Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic será YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü. Este capítulo tiene Lemon, es explícito, avisados quedan.

Capítulo 10. Carne y hueso

Mü apenas encontraba las palabras, el corazón retumbaba en su pecho y la cara le ardía de vergüenza¡Máscara le había visto masturbándose!. Solo si además supiera que lo había pensando en él habría podido aumentar su total vergüenza.

Máscara permaneció firme, podía hacer muchas cosas, disculparse atropelladamente y salir corriendo, hacer como si lo visto no le importase y preguntar por una manta extra (por ejemplo), reirse y recibir como mínimo la tercera muerte, o bien hacer exactamente lo que le dictaba el segundo cerebro que todo hombre tenía entre las piernas.

Decisiones, decisiones.

Máscara avanzó con decisión, la determinación marcada en su rostro como una petrea máscara. Se movió sobre la cama a gatas hasta situarse frente a frente con Mü, que no podía reaccionar, apabullado. Máscara le miró a los ojos con firmeza y al instante Mü sintió la mano del otro hombre, grande, áspera, cálida, posarse en su cintura.

El tiempo pareció detenerse, el silencio podía cortarse, la tensión era obvia en el ambiente. Con lentitud, sin separar sus duros ojos rojos de los de Mü, Máscara movió la mano desde la cintura y la deslizó apartando la manta hasta dar con la hombría de Mü, cuya erección no había remitido pese al susto y la vergüenza.

El caballero de Aries exclamó con sorpresa y placer a partes iguales.

La mano de Máscara envolvió con firmeza la longitud del miembro duro como una roca. Lentamente bombeó y frotó la henchida y cálida carne.

Mü arqueó la espalda y dejó que la ruda caricia le consumiera a medida que el delicioso placer subía por su espalda desde su miembro. Apenas unos segundos y ya se sentía arder, al borde del orgasmo. No apartó la mirada, Máscara le miraba con una intensidad que era tan sensual como su tacto.

Máscara mantuvo sus caricias firmes y rítmicas, pasando su calloso pulgar por el hinchado glande a cada pasada, cuando finalmente Mü apartó la vista mordiéndose el labio inferior Máscara se inclinó y selló sus labios sobre uno de los pezones de Mü. Lo lamió con mimo y raspó con los dientes el sensible boton haciendo que Mü gimiera y gruñera.

Y cada sonido de placer hacía que su propia hombría se hinchara contra la tela de sus, por suerte, holgados pantalones de pijama. Máscara besó cada centímetro de piel hasta atacar el sensible cuello, chupando y marcando.

Gracias a todo el panteón que Mü estaba aceptando sus atenciones, si el caballero le hubiera despreciado no sabía que habría hecho. Y era delicioso, olía a limpio, a jabón, era cálido e invitador, su cosmos era envolvente... Máscara deslizó los dientes raspando el cuello sin herirlo, lamiendo y besando, eso siempre le había gustado a Afrodita, y a juzgar por el gemido, también le gustaba a Mü.

Claro que había un problema. No estaba siendo correspondido.

Lo cual era terriblemente molesto, empezaba a sentir cierta urgencia por recibir algo de atención. Gruñó e intensificó el fervor de sus atenciones en tanto se tumbaba más sobre Mü, hasta que este quedó tendido sobre la cama. Máscara gruñó frustado, dejó de masturbar a su compañero de cama y de un solo gesto se bajó los pantalones, esperando que Mü pillara la indirecta.

Mü gimió cuando las caricias cesaron y su carrera hacia el orgasmo se vió cortada, abrió los ojos y vió que Máscara se bajaba los pantalones con un brusquedad, revelando su miembro erecto, exultante desde el nido de vello ensortijado.

Mü recuperó una cierta noción de la realidad ante la visión de tanta masculinidad de forma tan abrupta.

Estaba en su dormitorio, teniendo contacto sexual con Máscara de Muerte, caballero de Cancer. Por Athena¿qué estaba...?

El resto de sus pensamientos se evaporaron rapidamente cuando Máscara volvió a masturbarle y se inclinó sobre él, manteniendole entre sus piernas pero apoyandose de semicostado en el lecho, con el rostro junto al de Mü, respirando en su oido.

