Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 2. Su Monstruo

Máscara de Muerte volvió al Santuario... solo. Dohku frunció el ceño, preocupado... pero no, no creía que hubiese ocurrido nada violento, de haberse dado un enfrentamiento Mü hubiese salido triunfante.

Máscara se situó, como antes, aislado. Apoyado y de brazos cruzados, tenso, ni siquiera con su cínica sonrisa, sencillamente irritado. Dohku pensó en acercarse pero sabía que su intento de confraternizar solo sería respondido con desconfianza y desprecio. Poco después llegaron Mü y Saga, los dos caballeros caminaban hombro con hombro, Aries y Géminis. Una buena señal para los nuevos tiempos, debían dejar atras la cruel traición del Santuario, la desgraciada caida de Géminis poseido por su dualidad, olvidarlo sería lo mejor para todos.

Aunque no daba la impresión de que fuera a ser facil. Dohku observó como las miradas de Máscara y Milo de Scorpio se cruzaban.

Máscara se percató de que le observaban y pronto cruzó miradas con Milo, caballero de la Casa del Escorpión. Hubiera preferido responder al odio de sus verdes ojos con la sonrisa de desprecio que tan bien se le daba, pero estaba demasiado molesto. ¿Milo quería guerra? Pues la tendría, no le temía en absoluto.

- ¿Tienes algún problema, Milo?.- Gruñó.

- Si, me parece que todos tenemos un problema, Máscara de Muerte. Tú.

- Milo...- Camus trató de calmar a su amigo en vano.

Mientras que otros han luchado y sangrado por la diosa tu osas presentarte aquí despues de haberla vilipendiado. Todos sabemos lo satisfecho de estabas de tu traición...

- Así que es eso.- Interrumpió Máscara con una carcajada.- Necesitas resarcirte de haber sido una estúpida marioneta mientras que yo sabía cuanto ocurría.

Milo era como Aiola en cuestión de principios y pese a ser sensiblemente mas frio no pudo mantener su compostura ante la burla, solo las manos de Camus sobre sus hombros impidieron que incendiara su cosmos y atacara al caballero de Cancer.

- ¿Marioneta?

- Por supuesto, te dejaste engañar y eras tan ciego que ni siquiera te preguntaste que ocurría. No es extraño que me produzcas risa.

- ¡¿Cómo te atreves?!

- ¡Basta ya!.

Fue Mü, el sensato Mü, quien se interpuso entre ambos caballeros con voz firme.

- Está prohibido combatir en el Santuario y desde luego en una reunión con la diosa.

- Así es.

La voz de Saori, dulce y melodiosa a la par que autoritaria llegó a ellos. Inmediatamente los caballeros se volvieron hacia la joven y se arrodillaron al instante. Máscara de Muerte se las ingenió para apoyar solo una rodilla, hecho que fue notado por Milo con un destello de furia.

- Por favor, pasad a la sala de reuniones, tenemos mucho de que hablar.

Los caballeros de oro se pusieron en pie y siguieron al avatar de Athena hasta la gran sala semicircular. Un asiento para cada caballero dispuesto en el semicírculo, un trono para la reencarnación de Athena en el centro y un asiento a la diestra de la mujer para el patriarca elegido. Los asientos en el mismo orden de las Casas de derecha a izquierda.

Aries, Tauro, Géminis, Cancer, Leo, Virgo, Libra, Scorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Afrodita. Cada caballero ocupó su puesto.

Athena, o Saori, pues ese era el nombre humano que aun prefería, era una figura delicada, de piel pálida y larga melena lavanda, su rostro de belleza inmaculada tenía una serenidad que reflejaba que poseía un cosmos tan poderoso que no podía ser de este mundo. No era una guerrera, no en cuerpo, sino en espíritu. Saori Kido, reencarnación de Athena, diosa de la Sabiduria y la Guerra Justa.

Caballeros de Oro, las guerras divinas han terminado. Pero incluso ahora debemos disfrutar de la paz y prepararnos para otros tiempos dificiles.

La paz nunca duraba demasiado, eso era una realidad, Poseidón había sido derrotado, al igual que Hades. Sin duda pasaría tiempo hasta que otros dioses se reencarnaran y emprendieran batalla, pero nadie sabía cuanto tiempo. Quedaban deidades por renacer, deidades que tanto podían ser amigas, como enemigas. Athena había demostrado su supremacía, pero con el tiempo otros pensarían que su poder podía haber caido, y la desafiarían.

