Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic será YAOI (y slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.

Capítulo 9. Ojos de niño y ojos de adulto.

Máscara se levantó de la cama con la satisfacción de no haber soñado, aunque el sentimiento de ausencia persistía. Era el tercer día que pasaba en el templo de Aries, el día anterior había procurado evitar a Mü comiendo en silencio y permaneciendo en el exterior del templo pero en su parte posterior, no tenía interes en enfrentarse de nuevo al caballero de Aries, sobre todo conociendo ahora el mal humor que podía tener.

Y no, no le estaba evitando, solo dejaba que se calmasen las aguas.

Cuando fue al comedor se encontró con su desayuno sobre la mesa y una nota. Al parecer Mü se había ausentado y no volvería hasta el anochecer. Mejor que mejor. Máscara acabó con su desayuno y salió al exterior a hacer algo de ejercicio, le habían dicho que guardara cama, pero con dormir casi diez horas consideraba que era suficiente descanso. La pereza no era uno de sus defectos, tenía que moverse.

No forzó su cuerpo, de modo que se contentó con unos estiramientos. Cuando apenas era mediodia oyó unos ruidos y encontró al mocoso... Kiki, jugando entre las rocas del acantilado, saltando de roca en roca y cogiendo flores silvestres.

Jugando... despreocupado. Máscara nunca había jugado, no había tenido tiempo ni ganas.

- ¡Uouh!

Súbitamente Kiki perdió pie. Y cayó.

Fue instintivo. Máscara saltó en plancha con los brazos por delante para coger al niño. Cuando sus dedos rozaron al niño... este desapareció. Máscara cayó al suelo en plancha.

PLAF!

- ¿Pero que demonios...?

- Puedo teleportarme¿has visto?. ¡En un instante!

Máscara alzó la vista desde el suelo para ver la radiante sonrisa del pequeño acuclillado. Claro, se había teleportado, ya sabía que el discípulo de Aries, como su maestro antes que él, era un prodigio de los poderes psiónicos. Pero no sabía que podía teleportarse a voluntad en un segundo. Era bueno.

- Ya veo.- Gruñó incorporándose.

Kiki miró a Máscara de arriba abajo con precaución... ¡realmente se había tirado a cogerle!. Por supuesto lo había hecho a propósito, a ver que pasaba. En realidad había esperado que se quedara mirando e incluso se carcajease.

Aunque había sido muy divertido verle caer el suelo de cara. Tuvo que taparse la boca con las manos para ahogar la risa, cosa que no ayudó.

Máscara apoyó las manos en la cintura¡el mocoso se estaba riendo de él!.

- ¿Te has divertido?

- ¡Mucho!.- Exclamó el mocoso con una carcajada.

¡Tamaño descaro!. Máscara no daba crédito. El crio olvidaba muy rapidamente el temor que le había inspirado inicialmente. Practicamente echando humo Máscara extendió las manos como garras.

- ¡Te voy a...!

- ¡Uaaaaah!.

Kiki no perdió el tiempo en echar a correr con Máscara a la zaga. Cuando el mocoso recurrió al teletransporte Máscara no tardó en imitarle y acabaron corriendo uno tras otro por el techo del Santuario.

- ¡Te tengo!

Finalmente agarró al mocoso por los pies en un teletransporte al mismo tiempo. ¡Por fín! Le sostuvo boca abajo por una pierna y preparó el puño... Kiki chilló y se encogió cubriendose la cabeza con los brazos, cerrando los ojos con miedo.

Máscara se detuvo en seco al percibir su miedo con tanta intensidad. ¿Cuántas veces le había golpeado Eistibus? Y por mucho menos, había bastado un lloriqueo, una duda, tardar demasiado en obedecerle o mostrar afecto por algún animalillo.

A Kiki nunca le habrían pegado, seguro, eso se notaba en un niño. Lo cierto era que Máscara nunca había tratado con un niño, aquellos que adornaban la pared de su templo habían sido muertes accidentales, había quedado sorprendido cuando había visto sus caras en su templo. Incluso culpabilizado... había sido un accidente, su misión había sido exterminar un culto a Lucifer, que había conseguido una armadura de bronce. Antes de irse había derrumbado el edificio entero. No sabía que hubiera niños allí.

Bajas de guerra, si estaban allí sería por algo, así se había justificado.

Máscara sintió el miedo de Kiki, su temor, que sustituía su anterior despreocupación, el muy truhan incluso se había divertido evadiéndole...

Puso al mocoso bajo su brazo... y le frotó la coronilla de la cabeza con los nudillos. Muy rápido.