- ¿Vas a tocarme o qué?.- Gruñó Máscara con irritación evidente.

Mü no tuvo duda alguna de a qué se refería Máscara. El tono de voz era ciertamente hostil y cargado de irritación y no poca exigencia.

Mü frunció el ceño, si Máscara de Muerte pensaba que podía comandarle en su cama, darle órdenes en su templo, o tumbarse sobre él como si dominara la situación estaba muy equivocado.

Máscara fui pillado completamente por sorpresa cuando Mü le empujó y en un instante el caballero de Aries estaba sobre él con las posiciones invertidas. La expresión de sorpresa de Máscara de Muerte era realmente cómica.

- Sí, Máscara, voy a tocarte.- Respondió imperiosamente Mü.

- Oh.

Mü sonrió con un toque de malicia completamente nuevo y pronto su mano, engañosamente delicada, de dedos largos y esbeltos, imitó los gestos de la mano de Máscara en su hombría.

El caballero de Cancer ahogó un gemido y cerró los ojos tratando de controlarse, Mü le estaba tocando... si alguien le hubiera dicho que una noche tendría una masturbación mutua con el caballero de Aries le hubiera llamado loco y le hubiera emparedado personalmente en su templo.

Pero estaba ocurriendo, oh Athena, estaba ocurriendo.

Mü no podía apartar la mirada del rostro de Máscara, los ojos entrecerrados, la boca entreabierta y jadeando, un gesto de padecimiento... había imaginado ese rostro en su intimidad, pero la realidad era indudablemente mas sensual. Delicioso.

Ninguno de los dos pudo aguantar mucho, Mü se inclinó y mordió la unión del hombro y el cuello de Máscara en tanto su miembro se tensaba y expulsaba su líquida pasión entre los dedos del otro hombre.

- ¡Mü!.- Exclamó Máscara sobresaltado ante el súbito ataque y la presión sobre su hombría. El orgasmo estalló cubriendo su vientre y la mano blanca de Mü.


La penumbra de la habitación, iluminada tan solo por resquicios de pálida luz lunar en la ventana, apenas si dejaba distinguir a los dos hombres que ahora recuperaban el aliento el uno sobre el otro.

Máscara se relajó, aspirando profundamente el aroma de los sedosos cabellos que se desparramaban sobre su torso, volvió la cara y hundió la nariz entre este, olfateando. Era un olor tranquilizador, era como el cosmos que ahora le rodeaba, el cosmos de Mü, tan firme, tan seguro, hospitalario... podía hundirse en él.

Mü acarició los anchos hombros de Máscara, apoyando la mejilla sobre uno de ellos, apreciando el tacto de de la lisa y cálida piel cubriendo los sólidos y duros músculos del impresionante cuerpo masculino.

El abrasivo cosmos de Máscara estaba inusualmente calmado, como una balsa de aceite, un mar en calma, a Mü le vino a la cabeza la imagen de una gran bestia placidamente dormida en su caverna. Era enternecedor.

La cálida burbuja empezó a desvanecerse cuando los fluidos de su pasión empezaron a ser algo bastante molesto entre sus cuerpos. Máscara gruñó una blasfemia que Mü fingió no escuchar y se apartó, sentandose al borde de la cama.

Mü miró Máscara levantarse y recuperar sus pantalones. No dijo nada, no se atrevía, la tensión volvía a hacerse notar. Máscara le miró por encima del hombro, abrió la boca pero pareció pensarselo mejor y no dijo nada, en su lugar se levantó y salió del dormitorio.

Mü se volvió mirando el techo de su dormitorio con extrañeza, primero Máscara le sorprendía tocándose y un segundo después se masturbaban el uno al otro como dos adolescentes experimentando. Y ahora Máscara se marchaba.

¿Cómo se supone que debería sentirse?. ¿Mal?. ¿Bien?. ¿Avergonzado?. ¿Enfadado?. ¿Feliz?. Mü ya había tenido sus devaneos amorosos, (pese a que muchos pensaran lo contrario era un hombre, de carne y hueso), pero nunca con otro caballero de Oro. Además este era Máscara de Muerte, era otro mundo completamente distinto.

