Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic será YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.Este capítulo tiene lemon, ya sabeis lo que eso significa.
Capítulo 18. Regeneración
Kiki saltó de los brazos de Máscara y echó a correr por los alrededores del templo de Aries. No era que no quisiera estar con los caballeros pero prefería disfrutar del día antes de que su maestro recordara que estaba castigado y además le había desobedecido.
Los dos caballeros de oro permanecieron frente al templo en un silencio incómodo, mirando la entrada.
- ¿Quieres pasar?.- Dijo al fin Mü, se sentía sobre terreno inseguro, hielo fino.
Máscara dudo, por un lado quería volverse sobre sus pasos pero... no podía dar media vuelta, miró a Mü de reojo, no podía darle la espalda. Le debía eso al menos. Mü le había dado esperanza, aun cuando hubiese sido en vano.
- ¿Tienes café?
Cobarde. Máscara de Muerte se amonestó en silencio por desear que no lo tuviera, para dar media vuelta y marchar por una excusa estúpida.
- Si, Aldebarán dejó su café aqui, aun no se ha llevado su cafetera.
Máscara asintió debilmente, deseando desesperadamente que ocurriera algo que le impidiera seguir adelante, entrar al templo. Estúpido. Cobarde. El templo de Aries le acogió con un ambiente amable, recibiéndole. Ambos entraron y Mü apenas pudo contener un suspiro de alivio cuando Máscara atravesó el umbral con paso vacilante. Entraron a las estancias interiores hasta el salón.
- Traeré café y te.
Máscara se sentó en el sofá, tenso, rígido. No debía estar nervioso, había estado allí antes... pero sentía temor. Temor a las preguntas, temor a sus respuestas. Ahora que tenía algo sentía panido a perderlo. Lo que tenía con Mü se le antojaba tan fragil que lo sentía tirante.
Mü regresó con una bandeja y la dejó sobre la msa para a continuación servir a ambos. Café solo para Máscara, té rojo para él. Permanecieron en silencio un rato más, pero resultaba menos incómodo ahora que tenían la distracción de las infusiones. El silencio se quebró cuando Kiki asomó por la puerta timidamente.
- ¿Maestro?
- ¿Si, Kiki?
- Alguien ha roto por la mitad la mesa del taller.- Kiki lo anunció con asombro evidente.
Mü se puso rojo como la grana y balbució un debil "no importa, ya lo arreglaré" en tanto Kiki se marchaba confuso.
Máscara ahogó de mala manera la ris ay Mü enrojeció aun más, hasta que el caballero de Cancer no pudo contener las carcajadas.
- ¿Rompiste tú la mesa?
- Estaba... enfadado.- Confesó.
- ¿Hasta ese punto¿Por qué?
- Porque no querías verme.
Mü superó su vergüenza y fue Máscara quien apartó la mirada.
- Yo... no era eso...
- Fui a verte, y me evitaste.
Máscara percibió la congoja de Mü y se le encogió el corazón.
- Lo siento.- Murmuró.- Yo... necesitaba... lo siento.
- Necesitabas tiempo, lo entiendo.
No era eso. Había estado huyendo, Máscara se sintió terriblemente culpable y finalmente miró a Mü a los ojos. Se merecía la verdad.
- No, no era eso, soy un cobarde.
- No eres tal cosa.- Replicó Mü indignado.
- Si lo soy, me escondí en mi templo igual que hizo Saga.- Máscara se cubrió los ojos con una mano y bajó los hombros con derrota.- Y yo le llamé cobarde... ahora lo soy yó.
Mü se acercó, sentandose junto a él y le puso una mano sobre la rodilla.
- Estabas herido, Máscara, te sentías vulnerable y necesitabas ocultarte para sentirte seguro. Pero no eres un cobarde.
- Me escondí de todos, me escondí de tí. Mü, tú me vuelves vulnerable.
No era una queja, ni una acusación, solo una afirmación. Máscara suspiró, no descubrió sus ojos, tenía que hablar y no podía hacerlo mirando a Mü a la cara.
- Siempre he querido ser insensible, tan duro que nada pudiese herirme porque nada me importaría. Pero tú me importas. Me has vuelto vulnerable, y fragil.
La mano de Mü acariciaba su rodilla, transmitiéndole su calided, calmándole.
- Eres humano, Máscara, solo eso.
- No puedo permitirme ser humano. No con mi destino.
Ahi estaba el dolor, el origen. Mü sintió un nudo en la garganta, no había palabras de consuelo para la condena de Máscara de Muerte. Mü no podía soportar ver aquello, ver como el destino aplastaba a Máscara, exprimiendo su voluntad, destruyendo su esperanza. Solo un monstruo podía sobrevivir a tal carga y como tales se comportaban los caballeros de Cancer. Realmente no podían permitirse ser humanos. Pero era demasiado cruel. Máscara de Muerte era humano, más humano que Eistibus. Por eso sufría más, por eso le afectaba más.
No tenía consuelo para él, solo apoyo.