- ¡AYAYAYAYAYAY!.- El mocoso chilló y pataleo.- ¡Eso dueleeee!

- ¿A que si?. ¿Eh?. ¿A que si?.- Máscara rió de buena gana.- Esto te enseñará.

- ¡Perdón, perdón, perdón¡No volveré a hacerlo!

Finalmente dejó al pequeño en el suelo... o mas bién en el techo del templo. Kiki se llevó las manos a la dolorida cabeza, asentándose el pelo revuelto. Tenía los ojos húmedos de lágrimas pero era obvio que no lloraba de verdad, puro susto.

- Sniff... dueleee...- Lloriqueó. Máscara suspiró, mocoso malcriado.

- Pues te echas agua, eres un blandengue.

- ¡No lo soy!

- ¡Claro que lo eres!.- Máscara se inclinó hacia el crio con los brazos en jarras.- Mirate, lloriqueando por tan poca cosa.

- Pero duele.- Protestó Kiki alzando la vista.

- Si duele te aguantas. Si te han herido no des muestras de ello.

- Pero entonces no sabrán que me han herido.

- ¡De eso se trata!.- Máscara estaba incredulo.

- Pero entonces nadie sabrá si necesito ayuda.

Máscara se quedó callado... tenía sentido... bueno, un poco. Y Kiki le miraba profundamente convencido de lo que decía.

- Si necesitas ayuda...- Murmuró.

Mascara mascó la idea y finalmente se sentó en el techo del templo con aire melancólico. Nunca había pensado en eso.

Kiki miró al hombre, alto, siniestro y de oscura fama, que se había sentado a su lado. De pronto ya no daba tanto miedo. No le había pegado, de hecho se había divertido mientras corría y se teleportaba huyendo de él. Quizá no era tan malo como parecía.

- Es hora de comer.

- Aja.- Mascara asintió distraidamente.

- El Maestro Mü ha dejado verduras.

Máscara frunció el ceño y al mirar a Kiki vió la viva imagen de lo que debía ser un diablillo o un duendecillo malicioso, con ese pelo rojo y esa sonrisa... Máscara no pudo sino mostrar una sonrisa a coro.

- Supongo que podemos cambiar el menú. ¿Dónde está la nevera?


Mü salió del templo de Libra, donde se había reunido con Dohku y el recién llegado Shiryu, caballero del Dragón. El joven caballero estaba halagado pero era tan humilde que habia costado un gran esfuerzo convencerlo de que debía ser el proximo caballero de Libra. Pero finalmente todo iría bien, además Dohku había dispuesto que todos los caballeros de bronce se trasladaran al Santuario para prepararse, Seiya como Caballero de Sagitario, Hyoga como caballero de Acuario, Ikki como caballero de Leo y Shun como caballero de Virgo. Los cinco debían comenzar a entrenarse para llevar las armaduras de oro en algún futuro, las armaduras ya los habían marcado como herederos y ya habían demostrado su valia con creces.

- Mü, aguarda.

- Si, Dohku, dime.

- ¿Cómo te está yendo con Máscara?

Mü suspiró, había conseguido paz desde que le había dejado claro su lugar, pero temía haber conseguido demasiado éxito. ¿Cómo iba a congraciarse con él si no se hablaban? Bueno, al menos no discutían.

- No lo sé... no estoy seguro de que ese hombre pueda convivir con nadie en igualdad de condiciones.

- Si te resulta demasiado duro...

- No, no.- Mü negó y sonrió.- Estoy dispuesto a hacer el esfuerzo.

- ¿Estas seguro?

- Si, Máscara de Muerte... es algo dificil, pero tengo esperanza.

Dohku asintió y despidió al caballero de Aries. Esperaba no arrepentirse de haber dejado a Mascara con Mü. Quizá ambos saliesen ganando con la experiencia, a veces Mü se parecía demasiado a Shion, su antiguo y difunto amigo había sido demasiado controlador en ocasiones, era consciente de su poder y por ello mantenía siempre un ferreo control sobre sus emociones, la responsabilidad de ser el patriarca y el caballero de Aries habían hecho mella en su carácter, que se había endurecido.

Mü podía ganar mucho si obtenía un poco de impetuosidad y dejaba salir sus emociones. Aunque solo esperaba que no las dejara salir tanto que acabaran matándose.


Mü llegó a su templo a tiempo de cenar, esperaba fervientemente que Kiki le hubiese hecho caso en cuanto a alejarse de Máscara. Al caballero de Cancer no parecían gustarle los niños en absoluto.