Había sido demasiado inesperado.


Por la mañana ambos caballeros tenían unas ojeras que delataban que ninguno había dormido el resto de la noche tras su interludio.

Mü no había dejado de dar vueltas, confundido, si, deseaba a Máscara, eso lo aceptaba y no le preocupaba, le preocupaba más que quizá el caballero de Cancer le importaba demasiado. Y eso si le preocupaba, porque era mucho más que afecto por un compañero, sobre todo teniendo en cuenta al caballero en cuestión. Ultimamente, a medida que había ido conociendole, viendo resquicios de otra persona en Máscara... la atracción puramente sexual había empezado a cambiar algo más... profundo

Por no hablar de cual sería la opinión de Máscara de Muerte. ¿Por qué había entrado en su dormitorio?. ¿Y por qué había iniciado el contacto sexual?. Todo había indicado que seguía guardandole rencor.


Máscara, por su parte, había acabado por pasear por el exterior del templo sabiendo que no podría pegar ojo.

Sus únicas relaciones sexuales en su vida habían sido solo con dos personas, la primera vez cuando Eistibus le había llevado a una prostituta por su dieciocho cumpleaños (el primer y único regalo de cumpleaños de su vida), y la segunda con Afrodita, y únicamente con Afrodita desde entonces.

No era por puritanismo, no, de eso no gastaba. Sencillamente no le gustaba la idea de estar en una posición vulnerable con nadie, no confiaba en nadie, no podía confiar en un compañero de cama y quedar a merced de alguien durante el acto sexual.

En la experiencia de Máscara el contacto físico con otros estaba intimamente relacionado con el dolor, solo había confiado en Afrodita de Piscis, y eso solo con la seguridad de que era su... su aliado y de ser mas poderoso, marcando siempre el ritmo.

Sabía que esperar de su "relación" con Afrodita, sexo esporádico, complicidad, eso era suficiente, Afrodita hacía su vida y él la suya, no eran una pareja, no en el significado completo de esa palabra.

No sabía que esperar de su encuentro con Mü. Y no estaba seguro de qué quería esperar. ¿Por qué había consentido Mü en la masturbación?. Es más, incluso había acabado por participar activamente... tenía las marcas de sus dientes en el hombro. ¿Por qué había consentido y participado?. Le deseaba... pero no le entraba en la cabeza que el sacrosanto Mü pensase en el sexo como algo puramente lúdico. Por otra parte Mü le despreciaba, o eso había pensado.

Kiki, sentado entre ambos caballeros, miraba a uno y a otro con consteranción, los dos adultos comían en silencio absoluto y ponían tanto cuidado en no mirarse que resultaba ridículo. Algo pasaba.


Afrodita llegó al templo de Aries tan radiante como siempre para visitar a su amigo Máscara. Estaba impaciente por saber como iban las cosas, sobre todo conociendo el interes de Mü por su atractivo huesped, quien sabía que habría ocurrido.

Apenas había podido contenerse de no venir antes, pero Shura le había insistido en que era mejor que no se metiera.

Afrodita suspiró, oh Shura, quien iba a imaginar que ese hombreton hispano podía ser tan tierno y vergonzoso. Resultaba increiblemente encantados cuando se ruborizaba, y era tan facil escandalizarle. Y su casa no estaba muy lejos de la suya.

Pero ahora tenía otro hombretón con el que hablar. Se ahuecó la melena y llamó a su amigo canturreando.

- Máaaascara... tienes visiiiita...

Quien acudió fue Kiki, el discípulo de Mü. Afrodita saludó con la mano, el muchacho era alegre y despierto, aunque demasiado activo para el gusto del caballero de Piscis, y no le agradaba la idea de que al crecer fuese demasiado guapo con aquel cabello rojo fuego.

- Hola pequeño¿está Mascara de Muerte por aqui?

- Oh, si, creo que está en la playa.

