parecido muy monos :P
Un beso.
