Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic será YAOI (y slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.

Capítulo 8. El Carnero.

Máscara apoyó la cabeza en sus brazos y se estiró sobre una roca bajo el sól, después de un desayuno de nombre incompresible, una especie de revuelto nepalí (que había devorado, muerto de hambre), quería dormir y desear con todas sus fuerzas recuperarse cuanto antes.

Cuanto menos tiempo pasara allí mejor. Durante el desayuno Mü se había mostrado cordial y su discípulo, Kiki, o "el mocoso", abiertamente suspicaz. Máscara se había sentido demasiado cansado y huraño como para discutir siquiera. Aunque se moría por una taza de café.

- Vacía tu mente. No debes dejar que el exterior te domine, tú dominas el exterior.

Máscara frunció el ceño y se puso de costado para mirar hacia el templo. Mü estaba sentado en la explanada que había frente a la entrada, de piernas cruzadas, frente a él su pequeño discípulo le imitaba, mirándole con atención.

Al parecer estaban entrenando... bah, el muchacho no sacaría músculo jamás. Ni carácter, ya se le veía, un mocoso asustadizo y cobardica.

- Ahora debes "ver" todo cuanto te rodea, pero sin que te afecte, contémplalo con total indiferencia. Los pensamientos que te rodean no deben entrar en ti, pero debes leerlos.

- Si, Maestro.

Máscara sonrió, quizá podría divertirse un poco. Cerró los ojos fingiendose dormido.

Kiki extendió sus sentidos, las hojas al viento, la hierba mecida, un grillo, la tierra, las nubes, Aldebarán, el sonido de su armadura, el brillo de su cosmos, pensando en el tiempo que debía dejar el sofrito para la comida, los pájaros revoloteando, piando, una manzana cayendo del arbol, gritos... un hombre golpeando salvajemente a un niño mientras otro pequeño jaleaba la acción con entusiasmo...

- ¡NO!

Kiki abrió los ojos atemorizado, blanco como la leche. Mü frunció el ceño e inmediatamente percibió el origen del ataque mental, la intrusión psíquica. Máscara de Muerte, no podía ser otro, el caballero de Aries se puso en pie enfurecido y caminó hasta el otro caballero.

Máscara vestía una túnica prestada, una de las propias, blanca y simple, del estilo clasico del santuario, corta y de un solo hombro, y por debajo unos sencillos pantalones azules. Le quedaba un poco justa por ser mas robusto que Mü, pero podía llevarlas. Se había tumbado al sol, sobre una de las grandes rocas de la entrada al santuario, y parecía dormido, pero Mü sabía lo contrario.

- ¿No tienes nada mejor que hacer que perturbar a mi discípulo?

- ¿Mmmh?.- Máscara abrió los ojos perezosamente.- ¿Ocurre algo?

- Acabas de enviar un pensamiento psíquico a Kiki, y uno muy desagradable por cierto, quiero una explicación.

Máscara sacudió una mano quitandole importancia al suceso.

- Solo daba un poco de dificultad al ejercicio, se supone que debería ser capaz de bloquearme¿no son sus poderes mentales su única habilidad al fin y al cabo?

Mü apenas pudo contenerse ante la obvia burla, no le gustaba en absoluto la crítica a su entrenamiento de Kiki. Le entrenaba tal y como Shiön le había entrenado a él mismo, quizá era mas suave con el pequeño pero realmente no veía la necesidad de ser tan exigente.

- Kiki es un muchacho capaz, yo decidiré como debe ser entrenado.

- No he dicho lo contrario. Tú decides.

Cualquier cosa que salía de su boca parecía una burla o un insulto, incluso la frase mas insulsa obtenía una significación irónica o aire sarcástico. Ni siquiera tenía que mirarle, se notaba en su voz, en su sonrisa. Tenía la crueldad imprimida en el rostro, parecía incapaz de tener una sonrisa inocente.

Mü suspiró, decididamente aquello no era una buena idea, Afrodita debía estar loco para pensar que podrían convivir. Dio media vuelta y volvió con su alumno para tranquilizarle, ese Máscara era terrible.


En la comida Máscara demostró la misma voracidad que en el desayuno, engulliendo las verduras cocidas, pese a que no eran santo de su devoción. Siempre había tenido un hambre voraz. Cuando terminó su plato vió que el mocoso seguía dandole vueltas al plato con el tenedor.

Clasico de los niños malcriados que no habían pasado hambre en la vida, haciendole ascos a la comida. No era su problema, él si que tenía hambre.

