Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic será YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.

Capítulo 11. Renegado I

Mü se asomó al patio de columnas de su templo, no le extrañó ver allí a su huesped, meditabundo entre las sombras, como una más.

Máscara era habil cuando quería aislarse. Incluso estando obligado a permanecer en el espacio de la Casa de Aries y el alrededor, Máscara se las arreglaba para mantenerse apartado, Mü ya había visto cuales eran los lugares habituales donde podía encontrar a Máscara, en la playa del acantilado por las mañana, en el patio de columnas por la tarde y en techo del templo al anochecer. En las comídas Máscara era parco, comía rápido y si hablaba eran solo monosílabos. Así había sido los últimos dos días.

Habían pasado tres días desde que habían compartido aquel momento de intimidad, masturbándose como adolescentes en una noche de repentina experimentación. Tras la conversación hacía dos día,s Máscara se había cerrado en banda, le evitaba de una manera metódica y calculada, rehusando cualquier intento de acercamiento con sequedad y excusas.

Mü podía obligarle a sentarse y hablar, pero no quería volver a recurrir a eso, no le gustaba hacer uso de su fuerza superior sobre Máscara... bueno, en realidad sí que le gustaba, pero no creía que fuese bueno que el caballero de Cancer pensara que quería darle órdenes.

Se recuperaba rápido. El cosmos de Máscara de Muerte era poderoso, de hecho se notaba más poderoso que antes del viaje casi mortal al Yomutsu. Físicamente ya estaba recuperado, el día anterior le había visto realizando ejercicios físicos de alto nivel que revelaban sin lugar a dudas su recuperación. No tardaría en marcharse.

Cuando marchara solo estaría a dos casas de distancia pero a Mü se le antojaba un abismo. Sobre todo teniendo en cuenta el esfuerzo que Máscara estaba poniendo en apartarse de él.

Hoy no tenía tiempo de pensar en ello. Tenía que viajar a Jamir por petición de Athena, las almas errantes de aquellos que habían fracasado las pruebas, al viajar para restaurar sus armaduras, debían ser destruidas para concederles la paz.

- Máscara.

El aludido abrió los ojos y le miró desde la oscuridad, parecía un gato, observando con completa atención, el cuerpo tenso, los ojos entrecerrados y fijos, dispuesto a ponerse en movimiento al menor signo de amenaza o de acercamiento.

Mü se aproximó, y tal y como esperaba Máscara se puso en pie y hechó a andar en dirección contraria. Mü suspiró audiblemente, era una actitud tan infantil.

- Hoy tengo que marchar a por petición de Athena. ¿Podrías hacer tú la comida y la cena a Kiki?

- Claro.

- Gracias. Adios.

Apenas se había alejado unos pasos cuando Máscara se dirigió a él.

- ¿Cuando regresarás?

No supo que le sorprendía más, si que le dirigiese la palabra o que le preguntara por su ausencia. Se volvió, Máscara no le miraba, le daba la espalda.

- No creo que tarde más de dos días.

Máscara continuó alejándose sin añadir nada más. Mü hizo lo mismo, pero esta vez con una leve sonrisa. Había aprendido a apreciar esos pequeños y aparentemente insignificantes gestos de Máscara.


Máscara cortó la carne para el asado. No le importaba cocinar, de hecho le gustaba, era entretenido una vez sabías, y no había mas remedio que saber cuando vivías solo.

Kiki revoloteaba a su alrededor ayudándole con la salsa, llevándole los ingredientes y observando con curiosidad como cocinaba. Al parecer Mü era casi vegetariano, solo incluía carne en la dieta por cuestión de salud, de modo que Kiki, como todos los niños, se quejaba de la comida un día si y otro también.

No le extrañaba que estuviese tan contento de que cocinase alguien más aficionado a la carne.

- Ponle más sal, y medio vaso de cognac.

- No hay cognac.

Claro. Máscara gruñó y abrió los estantes superiores. Efectivamente, no había cognac, de hecho el único alcohol que había encontrado era el del botiquín de medicinas. Abstemio. Solo quería el cognac para darle sabor a la salsa, pero demonios, le irritaba.

- Puedo ir a pedirle a Aldebarán.

- Hazlo.

