Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura.

Nota de la autora: En la descripción de los caballeros, sobre todo Máscara, he dedicido usar la imagen mas realista de los mangas en vez del anime, que abusa del pelo de color azul base y los colores primarios. He puesto imágenes en mi homepage.

Capítulo 3. Siervo de la oscuridad

- Permiteme entonces que te indique que cuestiones deber sopesar antes de acercarte a Máscara de Muerte, caballero de Cancer, y hasta que punto debes extrañarte.

Dohku sirvió un poco de té para ambos, quería dejar que Mü sacara sus propias conclusiones de lo que iba a contarle.

- En primer lugar, Máscara de Muerte no es el primer caballero de Cancer cuya capacidad para llevar dicha armadura resulta incoherente. ¿Recuerdas a Eistibus?

Mü asintió, Eistibus había sido el caballero de Cancer anterior, un hombre sin lugar a dudas perturbador, incluso más que Máscara, aunque al menos no había llevado a cabo actos de traición.

- Entonces te diré que Eistibus no era diferente a Simikiel, ni este diferente del anterior caballero... inevitablemente todos los portadores de la armadura de Cancer han sido hombres crueles y despiadados. Y esto sin ser necesariamente unos discipulos de otros.

Mü tomó un sorbo del té, permitiendo que Dohku continuara, no quería asediarlo con preguntas, sobre todo teniendo en cuenta que estaban hablando de un tercer caballero no presente, algo de cuestionable educación.

- Cada armadura, como ya sabes, tiene unos dones particulares. Ciertamente cada caballero tiene sus propias técnicas, pero estas se unen a su cosmos y obtienen su energía de la naturaleza de su constelación. Cancer tiene un don, un poder especial, su conexión con el inframundo.

El caballero de Cancer era el único caballero que podía viajar libremente a la antesala del infierno, pudiendo teleportarse a voluntad al agujero del Yomutsu. No podía escapar del abismo en sí, pero podía caminar por el borde de este como ningún otro caballero podía. Era el unico hombre vivo que podía ver el mas allá en cuerpo presente y contemplar el ultimo viaje de las almas.

- Las armaduras se convierten en parte de nosotros, y lo mismo hace la de Cancer.

Así era, pero aun así el portador de la armadura era lo importante. Era un don terrible el poseer una conexión con el mas allá, pero podía usarse con sabiduría. Mü no juzgó inmediatamente, si Dohku le decía esto era porque había algo más.

- Mü.- Dohku no estaba seguro de como continuar.- Lo que quiero decir es que... no se puede juzgar a Máscara ni sabiendo esto sobre él.

- Ahora me doy cuenta de que en realidad sé bien poco... o que nadie sabe en realidad nada. Excepto vos, y Athena.

- Soy viejo.- Dijo al fin Dohku.- He visto mucho, y sé que Máscara de Muerte lleva un nombre adecuado a su naturaleza, porta una máscara.

Dohku se incorporó pensativo y miró por la ventana la placida mañana.

- Mü, ahora que soy el patriarca debo asegurar la paz del santuario, debo preparlo para otros tiempos y aprovechar esta tregua para hacernos mas fuertes. Quiero contar con Máscara de Muerte para estos tiempos de unidad. Necesito que mires mas allá de la máscara de Cancer y saques al caballero de oro.

- Yo también deseo un Santuario unido.- Afirmó Mü.- Te ofrezco mi ayuda.

- Y yo la acepto gustosamente, Mü.

Dohku marchó al Santuario y Mü descendió hacia su templo. Realmente quería ayudar, un santuario unido era un santuario fuerte, Athena les necesitaba y en tiempos de paz había que prepararse para la guerra. Durante demasiado tiempo había crecido la discordia entre los caballeros y demasiado se había perdido por esa causa.

Máscara de Cancer debía ser un caballero de oro más.

Con ese pensamiento, Mü se encaminó a la cuarta casa, no tenía una idea de como podía hablar con un hombre que a todas luces le odiaba, pero debía intentarlo. Ahora mas que nunca tras la indirecta de Dhoku, sabía que algo extraño y particular tenía lugar entre los muros del templo de Cancer.

Se paró en la escalinata del templo y se internó en la columnata interior. Su cosmos se estremeció al instante de entrar en contacto con aquel aura maligna, los rostros emparedados parecían suplicarle que les matara y acabara con su sufrimiento. Una vez más la pregunta¿por qué la armadura de oro había permitido aquellos excesos¿por qué un templo del zodiaco mostraba aquella crueldad?