- ¿Vas a terminarte eso?.

El mocoso dio un respingo cuando se dirigió a él, pero rapidamente venció su temor ante la posibilidad de librarse de las funestas verduras.

- No, no, todo para usted.

- Ah no, de ninguna manera.- Interrumpió Mü.- Kiki, tienes que comer verduras, ya lo sabes.

- Pero no me gustan...- Rezongó el mocoso.

Impertinente. Si Máscara le hubiese dicho algo así a Eistibus, su difunto maestro le habría tirado rodando por la ladera del volcán. Pero claro, este era Mü, tan santo, tan bueno, que jamas le alzaría la mano a un niñito inocente.

- No importa, son sanas, te ayudarán a crecer.

Máscara bufó con burla. Mü le dirigió una mirada hostil, estaba cansado de su comportamiento.

- Disculpa si mis métodos con mi díscipulo te resultan graciosas, Máscara de Muerte, pero considero que se consiguen mejores resultados hablando que ha golpes.

- Tonterias.- Máscara dirigió una mirada despreciativa a Kiki, que se encogió.- Míralo, solo lo estas ablandando, bah, no vale nada. ¿Te entrenaba tan mal Shion?

Mü apretó los puños y entrecerró los ojos amenazadoramente, ya era suficiente.

- Mi maestro me entrenó con sabiduría, no con fuerza bruta, eso me hizo fuerte. Tú maestro por otro lado te entrenaría a golpes, eso explica donde terminaste.

Un puñetazo no habría sido mas efectivo, Máscara petrificó su expresión, ni la bofetada de Dohku había sido tan eficaz. No miró a Mü, no podía, se levantó de la mesa y se marchó sin alzar la vista.

Eisitibus le había entrenado a golpes, si, con la promesa de que eso le haría fuerte, que era necesario... pero al final eso había sido mentira, su armadura le había abandonado, un mero caballero de bronce le había matado... Mientras Mü había tenido respeto y afecto. Ahora no podía evitar pensar en su primer encuentro con el Patriarca Shion y su alumno, un joven Mü.


Hace ocho años...

Eistibus le levantó la cara alzándole la barbilla con rudeza. Máscara le aguantó la mirada con determinación, su maestro despreciaba la debilidad, si mostraba el más mínimo titubeo lo pagaría caro. Eistibus no solía dar segundas oportunidades.

- Voy a presentarte ante el patriarca del Santuario, si me avergüenzas te mataré y sacaré otro discípulo de cualquier aldeucha. ¿Entendido?

- Si, maestro.- Máscara sabía que no debía fallar, si era presentado finalmente como discípulo de Cancer aseguraría su supervivencia.

A nadie le importaba lo que Eistibus hiciera con un aprendiz anónimo, pero un elegido para ser caballero era una circunstancia muy diferente, su vida tendría algún valor. O eso esperaba.

Eistibus había sido muy claro, no le haría heredero de la armadura de Cancer hasta estar seguro de su valía. Y para forjarle esa valía le había llevado con él en sus misiones tras su entrenamiento.

Había visto el negro corazón de la humanidad. El mundo era una bestia que devoraba a sus propios hijos, y sus hijos no dudaban en atacar a su madre. Eistibus se lo había mostrado con toda su crudeza.

Porque su labor como caballero de Cancer sería ser el brazo exterminador de la diosa Athena, los monstruos del mundo debían ser eliminados.

Cuando obtuviera la armadura que ahora portaba Eistibus, obtendría la fuerza para alzarse sobre sus enemigos. No volvería a tener miedo de nada, no volvería a sufrir ni a estar a merced de nadie. No había piedad, había que ganarse la supervivencia. Era la única verdad, lo había aprendido con sangre.

Hoy era su gran día. Se había ganado su nombre, Mascara de Muerte, y pronto sería parte del Santuario, estaría entre los mayores, sería parte de la élite. El lugar donde estaban los hombres más fuertes del mundo. Se pondría al servicio de la poderosa Athena, el mayor poder sobre la tierra.

- Te aseguro que si muestras la mas mínima debilidad te destriparé delante del Patriarca, y no creas que le importará.- Le aseguró Eistibus con un toque de diversión.- Shion parece un santurrón, pero te aseguro que no es más que un hipocrita, como todos los demás del Santuario, no dejes que te engañen. Nosotros sabemos la verdad.