- El reino de terror de Hades ha caido, y sin vosotros jamás habría sido posible.- Continuó la diosa.- La paz ha regresado al Santuario y es momento de recobrarnos de lo perdido.

Su voz era serena y solemne. Llenaba la sala sin necesidad de alzarla.

- Hoy elijo también a un patriarca, un dirigente para el santuario, que lo gobierne con sabiduria y justicia. Dohku de Libra¿aceptas el cargo que te encomiendo?

- Lo acepto, es un gran honor.

Saori asintió con una sonrisa.

- Mis caballeros, si algo precisa ser discutido, este es el momento de que abrais vuestros corazones.

El momento que Dohku temía. Milo pidió la palabra y se puso en pie.

- Mi señora, si bien mi intención no es poner en tela de juicio vuestras decisiones, hablo por otros compañeros al preguntaros esto.- Inmediatamente sus ojos se volvieron duros y su voz imperativa al señalar con rabia al caballero de Cancer.- ¿Por qué está Máscara de Muerte entre nosotros?

Saori permitió unos instantes de silencio con los ojos cerrados, no parecía sorprendida por la pregunta. Finalmente abrió los ojos y juntó las manos con un gesto de benevolencia.

- Muchas cosas ocurrieron durante la traición al Santuario, cosas que deben ser aclaradas para que las heridas puedan cerrar.

Milo tomó asiento aguardando. Aquello era necesario, todos los caballeros tenían esa herida abierta, de una u otra manera, si no se trataba la herida muy bien podía gangrenar y degenerar en una segunda guerra civil.

- Saga, caballero de Géminis.

El aludido se puso en pie, en su rostro se reflejaba amargura, pero también aceptación, si su destino era ser desterrado o incluso ejecutado, lo aceptaria.

- Saga, todas las acciones crueles e injustas que tuvieron lugar... no son tu responsabilidad.

Saga miró a su diosa con asombro, igual que cuando la había visto por ultima vez, cuando la joven había sacrificado su vida para viajar al Hades ante sus ojos.

- Fuiste dominado por un espíritu maligno, el espiritu de la oscuridad que moraba en la armadura de Géminis. Esa armadura tiene todas las dualidades, tanto luz como oscuridad, su oscuridad se había hecho poderosa y te gobernó despertando el lado oscuro que todos poseemos.

- Mi señora, yo...

- Saga, te has redimido sin lugar a dudas de lo que hiciste bajo el control de la armadura de Géminis, finalmente derrotaste tu lado oscuro. Estoy orgullosa de tenerte entre mis caballeros.

Por primera vez en demasiado tiempo, Saga se sintió realmente digno de existir.

S- hura, caballero de Capricornio. El lado oscuro de Géminis te cegó, guiado por él cometiste actos reprobables en un concepto errado de justicia, pero redimiste tus acciones al percatarte de tu error dando en ello la vida. Eres, a fin de cuentas, un caballero leal, digno de portar la Excalibur.

Le llegó el turno a Afrodita.

- Afrodita, caballero de Piscis. Tu venda es la de la vanidad, has sido gobernado por ella. El lado oscuro de Geminis usó tu vanidad para dominarte y tu debilidad al ceder al vacio de la belleza te llevaron a la traición.

Afrodita se removió nerviosamente, al menos Saori se guardaba de compartir que su motivo para traicionarla había estado motivado en un principio por los halagos del Saga oscuro, esa voz, esa oscuridad embriagadora alabando su belleza y prometiéndole la adoración tanto deseaba por parte de los demás mortales.

- Pagaste con la muerte tu error y sacrificaste tu cosmos en el Muro de los Lamentos. Y aunque no eres el mas virtuoso de mis caballeros sé que aun puedes servirme, y sé que puedes serme leal. A partir de hoy tomarás una aprendiz, June, caballero de bronce de Camaleón.

- Si, mi señora, os agradezco vuestra bondad.

Afrodita no podía sino suspirar aliviado, su simbolico castigo, entrenar a una aprendiz, era un precio pequeño a pagar por su evidente traición en pos de su propio egoismo cediendo a las promesas del traidor.

Solo quedaba un caballero en entredicho.

- Máscara de Muerte, caballero de Cancer.

¿Qué se podía decir de Máscara? Pensaban muchos, no podía escudarse en posesión alguna por parte de un espíritu, tampoco se había arrepentido y renegado en vida, y no había sido engañado por nadie con palabras melosas. Máscara de Cancer era un hombre de caracter fuerte y crueldad conocida por todos, nada disculpaba su libre alianza con el Saga Oscuro ni sus múltiples asesinatos cometidos gustosamente en su nombre.

