Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic será YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.

Capítulo 15. Gangrena

Mü descendió a la oscuridad. A medida que bajaba por las escaleras la sensación opresiva se acrecentaba. Se parecía al Yomutsu, como si un pedazo de ese infierno hubiera extendido su terreno al reino de los vivos.

La antinatural niebla empezó a formarse y espesarse, Mü llegó al final de la escalinata y tuvo que encender su cosmos tanto para ver como para alejar de sí aquel aura malevola.

Era un subterraneo, un sótano, en algunas zonas era roca viva y en otras se apreciaba mano humana, con zonas pulidas y trabajadas. En lo profundo del templo de Cancer se sentía igual que el agujero de la muerte, sin la atracción dirigida del pozo de almas, pero en todo lo demás asemejaba el efecto del inhóspito paraje.

Le estremeció el aislamiento. No se oía nada del exterior, ni el viento, ni las hojas, ni los guardias, aquel era un mundo aparte. Un mundo oscuro y vacío, ni siquiera sentía el cosmos de Máscara y sabía que estaba sobre su cabeza. Avanzó por el tunel hasta una cámara abierta. Lo cierto era que no veía nada mas allá de su aura y apenas percibía lo que le rodeaba. Excepto aquella presencia.

Sentía una presencia. No, varias... delante de él.

Avanzó, su cosmos iluminó levemente una pared negra, tan pulida que parecía un espejo opaco, o hielo negro, o ónice. Tenía protuberancias. Mü se acercó más, hasta iluminar mejor la pared.

Rostros. Como los del resto del templo... no, no eran como los demás. Eran menos, siete rostros, y estaban individualizadas, eran especiales, de rasgos mas característicos y reconocibles. Y casi parecían vivos.

Mü descubrió que estaba temblando y se frotó los brazos energicamente. Le costaba mirar aquellas caras, le daba la impresión de que le devolvían la mirada. Entonces percibió algo familiar en una de ellas.

Mü se llevó las manos a la boca para ahogar un grito.

Eistibus.

El rostro de Eistibus estaba en la pared. El maestro de Máscara y predecesor estaba petrificado y emparedado con una mueca de rabia e indignación.

Eran más que rostros, mucho más que los reflejos condenados del resto del templo. Sentía una tangible presencia en aquellas caras, tenían un vínculo como los demás, pero este era más profundo. Sus cosmos aun se transmitían desde lo más profundo del infierno y esto era el espejo de la realidad.

Eistibus. Ver su rostro en la pared era terriblemente perturbador. A Eistibus no le había dado muerte Máscara. El anterior caballero de Cancer había muerto en combate durante una misión de élite para el Santuario, Máscara de Muerte ni siquiera había estado presente.

¿Y los demás¿Quiénes?... Mü miró los rostros, sus lánguidas presencias llegaban desde lejos pero sus cosmos le resultaban similares... como si ya los hubiera sentido. Abrió los ojos como platos, los había sentido en el ataque de Máscara, cuando había convocado el Requiem... eran... eran los caballeros de Cancer, los siete caballeros de Cancer desde Rahab, quien había luchado en la primera guerra contra Hades, eran Rahab, Hasmad, Zachriel, Simikiel, Erebus y Eistibus.

Los siete estaban en el infierno... no solo eso, los siete estaban condenados especificamente y reflejaban su especial condena en su templo. Era horrendo. Mü sintió un zumbido en el oido... empezó a intensificarse y una jaqueca comenzó a molestarle. Entonces advirtió que no parecía que los rostros le mirasen... ¡le miraban!. ¡Sabían que estaba allí!

Y no parecían nada contentos de tener a un extraño contemplando su dolor.

El dolor estalló en su cabeza, detras de sus ojos, los músculos se le convulsionaron con calambres, cayó de rodillas con un grito agónico. Las almas en pena le atacaban, y aquello no podía compararse con las del Yomutsu.

Eran siete caballeros de oro, siete condenados con un poder notable, no necesitaban estar vivos, aquel subterraneo era una extensión de su infierno.

Y nadie podría oir sus gritos.