Eistibus le había hablado mucho del Santuario, como asesinaban y mataban porque era la voluntada de la gloriosa Athena, quien justificaba todos sus actos. Eran los más poderosos, y eso era suficiente para justificarlo, sencillamente se escudaban y lo negaban, en un falso sentido de la justicia, ciegos o hipócritas. Eistibus servía a la diosa, la diosa era el poder, el poder era lo único que mantenía el orden en un mundo de salvajes que no obedecían a nada excepto al látigo del más fuerte.Y los caballeros de oro eran el látigo de la diosa.

- Espera aquí.

Eistibus entró en el gran templo principal. Un gran edificio, impresionante. Máscara aguardó, tratando de calmar su desbocado corazón. Estaba emocionado, asustado... no lo sabía. Se acabaría la horrible isla volcánica, ahora viviría en el Templo de Cancer, cierto que aun estaría bajo el yugo de Eistibus... pero era mejor que nada.

Tomó aliento y procuró calmarse, debía mantenerse firme, debía ser duro, de otro modo se mostraría debil. Y sabía bien como acababan los débiles.

- ¡Ven aquí, muchacho!

Si dudaba le devorarían. Tenía que tragarse su miedo. Si olían su miedo lo matarían, pese a lo asustado que se sentía, lo ahogó con determinación. Había sobrevivido a mucho, sobreviviría a esto, ya había visto el infierno.

Entró en el templo, con paso firme, estaba orgulloso de sí mismo, y debía transmitirlo.

El patriarca Shion era impresionante, su cosmos era puro poder¡era aun mas poderoso que Eistibus!. A su lado, mas apartado, había un muchacho de su edad, de melena de un raro color lavanda y grandes ojos turquesa, sus rasgos, suaves y hermosos asemejaban los del mismo Shion, quizá era su hijo. Parecía amable, eso le sorprendía, había esperado muchachos similares... a él mismo... sintió un aguijonazo... envidia. ¿Por qué aquel joven parecía tan puro?. ¿Por qué parecía tan casual junto a un hombre tan poderoso como lo era Shion?. ¿Es qué no le temía?

Devolvió su mirada al patriarca, quien se dirigió a él.

- ¿Cual es tu nombre, joven?

- Máscara de Muerte.

- Eso no es un nombre.- Replicó el muchacho con incredulidad.

Máscara miró al insolente con odio¿cómo se atrevía a estropear su primer encuentro con el Patriarca?. ¿Es que quería ponerle en evidencia?

Un rival, un enemigo. Como aquellos otros muchachos que Eistibus a veces recogía para entrenar con él como posibles aprendices, obligándoles a competir entre sí.

Lo veía claro, ese muchacho era un rival, quizá le tenía envidía, temía su poder en el Santuario y quería destruirle. No se lo permitiría.

- Es mi nombre.- Le gruñó amenazadoramente.

- Pero no el nombre con el que naciste.- Shión fue firme, Máscara temió haber cometido un error¿había fallado?.- Quiero tu nombre real.

¿Su nombre real? Eistibus le había dicho que ese nombre era vulgar, que no era digno de un caballero de Cancer, renunciar a él para obtener uno mejor era un signo de su nueva vida. Mantuvo la boca cerrada y la mandíbula firme, no, no debía mostrarse debil, era una prueba.

- Su nombre es Máscara de Muerte.- Intervino Eistibus.

Orgullo. Eistibus estaba orgulloso de él. Máscara se sintió mas seguro, había complacido a su cruel maestro. Perfecto, lo había conseguido, ya era el futuro caballero de Cancer. Y pasaría por encima de quien hiciera falta, había sufrido y luchado demasiado como para echarse atrás.

- Está bien, sé bienvenido al Santuario de Athena, joven Máscara de Muerte.

El Patriarca le había aceptado en el Santuario. Eistibus le hizo un pequeño gesto y salieron del Santuario con paso firme. Ya estaba, estaba a un paso de la armadura de oro.

Eistibus le puso una mano sobre el hombro con orgullo.

- Muy bien, Máscara de Muerte, perfecto, le has demostrado a Shion el poder de un futuro caballero de Cancer. Y has puesto en su lugar a su presuntuoso aprendiz, es una serpiente con cara de angel.

Máscara asintió, no lo dudaba. No le engañarían.

Los demás podían escudarse en palabras bonitas como el honor y la justicia, pero los caballeros de Cancer no necesitaban esas excusas. Eran fuertes, no necesitaban esas necias palabras, esos engaños para débiles de espíritu.

No necesitaba a nadie. Todos los demás eran sus enemigos. Empezando por aquel mocoso que había parecido gentil y al final había tratado de ponerle en un aprieto.


Presente...