- Máscara, creo que sería inutil recordarte tus múltiples faltas y abominables hábitos.

Máscara de Muerte y Saori se miraron a los ojos, y para todos estuvo claro algo. Había un conocimiento secreto intercambiándose en esa mirada firme. Algo secreto, algo misterioso. Dohku suspiró quedamente, él sabía, el sabía bien el porqué de aquella mirada firme entre ambos.

- No hay nada que explicar sobre ellos, ni sobre tu alianza con la oscuridad. Y pese a la justa reclamación de mis caballeros de oro, no recibirás juicio.

Esto provocó no pocas exclamaciones de sorpresa y gestos de incredulidad.

- Máscara de Muerte, actuaste de acuerdo a tu naturaleza, siguiendo los dictados de tu negro corazón. Sigues siendo caballero de Cancer, caballero de oro, y mantendrás tu armadura y tu cargo mientras me seas leal.

Máscara hizo una reverencia que quedaba burlesca al observar que su rostro era, como siempre, una mueca cruel y burlona.

- Soy un monstruo, mi señora Athena, pero soy SU monstruo.

Una curiosa, pero acertada forma, de jurar lealtad.

Dohku se preguntó que pensarían sus compañeros dorados de aquella curiosa situación. Athena dió por terminada la reacción y los caballeros empezaron a retirarse, pero tras Máscara de Muerte hubo prendidas muchas miradas.

Mü no dejó de cavilar sobre aquello sin moverse de su asiento aún. ¿Por qué, por qué Máscara de Muerte veía pasar sus pecados sin pagar por ellos¿Por qué Athena y él habían sostenido la mirada de ese modo?

De algo estaba seguro, Dohku sabía algo. Era el único que no había parecido sorprendido.


Los caballeros de oro marchaban escaleras abajo retirándose cada uno de ellos a su respectivo templo a medida que descendían, Aries, Tauro,Géminis y Cancer se quedaron solos tras pasar por la casa de Leo, las siguientes eran las suyas.

Máscara les ignoraba, pero Saga tenía toda su atención puesta en él.

- Máscara de Muerte.

Máscara hizo caso omiso, continuando su camino hacia la casa de Cancer.

- ¡Máscara!

Finalmente ante la autoridad y poder de Saga, Máscara no pudo hacer otra cosa que volverse y encararle. No estaba de humor para hablar con Saga, mucho menos después de ver en el estado deprimente en que le había encontrado.

- Máscara, si realmente crees unicamente en el poder, si eres un monstruo que sirve solo al mas fuerte como con tanto orgullo afirmas¿por qué ahora das tu lealtad a Atenea¿O es solo de boquilla?.- Preguntó con desprecio.

Mü asintió, coincidiendo con la preocupación de Saga. Puede que en presencia de Athena fuera irreverente enfrentarse a un compañero, pero ahora era justo que cuestionaran a Máscara. Aldebarán de Tauro no dijo nada, pero su presencia era autoritaria y también exigía una clarificación.

- Dices no arrepentirte de tu actuación contra Athena pero ahora dices servirla.- Añadió, con un tono mucho mas tranquilo que Saga, no quería interrogar sino cuestionar.

- Y no me arrepiento, actué por mi propia voluntad.- Esto último tuvo un toque de sorna que obviamente hirió a Saga.

- ¡Mas vergüenza aun¿Mantienes tus palabras?

- Solo me equivoqué en una cosa.- Afirmó Máscara con dureza.- Juzgué que Saori era debil e incapaz de proteger al mundo, en eso me equivoqué. Es fuerte, ha resistido a sus rivales divinos, y si es la mas fuerte, entonces la justicia está con ella.

No necesitaba dar mas explicaciones, Máscara descendió hasta su casa, aquel templo cuya aura era tan maligna que no cabía imaginar porqué ocupaba un terreno en el santuario sagrado.

Aldebarán bufó una queja velada contra Máscara y continuó descendiendo tras una despedida a sus compañeros.

Solos, Saga y Mü se miraron, antes de la traición en el Santurio, habían sido amigos, se habían conocido bien. Solo Shion, patriarca y maestro de Mü había percibido la oscuridad que había anidado en Saga... por desgracia demasiado tarde había descubierto cuan arraigada estaba.

- No lo comprendo... ahora puedo entender porqué tengo mi armadura de oro y que Athena me considere enmendado, así como a Shura... mas dificil me resulta Afrodita pero... ¿Máscara?

