Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic será YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.Capítulo 17. Desinfección
Mü se calentaba las manos con la taza humeante. Su mirada se perdía en el líquido, dejando que sus pensamientos se perdieran tratando de encontrar la calma.
- ¿Mü?
El caballero de Aries suspiró y dejó su taza a un lado. Estaba en su taller, sentado, sin hacer nada y encuelto en el silencio, intentando obtener un poco de paz en la turbulencia. Una paz que le evadía.
- Buenas tardes, Dohku.
El patriarca cerró la puerta tras de sí y tomó asiento junto a Mü en la mesita del taller. Mü tenía mal aspecto, se veía pálido y abandonado, su larga melena lila estaba opaca y lacia, sus ojos turquesa apagados y su postura encorvada y derrotada.
- ¿Has vuelto a verle?.
El caballero negó con la cabeza. Seis días sin saber nada de Máscara de Muerte, nada en absoluto.
- Se ha encerrado en esu templo... y si alguien se acerca se interna en ese... ese sótano.- Musitó.
Dohku le puso una mano en la espalda, tratando de confortarle. El juicio había terminado inmediatamente tras la marcha del caballero de Cancer. Nadie había osado continuar, Athena no había pronunciado palabra, engañosamente serena, tras un rato les había despedido y cada uno se había retirado a su templo. Tenían mucho en que pensar.
Hacía un par de días se había reunido con Athena... la joven se había mostrado más humana, como Saori la joven en vez de Athena la diosa.
- Debí haber hecho algo más.- Le había confiado.
- Mi señora, perdonasteis su traición sin mas consecuencias y le restituisteis como caballero de oro. No le pedisteis explicaciones siquiera, fuisteis muy comprensiva.
La muchacha bajó la mirada con amargura. Parecía sentirse terriblemente culpable.
- ¿Cómo iba a juzgarle? Sé porqué Máscara se unió a la oscuridad de Saga para destruirme y dominar el mundo a su lado.
- ¿Mi señora?.- Dohku a veces olvidaba la sabiduría que tenía la muchacha.
- Solo quería salvarse.- Saori, pues era Saori y no Athena, derramó lágrimas.- Su diosa no le ofrecía consuelo y la oscuridad le ofrecía la posibilidad de derrotar a los dioses y al destino.
A Dohku le rompía el corazón ver llorar a la joven, el avatar de la diosa, dividida entre su corazón mortal y la severidad de una deidad. Incapaz de complacer ambas facetas de su existencias sin ponerse en peligro de perder bien su corazón o bien su poder.
- No podíais hacer más, mi señora, no sois responsable de lo ocurrido.
Saori no estaba tan convencida pero le había despedido con una sonrisa de agradecimiento. Pero estaba herida. Y Mü mucho más.
- Siento no haberte dicho...
- ¿Cómo ibas a decírmelo?.- Mü bajó el rostro y su cabello le ocultó como una cortina.- ¿Cómo se dice algo así?
Dohku consoló como bien pudo a Mü. Jamás hubiese esperado que llegara el día en que un caballero de Cancer lo revelara todo, sobre todo de esa manera. Pero no era extraño, Máscara de Muerte había estado bajo mucha presión, demasiada, la acusación, las palabras de los otros caballeros habían podido con sus nervios. Se había quebrado finalmente después de tantos años.
Y lo había definido muy bién. Dohku abrazó al desconsolado Mü, también tratando de darse consuelo a sí mismo.
Rahab se había sacrificado... no, la verad era que no lo había hecho. El caballero ya había sido un hombre condenado por sus acciones, su sacrificio había sido un acto de odio y venganza para ganar una guerra.
A Dohku le gustaba pensar que había algo de amor en su acto, que había querido salvarle, esperaba que fuese cierto.
Rahab había condenado a todos los caballeros de Cancer, dando a Hades el poder de atar las almas de estos a su reino, sin remedio alguno.