Por algún motivo Athena conocía aquello y lo consentía, debía existir un motivo, y Máscara de Muerte no podía ser el monstruo que decía ser si había conseguido una armadura sagrada.

- Mü de Aries, que sorpresa verte en mi casa.

El saludo destilaba veneno. Mü vió salir de entre las sombras y la niebla a Máscara.

El hombre no llevaba su armadura, tan solo unos gastados pantalones negros y camisa blanca desabotonada. Mü se permitió estudiar al caballero de Cancer, era alto, un poco mas que él mismo, su cuerpo era musculoso y definido como el guerrero que era, de piel bronceada por el sol que contrastaba con su cabello de un blanco canoso prematuro, este estaba encrespado y hacia atras, como un puercoespin. Sus ojos eran de un rojo intenso, como si se hubieran teñido de la sangre derramada por sus víctimas. Mü notó que esta mañana Máscara lucía unas poco saludables ojeras.

Su rostro era de rasgos duros, poderosamente masculinos, pomulos marcados y nariz fuerte aunque no exagerada, cejas pobladas y mandíbula angulosa, entre sus labios llenos llevaba un cigarrillo encendido.

Fumar, un vicio muy feo. Mü arrugó la nariz pero no dijo nada al respecto, después de todo era el hogar de Máscara y tenía derecho a fumar en ella.

- ¿Quieres algo, Mü¿O has venido solo a admirar mi decoración?

- No, Máscara, además tu decoración no ha cambiado en muchos años.

Máscara cogió el cigarrillo entre los dedos y expulsó el humo en unos aros que se desvanecieron con la niebla.

- No sabía que fumaras.

- Y yo no sabía que Mü hacía visitas de cortesía al templo de Cancer.

- ¿Interrumpo algo?

Máscara siguió fumando, desconfiando, le extrañaba profundamente la presencia de Mü allí. La unica visita que su templo recibía, y en escasas ocasiones, era la de Afrodita. No le gustaba que Mü estuviera allí, quería que se fuera y le dejara solo pero... no podía evitar sentir curiosidad ante aquel cambio de rutina. Dió una calada y se rascó la cabeza.

Mü percibía aquella profunda desconfianza con extrañeza, al ver a un Máscara de Muerte tan... tan casual, se sentía extraño. Se dió cuenta de que nunca se había preguntado por qué Máscara hacía lo que hacía, el por qué de tanta crueldad y hosquedad incluso hacia sus aliados y compañeros. Se limitaban a aceptar su maldad como habían aceptado la de su predecesor.

- No, no interrumpes.- Contestó al fin Máscara.- Ya he terminado de matar gatitos.

Era un chiste, esperaba, aunque uno horrible. Mü asintió y siguió de pie... hasta que se percató de que Máscara no tenía la menor intención de hacerle pasar a las estancias interiores ni ofrecerle asiento. O bien carecía de educación social o bien pretendía forzarle a que su visita fuese breve.

- Son nuevos tiempos Máscara, quizá deberías considerar la posibilidad de cambiar de actitud.

- ¿Nuevos tiempos?.- Máscara soltó una carcajada.- Nuevos tiempos... nada ha cambiado Mü, nada en absoluto.

Burla, pero Mü no fue engañado. Era habil viendo mas allá de la fachada, y ahora veía algo en el cosmos de Máscara, algo que su máscara no podía cubrir. Amargura.

- La diosa te ha dado una nueva oportunidad, deberías...

- ¿Nueva oportunidad?.- Máscara señaló a Mü agresivamente al tiempo que daba otra calada.- La diosa no da nada gratis, nada, estoy aquí porque le conviene, porque nadie mas puede portar ahora la armadura de Cancer, soy util.

- ¿Por qué eres tan ciego?.- Mü meneó al cabeza como un profesor decepcionado con un alumno.- Athena ha demostrado un gran corazón y compasión al...

- Athena ha demostrado ser practica e inteligente.- Replicó Máscara.- Sabe lo que soy, sabe que me necesita. Soy un mal necesario.

Mü no replicó inmediatamente, debía abrir su mente, comprender tal y como le había aconsejado Dohku. Un mal necesario... ciertamente había dado la impresión de que Athena consentía en permitir la presencia de Máscara pese a saber de su crueldad.

- Un mal necesario.- Múrmuró.