Mü estaba de acuerdo, pero no pensaba quedarse en preguntas sin respuesta. Descubriría por qué los muros de crueldad de Máscara permanecían en el Santuario y por qué una armadura dorada seguía protegiendo un corazón tan negro. Máscara de Muerte siempre había tenido misterios y Mü había decidido que no lo serían por mas tiempo.


Máscara de Muerte entró en su templo, sus pies pisaban los rostros petrificados de sus víctimas, sus lamentos estaban en el aire, casi imperceptibles. El templo era oscuro y rodeado en una perpetua niebla que no era sino una bruma de lamento y dolor exhalado por los desgraciados prisioneros.

En realidad no estaban emparedados allí, no fisicamente al menos. Cada persona que había caido en el abismo del Yomotsu por su mano estaba realmente en el abismo, pero por obra del abominable cosmos de Cancer y su conexión con el infierno, la casa de Cancer mostraba en su pared un reflejo del desgraciado.

Así había sido siempre. Cuando un caballero de Cancer moría, las almas que había cosechado desaparecían de las paredes del templo, que aguardaba a que el siguiente caballero de Cancer volviera a adornar su siniestra arquitectura.

Máscara recordaba las palabras de su Maestro, Eistibus, anterior caballero de Cancer.

"Son mis trofeos, el testimonio de mi poder, más que eso, son un arma, cuando un desgraciado osa pisar la casa de Cancer observa el fruto de mi poder y su corazón se llena de temor, eso les hace victimas mas faciles."

Eistibus... Máscara de Muerte entró en sus estancias privadas, donde no había rostros agonizantes, solo dulce penumbra, la luz del sol no entraba en el templo de Cancer. Máscara se internó hasta unas escaleras y descendió en la oscuridad, iluminado solo por su cosmos, hasta el subterraneo. No se oían los lamentos, no se oía el mundo exterior, alla abajo no vivía nada ni nadie.

"Nunca bajes por esas escaleras¿está claro? Lo haras unicamente cuando lleves la armadura de Cancer, si es que vives para portarla."

Eistibus se había reido de él, como siempre, y le había enviado al Yomutsu. Ese era su juego favorito, Eistibus le enviaba a la horrible antesala del infierno, le dejaba allí días enteros, sin comida, sin agua, rodeado de desolación y muerte, y sintiendo en todo momeno el canto de sirena del agujero del infierno llamándole, invitándole a arrojarse al abismo. Solo cuando se unía a la fila de malditos en dirección a la muerte o sencillamente sucumbía a la sed o hambre, Eistibus aparecía para devolverle al mundo de los vivos.

Cuanto le había odiado. Y cuanto había aprendido de su crueldad.

- Y ahora sufres eternamente¿no es así, maestro?

En una pared de negro ónice, como hielo negro, estaba el rostro de Eistibus.

Allí abajo, condenados para toda la eternidad, estaban todos los caballeros de Cancer. Sus expresiones eran variadas, unos eran una máscara de furia y rabia, revelandose contra su destino, otros se lamentaban y sufrían como sus víctimas, y solo unos pocos aceptaban con resignación un final conocido de antemano.

Eistibus no, por supuesto, él maldecía en una mueca de dolor y rabia, mezcla de sufrimiento y rencor.

- ¿Cuanto tiempo, Eistibus¿Cuanto tiempo hasta que ocupe un lugar con vosotros en el infierno y mi rostro sea una verdadera Máscara de Muerte en esta pared?

Máscara cayó de rodillas. Su propia máscara de desprecio y despreocupación cayendo, desolado ante la horrible realidad que había frente a él y todo lo acontecido ese día.

Realmente era un monstruo, el monstruo de Athena, un asesino sanguinario con una correa dirigida por la deidad. Igual que los demás caballeros de Cancer. Su traición al Santuario no había servido de nada, nada había cambiado. Acabaría en esa pared, acabaría en el infierno tarde o temprano.

Para su vergüenza Máscara no pudo contener un sollozo. Se sintió pequeño, desvalido y abandonado. El Saga oscuro, el falso patriarca había sido su esperanza, el poderoso, el fuerte, el guerrero capaz de desafiar a los dioses, capaz de desafiar al destino mismo. Había sido una ilusión, un vano sueño. Máscara de Muerte estaba solo... y moriría solo para al final sufrir en compañía.

Golpeó el suelo con los puños, lo golpeó con desesperación mientras lágrimas traicioneras abandonaban sus ojos al ser incapaz de contenerlas. El dolor se adueñó de su corazón, su armadura de oro pareció volverse mas calida, como si tratara de confortarle.