Kiki salió corriendo, encantado de ser de ayuda. Le gustaba mucho ser amigo de Máscara, sobre todo si la comida era buena. Y le hacía mucha gracia cuando se ponía delantal.

Máscara semisonrió al ver como el muchacho corría de esa manera curiosa en que corren los niños, demasiado rápido y siempre a punto de caerse.

Devolvió su atención a la comida, aunque su cabeza, como tantas veces esos días, volvía a Mü.

Tenía miedo. Estaba en terreno desconocido, era algo totalmente nuevo para él. Mü ni siquiera se había enfadado por haberle dicho que aquel encuentro nocturno no había significado nada más que lujuria casual... de hecho le daba la impresión de que no le había creido en absoluto.

Afrodita era la persona más indicada a la que pedir consejo pero... sabía lo que le diría. Cosas como seguir al corazón, vivir el momento y olvidar el pasado disfrutando del presente... así era Afrodita.

No podía hacer eso. No podía.

Sería muy facil¿verdad?. Darse una oportunidad, dejar que Mü se acercara a él y que fuera lo que Athena quisiera, eso era lo que le diría Afrodita.

Pues no, no era así de facil.

En su mente vió los rostros de sus predecesores, emparedados en el sótano de la casa de Cancer... su casa. Podía alejarse de ella, pero no esconderse. Máscara casi había olvidado la realidad. Casi había olvidado su destino irremediable.

Mü no sabía nada de eso. Nadie lo sabía.

Se sentó a la espera de que Kiki regresara con el cognac. Cielos, llevaba tantos días sin ponerse su armadura, sin pisar la cuarta casa... y tan "distraido" por Mü... que se había dejado llevar.

Kiki regresó radiante de alegría... y seguido por Aldebarán. Máscara hizo un gesto de incomodidad. El caballero de Tauro exhibía una amplia sonrisa que era tan clara como un cartel, no había olvidado, y nunca olvidaría, la imagen de Máscara siendo llevado por el maestro Dohku como un saco de patatas sobre el hombro.

El enorme caballero, dos metros diez de altura no eran poca cosa, entró con Kiki sobre su hombro y una cesta de comida y bebidas.

Aldebarán ensanchó aun más su sonrisa al ver a Máscara de Muerte con un delantal de cocina, entre esto y verle siendo llevado a cuestas por Dohku tenía motivo de risa para un par de lustros.

- Kiki me ha dicho que estabais cocinando¿puedo echar una mano?

Máscara le miró con desprecio y abrió la boca para soltar lo mas caústico que le vino a la cabeza, pero Aldebarán le vió venir sin dificultad.

- Podríamos llamar a Dohku también.

Máscara cerró la boca al instante. Aldebarán dejó la cesta sobre la mesa y sacó el cognac que Máscara necesitaba.

- Eso pensaba, vamos, he traido pan y patatas.

El caballero de Cancer masculló un gracias envenenado y al poco Aldebarán estaba a su lado pelando las patatas y cortándolas. El brasileño era un tipo realmente enorme, un auténtico armario, pero debil en cuanto a técnicas. Pero fisicamente no tenía rival, y su determinación era algo a tener en cuenta.

- Voy a poner la mesa.- Anunció Kiki.

Máscara permaneció callado, la sola idea de que Aldebarán se atreviera a mencionar...

- Afrodita va diciendo por ahi que Mü y tú sois amantes.

El desconcierto fue inmediato, Máscara se quemó con la salsa, eso le hizo dar un bote que casi tiró la fuente de carne, algo de salsa cayó al suelo, resbaló con ella y cayó al suelo de espaldas golpeandose la cabeza con un ruido preocupantemente sonoro.

- Auh.- Fue su única queja.

Aldebarán se inclinó sobre el a carcajada batiente.

- ¡Ja ja ja ja!.- No podía contenerse.- Ays... como caen los poderosos.

- ¡Cállate!.- Máscara se incorporó frotándose la cabeza.- ¡Voy a matar a Afrofita!

- ¿De veras sois amantes?

- ¡No!.- Y no mentía¿verdad?... no estaba seguro de una masturbación pudiese convertirles en amantes, no lo creía... ¿no?.