Jamás olvidaría aquellos ultimos momentos. Rahab abriendo el tunel del Yomutsu por ultima vez... y Hades al otro lado, en toda su oscura gloria, mirándoles con aquellos ojos tan hermosos y terribles, enfundado en su armadura divina.
Tan grande, tan terrible, el dios del inframundo. Profundamente enfurecido al ver como un caballero de oro poseía el poder de invadir la antesala de su reino, un poder que solo podía poseer un espectro a su servicio. Un poder que ahora le daría la derrota pues los caballeros de oro habían destruido a sus fuerzas por sorpresa.
Y se había vengado. Todos los caballeros de Cancer pagarían caro poseer un poder que Hades reclamaba como suyo. Había extendido su mano y atravesado la armadura de Rahab, había hundido su mano en su pecho y le había maldecido, a él y a su armadura.
- Oh Dohku... ¿cómo...? yo...- Mü sollozó.- Me evita... no sé... no sé que hacer... ni qué decirle...
- Ssssh... tranquilo Mü, tranquilo...
- Es que... ¡Es que no lo entiendo!.- Mü se apartó de un empujón.- ¿Por qué era tan secreto?. Si lo hubieramos sabido... ¡Podríamos haberle ayudado!. No solo a Máscara sino a todos los demás.
Dohku negó con lentitud, apenado.
- Jamás lo hubieran tolerado¿despertar la compasión de los demás?.
Un caballero de oro era un guerrero, el más poderoso, ninguno soportaría ser objeto de compasión y lástima, mucho menos los caballeros de Cancer.
- Pero podrían...
- No se puede ayudar a quien no quiere ayuda.
Mü volvió a sentarse.
- Todo es culpa mía.
- Mü, eso no es cierto.
- Si lo es... me puse a vagar por su templo y descendí a ese sótano... es culpa mia.
- No podías saberlo, era imposible. Ni siquiera yo sabía lo de los rostros de los caballeros de Cancer.
Dohku se calló lo mucho que le afectaba. Rahab estaba allí... y su sufrido discípulo... y todos lo demás hombres que había conocido aquellos años.
Mü apretaba los puños con rabia y su cosmos se hizo visible.
- Todos ellos, los siete, están condenados en el abismo. ¡No puedo soportar la idea de que algún día el rostro de Máscara esté en esa pared!
Golpeó la mesa rompiéndola en dos con furia y dolor a partes iguales. Su cosmos ardía como una hoguera. Dohku se partó, dejando espacio a la justa amargura de Mú.
- ¡No es justo!.- Sollozó Mü.- ¡No puede acabar allí!
Eran malvados. Los caballeros de Cancer allí condenados habían asesinado, habían sido crueles, egoistas, perversos... Así justificaban su destino.
Iban a ir al infierno. Lo sabían y no podían luchar contra ello. Aunque procurasen ser buenos, nobles o justos no podrían cambiar su destino. De modo que lo justificaban, para no sentirse totalmente traicionados, para que su doloroso destino tuviese una justificación. Si iban a ser castigados, darían al mundo un motivo para hacerlo.
Mü logró calmarse lo suficiente como para reducir su cosmos. No ayudaba a nadie perdiendo el control, por muy afectado que estuviera.
- Lo siento.- Musitó mirando a Dohku con vergüenza.
- Es natural que te sientas mal.- Replicó el patriarca.
- Es que... todo iba bien¿sabes?.- Mü se desplomó en la silla, mirando con lástima la mesa destruida ante ellos.- Todo iba bien y ahora... ahora ni siquiera me deja verle.
- ¿Has ido a su templo?
- En cuanto me acerqué... su cosmos despareció. Se ocultó en ese horrible lugar que lo aisla todo... está claro que no desea ver a nadie.
Dohku asintió. Había temido aquello, un retroceso, un encerrarse en sí mismo evadiendo al mundo entero.
- Lo siento mucho. Quizá solo necesite tiempo.
- Ojala solo sea eso.