- ¡No te atrevas a simular preocupación maldito metal dorado!.- Aulló Máscara.- ¡Falsa simuladora, eres tú quien me condena, eres tú quien me abandonó en mi combate contra el dragón por juzgarme indigno!

Se quitó la corona espinada y la arrojó con rabia contra la pared, aun sabiendo que acabaría recogiéndola y poniéndosela.

- ¡En última instancia elegiste servir a la diosa que te creo en vez de al hombre que te portaba¡Me traicionaste!

Su armadura, a veces la odiaba tanto como la amaba, pero nunca duraba demasiado su rencor. La armadura era parte de él, era un vínculo ineludible, una porción de su misma alma, con ella su cosmos estaba completo, con ella obtenía el poder que siempre había ambicionado. Pero la dura verdad era que estaba solo, que su armadura, en ultima instancia era obra y posesión de su señora Athena. Él solo era una herramienta, un arma y nada más. Eso era a ojos de su armadura, eso era para Athena.

Gritó, maldijo y se lamentó a voz en grito, sabedor de que nadie le escuchaba allá abajo. Solo los rostros de caballeros muertos eran testigos de la agonía de su alma desnuda. Solo aquellas máscaras podían contemplar el alma desnuda de Máscara de Muerte.


Dohku estiró los brazos con satisfacción después de unos ejercicios matutinos. El cielo era azul y abierto, el viento traía el aroma fresco del mar y los pájaros saludaban al sol con un piar agitado.

Después de vivir como un anciano achacoso durante mas de doscientos años disfrutaba de su recobrada juventud con toda la vitalidad posible y la sabiduría de su edad. Ahora era el patriarca del Santuario y tenía mucho que hacer. Para empezar tenía que hacer venir a su discípulo, Shiryu del Dragón, para convertirle en caballero de Libra tras un periodo de entrenamiento especializado, esperaba poder cederle su armadura definitivamente en solo un año, o quizá menos.

Cuando salió de su templo con intención de dirigirse al Santuario, encontró en la escalinata a Mü de Aries, esperándole.

- Mü, que agradable visita, buenos días.

- Buenos días, Dohku, si bien debo confesar que mi visita tiene motivación.

- Pasa.- Dohku invitó al caballero al interior de su templo.

Sentados en una sala amueblada, Mü decidió que no había motivo para dar rodeos. Eran amigos, se conocían bien, de hecho había sido solo un niño pequeño cuando había conocido al entonces anciando caballero. Su maestro Shion y Dohku pasaban mucho tiempo juntos, y por tanto con Mü.

- El motivo de mi visita es que tengo preguntas que espero tú puedas responder.

- Adelante, Mü, intentaré serte de ayuda.

- Máscara de Muerte. El caballero de Cancer es, sin lugar a dudas, indigno de servir a una diosa de la Sabiduría y la Justicia, y sin embargo aquí está, con el consentimiento explicito de la misma Athena.

Dohku meditó la pregunta implicita, el por qué. ¿Tenía derecho a dar ese conocimiento? Sabía que no era algo que ningún caballero de Cancer hubiera querido hacer público, y tampoco Athena desde luego. Pero Mü era su amigo, era paciente, era sabio y era sensato. Además¿no sería lo mejor apartar el velo del misterio? Si él no lo hacía, nadie lo haría, Máscara de Muerte menos que nadie, por otra parte no era su derecho.

- Mü, el conocimiento que me pides... no puedo responder con totalidad pues no sería justo para con el caballero de Cancer.

- No deseas violar su intimad, lo comprendo.

- Pero puedo darte con que empezar y ponerte en camino.- Concedió al fin Dohku.- No obstante la verdadera respuesta, deberás obtenerla del mismo Máscara de Cancer.

Mü asintió, quería saber, necesitaba saber. Aquella noche apenas había podido dormir, no había dejado de pensar en el siniestro caballero, no lograba dejar de darle vueltas al acertijo que era Máscara de Muerte, nunca había sentido algo tan apremiante.

Si para obtener descanso debía conseguir la respuesta del hosco hombre entonces haría cuanto estuviera a su alcance para ello.

- Permiteme entonces que te indique que cuestiones deber sopesar antes de acercarte a Máscara de Muerte, caballero de Cancer, y hasta que punto debes extrañarte.

Nota de la autora: Las armaduras de oro solo pueden llevarlas los justos que tienen bondad en su corazón... y sin embargo la armadura de Cancer le protegió durante años hasta que se enfrentó al caballero del dragón, Shiryu. Es como para mosquearse¿es que vale mas un solo caballero que los miles que mató antes? Pues vaya, algo raro pasaba.

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