Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 4. Camino del abismo

Mü retiró los restos de polvo estelar de la armadura dorada.

El arte de forjar las armaduras sagradas de Athena se había perdido, pero los antiguos herreros de la desaparecida Lemuria habían legado las técnicas de su reparación a sus descendientes, como Shion, quién había instruido a Mü. Y Mü pasaba ahora ese conocimiento a Kiki, de maestro a aprendiz, de lemuriano a lemuriano.

Ya había reparado las insignificantes pero existentes grietas el día anterior, de hecho lo había hecho Kiki, y hoy revitalizaría la circulación cósmica de la armadura.

Mü se sentó con las piernas crucadas a los pies de la armadura para comenzar la meditación, su mente sería una con su cosmos, y con este penetraría en la armadura para recorrerla espiritualmente.

Cuando había hablado de esta técnica con los caballeros de bronce, Seiya se había reido y le había dicho que no había podido evitar pensar en una limpieza de cañerias. Ciertamente no podía negar la similitud aunque prefería pensar en venas y arterias de la armadura, no algo tan prosaico como unas tuberias.

Penetró en la armadura. Ayer Kiki había descrito a Máscara como un vórtice de energía negativa. No había estado errado. Era como un vórtice, Mü comenzó a recorrer las "venas" iluminando la oscuridad, sanando y revitalizando los conductos a su paso. Cuando abandonó las vías menores y pasó a las principales, al vórtice en sí mismo, descubrió realmente lo acertado de la descripción.

Yomutsu. Fue lo primero que le vino a la cabeza. Era como el poder del agujero de la muerte. El vórtice, oscuro, siniestro, parecía ejercer la misma presión y poseer la misma aura del paso al abismo. Que se supiera, solo había dos caminos al reino de Hades, la muerte misma haciendo uso del octavo sentido, y el paso en el castillo de Hades, ahora de nuevo bajo un sello en la montaña de los cinco picos. Pero al parecer había un tercero¡la armadura de Cancer tenía en su centro cósmico un tercer camino al abismo¡Por eso Máscara de Muerte podía usarlo para ir y venir del Yomutsu!

Sentía frio, un frio más allá del físico, su alma sentía el toque del averno, la presión de otra dimensión, la llamada de la condena como un canto de sirena... Inmediatamente Mü se retiró, reuniendo de nuevo mente, cosmos y cuerpo. Abrió los ojos y estudió el dorado metal con preocupación y dudas. ¿Cómo sería portar esta armadura? Sentir constantemente la existencia del Yomutsu, ser consciente a todas horas de las almas condenadas al abismo... ¿Eso sentían los caballeros de Cancer, eso sentía Máscara de Muerte?

Aquella armadura debía ser una maldición para su dueño.

- ¿Maestro? Maesto, estais pálido.

Mü tranquilizó a Kiki y se tomó un descanso para comer. La armadura esperaría, ahora sabía del cuidado que debía tener al explorarla, no se podía tratar el abismo a la ligera.

¿Era por esto que los caballeros de Cancer se volvían monstruos¿Era la armadura? Llevaban el infierno con ellos, la muerte se les hacía tan familiar como el aire que respiraban, nunca dejaban de percibir el final... nadie podía permanecer inafectado ante esa sensación, ese conocimiento del vacio, de la desesperación.

No comprendía por qué los dioses habían otorgado un poder tan perturbador a una de las armaduras de oro, un poder que maltrataba y contaminaba el cosmos de su portador. Desde el instante en que se la ponían padecían aquello...

Recordaba la primera vez que había visto a Máscara. Hacía tantos años... ¿qué edad habían tenido¿diecisiete¿dieciocho?

Eran la nueva generación de caballeros de oro, practicamente todos de la misma edad en una franja de cuatro años aproximadamente y completando la última fase de su entrenamiento, aquella en la cual vivían ya en el Santuario y siendo dignos ya de sus armaduras tan solo aguardaban a que sus predecesores se las cedieran por retirarse del cargo o, en raros casos, fallecieran. Mientras tanto entrenaban y realizaban misiones con sus maestros o en solitario.

Habían sido buenos tiempos, Mü se sintió nostálgico y se retiró a su dormitorio pronto, deseando dedicar unas horas a rememorar aquellos días, antes de la lucha contra los titanes de Cronos, antes de la traición de Géminis... quizá habían sido maduros para su edad, pero aun había brillado en sus ojos un deje de inocencia.