- Exacto.- Máscara apagó el cigarrillo contra uno de los rostros de la pared con malicia evidente.- Ahora dime que quieres o márchate.

Era rudo y cortante como pocos, Mü supo que si pretendía iniciar un acercamiento al hosco hombre no podía sencillamente pretender charlar con él.

- Vengo por tu armadura.

- ¿Cómo?

- Las armaduras de aquellos que fallecisteis en la batalla del Santuario, debo revisarlas. Tras la batalla y quedando después en desuso sería conveniente revitalizarlas.

- Mi armadura está bien.

- A primera vista si, pero necesita renovar el ciclo de su cosmos. Tan solo me llevará un par de días.

Máscara ladeó la cabeza mirandole con intensidad, sin ni siquera tratar de disimular su desconfianza. Mü no insistió, dejando que Máscara se decidiera, la verdad era que realmente había pensado en hacer una especie de puesta a punto de las armaduras, no había encontrado el momento, eso era todo.

- De acuerdo. Espera un momento.

Un buen rato después Máscara regresó con la caja dorada a cuestas, sostenida con una sola mano contra su espalda y un cigarrillo nuevo en la boca.

- Vamos.


Aldebaran no pudo sino arquear una ceja al ver pasar a Mü y Mascara de Muerte por delante de su casa en dirección al templo de Aries. Curioso... muy curioso.


Kiki, aprendiz de Mü, estaba en el exterior del templo cuando los dos caballeros llegaron. El muchacho, de apenas doce años, saludó alegremente a su maestro hasta que se percató de quien le acompañaba. Nerviosamente se puso firme, el caballero de Cancer tenía una oscura reputación.

- Buenos días, Kiki, veo que has decidido levantarte al fin.

- Siento haberme dormido, maestro.- Kiki bajó la cabeza en disculpa.

- No importa, vamos a reparar la armadura del caballero Máscara de Muerte, prepara el taller.

- Si, maestro.

Máscara dejó la caja dorada en el suelo y se sentó sobre ella a la espera de que pudiesen pasar al taller de Mü. El aprendiz de este parecía desde luego diligente. Aunque no parecía en absoluto poderoso, el mocoso pelirrojo tenía ciertamente habilidades, pero su cosmos no parecía gran cosa para ser un futuro caballero de oro. Bah, probablemente Mü no tenia el caracter adecuado para entrenarle, no había mas que ver como le había disculpado por su pereza al dormir hasta tarde, de seguro le consentía.

No se podía tratar a un aprendiz con tanta permisividad, no era su hijo, era su aprendiz y por tanto un futuro guerrero. ¿Cómo iba a fortalecerse si no era más que un mimado? Ridículo. Y como podía vivir Mü con un crio tampoco lo entendía, no le gustaban los niños, eran ruidosos, molestos, irritantes... y maliciosos, el mito de la infancia inocente le revolvía las tripas, los que hablaban de ella obviamente no habían visto como los niños se juntaban para pegar al mas debil o al que era diferente.

Siguió fumando sin prestar atención a Mü. No solía fumar en presencia de nadie, pero hoy tenía los nervios destrozados, no había podido dormir, su visita a las máscaras de Cancer le había alterado, eso combinado con la reunión de Athena... le había afectado demasiado.

- Deberías apagar el cigarrillo, no es conveniente fumar en la forja.

Máscara así lo hizo, de todas formas no le gustaba fumar de seguido, fumaba poco y quería que siguiera siendo así. Cargó con la caja y entraron en el ala del templo de Aries a una sala de trabajo donde Kiki ya había encendido un fuego y preparado los materiales arcanos con los que se podían reparar las armaduras. Incluso había dejado una bandeja con té sobre una mesa.

Máscara abrió la caja de Cancer y tomó asiento para dejar que Mü hiciera su trabajo, si bien no quitó el ojo de encima a su preciada armadura.

- Tiene unos rasgunos imperceptibles, puedo arreglarlo en un par de horas pero la renovación de la circulación cósmica me llevará dos o tres días.

- Ajá... ¿qué quieres a cambio?

Mü y Kiki le miraron con extrañeza y Máscara gruñó irritado.

- El precio, algo querras a cambio de reparar la armadura.

- ¿Acaso tienes dinero?.- Preguntó Kiki con obvia burla.

Una mirada asesina bastó para que el muchacho se pusiese blanco como la leche y se apresurara a refugiarse tras su maestro.

- No es necesario pago alguno.