Apenas había llegado a la entrada del templo cuando oyó... ¿risas?. Profundamente sorprendido aceleró el paso y camufló su cosmos, rebajándolo hasta ser imperceptible en el santuario, donde había tantos cosmos poderosos.

Encontró a Kiki en la salita, riendo como un loco, con una risa que tenía un toque de picaresca, sentado sobre la espalda de Máscara de Muerte, que tenía una sonrisa similar, pero mas suave que la habitual, mas amable, con mas picardía que malicia.

Máscara hacía flexiones y Kiki hacía de peso sobre él. Charlaban y reían. Mü apenas daba crédito a sus ojos, nunca hubiera imaginado así a Máscara, jamás. Y Kiki se veía completamente relajado, divertido con el sube y baja.

- ¿Y entonces que hizo él?

- Bueno.- Máscara seguía ejercitándose mientras hablaba.- El caballero del Chacal seguía atontado mirando a Afrodita, que por otra parte no dejaba de hacerle morritos.

- ¿Y qué hiciste tü?

- ¿Yo? Yo seguía peleándome con la jauría de perros y lobos, y creeme, nunca subestimes a un animal que lucha por instinto. La antirrábica si que duele.

Kiki volvió a reir con ganas y Máscara continuó.

- Entonces fue cuando el caballero del Chacal cometió su error mas crucial.

- ¿Cuál¿Cuál? Cuéntame.

- Se acercó a Afrodita y le dijo: "Su belleza me ha robado el corazón, hermosa dama."

Kiki se echó a reir tan fuerte que casi se cayó de la amplia espalda.

- ¡Jajajajajaja¡Le confundió con una chica!

- Naturalmente a Afrodita no le agradó en absoluto, y en ese instante el caballero del Chacal era historia. No fue nada bonito.

Ambos rieron a duo. Mü sintió una inmensa calided. Máscara era humano, tan humano como cualquiera, capaz de reir, capaz de bromear, y capaz de ser gentil con un niño. Guardó silencio y retrocedió hasta la entrada donde devolvió la visibilidad a su cosmos. Cuando entró de nuevo, Máscara no estaba a la vista y Kiki estaba en la salita, solo y aun riendo entre dientes.

Parecía que realmente podían convivir. Mü decidió no comentar nada al respecto. Durante la cena Máscara mantuvo su silencio... pero se le veía mas relajado, sencillamente abstraido. Era una buena señal. Y Mü no podía dejar sonreir, había sido una escena... tierna, y esa palabra unida al caballero de Cancer era tan incongrujente como encantadora.


Máscara intentaba relajarse y postergar su despertar, había dormido a ratos, dando vueltas de un lado para otro, sintiendo constantemente ese hormigueo en su interior, esa falta. Remoloneó en las cálidas mantas, sintiendo su calor y comodidad...

- ¡Yihaaaaaa!

En un segundo tenía una bestia pelirroja sobre él, un auténtico farfullero salvaje le saltó encima con saña. Máscara no pudo evitar gritar y al final acabó cayendose de la cama en un revuelo de matas y la almohada, pronto comprobó que el asaltante rabioso era Kiki, que ahora le sonreía de oreja a oreja sentado comodamente sobre su pecho.

- ¡¿Pero qué demonios haces, mocoso?!.- Y estaba realmente enfadado.

- ¡Ja, ja, ja¡Te he asustado!.- Se mofó Kiki.

Máscara descubrió que no sentía deseos de golpearle.. había otros métodos mas divertidos. Con un solo gesto envolvió al mocoso en la manta y la cerró con una lazada. Inmediatamente Kiki empezó a revolverse y chillar para ser liberado... claro que el efecto quedaba reducido porque entre los gritos se le oía reir.

- Yo te enseñaré a saltar encima de mi.- Le amenazó.

Nunca antes había imaginado que un niño podía ser tan divertido, para empezar no se indignaba por estupideces, se reía del humor de mal gusto y no se ofendía por quítame allá ese apodo. Ojala Mü nunca pudiese convertirle en otro caballero tan estirado que parecía tener un palo metido por donde la espalda perdía su santo nombre.

- Me parece que meteré esta sabana en la lavadora... contigo dentro.

Se oyó un ahogado "no te atreverás" entre risas.

- ¿Qué no? Será divertido, daras vueltas y vueltas, lástima del agua y el jabón pero...

El pataleo y las risas se intensificaron, diosa, Máscara no podía evitar reirse¡nunca se había divertido tanto con alguien!.

Al pasar por el comedor se encontró con Mü, que observó anonadado el bulto de mantas movil que Máscara llevaba en brazos. Y el bulto se reía.

- ¿Kiki?