El caballero de Tauro se encogió de hombros y siguió cortando las patatas. Máscara bufó y metió la carne en el horno. Iba a matar a Afrodita, su rostro quedaría precioso en la entrada del templo, además el caballero de Piscis podría estar contento de saber que su cara bonita quedaría inmortalizada tras la muerte.

Aldebarán empezó a freir las patatas y volvió a mirar a Máscara con una sonrisa burlona. Lo cierto era que Afrodita tan solo había dicho que Máscara y Mü se llevaban realmente bien, pero en boca del caballero de Piscis todos habían intuido lo que realmente quería decir entre guiños y sutiles insinuaciones.

Afrodita era muy amigo de rumores y de manipular a los demás, pero aquel rumor era tan increible que había que darle algo de verdad dado lo ridículo que era. Afrodita nunca se arriesgaría a soltar semejante bulo sin algo que le respaldara, perdería toda credibilidad.

- Kiki me ha dicho que todo va muy bien, me sorprende.

Máscara se encogió de hombros. Su reputación estaba destruida, sobre todo ante Aldebarán, solo podía rezar para que el caballero de Tauro no fuese por ahi contando el otro vergonzoso suceso.

- Me alegra que el pequeño esté tan bien, somos buenos amigos¿sabes?

Máscara captó la indirecta al momento, Adelbarán pensaba asegurarse de que Kiki no tenía motivos de queja. No le importaba, no tenía intención de pegar al crio, era mas divertido cuando estaba a buenas con él.

Aldebarán terminó con la cocina y ambos se sentaron en las butacas para esperar a que se hiciera el asado. Aldebarán no pudo contenerse.

- Por cierto¿qué le dijiste a Dohku para que te cargase a hombros?

Máscara se golpeó la cabeza contra la mesa.


Mü meneó la cabeza con lástima contemplando el osario de cadáveres. Caballeros que no habían sido dignos de reparar sus armaduras, quizá había sido cruel ponerles una prueba tan dura pero había sido siempre así, era la tradición.

Pero ahora las tradiciones iban a cambiar. Nunca más un caballero perdería la vida y el alma en su búsqueda de una cura para sus armaduras dañadas en servicio a Athena.

Con un solo gesto desintegró el osario, las almas emitieron un suspiro, una exhalación de descanso, por fín su vagar terminaba, Athena les concedía paz a través de Mü.

Cuando hubo terminado su labor regresó a la casa en que había vivido aquellos años de destierro auto impuesto. Aquel había sido uno de los pocos asentamientos de Lemuria que quedaban en el mundo, lugares donde los refugiados lemurianos habían elegido ocultarse del mundo. Allí había encontrado a Kiki, el pequeño había sido elegido por las estrellas, la tribu se había mostrado muy honrada, al igual que sus padres, y habían accedido a que Mü se convirtiera en el tutor y maestro de Kiki.

Se preguntó que estarían haciendo Kiki y Máscara, ya no le preocupaba dejarles solos, parecían uña y carne, el pequeño pelirrojo le había contado lo bien que se lo habían pasado el día que se habían quedado solos. Seguramente ahora estarían igual. Esperaba que Máscara no contase a Kiki cosas demasiado siniestras, era un muchacho impresionable. No quería regresar y encontrarse con un diablillo en vez de un aprendiz.

Mú descendió la colina y salió del valle donde estaba la cabaña para visitar el pueblo de Lemurianos que había oculto entre las montañas. Con unos teletransportes atravesó la monumental barrera natural hasta que se encontró ante el pueblo.

Pero la tribu no estaba... o mas bien estaban sus restos. La aldea había sido atacada, las casas estaban quemadas, habían ardido por compelto, el ganado y los campesinos lemurianos horriblemente mutilados y asesinados. La peste a muerte era potente y los cuervos ya habían empezado a cebarse.

- No... no puede ser.

Conocía a esas personas, eran su gente. Miembros de la cada vez mas pequeña tribu de los descendientes de Lemuria. Todos habían sido asesinados. Mü se apresuró a buscar, reuniendo los cadáveces, buscando supervivientes.

Con desesperación extendió su poder telepático, un don que todos los lemurianos poseían, al menos a un nivel básico y entre ellos. Pronto dió con una voz, pero era debil, tan debil.