- Por cierto¿dónde está Kiki?.- Dohku trató de cambiar de tema para aligerar el ambiente.
- ¿Kiki? Está en la entrada del templo, le habrás visto.
Doku lo negó. No había visto al pequeño en el templo, ni en la entrada ni en ninguna otra parte. Mü frunció el ceño, no había dado permiso a Kiki para marcharse.
Habían tenido una discusión, varias de hecho. Su discípulo insistía en saber qué era lo que había ocurrido en el juicio, y Mü no se sentía capaz de contárselo. Al final había acabado por castigar a Kiki en el interior del templo.
- Ese niño.- Se masajeó las sienes, tenía demasiadas cosas en la cabeza.- ¿Dónde se habrá metido?
El patriarca se encogió de hombros, Kiki podía estar en cualquier parte siendo tan inquieto y vivaz, por no hablar de su capacidad de teletransporte.
Mü alzó la mirada, súbitamente alarmado.
- Oh... no... ese crio...
Era perfectamente capaz de buscar respuestas en otro lado. En la Casa de Cancer.
Kiki caminaba de puntillas, no por no hacer ruido sino por evitar pisar los rostros del templo. Le parecía ordinario pisarles, aunque era muy complicado no hacerlo.
Su maestro Mü había estado alterado, tenso y triste, tanto que Kiki no había podido evitar preocuparse mucho. Habían acabado discutiendo y el maestro le había castigado, negándose además a contarle qué había ocurrido en el juicio contra Máscara de Muerte. Si su maestro no se lo cotnaba se lo preguntaría a Máscara¿qué había pasado¿por que su maestro estaba tan triste y Máscara ausente tandos días?
Suponía que Máscara estaría enfadado por haber sido acusado en falso, pero tampoco tenía que estar enfurruñado tanto tiempo. Si es que eran como niños. El templo de Cancer era terrorifico, Kiki imaginaba que sería un sitio genial para contar historias de miedo, entre las caras y la niebla. O hacer acampadas.
- ¿Hola?.- A medida que se internaba en el templo la oscuridad crecía y la niebla se espesaba.
Kiki temblaba, quizá no había sido buena idea ir allí solo... ¡no¡No debía tener miedo!
- ¿Hola?.- Repitió tratando de apartar el miedo de su voz.- ¿Señor Máscara de Muerte?
Al no obtener respuesta se atrevió a entrar en las zonas interiores donde ya no llegaba la luz del sol, hasta las estancias privadas. Sabía que no debía entrar sin permiso pero... ¿sino hacía esas cosas siendo un crio, cuando las haría?.
Su sentido psíquico acabó guiándole hasta el centro del templo, colándose entre las estancias hasta una losa que tenía grabada la constelación de Cancer sobre ella. Curioso... muy curioso, y las estrellas parecían poder ser pulsadas.
A Kiki se le subió el corazón a la garganta cuando la gran losa se abrió de golpe ante él y por poco le aplasta la cara.
Pero mas terrorifica aun era la expresión de Máscara de Muerte saliendo de la oscura trampilla. Kiki no pudo ahogar un grito de terror por el susto y la expresión asesina del caballero de oro.
Máscara trastabileó hacia atras... ¡Kiki tenía pulmones de cantante de ópera!. El grito fue tan agudo e intenso que el caballero de Cancer tuvo que agarrarse a la losa levantada para no acabar rodando escaleras abajo.
- ¡Por todos los...¡Deja de chillar ahora mismo!
Kiki se acalló al segundo, aunque seguía blanco como la leche y el corazón atronaba en su pecho. Nunca le habían dado un susto semejante.
Máscara salió del sótano cerrando la losa tras de sí de una patada, estúpido crio, si no hubiese estado allí podría haberse metido y acabado... quien sabía, probablemente muerto.
- ¿Qué haces aqui?.- Remarcó cada palabra como un puñal y Kiki se encogió con cada sílaba.