- Voy a meter al mocoso en la lavadora.- Respondió con toda seriedad.

Mü no sabía si indignarse o reirse¿iba en serio o no? Con Máscara nunca se sabía. Solo pudo quedarse parado con la taza de te en la mano, la escena era ciertamente extraña tratándose de Mascara.

Finalmente el caballero de Cancer soltó el bulto en el suelo, del cual salió Kiki rojo de risa.

- Ahora entiendo que tengas un aprendiz, Mü, es un buen bufón.

- ¡No soy un bufón!.- Se defendió Kiki.

Máscara le gruñó amenazadoramente y se sentó sin decir más.

Y ahora actuaba como si Kiki no le cayese bien. Mü sabía que si contara esto en el santuario todos le tomarían por loco. Sonrió tomando su té, realmente había esperanza.

Desayunaron y Mü le encomendó a Kiki unas labores para el resto del día, no era bueno dejarle muy ocioso.

Máscara repitió el desayuno y Mü se quedó un rato más a la mesa, mirándole. Máscara se removió bajo su mirada y finalmente dejó el cuenco.

- ¿Qué?

- ¿Tienes hijos?

Máscara practicamente escupió la comida y le miró con sorpresa.

- ¿Qué¡Por supuesto que no! Odio a los niños.

- Si tu lo dices.

Mü sonreía dulcemente, apoyando el rostro entre las manos, observándole con una mezcla de curiosidad y complicidad. Máscara centró su atención en su comida, incómodo. No le gustaba que alguien imaginara que sentía debilidad por el pequeño pelirrojo. Además la forma en que Mü le estaba mirando, le incomodaba y a la vez le gustaba.

Mü recogió los platos y fue a la cocina con ellos, en general fregaba Kiki, pero hoy su labor era bajar al pueblo a comprar y repartir periodicos, le gustaba que el muchacho realizase esas actividades antes de entrenar, sería un hombre que conocería el mundo, no viviría encerrado en el templo, alejado de los demás hombres, de las personas que algún día debería proteger.

Empezó a canturrear mientras fregaba, se sentía feliz, sobre todo pensando en como Máscara y Kiki se habían compenetrado en un solo día, y como el caballero de Cancer había mostrado tanta jovialidad en privado, era algo encantador.

Máscara oyó el canto de Mü y frunció el ceño, molesto¿qué le había puesto tan contento?. Ahora no parecía molesto por tenerle en el templo.

Máscara tuvo la tentación de ir a la cocina a molestarle... pero tuvo un terrorifico flashback del momento de ira de Mü el día pasado y al instante dio media vuelta y se alejó. No se podía pinchar al carnero gratuitamente. Le merecía un respeto.


Por la tarde Mü entrenó con Kiki la habilidad de controlar la intensidad del cosmos. Usar el justo, la cantidad exacta según lo que se deseaba conseguir, aumentarlo, reducirlo, manipularlo... Pasaron horas y tan solo pararon cuando Kiki quedó completamente exhausto. Mü se sonrió cuando tuvo que llevar al pequeño en brazos a la cama. Después de acostarlo, y tomando nota de que Kiki tendría que desayunar fuerte puesto que no había cenado, se dirigió al baño para ducharse antes de hacer la cena para él y su huesped.

En cuanto abrió la puerta del lavabo se encontró con dicho huesped.

Mü se quedo quieto en el umbral de la puerta, sin poder evitar que su mirada recorriera el ejemplo de cuerpo masculino que se exhibía ante él. Ya le había visto antes, pero había sido en compañía de Afrodita, con la ocupación de curar sus heridas. Máscara había estado inconsciente... no como ahora.

Máscara estaba secándose, pasaba la toalla por su piel de forma enérgica, frotó su amplio pecho y descendió con rapidez, en zigzag, recorriendo sus abdominales, llegó a sus genitales y los envolvió con la toalla, frotándolos y pasando la toalla entre sus poderosos muslos.

Mü sintió que su pantalón encogía un par de tallas mientras veía la vigorosa hombría de Máscara envuelta y frotada con un gesto casual que resultaba mas erótico que nada planeado.

- En seguida termino.

Mü alzó la vista con profunda vergüenza por tener tales pensamientos. Máscara levantó los brazos sin mostrar vergüenza alguna y se frotó el pelo sin mayor reparo, exhibiendo su cuerpo, bien formado y forjado en la batalla.

- Ya estoy.

Mü asintió debilmente y se apartó dejando salir a Máscara del lavabo. Era normal que el caballero de Cancer no tuviese problema en estar desnudo, despues de todo ambos eran hombres y no tenía motivos para ocultarse.