Después había descubierto que Mü era tan santo como aparentaba, siempre amable, siempre con esa voz serena y ojos de mirada limpia, que Shion era un hombre severo y seco pero amable y paciente...

Que Eistibus le había presentado un Santuario oscuro de hombre tan crueles y despiadados como él mismo, pero había sido una mentira, o quizá la justificación que Eistibus se había dado a sí mismo.

Y los había odiado a todos, por tenerlo todo mientras él no tenía nada. Habían obtenido una armadura de oro, poderes cósmicos... y el afecto de un maestro que había ocupado el lugar de un padre.

Y él solo había tenido dolor, desprecio y desesperación, para obtener finalmente una armadura que portaba el infierno con ella y cobraba un alto precio por ello. ¿Dónde había estado la justicia para él? La justicia de la que gozaban los demás, la que había tenido Mü.

Fue al taller del templo y se apoyó contra la caja de su armadura, sintiendo la conexión de su cosmos con ella, la unión profunda de sus espíritus. Lo había dado todo por aquella armadura, ella a cambio le había dado poder¿verdad?. La armadura vibró al sentirle, complacida por su cercanía.

No era una armadura malvada. Las armaduras de oro habían sido creadas de un mismo bloque y con un mismo objetivo, en esencia su armadura no era diferente de la de Aries. De hecho la armadura de Cancer tenía una mayor conexión con su caballero que ninguna otra, o eso pensaba. Su armadura le había consentido asesinatos, crueldad¡si había consentido a Eistibus el matratarle!... Había seguido con él sin titubeos, protegiendole con su poder, aumentando su cosmos.

Le había abandonado en la batalla del Santuario, pero no era por atacar al caballero del Dragón, ni por intentar matar a su insulsa y beata novia, sino porque sus acciones de traición desembocarían en la muerte de Athena, su diosa y creadora de la armadura.

Cerró los ojos, amargado, dolorido.

"Mi maestro me entrenó con sabiduría, no con fuerza bruta, eso me hizo fuerte. Tú maestro por otro lado te entrenaría a golpes, eso explica donde terminaste."

Recordaba a Mü, entrenando con Shión, el afecto que se percibía entre ambos, casi padre e hijo. A Aldebarán discutiendo con su maestro para comprobar si realmente eran igual de altos, a Camus y su maestro haciendo muñecos de nieve en verano...

A veces severos, a veces más firmes y secos que otros... pero todos unidos. Y Máscara apartado, mirándoles bajo la sombra de Eistibus, odiándoles por ello.

Mü era tan gentil con Kiki, incluso más que Shion lo había sido con él. El pequeño pelirrojo rebosaba vitalidad, alegría, era un niño y actuaba como tal, riendo, saltando... no tenía miedo del mundo pese a haber contemplado tantas luchas entre caballeros. Era un niño inocente... su alma era inocente.

Máscara se encogió. Se sentía tan pequeño...


Mü observó su reflejo en el agua, meditabundo, se sentía culpable por haberle dicho aquello a Máscara... pero tampoco tenía claro que debiera pedir perdón¡Máscara había sido terriblemente grosero!

Por otra parte tampoco había pretendido hacer mella en el entrenamiento de Máscara, que sin duda había sido algo horrible, Eistibus había sido un monstruo sanguinario que indudablemente no había sabido entrenar a un niño excepto con el clásico "La letra ha sangre entra".

Pero no podía permitir que tratase de mala manera a Kiki. Podía ser grosero con él, eso incluso podía tolerarlo¿pero con el pequeño?. De ninguna manera.

Si iba a estar un solo día más allí tenían que dejar claras un par de cosas. Mü buscó el cosmos de Máscara y se dirigió al taller. Allí encontró a Máscara, que estaba sentado en el suelo y apoyado contra la caja de Cancer. Inmediatamente Máscara alzó la vista para fulminarle con la mirada.

- ¿Qué quieres?

- Tenemos que hablar.

Máscara soltó una carcajada, descolocando completamente a Mü.

- "Tenemos que hablar".- Imitó Máscara.- La frase mas temida en cualquier matrimonio¿nos hemos casado Mü¿Me engañas con otro?. ¿Con Shaka quizá? Me siento tan herido...

El caballero de Aries sintió un tic en su ceja izquierda, tenía unas ganas insoportables de lanzar a Máscara hasta su templo con su extinción estelar. No sabía en que estaba pensando para tratar de pedir perdón o simplemente razonar con él.

- Agradecería que observases cierta educación con tu anfitrión.

- Mi anfitrión, o sea tu, supongo.