"Ayuda."

- ¡Aguarda!.- Corrió en dirección a la fuente de pensamiento.

Una mujer, pero no podía ayudarla, estaba gravemente herida, se moría, probablemente llevaba días allí, aguantando a duras penas, sus heridas estaban gangrenadas y tenía fiebre, que hubiera sobrevivido hasta ahora era un milagro. Mü recogió en sus brazos a la joven, con los característicos rasgos lemurianos, los puntos en la frente, los ojos grandes y el gesto suave.

- Ca... caballero Mü...

- Lo siento.- Mü sintió lágrimas corriendo por sus mejillas.- ¿Qué os ha ocurrido¿Quién ha hecho esto?

- Un... demonio... un diablo vengativo... la bestia...

- ¿Un demonio?... ¿Un espectro de Hades quizá?

- Demonio...- La joven apenas podía hablar.- Quería... matarnos... un demonio... buscaba venganza... al futuro... buscaba al heredero... un demonio...

- ¿Por qué no pedisteis ayuda¿Por qué no me llamasteis?

- No... nos bloqueó... era un demonio... un demonio...

La muchacha no pudo hablar más, exhaló su último suspiro y su mirada aterrada quedó congelada en el instante de la muerte.

Mü apretó los puños. ¿Quien había hecho eso?. Había bloqueado los poderes mentales de la tribu y les había dado muerte.

¿Un demonio?. ¿Un espectro de Hades quizá?. Pero eso no tenía sentido, Hades había sido expulsado, había firmado el pacto de sangre y ni él ni sus espectros podrían abandonar el reino de los muertos.

El heredero... y atacaba el pueblo...

¡Kiki¡El demonio buscaba a Kiki!


Kiki estornudó sonoramente durante la comida y Máscara bufó.

- ¿Resfriado? Ya sabía yo que eras un blando.

- Todo el mundo se resfría alguna vez.- Replicó Aldebarán.

- Pero míralo.- Replicó Máscara pinchando a Kiki en el brazo.- Es blandito.

- ¡Soy un niño!.- Exclamó Kiki ofendido.

Aldebarán soltó otra de sus estruendosas carcajadas. Eran tan fuertes que Máscara y Kiki tuvieron que taparse los oidos.

A Kiki le tocó lavar los platos, rezongó un rato pero lo hizo. En el comedor, Aldebarán y Máscara compartían un café, pues, y Máscara lo agradecía en silencio, el caballero de Tauro había traido café y una cafetera.

- Bueno, no me contestaste¿qué le dijiste al maestro Dohku?

- Nada.- Máscara se sirvió mas café.- La edad le ha vuelto loco¿no se nota?

Aldebarán frunció el ceño ofendido por esas palabras, nadie debía hablar de forma irrespetuosa sobre otro caballero, y mucho menos sobre el patriarca.

- No deberías...

- Ya, ya.- Máscara sacudió la mano quitándole importancia.- Olvida lo que he dicho.

El enorme caballero se sonrió. Hacía unos días Máscara se habría reafirmado en su insulto a Dohku, desde luego vivir con Mü tenía algo. Por no hablar de lo cómodo que estaba con Kiki.

- Aja, aun no has contestado a mi pregunta.

- Dohku insistió en que me quedara en casa de Mü por...- Máscara no estaba dispuesto a contar su accidente si aun era algo privado.- Mientras Mü reparaba mi armadura, yo no quería quedarme y Dohku... insistió.

Otra tanda de carcajadas. Ojala se quedase mudo, eran terribles.

- ¡Y tanto que insistió!.- Aldebarán consiguió calmarse.

- Ya.- Máscara no necesitaba hablar, estaba profundamente irritado con Aldebarán.- ¿No tienes nada que hacer en tu templo?

- Supongo que si.

Aldebarán se puso en pie y extendió la mano en despedida.

Máscara miró la gran mano ofrecida con cierta desconfianza. Solo era una forma de despedirse, una simple formula entre personas, entre iguales. Tras unos minutos de duda apretó la mano que le tendían.

- Ha sido un placer, Máscara.