Cerró la puerta a su espalda y entró en la ducha. Ahora más que antes necesitaba esa ducha, y bien fria.


Máscara no podía dormir, estaba inquieto, la cena con Mü había sido incómoda, el otro caballero no había alzado la mirada de la comida ni una vez, y Máscara no había comentado nada al respecto, poco dispuesto a enfrentar su ira nuevamente.

Y aquel vacio no desaparecia, dormía con la sensación constante de que le faltaba algo y la idea de que era el cosmos de Mü no dejaba de incomodarle.

Saltó de la cama, tenía que despejarse... quizá podría echar agua en la cama del mocoso para que pareciese que se había meado.

No obstante sus pies le llevaron a pasar frente a la puerta del dormitorio de Mü.

Apoyó las manos en la fria puerta y también su frente, cerrando los ojos y aspirando profundamente, turbado al sentir que la cercanía con Mü parecía aliviar la sensación.

Entonces lo oyó, un jadeo, un gemido ahogado, amortiguado con esfuerzo, mas jadeos.

Sospechaba a que se debían, pero le resultaba dificil, muy dificil, imaginar a Mü haciendo eso. Demonios¡era obvio que hasta Shaka debía hacerlo!, pero era complicado de imaginar.

Sabía que tenía que continuar su camino, pasar de largo y salir al exterior, serenarse y tratar de dormir de nuevo mas tarde.

En cambio entreabrió la puerta en silencio, y observó por el resquicio.

Mü estaba tendido en la cama, las mantas apartadas, su única ropa una camisa abierta, los calzoncillos a la altura de las rodillas... Su cuerpo era hermoso, mas esbelto que el suyo pero fibroso, compacto, nada tenía que envidiar al de Afrodita. Sus manos se perdían entre sus piernas, con la izquierda manipulaba sus testículos, moviéndolos con delicadeza mientras la derecha apretaba el congestionado y enhiesto miembro viril en una vaina que se movía de arriba a abajo... Su rostro estaba deliciosamente ruborizado, sus ojos estaban entrecerrados, nublados en su camino hacia el orgasmo, jadeando y obviamente conteniendo los gemidos para no alertar a los demás ocupantes del templo.

Máscara de Muerte estaba fascinado, Mü estaba tan hermoso con el cabello lila revuelto como una aureola en torno a su rostro y en la actitud mas íntima en la que podía estar una persona. Era hermoso, indescriptiblemente hermoso... abrió más la puerta.

Mü recorrió la longitud de su hombría hasta el glande y se acarició lentamente, ni la ducha fria había apaciguado el deseo que se había encendido dentro de él. Estaba perdido en ensoñaciones, en todas ellas estaba el cuerpo desnudo de Máscara de Muerte, y con la expresión gentil que había vislumbrado... tan deseable...

Estaba tan cerca... un poco mas rapido... Mü se entregó a la autogratificación con un gemido sonoro... después de todo soñar no tenía nada de malo.

Hasta que abrió los ojos y vió al objeto de sus lúbricas fantasias en su dormitorio.

- ¡Máscara!.- Mü se sentó en el lecho tratando, con poco éxito, de recuperar la dignidad. Se cubrió con un trozo de manta pero seguía siendo evidente su "incomodidad".

Máscara dió un respingo, no sabía que hacer, donde esconderse, súbitamente se percató de que había entrado en la habitación sin apenas darse cuenta de ello. ¿En qué demonios había estado pensando?. ¿Qué iba a hacer ahora?.

Mü apenas encontraba las palabras, el corazón retumbaba en su pecho y la cara le ardía de vergüenza¡Máscara le había visto masturbándose!. Solo si además supiera que lo había hecho pensando en él, habría podido aumentar su total vergüenza. Deseó que la tierra se lo tragara, o que se tragase a Máscara, cualquiera de las dos opciones era buena.

Máscara permaneció en pie, paralizado, podía hacer muchas cosas, disculparse atropelladamente y salir corriendo, hacer como si lo visto no le importase y preguntar por alguna estupidez, reirse y recibir como mínimo la tercera muerte, o bien hacer exactamente lo que le dictaba el segundo cerebro que todo hombre tenía entre las piernas.

Decisiones, decisiones.

Nota de la autora: Capítulo de Año Nuevo, el regalo es un capítulo cargado de buenas vibraciones, un lado mas benigno de Máscara y Yaoi, y para el proximo capítulo... ¿habrá, por fín, slash? (No se que termino es el correcto, si slash o lemon, creía que era slash pero ya no estoy segura.)

¡Feliz Año Nuevo y Día de Reyes!