- No hay nada gratis.- Replicó Máscara, si de forma natural era desconfiado lo era aun más cuando algo parecía ser demasiado bueno.

- Reparar tu armadura es ayudar al conjunto del Santuario.

Parecía una buena razón. Máscara asintió levemente y olfateó el té con cierto disgusto, le repugnaba el té. La unica infusión aceptable para él era una buena taza de café bien cargado, un buen café de Camerún, con mucha cafeína, fuerte, amargo y denso.

- Ya veo.- Comentó dejando a un lado el té.- Y tú harias cualquier cosa por Athena¿no es así?

- Por supuesto, ella personifica los valores por los que vale la pena luchar y morir.

Máscara bufó pero no hizo mas comentarios despreciativos que dicho gesto.

Mü sacó la armadura de Cancer y la dispuso sobre una gran losa de piedra. Era una armadura curiosa, diferente de las demás a primera vista incluso.

Las armaduras de oro no eran realmente de ese material, sino de una variedad divina de este, podían variar en la textura y tono según el sígno zodiacal, pero eran exclusivamente de oro divino. La armadura de Acuario tenía una única gema en la diadema que le confería un don especial sobre las demás armaduras, una resistencia mayor al frio para que su portador fuera inmune a su propio poder.

La armadura de Cancer tenía dos gemas rojas, una en la diadema y otra en el cuello, pero además lucía un emblema azul en todo el torso, una marca que ninguna otra armadura lucía. Quizá en ella radicaba el poder de viajar al inframundo.

- Creo recordar que necesitas un tercio de sangre para reparar armaduras.

- En este caso no es una reparación propiamente dicha, bastará con un cuarto, 1´3 litros aproximadamente.

Máscara asintió y se acercó, tenía algo de justucia cruel tener que regar la armadura con su propia sangre¿no la había manchado siempre con sangre ajena? Era curioso que ahora la armadura reclamara la suya, como un vampiro que bebiera de él para rejuvenecer. Pero al fin y al cabo¿no había devorado ya su alma? Que importaba darle sangre.

Sin más dilación se cortó en la muñeca derecha y dejó caer su sangre sobre la armadura. Daba la impresión de que regaba su armadura, la sangre se deslizaba sobre ella, introduciéndose por las juntas, rojo y dorado, rojo y azul... alimentándose de su vida. Comenzó a sentir temblor en la mano y la cabeza ligera por la pérdida de sangre, apretó los dientes, no debería sentirse debil por un cuarto de su sangre, era un caballero de oro. Probablemente era culpa de esa maldita noche de insomnio que había pasado.

Finalmente Mü alzó una mano indicándole que era suficiente. Máscara asintió y encendió su cosmos en la otra mano, aumentando su temperatura.

- Aguarda no es...- Empezó Mü, alarmado.

Sin escucharle, Máscara se aferró la muñeca produciendo un siseo de carne quemándose al cauterizar la herida. Apretó los dientes para no emitir gemido alguno pese al dolor y apretó la muñeca hasta asegurarse de que dejaba de sangrar. Cuando retiró la mano su muñeca derecha tenía una fea cicatriz enrojecida y una costra negra de sangre coagulada y quemada.

- Eso no era necesario.- Mü observó la obviamente dolorosa cicatriz.- Yo podía haberte sanado la herida de forma indolora y sin dejar marcas.

Máscara se encogió de hombros sin darle importancia, no era masoquista, no le gustaba el dolor, pero no quería aceptar mas ayudas de Mü, su orgullo ya estaba bastante herido por el maldito caballero de Aries. Estaba allí porque una armadura mas poderosa era un Máscara de Muerte mas poderoso, solo Mü podía conseguir eso.

Se había visto obligado a retirarse cuando Mü le había enfrentado en las cataratas Rozhan, al verse frente a Dohku, Shiryu y este, la retirada había sido la única opción conociendo el poder de Mü y contra dos caballeros dorados.

Había tratado de recuperar algo de orgullo al enfrentarse de nuevo a Mü como espectro de Hades pero... había sido derrotado con tanta facilidad que sentía odio por sí mismo. Cierto era que no había estado en su elemento con una armadura espectral pero... Mü era sencillamente demasiado poderoso. O él había sido demasiado debil.

- ¿Cuándo habrás terminado de prepararla?

- Espero haber terminado en dos o tres días como máximo.

- Bien. Adios.

Máscara dió media vuelta para marcharse cuando Mü le puso una mano sobre el hombro.