Se encogió en el suelo tratando en vano de alzar una barrera mental pero el ataque condenado de los difuntos caballeros era demasiado fuerte, le atacaban con un pedazo de su propio infierno, sin darle tregua. Súbitamente Mü se sintió de nuevo en el infierno, como cuando había muerto a manos de Rhadamanthis, volvía a estar condenado en aquel horrible lugar. Y el dolor no hacía más que crecer.

Máscara entreabrió los ojos y extendió un brazo buscando el calor de su compañero de cama, pero solo encontró mantas. Se volvió y observó el vacio a su lado. Mü se había ido. Apartó las mantas y se levantó, buscó el cosmos de su amante, Mü no estaba en su templo. Se había marchado.

Sintió una cierta decepción, había esperado cenar juntos, hablar... no sabía sobre qué, pero hablar. Bueno, quizás tenía algo que hacer, Máscara no era el más adecuado para criticar a nadie respecto a ser cariñoso.

Entró al lavabo y se dió una ducha, cerró los ojos y se relajó bajo el chorro de agua tibia. Por las toallas supo que Mü se había dado una ducha antes de irse.

Mü. Máscara se sonrió sin poder evitarlo, ahora su templo no le parecía tan vacio, ni él se sentía tan solo, el vacio de su interior había desaparecido. Todo iría bien. Todo podía ir bien.


Mü temblaba entre espasmos, su cuerpo sufría convulsiones que apenas le dejaban respirar, era incapaz de concentrarse y mucho menos de moverse, en su mente los caballeros le gritaban e insultaban al tiempo que horadaban en su misma alma, como si quisieran despedazarle desde dentro.

Sintió el sabor de su sangre en la boca, gritó de nuevo, pero su grito se perdió en la insoldable oscuridad.


Máscara frunció el ceño, extrañado.

Miró a sus pies, sin duda había notado una vibración. ¿Un terremoto?. Lo dudaba. No era una vibración física parecía... venía del subterraneo. Máscara se inclinó y puso las manos sobre el suelo, tanteando. Su cosmos se inflamó inmediatamente respondiendo a la reacción que había bajo aquel suelo.

Algo ocurría. Los condenados estaban inquietos... no, más que inquietos, enojados, locos de rabia. ¿Por qué?. Nunca hacían nada, se limitaban a sufrir en silencio, en escasas ocasiones decían algo, practicamente dos veces al año o ninguna. Eran solo máscaras de hombres muertos hacía mucho.

Preocupado, Máscara acudió al centro de su templo. La losa estaba abierta... y él no la había abierto. Siempre la dejaba cerrada. Sintió una oleada de pánico y practicamente saltó al interior, corriendo por las escaleras con el corazón desbocado de terror. No, por favor que no fuera...

Jamás, jamás alguien que no fuera caballero de Cancer debía bajar allá abajo, Eistibus le había advertido. No sabía porqué exactamente, pero sospechaba que había un motivo importante, allí abajo había fantasmas, era un lugar sacrílego, era una especie de cementerio para los caballeros de Cancer... un lugar así no podía ser inofensivo. Se internó en la oscuridad, corrió hasta el "panteón", a medida que se acercaba sentía oleadas de rabia, furia, odio, rencor, tan intensos que se ahogaba en ellos.

Al entrar en la sala se puso blanco como la cera, allí, tirado en el suelo, temblando violentamente y gimiendo de dolor como un animal, estaba Mü.

- No... no... ¡Mü!.- Se apresuró a tomarle por los hombros y semiincorporarle contra su pecho.- ¡Mü!

El odio, la rabia, la ira... Máscara miró los rostros de la pared, los caballeros de cancer estaban furiosos, un intruso les había contemplado, un intruso había hoyado aquel lugar y se había atrevido a mirarles en su dolor. Estaban furiosos.

- ¡Basta¡Dejadle en paz!

Le ignoraron, asaltaron a Mü haciendole gritar. Máscara se horrorizó al ver que escupía sangre... le estaban haciendo daño, mucho daño.

- ¡No!.- Máscara inflamó su cosmos hasta el máximo inundando la oscuridad haciendo de su rabia su fuerza hasta doblegar la de sus predecesores.- ¡Es mio, solo mio, no le toqueis!