Recordaba a los gemelos Saga y Kanon, siempre juntos como siameses, Aiolos subiendo y bajando los escalones del santuario echando una carrera contra Aldebarán, Afrodita coqueteando descaradamente con todos ellos y tratando en vano de atraer la atención de Shaka, Milo discutiendo con Shura sin cesar, Camus siempre nostálgico de su hogar...

Que jóvenes habían sido, que jóvenes eran aún, pero cuanto habían cambiado.

Máscara de Muerte, recordaba cuando había oido su nombre por primera vez.

Hace ocho años...


- Viene alguien, Maestro.

Shion asintió, satisfecho de que incluso en meditación telepatica su discípulo hubiese percibido los cosmos que se aproximaban. Sería un buen caballero de Aries, sin duda ya estaba preparado para el manto dorado. Shion pensaba renunciar a su cargo de caballero y dedicarse a ser el Patriarca por completo.

Estaba orgulloso de Mü, el proximo caballero de Aries, un Lemuriano de la vieja estirpe. Era noble, era inteligente y sería sabio.

- Así es, parece que el caballero de Cancer trae finalmente a su discípulo.

Mü suspiró con resignación, Eistibus le ponía la piel de gallina, nunca comprendería por qué era un caballero de oro cuando todos los demás eran nobles, justos y admirables.

Eistibus se dejó ver atravesando el umbral, era un hombre alto y fuerte, con una larga y lisa melena blanca por debajo de la cintura, su rostro era alargado y afilado, con unos frios ojos verdes y cejas finas y largas que le daban un aire diabolico, por si la sonrisa sarcástica no fuese suficiente para acentuar esto.

El caballero de Cancer no acostumbraba a estar en el santuario, y cuando lo estaba era escalofriante, al parecer Eistibus parecía disfrutar amedrentando a los discípulos de sus colegas o sencillamente siendo amenazador y desagradable con todos. Sus bromas, crueles y de mal gusto, eran temidas por muchos

Mü jamas olvidaría el disgusto cuando había encontrado un cordero degollado en la puerta del templo de Aries. Shion había exigido una explicación a Eistibus, quien se había limitado a reir y comentar que solo quería enseñar a Mü de donde venía la carne que comían.

Era un hombre repulsivo que gustaba de ser cruel por diversión.

- Hola, patriarca Shión¿me he perdido algo?

- Aiolos fue nombrado caballero de Sagitario hace dos días, un gran acontecimiento, es un joven digno y valeroso.

- Estúpido, mas bién, apostaría los dos ojos a que consigue que su valor lo mate.- Replicó Eistibus con una mueca despreciativa.

Mü quiso salir en defensa de su compañero pero una mirada de Shion, su amado maestro, le advirtió de lo contrario, incluso teniendo motivos no se consentía que un aprendiz le alzara la voz a un caballero de oro.

- Es tu opinión.- Shion hizo un gesto hacia la puerta.- ¿Vienes a presentar al futuro caballero de Cancer?

- Mi discípulo, así es.- Eistibus se volvió.- ¡Ven aquí, muchacho!

Un joven entró en el Santuario, ligeramente mas alto que él, de músculos jóvenes pero marcados. Shión apreció un cosmos poderoso, digno de un caballero de oro, por su físico también se apreciaba un duro entrenamiento, mentalmente también podía percibirse una latente habilidad telekinética y telepática, no gran cosa pero lo suficiente como para ser caballero de oro con todas las de la ley.

Por desgracia también vió en el muchacho las cicatrices de un entrenamiento con Eistibus, su cosmos tenía ese toque corrupto que solo haber pisado el Yomutsu dejaba, por no hablar de su rostro, un muchacho tan joven no debería tener unos ojos tan endurecidos, un gesto tan duro con tan solo diecisiete años... Sin duda sería como el resto de su oscura dinastía.

- ¿Cual es tu nombre, joven?

- Máscara de Muerte.

Shion se mostró tan perplejo como su alumno Mü, que no pudo contenerse.

- Eso no es un nombre.

El discípulo de Eistibus le miró con odio inmediato, no era el enfado habitual de cualquiera de sus compañeros, era rabia. Odio real.

- Es mi nombre.- Le gruñó amenazadoramente.