Reaccionó como un rayo, giró sobre si mismo y apartó la mano con un fuerte golpe. Mü retrocedió al instante poniendose en guardia ante la veloz y hostil reacción.

- No vuelvas a tocarme.- Gruñó Máscara.

- No era necesario ser tan brusco.- Replicó Mü con severidad.

- Tu limítate a dejarme en paz.

Máscara dejó allí su armadura y la caja de esta, marchando fuera del taller y del templo de Aries. Mü hubiera preferido que se sentara un momento en vez de marcharse tan repentinamente. No era bueno moverse después de perder sangre en cantidad, se podían sufrir mareos y bajadas de tensión, sobre todo teniendo en cuenta que había llegado ya con aspecto poco descansado.

Pero si el caballero de Cancer no quería permanecer allí no tenía derecho a retenerle. Llamó a Kiki para empezar a trabajar en la armadura.

- Maestro¿por qué ayudais a ese hombre?

- ¿Y porqué no, Kiki?

El nombre completo era Kikierón, pero era un nombre demasiado solemne para un niño tan vivaz y alegre. Le quería como a un hijo y confiaba en convertirle en un caballero noble y sabio, tenía los dones para serlo y la poderosa sangre de los hijos de Lemuria.

- Porque es malvado, maestro, no hace falta ser un psiquico para ver su mal karma¡es como un vórtice de energía negativa!

Mü removió cariñosamente el pelo rojo de su discípulo. Si, era cierto, pero Mü había decidido que eso no le detendría en su determinación, no solo por la petición de Dohku sino por sí mismo. Y por la amargura, la humanidad que había vislumbrado en los ojos carmesí oscuro.


Máscara sufrió un mareo y tuvo que sentarse en los escalones. Maldijo entre dientes poniendo la cabeza entre las rodillas. Era debil, asquerosamente debil.

"Los débiles mueren sin que nadie les recuerde, los fuertes gobiernan y dirigen a las masas de débiles insectos¿que quieres ser tú, aprendiz?"

Fuerte, quería ser fuerte. Necesitaba ser fuerte. Solo el poder podía ayudarle, solo ser fuerte le había hecho sobrevivir a su infancia, solo ser más despiadado que los demás le había permitido llegar hasta allí y poseer una armadura de oro.

Había sido derrotado por Shiryu porque se había ablandado. Se había debilitado y abandonado al sentirse demasiado seguro de su poder.

No volvería a ocurrir. Nunca más. Del mismo modo que Mü recuperaría el poder al 100 de su armadura así recuperaría el poder de su cuerpo y de su cosmos. No volvería a ser derrotado, no volvería a ser debil ni a huir.

Maldito Mü, el poderoso caballero de Aries, tan seguro de si mismo en su cosmos, habiendo aprendido del mismísimo Shión, anterior patriarca. Con esos poderes psiquicos impresionantes, similares a los de Shaka, ese aire de profesor de lógica escolástica... incluso ofreciendole reparar su armadura por simple deferencia.

Superior. Mü era perfecto, todo el Santuario le adoraba¿no era así? El maravilloso Mü no podía hacer nada mal, todos le miraban con respeto y admiración, incluso el sobervio Shaka de Virgo valoraba la sabiduria de Mü, todos los caballeros de oro acudían a Mü si precisaban consejo. Y estaba claro que sería la mano derecha de Dohku, actual patriarca.

No había fisuras en sus convicciones, incluso había plantado cara a Shion resucitado como espectro. No tenía faltas, ni una sola, todo el mundo adoraba al caballero de larga melena color lavanda claro, no había mácula en sus iris turquesa.

Suficiente, no se detendría hasta que pudiera mirar a Mü a la cara y pudiera burlarse de sus creencias sin temer las represalias por enfrentarse a alguien mas poderoso.

Se levantó lentamente y cuando superó el mareo continuó escaleras arriba hacia su templo. Tenía mucho que hacer. Dirigió una mirada hacia abajo, mas allá de la Casa de Géminis y Tauro... cuando volviera a por su armadura de oro tenía que sentirse mas fuerte y algún día no muy lejano ser tan poderoso que no tuviera que volver a contenerse ni sentirse inferior a nadie. Sobre todo a Mü.

Mü le obsesionaba, le odiaba, le odiaba profundamente.

Y aunque jamas se lo confesaría a nadie, ni siquiera a sí mismo... le corroía la envidia.