Afrodita caminó hasta el borde del acantilado y se asomó, efectivamente, en la pequeña cala que se formaba al bajar la marea había una figura humana. El mar se agitaba a su alrededor y Afrodita vió como el caballero de Cancer realizaba unos ejercicios menores de poder, o menores para un caballero de oro. Máscara estaba manipulando la fuerza de la marea, atacándola con su cosmos, perturbando el vaiven a voluntad, manteniendo las aguas atras o adelantándolas.

Menudo descanso. Afrodita chasqueó la lengua con desaprovación, Máscara no sabía estarse quietecito. Con una marea de rosas Afrodita se teleportó hasta la cala.

- Afrodita.- Fue el unico saludo de Máscara.

- ¿No te había dicho que debías descansar?

- Me lo dijiste.- Confirmó Máscara de Muerte sin volverse siquiera.

- ¡No era una pregunta!.- Afrodita hizo morritos, cielos, este hombre era desesperante.

- Si que lo era.

- Retórica, era una pregunta retórica.

Máscara se encogió de hombros y siguió a lo suyo, como era habitual en él. Afrodita pensó seriamente en tirarle al mar de un golpe cuando advirtió la marca que acababa de dejarse ver al final del cuello de Máscara.

- Oh... oh... ¡Por el báculo de Athena¿Eso es un mordisco?

Máscara se tensó como un gato al que acabaran de pisar la cola y se apresuró a subirse bien la camiseta. Oh, si, Afrodita sintió un estremecimiento de placer, era exactamente lo que parecía. ¡No podía creerselo!

- ¡Lo es!.- Exclamó encantado.

¿Por qué había tenido que venir precisamente hoy? Máscara se volvió sin poder controlar su ansiedad. Maldito fuera Mü por haber ahogado su gemido orgásmico de aquella manera... aunque Máscara no podía negar que le había gustado aquel toque de ferocidad. No, no pienses en ello.

- No, no lo es.

- Oh, Máscara, puedes engañar a muchos pero nunca a mi. Parece que has hecho de todo excepto descansar.

- No es...- Máscara gruñó y se sentó en la arena mirando el mar, sería inutil discutir con Afrodita.- Bah.

Afrodita rió melodiosamente, realmente divertido.

- Me alegro de que Mü y tú os lleveis tan bien.

- No nos llevamos bien.

- ¿De veras? Porque realmente dudo que recibieras ese mordisco en una pelea, no, mas bien no. Más bien fruto de actos inenarrables de desesperada pasión en la cama de una habitación.

- Odio tus rimas.

- No tienes delicadeza suficiente para apreciarlas.- Replicó Afrodita, demasiado divertido como para ofenderse.

De modo que Mü lo había conseguido¡y en tan poco tiempo!, increible, Afrodita sintió un pinchazo de celos, él había tardado casi año y medio en conseguir colarse en el lecho con el italiano. Sin duda Mü tenía algo especial para lograr aquello.

- Oh, Máscara, no hagas un mohin, cuentale a tu amigo Afrodita como fue.

- ¡No es de tu incumbencia!.

El cosmos de Máscara se volvió tan agresivo que la marea retrocedió antes de tiempo, como si las mismas olas temieran acercarse al violento caballero. Afrodita decidió ser un poco mas cauteloso, Máscara estaba particularmente tenso. Permaneció en silencio hasta que, sorprendiendole aun más, fue Máscara quien rompió ese silencio.

- ¡Malditos sean todos!. ¿Sabias tú que Mü podía ser...? Ser... así.

- ¿Deseable?. ¿Atractivo?. ¿Deliciosamente autoritario?. Si, lo sabía, sencillamente no era mi tipo. Debo decir que me sorprende que alguien como tú haga conseguido aprecias el obvio atractivo que posee, esa mezcla de inocencia y veterania, de poder y serenidad.

Máscara se mesó los cabellos con desesperación, siempre había estado tan ocupado envidiándole, odiándole y estando resentido... y ahora pensaba en lo sexual que era cada mínimo gesto, lo seguro de si mismo que era y el modo fluido con que hacía todo, como si nada supusiera un esfuerzo, lo sedosa que era su melena, el poder que transmitía con sus ojos, con su voz... En como se había sentido su miembro en su mano, dura carne envuelta en seda, tan caliente, como había sido su rostro en el orgasmo, como le había mordido con repentina ferocidad, excitándole con aquel gesto de una manera que Afrodita nunca había podido.