Los espíritus recapitularon y Mü emitió un único gemido antes de desmayarse en los brazos de Máscara. El caballero de Cancer ahogó las lágrimas por ver así a Mü.

Debil. Patético. Ridículo mocoso. Tan debil, no recuerdo haber entrenado a semejante enclenque infeliz.

- ¡Callate!.- Máscara fulminó con la mirada el rostro de Eistibus.

Mirate. Abrazado al cordero. Él no puede ayudarte. Nadie puede.

Los rostros no movían los labios, pero hoy estaban particularmente habladores. Máscara maldijo, su ataque de Requiem les había dado poder, temporal, pero suficiente como para hablarle y atacar así a Mü.

Debil. Vulnerable. Tus enemigos lo verán y te devorarán. Morirás prematuramente y arderas en el infierno. Estamos aqui. Todos estamos aqui. No pueden ayudarte. No quieren ayudarte. Te esperamos. Tu armadura es tu unica amiga. Todos te abandonarán. Al final estas solo. Todos estamos solos y en la muerte unidos.

Máscara levantó a Mü en brazos y salió de allí lo mas rápido que pudo. Cuando abandonaba el horrible lugar le llegó una voz por encima de las demás, una voz vieja y burlona.

Todas las mentiras no pueden cubrirnos. Nosostros somos la realidad. El mundo es una máscara. Nosotros somos el rostro.

Máscara cerró la losa de una patada y corrió hacia la salida de su templo, incapaz de seguir allí un segundo más. Tenía que sacar a Mü de allí.

El sol terminaba de ocultarse en el exterior, pero el aire limpio del exterior le dió consuelo.

No así los gestos acusadores de los caballeros que habían acudido al sentir del dolor del cosmos de Mü.


Aldebarán apretaba los puños con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos, a su lado estaba Saga, con un gesto de odio tan terrible que su aura era negra como cuando había estado poseido por su lado oscuro.

Y no menos terrible era la estampa de Aiolia, el caballero de Leo era la viva imagen de la indignación. Los caballeros de las casas cercanas habían sentido sin animo de duda el maltrecho estado de su camarada.

Todos ellos le miraban con acusación. Máscara estaba paralizado, sabía exactamente lo que pensaban y la imagen que presentaba... Mü en sus brazos, inconsciente, la sangre que manchaba su boca y su ropa, cubierto de sudor frio y emanando dolor... En la entrada de la casa de Cancer y solo él presente. Máscara quería reirse de sí mismo con amargura, pero por fortuna no lo hizo. ¿Qué iba a decirles?. ¿Qué no había sido él?. ¿Qué Mü había sido atacado por fantasmas de caballeros muertos?... Nunca creerían semejante absurdo.

Guardó silencio. No así los demás.

- Deja a Mü en el suelo y alejaté de el.- La voz de Saga era comandante, no admitía réplica.

Así lo hizo. Con cuidado extremo dejó a Mü en el suelo y retrocedió.

- Tú...- Aiolia no parecía encontrar palabras y escupió en el suelo.- Lo sabía... sabía que eras un gusano irreparable, no hay palabras para describir la clase de monstruo que eres.

Máscara no dijo palabra, sabía bien lo inutil que sería tratar de defenderse. En los ojos de los otros caballeros había un odio profundo. Aldebarán se adelantó y recogió a Mü, nada mas cogerle en sus enormes brazos sintió sin duda la extensión del daño que el otro había sufrido y su gesto dejó clara su furia.

- ¡Asqueroso monstruo¿Cómo has podido?

Saga no se molestó con palabras, las de Aldebarán reflejaban con exactitud lo que ya sentía. Era hora de que Máscara enfrentara la justicia.

- ¡¡Galaxian Explosion!!

Máscara apenas pudo reaccionar ante el brutal ataque de Saga. El mundo se volvió dolor, sintió sus huesos romperse, el poder del ataque le desmadejó contra el suelo. Apenas hubo finalizado el ataque se semiincorporó con un gemido, escupiendo sangre y sintiendo cada centimetro de su dolorido cuerpo. Y recibió otro, Aiolia de Leo no era un hombre que hiciera esperar a la justicia.