Máscara se puso en pie, no tenía intención de seguir mirando a Mü desde abajo.

- Asi és.- Mü se cuadró.- No pienso tolerar tu actitud.

- Mi actitud.- Máscara chasqueó la lengua.- ¿Te ofende mi actitud? Cuanto lo siento¿he herido tu delicada sensibilidad?

Sencillamente imposible. Se encararon con rabia evidente.

- ¿Cómo te atreves?. Estas en mi casa.

- No es por mi elección.- Gruñó Máscara.

- Debí dejarte en el Yomutsu.

El caballero de Cancer inflamó su cosmos con total ira, no podía soportar pensar en su deuda con Mü, en como le había salvado.

- ¡Quizá debiste hacerlo!.- Le espetó.- ¡No te necesitaba!

- ¡Pues lo parecía¡Eres un loco!

- ¡Quizá tengo el valor de hacer ciertas cosas mientras otros se refugian en un agujero del Tibet!

¿Cómo tenía el rostro de echarle en cara tu exilio en Jamir? Se había refugiado allí durante el gobierno de Saga sobre el Santuario, al igual que Dohku se había refugiado en las cataratas del Rozhan. Habían permanecido así dada la delicada situación del Santuario, era despues de todo un golpe de estado.

Y Máscara se atrevía a insinuar que era un cobarde.

- Eres... eres un...

- Ya, vale, llamame cuando tengas algo que decirme.- Máscara le sonrió con ese gesto sarcástico y burlón, elevando una comisura de la boca más que la otra.

Mü estaba al borde, no sabía que hacer, Shion le había enseñado a controlar sus emociones, a ser sereno, a tener un control total de sus emociones, por medio de la calma llegaba el control, el control era poder, el cosmos era equilibrio. Aries era un protector, el guardián de la primera casa.

Pero ninguna de las técnicas y enseñanzas de Shion resultaban al hablar con Máscara. El caballero de Cancer era impermeable a cualquier diplomacia.

"Máscara respeta el poder, tú eres mas fuerte que él. Usa eso."

Era el consejo de Afrodita. Si el lo decía, debía ser cierto. Y lo cierto era que estaba deseándolo.

En un instante los ojos turquesa se oscurecieron hasta un verde oscuro, su cosmos se iluminó a su alrededor, recreándose en su poder, palpable, envolviéndole como una antorcha en la oscuridad. Era Aries, el Carnero, el lider, el protector, el marcado por Ares. Se afirmó frente a Máscara, paralizándolo con su sola presencia.

Cuando habló lo hizo con una firmeza y autoridad atronadoras.

- Este es mi templo.- Remarcó con lentitud.- Mientras estes en él me guardarás respeto a mí y a mi discípulo. Muerdeté la lengua, a ver si te envenenas.

No dijo más, ni falta que hacia. Máscara no le replicó, estaba callado como un muerto y recto como una tabla, parecía un soldado amonestado. Satisfecho, y mas relajado de lo que había estado en días, Mü suspiró y sonrió mientras se marchaba del taller. Realmente se sentía... bien, en calma después de la tormenta. Había algo relajante en hacer valer su poder y autoridad, aunque solo fuera por un momento.

Puede que la sobervia fuese una emoción baja pero... sentía bien imponerse por un instante. Y de algún modo sentía que su armadura lo aprobaba, la sentía realmente viva.

Y Máscara había cerrado su boca. Había valido la pena.


Máscara se preguntó si había una epidemia, primero Afrodita, luego Dohku y ahora Mü.

Se sentó sobre la caja de su armadura y ladeó la cabeza como un pájaro.

Mü tenía carácter... ¡y que carácter! Le había dejado la piel de gallina. Sabía que era poderoso, lo había sentido con total claridad cuando había tratado de atacar su barrera de cristal y había sido víctima de su Extinción Estelar... y ahora lo había vuelto a sentir, claramente, en su cosmos¡y sin necesidad de atacarle!.

Había estado asombroso, sus ojos oscurecidos, su gesto imperioso, su cosmos como un aura dorada, un halo de autoridad imperial. Magnífico, digno de respeto.

Perfectamente capaz de desintegrarle si osaba pasarse de la raya.

Volvió a ladear la cabeza y después palmeó la caja de su armadura.

- Las apariencias engañan.- Le murmuró anonadado.

Y mucho.


Nota de la Autora: Por fín Mü se siente un poco mas Aries, el Carnero. A ver si Máscara empieza a sentirse un poco mas Cancer.

Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo para todos!!