Pero aun le resentía, su orgullo sangraba por las heridas que Mü había inflingido. Deseaba tanto resarcirse de todo aquello, y de pronto le ocurría aquello... ¡y lo peor es que era culpa suya! Porque él había interrumpido la autosatisfacción de Mü y no había hecho nada mejor que unirse a la fiesta. Idiota, idiota, idiota. Y todo porque su pene había saltado como un resorte ante espetáculo de total sensualidad.

Afrodita percibió la agitación de Máscara, clara como el agua. No era extraño, a Afrodita le dejaba de piedra que realmente hubieran tenido sexo. A veces Máscara era realmente un misterio, incluso para él, siempre había sabido que tenía secretos. La casa de Cancer tenía muchos esqueletos en el armario, demasiados.

- ¡Es culpa de su cosmos!.- Bramó Máscara golpeando la arena con el puño y sobresaltando a Afrodita.

- ¿Disculpa?

- ¡Su maldito cosmos!.- Máscara cruzó los brazos sobre las rodillas con mal humor.- Desde que... desde que me rescató del Yomutsu, desde que me salvó la vida transfiriendome su cosmos... no he podido dejar de.. de...

De pensar en él. De sentirse vacio y solo la presencia de Mü le apaciguaba.

- Eso es absurdo, Máscara.

- Lo sé perfectamente.- Máscara cerró los ojos, sabía que era absurdo, pero necesitaba esa excusa. La necesitaba.

Afrodita le palmeó la espalda con camaradería.

- Máscara, eres mi amigo, y me preocupo por tí.

- Lo sé.- Concedió Máscara.- Lo sé.

- Si necesitas algo...

Si no me quejo no sabrán que necesito ayuda.

Máscara negó con la cabeza.

- Estoy bien. No te preocupes, Afrodita.

El caballero de Piscis se marchó dejando a Máscara con sus pensamientos. Pero no estaba en absoluto convencido de que estuviese bien. Realmente era un cabezota.

De todos modos tenía prisa. Había un rumor particularmente jugoso que debía empezar a ir de boca en boca por el Santuario.


Mü acarició cariñosamente su armadura. Había dedicado largo tiempo a meditar sobre la situación, y sobre todo a pensar en Máscara de Muerte.

Ahora sabía que para Máscara no había sido algo casual que dejar pasar, había sentido la agresividad y tensión de su cosmos encendido con toda claridad desde la playa. Estaba tan confundido como él mismo. Aquella noche de deseo no había sido solo un pasajero encuentro que ambos podían olvidar tranquilamente, mucho menos con la historia que había entre ambos.

Mü intentaba comprender.

Máscara siempre le había guardado un rencor especial, eso no lo dudaba, y también le detestaba por haberle salvado la vida, su orgullo había estado claramente dañado por ello.

Y no entendía la ayuda gratuita, no confiaba en nadie y eso le hacía dudar de cualquier altruismo. Era una persona herida, se veía tan claramente ahora, era un hombre machacado por su destino, lastimado en lo más profundo desde la infancia, solitario, haciendo del odio y la furia su máscara. Y que portaba sobre los hombros una carga que nadie reconocía, y quizá algo más oscuro aun.

Y debajo estaba el hombre que había reido tan abiertamente con un niño. El hombre que había sentido tan cálido bajo sus manos.

Deseaba con todas sus fuerzas sacar a la luz a aquel hombre.

Apartaría las máscaras... y para hacerlo debía conocer todas y cada una de sus heridas. Por dificil que fuera. Por mucho que doliera.


A la hora de comer Máscara se sorprendió al ver que Mü le miraba directamente, nada que ver con la tensa situación del desayuno. Comieron en silencio y al final Mü dió permiso a Kiki para salir a jugar.

Máscara iba a levantarse para irse cuando Mú extendió la mano y le retuvo por el antebrazo. Máscara se quedó paralizado, tenso e incómodo, no quería pararse a hablar con Mü, de ninguna manera.