- ¡¡Lightning Bolt!!

Máscara salió despedido hacia atras, electrocutado y golpeado con fuerza contra las columnas de su templo, resbaló y cayó al suelo a plomo con pocas ganas y ninguna fuerza para levantarse, otro ataque como ese y moriría.

- No... fui... yo...- Logró musitar... no le creerían pero... lo iban a matar.

- ¿Cómo te atreves?. Tienes lengua de serpiente.

Aiolia se iluminó como un relámpago, como el sol mismo, dispuesto a usar un ataque de destruiría por fin a un hombre al que odiaba por todo lo que representaba. Saga a su vez marcó con su cosmos una aureola que precedía a otra explosión. Contra Aldebarán, si podía, contra Aiola estaba mas igualado, pero podría con él, pero contra Saga nunca, y contra ambos juntos, jamás.

Respiró con dificultad. Demasiada. Se le nubló la vista. La oscuridad le engullía. Iba a morir. Iba a morir a manos de los otros caballeros de oro. Cerró los ojos, pronto acabaría su dolor. Y empezaría otro, en otro lugar.

Máscara hubiera muerto con toda seguridad de no ser por la intervención de Shaka, caballero de oro de Virgo.

- Detened vuestra furia. No podeis asesinar a Máscara de Muerte.

Saga y Aiolia cancelaron sus ataques, Aldebarán miró al poderoso caballero con justa indignación y se acercó con Mü aun inconsciente en sus brazos.

- ¿De qué hablas, Shaka? Eres un amigo de Mü, y mírale. La traición de Máscara es mayor de lo ninguno podríamos imaginar.

Shaka meneó la cabeza y puso una mano sobre la frente de Mü.

- El caballero de Aries tiene en su espíritu la corrupción que solo un alma vengativa puede crear.

- ¡Razón de más para acusar a Máscara!.- Exclamó Aiolia.

Shaka, el siempre sereno Shaka, el hombre mas cercano a dios, la reencarnación de Buda, se situó entre los enfurecidos caballeros y el moribundo Máscara de Muerte.

- Es decisión del patriarca ejecutar una vida, no vuestra. Dar muerte a un caballero de oro sin ordenes del patriarca y la diosa es traición.

Saga y Aiolia se miraron con duda. Nadie podía discutir la visión del hombre de los ojos cerrados, ni se podía discutir su lógica. No obstante... resultaba dificil no seguir la evidencia.

- Pero...

- Dejad que el patriarca juzgue y decida. No es vuestra prerrogativa encausar a Máscara de Muerte.

Se volvió a Máscara y se arrodilló. Ya se había desmayado, estaba gravemente herido y moriría si no recibía ayuda. El imperturbable caballero no manifestó compasión, era una emoción vana que no le proveía de nada positivo, pero sabía de lo correcto y lo incorrecto, del deber y de la equidad. Puso una mano sobre la espalda amoratada de Máscara y les teletransporto hasta el Santuario mismo.

Los demás no tardaron en imitarle. Saga tomó a Mü y les teletransportó en tanto los demás iban a pie.

Dohku dejó caer una montaña de papeles al suelo, anonadado al ver aparecer a Shaka de pie ante él.

Y a Máscara de Muerte a sus pies en un charco de sangre.

- Por la palabra sagrada de Athena... ¿qué ha ocurrido?

Nota de la autora: Soy maaaala, muy maaala. Tengo unos ataques de crueldad realmente preocupantes. Bueno, esto es un drama después de todo.

¿Por qué siete rostros?. Hice un cálculo de la edad de Dohku y los años que han pasado desde la primera guerra contra Hades, teniendo en cuenta que los caballeros de oro tendrán una etapa de servicio de unos treinta y cinco años (de los quince años a los cincuenta) hice una división y saque que hubo siete generaciones. Esto me lo he inventado, no tiene base oficial.

Algunos ataques no los traduzco porque no me acuerdo de cual era el nombre del ataque en español, podría traducirlo literalmente, pero por si acaso lo dejo como está y me ahorro dolores de cabeza.