- Yo... uh... solo quería...
- ¡¿Cómo te atreves a entrar aquí sin permiso?!
- Es... es que...- Kiki se echó a temblar con los ojos anegados en lágrimas.
- ¡Invadir mi templo a hurtadillas!.- Máscara no cabía en sí.- ¡¿En qué diablos pensabas, mocoso impertinente?!
Agarró a Kiki por la pechera.
- ¡¿Te das cuenta de lo que podría haber ocurrido?!
- Lo siento... lo siento.- A estas alturas Kiki lloraba desconsoladamente, le aterraba, Máscara se veía como el caballero cruel de antaño.
Máscara alzó una mano... y se detuvo con toda su fuerza de voluntad. No... cielos no... no iba a pegar a Kiki... por la diosa... el pequeño hedía a pánico como un rio de vino. Le soltó, dejando que Kiki cayera de culo al suelo llorando a lagrima viva y gimoteando como un cachorrito... oh no... Máscara se arrodilló frente a él, avergonzado. Idiota...
- Kiki... yo... lo siento mucho... lo siento, perdoname.
Kiki no dejó de llorar, pero le miró a la cara con confusión.
- No quería asustarte tanto... es que... cielos, Kiki, si hubieras bajado ahí abajo... es un lugar muy peligroso y...
- Sniff... ¿peli... groso?.- Kiki se limpió los mocos con la camisa en un gesto cochino que sin duda hubiera provocado risa en otro momento.
- Si, muy peligroso.- Máscara suspiró.- Siento haberte hecho llorar, no estoy enfadado contigo es que... me has asustado.
- ¿No te encuentras bien?
Bendito crio. Máscara se sonrió sin humor. Encontrarse bien. No, claro que no.
- No, nada bien.
- El maestro Mü tampoco se encuentra bien.- Kiki se quedó encogido... pero ya no tenía miedo, solo estaba triste.- Por eso he venido, no sé que le pasa para que esté tan mustio.
- ¿Mü está enfermo?.- Máscara limpió las lágrimas de Kiki con el pulgar.
- No lo sé. Se enfada, se pone triste, no me cuenta nada... estoy preocupado¿sabes tú que es lo que le pasa?
Máscara de Muerte bajó los hombros, alicaido. No había dejado de pensar en Mü, ni un solo momento, pero tenía miedo¿qué pensaría Mü ahora?. Había visto las caras, sabía lo de su condena... Tenía gracia, antes solo había temido al abismo, ahora temía tantas otras cosas...
- ¿Máscara?
Kiki se incorporó y en un arrebato se lanzó al cuello de Máscara aferrandole, no podía soportar ver a su maestro tan alterado ni a Máscara tampoco, de pronto se le veía tan desconsolado que el niño no podía tolerarlo. Máscara era un amigo, aunque a veces diera miedo.
Máscara se quedó paralizado y después respondió al abrazo. Después de seis días completamente aislado, tratando de esquivar al mundo, intentando volver a ser el de siempre, volver a ser frio, cruel, volver a vivir solo.
Mejor estar solo y no deber nada a nadie excepto a tí mismo.
No, las voces ya no podían convencerle de eso, lo habían hecho durante años, pero ya no podían venderle aquellas creencias. Ni siquiera él se tragaba sus propias mentiras. Ya no podía soportar la idea de estar solo. La visita de Kiki era como un rayo de luz entre las nubes.
Se incorporó levantando a Kiki en brazos.
- Vamos, Kiki, no pasa nada.
- Sniff... si que pasa...
No era bueno consolando. Nunca le habían consolado. ¿Qué era lo que debía hacer?. Lo primero desde luego era alejarse de la losa, las vibraciones negativas aun se percibían, mientras andaba saliendo de su templo mantenía a Kiki en brazos, el pequeño parecía un poco mas calmado estando contra su hombro y abrazándole el cuello.
- ¿Por qué no has venido a visitarnos estos días?