- Máscara, sobre la otra noche...

- Fue solo sexo.- Soltó Máscara.- Un error, creo que ambos coincidimos en eso.

Mü no se dejó engañar. Mentira. De haber sido eso Máscara hubiera reaccionado con naturalidad por la mañana, no habría titubeado de aquella manera ni habría mostrado tal confusión.

- Fue placentero.- Coincidió Mü.

- Bien. Fue el momento, el lugar... nada más.

- No.- Mü se mantuvo severo y firme.- Máscara de Muerte, no fue solo eso.

Máscara se cuadró, escudándose, subiendo todas sus defensas. La duda era debilidad, no era debil. Era fuerte.

- Si lo fue.- Chistó con desprecio.- Eres Mü, el perfecto caballero de oro, caminas tan erguido que podrías tener una escoba en el trasero.

Mü arqueó las cejas ante semejante expresión pero no dijo nada.

- Estabas poniendote tibio, yo entré y ambos nos echamos una mano con la situación, punto.- Máscara se convencía más a si mismo que a Mü.- ¡Vamos! Eres el discípulo de Shion, el respetado caballero de Aries, en ninguna otra situación habríamos...

Al mencionado caballero de Aries le sorprendía no la testaruda negación de Máscara¡Sino la sutil y sin duda involuntaria indicación de que Máscara se sentía inferior a él!. Bueno, eso explicaba muchas cosas.

- Máscara, no fue solo el calor del momento.

- Oh, por favor, no seas absurdo¿por qué demonios ibas a dejar que yo te tocara?. Y no me vengas con estupideces románticas.

Para ser alguien que había fornicado con Afrodita, el caballero mas hermoso del Santuario, Máscara se valoraba mas bien poco. Mü suspiró, el caballero de Cancer tenía un caracter y testarudez que siempre forzaban su paciencia.

- Está bien, Máscara, si deseas pensar eso no insistiré.

- Bien, me alegro.- Máscara se soltó de la sujección y se puso en pie marchándose.

- Pero Máscara, tengo una pregunta.

- ¿Qué?.- Preguntó irritado.

- ¿Por qué estabas en mi dormitorio, es decir, por qué fuiste?.- Y Mü sentía genuina curiosidad.

Porque tu cosmos me llamaba. Porque me sentía vacio, horriblemente solo, no podía soportarlo. Porque hace unas noches tuve un sueño en el que tu eras mi única salvación. Porque siento celos de tí y me quema sentirme tan pequeño a tu lado y a la vez sentirme seguro cuando puedo oler tus cabellos. Porque cuando me sonreiste sentí dolor.

Porque vivo en la oscuridad, me rodeo de ella y aun así tu insistes en tratarme como si no fuera un monstruo. No puedo vivir contigo pero no puedo soportar alejarme¿no soy digno de burla?.

- No podía dormir.- Dijo con un hilo de voz.- Quería pedirte algo de ese te relajante, o algo para conciliar el sueño.

- Aja.

Máscara se marchó con paso ligero. ¿Por qué le ocurría esto?. Algun dios se estaba riendo de él, torturándole con aquella situación.

Maldito fuera Dohku por obligarle a permanecer allí. Maldito fuera por siempre por hacerle esto. Y maldito fuera Mü.


Nota de la autora: Es un conflicto realmente complicado de seguir, me he tirado días reescribiendo esto porque era un infierno intentar imaginar como reaccionarían estos dos después de que la sangre les volviera a la cabeza.

Después de todo Máscara no iba a dejar de sentir rencor por Mü tan subitamente, ni aceptar facilmente que puede sentir algo por alguien a quien ha dedicado tanto tiempo a odiar.

En cuanto a Mü, este al final me dió mas problemas que Máscara. No le considero un ingenuo que de pronto va a enamorarse locamente o pensar que Máscara le ama de pronto. Decidido y tenaz eso sí, pero de tonto nada. Tiene los pies en la tierra.

Gracias por los reviews, sabía que el lado mas dulce de Máscara iba a encantaros. Y es que Kiki es una monada, parece un duende.