- Pero no el nombre con el que naciste.- Acató rapidamente Shion, poco dispuesto a tener un altercado entre discípulos.- Quiero tu nombre real.

- Su nombre es Máscara de Muerte.- Intervino Eistibus con una sonrisa que tenía un toque de orgullo y la omnipresente burla.

Shion miró a Máscara de Muerte con lástima. Un niño inocente había sido transformado en un adolescente sombrío y agriado, y no le cabía duda de que crecería para ser la viva imagen de Eistibus. Así como Eistibus se había convertido en el monstruo que había sido Simikiel¿es que el ciclo nunca se rompería? Maestros crueles creando discípulos en los cuales repetían su propio entrenamiento.

- Está bien, sé bienvenido al Santuario de Athena, joven Máscara de Muerte.

Mü frunció el ceño, el recién llegado ni siquiera inclinó la cabeza como deferencia ante el patriarca, desde luego era como Eistibus. Ambos se volvieron y se dirigieron a la salida, la tradición era presentarse ante el patriarca, de otro modo Shion dudaba de que Eistibus hubiera considerado siquiera presentar al muchacho.

Mü no volvió a ver al recién llegado hasta el anochecer, cuando descendió templo por templo hasta el templo de Aries pues su maestro Shion permanecía ahora siempre en el templo principal.

Al pasar junto a la cuarta casa vió al discípulo de Eistibus en las escaleras, sentado en los escalones. Máscara de Muerte... Mü era el primero en admitir que su propio nombre era particular, monosilabico, pero Máscara de Muerte no era un nombre sino un apodo. Y uno desagradable¿quién querría tener tal nombre?

- Buenas noches.- Decidió finalmente saludar, con cuidadosa impersonalidad.

Máscara se volvió a mirarle por encima del hombro con suspicacia. Esos ojos... eran impenetrables, marcando el rostro juvenil con una dureza prematura.

- Soy Mü, discípulo de Shion, patriarca y caballero de Aries.

El recién llegado se incorporó con las manos en los bolsillos, dirigiendo a Mü una sonrisa presuntuosa cargada de una malicia que parecía cortada directamente de la cara de su malvado maestro.

- Presupones que me importa quien seas. Mü... ¿quien te puso el nombre¿era tu madre una vaca?

El joven lemuriano se quedó anonadado, nunca nadie le había hablado de ese modo, ciertamente a veces los demás habían hecho chistes similares con su nombre, pero siempre con él, con sano buen humor y sin interes en herirle. Y desde luego sin meter a una madre en la broma.

Máscara de Muerte se reía de él. Mü apretó los puños y le miró con enfado y severidad.

- Tú ni siquiera tienes un nombre real.

- Me he ganado un nombre nuevo y mejor, quizá deberías hacer lo mismo, cordero.

Mü tuvo la completa seguridad de que Eistibus había contado a su discípulo la jugarreta del cordero degollado, lo que daba un significado amenazador al apodo. Realmente Máscara de Muerte no era más que un reflejo del caballero de Cancer.

No tenía sentido pelear con él. Sabía que podía ganarle, lo sentía en su cosmos, pero precisamente por eso no tenía sentido empezar una batalla, para empezar los caballeros solo debían luchar por su diosa Athena, un caballero luchaba para servir a la justicia, no por odios personales.

- Buenas noches, Máscara de Muerte.- Dijo siguiendo su camino.

- Buenas noches, corderito.

Mü suspiró sin volver la vista, al parecer cuando Eistibus abandonara su cargo tampoco obtendría la paz de un Santurio de hombres rectos y justos. Máscara de Muerte había llegado para asegurarse de ello.


Presente...

Máscara había empezado a respetarle y dejar de llamarle cordero tan pronto como había visto un combate de entrenamiento entre él y Shion. Porque era lo único que Máscara respetaba, el poder. Era presuntuoso,si, pero nunca estúpido.

Mü se recostó en la cama. En su mente seguía viendo a un Máscara de Muerte de dieciseis años, mas esbelto, con el pelo corto y de color gris oscuro, antes de encanecer hasta la blancura en cuestión de apenas cuatro años. Pero la misma mirada, dura, cruel, burlona... pero ahora veía que siempre con un deje de amargura. Un dolor interno.

Los ojos son después de todo el espejo del alma.

¿Cómo hubiera sido Máscara de haber nacido bajo otro signo y haber sido entrenado por otro caballero? Si hubiera sido elegido para portar otra armadura.