El caballero de Tauro marchó satisfecho, seguro de que Kiki estaba bien atendido. Y de que su amigo Mü realmente no tendría problemas con Máscara. Era extraño, pero le agradaba que todo fuese bien. No sabía que pensar de los rumores que corrían por el Santuario de mano de Afrodita. Eso tendría que hablarlo directamente con Mü cuando este regresara de Jamir.

Porque Mü era su amigo, confiaba en él, y si Mü no tenía motivos de queja, él tampoco. Pero si Máscara se pasaba de listo, no importaba que fuese mas poderoso que él, haría lo que pudiese para hacerselo pagar.

A medida que se alejaba no percibió la maliciosa sombra que se movía entre las rocas, silenciosa como la muerte.

Hacia la primera casa, templo de Aries.


Mü se teleportó de roca en roca, sus poderes de ir de un lugar a otro tenían un límite, solo a lugares que conocía, y en una distancia límite. Tardaría al menos cuatro horas en regresar a Grecia, y cada segundo se le estaba haciendo eterno.

Un demonio... un espectro mas probablemente. Un espectro de Hades.

Incluso en la primera guerra, cuando Hades había sido derrotado, muchos ejércitos habían quedado rezagados, rechazando aceptar la derrota. Teniendo en cuenta el juramento de Hades, Mü veía ahora un punto negro en el trato.

Habían jurado permanecer en el abismo y no abandonarlo... pero no habían dicho nada de los espectros que aun pudiesen estar en el mundo mortal. ¿Y si uno de los espectros se había ocultado en el mundo de los hombres?. Un espectro que se hubiese quedado atras, rezagado, o quizá un renegado.

Había tratado de comunicarse telepaticamente con sus compañeros dorados, pero algo le bloqueaba... una presencia oscura... Eso impulsó aun más su temor. El demonio había llegado al templo... o quizá había estado allí todo el rato, espiando, esperando...

Esperando a que no estuviera presente. Para poder atacar a Kiki.


Kiki sintió un escalofrio. Se sentía observado.

Abrió los ojos y miró la oscuridad de su cuarto. Hacía años que no tenía miedo de la oscuridad... pero hoy tenía la sensación de que algo iba mal. Había algo malo.

Se encogió bajo las mantas. Era una tontería, no pasaba nada... y si pasaba¿de que le servía meterse bajo la manta?. No era un buen escondite.

Finalmente, mirando la oscuridad con temor, se atrevió a saltar de la cama. Pero... el maestro Mü no estaba... solo Máscara de Muerte.

¡Ey, eso era¡Ningún monstruo se atrevería a meterse con el caballero de Cancer!.

Con la almohada en la mano como un escudo, Kiki empezó a andar de puntillas por el pasillo, dando un respingo cada vez que oía algún sonido nocturno.

Máscara gruñó una blasfemia en italiano cuando oyó que la puerta se abría, abrió un ojo con molestia evidente y miró a Kiki con hosquedad.

No obstante el mocoso, vestido con su pijama de estampado de setas, aferrando una almohada entre las manos por delante de su pecho, le miró con esos enormes ojazos y hizo un puchero.

- No puedo dormir, tengo miedo.- Dijo con voz temblorosa.

A Máscara de Muerte se derritió la expresión de enfado. Era... suponía que aquello era lo que Afrodita definiría como una monada.

No podía, sencillamente no podía mandarle al cuerno con aquella carita. ¿Y si lloraba?. No sabría que hacer.

- Anda, ven aqui pequeñajo.

Kiki practicamente saltó sobre él de alegría. Máscara se volvió a acomodar en la cama, debía estar loco para dejar que el mocoso durmiera con él.

Apenas se había vuelto a dormir cuando un cosmos le despertó.

No era un cosmos de caballero de Athena, era oscuro... era el cosmos de un espectro de Hades. ¡Imposible!

Se incorporó como un rayo, sobresaltando a Kiki, y en ese momento la puerta del dormitorio fue echada abajo. El enemigo apareció, una negra silueta en la oscuridad. Un cosmos negro como el corazón de la muerte.

- El aprendiz de Mü... mi venganza.


Nota de la autora: Un poco de acción, que sino el fanfic se estancaba un poco. Parece que estoy volviendo a mis inicios con fanfics de mas capítulos, porque esto va para largo, eso seguro.

Gracias por los reviews.