Ni siquiera había sido capaz de enfrentar la posibilidad de hablar con Mü, cuando había sentido su cosmos acercándose se había ocultado en el panteón. Había sido algo estúpido pero... no había sabido que otra cosa hacer.
- Lo siento.
- Mi maestro Mü esta mal... se enfada, está triste... creo que es porque hace días que no te vemos... ¿fue por algo que ocurrió en el juicio¿estas enfadado con Mü?
- No yo... no estoy enfadado con Mü.
- ¿Entonces que pasa?
- Es algo complidado Kiki.
- Pues explicamelo.
Máscara se mordió el labio, pensativo. No iba a contarle a Kiki lo de su condena, no podía hacer eso, dolía contarlo y tampoco sabía como reaccionaría Kiki, probablemente se echaría a llorar otra vez. No quería hacerle llorar de nuevo.
- Supongo que sabras que Mü... fue atacado.
- Pero el maestro dijo que no fue culpa tuya.- Kiki jugueteó con el pelo de la nuca de Máscara distraidamente.- ¿Te sientes culpable?
- No... quizá... un poco.
- ¿Por qué no vas a ver a mi maestro y hablais? Así dejareis de estar tristes.
Sonaba facil o Kiki lo hacía sonar facil. No sabía si podría. Salió al patio y finalmente fue hasta el exterior donde el aire limpio y el sol le aliviaron profundamente, no quería volver al interior de su templo, después de seis días allí acabaría volviéndose loco.
No podía volver a ser el de antes. Ya no.
- Te llevaré hasta el templo de Aries¿de acuerdo?
Kiki asintió y se abrazó más a él, contento de ser llevado en brazos por Máscara, se sentía seguro. Solo esperaba que pronto todo se arreglara, que su maestro Mü volviese a estar bien y que Máscara volviese a visitarles para hacerle chichar, le encantaba.
Máscara se preguntó quien estaba consolando a quien mientras llevaba a Kiki escaleras abajo.
Estaban pasando de largo la casa de Tauro cuando se cruzaron con Mü. El caballero de Aries y el de Cancer se quedaron quietos, mirándose en silencio, ambos demasiado sorprendidos.
- Máscara.
Máscara miró a Mü intensamente, temiendo ver compasión, lástima o resentimiento, temiendo tantas cosas... pero no vió nada de eso. Mü le sonrió, lleno de esperanza.
- Veo que encontraste a Kiki, gracias.
Máscara logró mover los pies hasta Mü, aun tenía la garganta cerrada, bloqueada. Kiki estaba mirando a su maestro con preocupación, después de todo le había desobedecido deliberadamente.
- Maestro Mü... siento haberme ido sin permiso.
La verdad era que el caballero estaba demasiado contento de ver a Máscara bajo el sol, y con el pequeño Kiki en brazos obviamente a salvo y contento en compañía del caballero de Cancer. No le había perdido. Máscara de Muerte no había vuelto a transformarse en el hosco y terrible caballero sanguinario.
- Ya hablaremos de eso, Kiki... Máscara¿vamos a mi templo?
Una parte de él quería soltar a Kiki y dar la espalda a Mü, regresar a su templo y hundirse en su oscuridad. Pero no podía hacer eso, porque si Kiki había sido un rayo de luz, Mü era el sol.
No confiaba en su voz de modo que se limitó a asentir con la cabeza y seguir caminando. Mü por su parte, caminaba a su lado, le preocupaba el silencio de Máscara, y mucho...
Nota de la autora: He tardado mucho en actualizar, bueno, era dificil pensar como iba a seguir después del juicio y la revelación. Gracias por los reviews, el ultimo capi tuvo bastantes : )
Los caballeros de oro han quedado un poco mal juzgando a Máscara, sobre todo Aioria, no es que me caiga mal, es que hay tener en cuenta que Máscara de Muerte colaboró en la traición al santuario, cosa que no niega, y eso le hace cómplice de la muerte de Aiolos.