Quizá todos ellos tenían algo de culpa, pero lo cierto era que Máscara nunca había facilitado su compañía, y su lengua era tan afilada como la excalibur de Shura aunque... nadie había hecho realmente un esfuerzo por hacer que el discípulo de Eistibus fuese recibido en el santuario. Su cosmos había sido tan agresivo que disuadía a quien se acercara. Y Mü desde luego no había querido volver a tener nada que ver con él tras la primera impresión.

¿Era culpa de Máscara? Por supuesto, eso no tenía discusión, nada había indicado que fuera posible ser amigo del hosco y cruel aprendiz.

Pero en ese instante Mü pensó en Afrodita.

Afrodita lo había conseguido. Mü nunca había visto que Máscara fuese cruel con el caballero de Piscis, ni siquiera cuando eran aprendices. De hecho los dos caballeros parecían mirar en uno por el otro, incluso podía decirse que Máscara era ligeramente protector, no directamente, pero siempre parecía estar cerca del caballero de Piscis como una amenaza silenciosa, una presencia imponente a las espaldas del efebo.

Si podía manifestar aprecio por Afrodita, que nada tenía en común con él, excepto una moral laxa¿no podía ser posible que hubiese podido confraternizar con el resto si se hubieran esforzado? Había esperanza, Mü realmente deseaba penetrar aquella armadura de rencor y odio, aquella creada por Eistibus y el propio Máscara. Había factores que habían hecho a Máscara quien era, y estaba decidido a vencerlos.

Mañana, cuando hubiera terminado de arreglar la armadura, tendría una charla con Afrodita. Necesitaba saber como podía acercarse a Máscara sin quemarse.


Máscara de Muerte descargó su furia contra los petreos rostros, destruyendo las paredes del templo, harto de ver las caras. Aquellos rostros habían sido testimonio de su fuerza, la prueba física de su única moral, que podía acabar con quien quisiera si tenía un motivo para ello, esa era la base de su fuerza.

Ahora... no significaban nada. Solo eran... ¡Nada!

La presión de su ataque destrozó otra porción de rostros. Máscara maldijo la escasa extensión. Tenía que entrenar más, más aun. Su ataque de Ondas infernales no era suficiente, no podía seguir dependiendo del agujero del infierno, necesitaba hacerse más fuerte, mucho más. Continuó, ignorando sus nudillos sangrantes, la herida de su muñeca... ignorando el dolor para alimentar su voluntad.

No descansaría hasta conseguirlo. No se detendría ante nada. Era su objetivo, fomentar un cosmos potente y un espíritu firme, que no se dejara llevar por las débiles emociones, que nada pudiera detenerle. Debía ser el más poderoso.

Tenía que desafiar a caballeros y dioses... tenía que desafiar al destino y burlar al abismo. Necesitaba ser fuerte, no volvería a caer, no perdería la vida de nuevo. Necesitaba un entrenamiento más duro, tenía que forzarse, tenía que ser tan brutal como lo había sido Eistibus entrenándole, solo así se había hecho fuerte y así lo haría de nuevo.

Y si tenía que viajar a la frontera del infierno, lo haría. No dependería nunca más de su armadura. Alzó el dedo índice y concentró su cosmos.

- ¡Ondas Infernales!


Nota de la autora: Según la astrología popular Cancer es el signo de la maternidad y la sensiblidad de la Luna como ente protector (muy acertado este review, es cierto), por eso me puse a investigar y encontré motivos por los cuales podría haber sido presentado como el villano del Santuario.

En egipto antiguo la constelación de Cancer era Κλαρια, la bestia, el Poder de la Oscuridad, y fue indentificada con Anubis.

Muchos astrologos dicen que es significatico que Plutón (el planeta con el hombre del dios romano del infierno) fue descubierto en la longitud de Cancer, y la primera bomba atómica fue detonada cuando Saturno llegó a su longitud. Saturno está considerado maléfico en Cancer, pues está opuesto, incluso la Peste Negra en 1593 coincidió con el transito de Saturno por Cancer.

En el episodio G, Máscara dice esto:

- El pesebre, un cúmulo de estrellas presente en Cancer, mi constelación protectora, es conocido en el lejano oriente como "Puerta de las Almas". Se dice que hacia allí se dirigen las almas de los difuntos cuando abandonan sus cuerpos.