- Estas vivo Máscara.- Con una mano firme pero gentil, le hizo bajar la mano para poder mirarle a los ojos.- Y mientras hay vida hay esperanza.
- No para mi.- Máscara se apartó con torpeza y se puso en pie.- No debería haber venido.
- Espera...
- Ha sido un error... lo siento...
Máscara se marchaba a paso ligero, con temblores en las manos, alterado, se percató de que tenía un ataque de ansiedad. No podía hacerlo, no podía seguir allí.
- ¡Máscara, espera!
No se detuvo. No podía, quería quedarse pero era demasiado para él. Pensaba que podía pero no era así. Era un cobarde. No podía estar con Mï sintiendo a la vez la espada de Damocles sobre su cabeza.
- ¡Qué esperes!
Mü llegó hasta Máscara, le agarró por el brazo y le volteó con fuerza. Máscara se revolvió pero Mü no cedió ni un ápice, no permitiría que se le escapara, no le perdería.
Al sentirse acorralado, y dada su alteración, Máscara reaccionó con violencia. Intentó golpear a Mü pero este le esquivó con facilidad, el otro caballero atacaba con torpeza, sin mirar lo que hacía.
Forcejearon entre puños y patadas hasta que Mü terminó por llevar a Máscara hasta una pared y golpearle contra ella. Aprovechando la desorientación por la perdida de aliento de Máscara, Mü le sujetó ambas muñecas contra el muro, paralizándole.
- ¡Cálmate, Máscara!
La orden caló a traves de la confusión del caballero de Cancer y este se quedó callado, paralizado y jadeando, sus pupilas rojas temblaban...
- Respira hondo, Máscara, intenta calmarte, no pasa nada.- Mü suavizó la sujección.- Solo respira, lentamente.
Poco a poco Máscara recuperó el dominio de sí y empezó a relajarse, mantenía la cabeza baja, avergonzado. Había perdido por completo el control. Sentía que le ardía la cara. Mü le soltó las muñecas y le puso dos dedos bajo el mentón obligándole a alzarla.
- No tienes que pasar por esto solo. No tienes porqué marcharte. No quiero que te vayas.
Máscara cerró los ojos para ahogar las lágrimas. No pensaba llorar delante de Mü.
- Cuando muera iré al infierno.- Susurró con un hilo de voz.
- Estas vivo.- Replicó Mü.
Mü le besó con suavidad, apenas rozando sus labios... Máscara no quería suavidad, quería sentirse vivo, tal y como le decía Mü, se abalanzó sobre él besándole con pasión y deseo, uniendo sus labios, sus lenguas, su calor, sus almas.
- Pruebame que estoy vivo.- Dijo con voz grave contra los labios de Mü.
Saori acarició con la punta de los dedos su cetro, el símbolo de su poder, el simbolo de Athena. Ella era Athena, su reencarnación, cada día que pasaba sus mentes se unían mas y más, desde su muerte y viaje al Hades habían acabado uniéndose tanto que ya no sabía donde acababa la mujer y empezaba la diosa.
Cuando se había resucitado a sí misma de entre los muertos al derrotar a Hades había obtenido la sabiduria de la diosa y los recuerdos de todas las reencarnaciones anteriores. Ahora que no había una amenaza divina que concentrara su atención podía pensar en todas aquellas vidas, era algo confuso y extraño. Como tener personalidades distintas.
Rahab... el caballero que se había sacrificado y había condenado al infierno a todos sus sucesores. Athena no había podido cambiar aquello, Hades había ejercido su derecho sobre un poder que en realidad le pertenecía.
Y muchos hombres habían sufrido por ello. Ahora Máscara de Muerte sufría por ello, había sufrido mucho, tanto que la había traicionado. Y no podía culparle por ello¿qué habría hecho cualquier otro?. Máscara no había podido sentir otra consa que rencor hacia una deidad que nada había hecho por él y sin embargo le exigía lealtad.
Máscara de Muerte había aceptado. junto a los demás caballeros fallecidos, el regreso al mundo fingiendo lealtad a Hades para ayudarla. Había muerto por segunda vez, y lo había hecho en servicio de la diosa que jamás le había dado consuelo.
Y ahora demostraba que podía serle leal, que podía ser todo un caballero de oro, si le ayudaban a serlo.
Saori quería recompensarle. Quería acabar con ese dolor. Era Athena, era una diosa, sin duda debía haber algo que pudiese hacer por Máscara de Muerte. Se lo debía.
Miró el trozo de armadura espectral que Dohku le había llevado al comunicarle el suceso del espectro renegado... aun tenía que pedir cuentar a Hades al respecto. Si, el dios de los muertos tendría algo que decir.
Máscara de Muerte y Mü no dejaban espacio entre ellos, sus armaduras chocaban ruidosamente al caer al suelo, no les preocupaba por donde las iban dejando caer de camino al dormitorio.
Mü dejó su paciencia junto a su armadura y desgarró la camisa de Máscara con un fuerte tirón.
Máscara jadeó, la agresividad de Mü le excitaba, no se interpuso en su camino en tanto el resto de su ropa le era arrebatada a tirones y rasgaduras.
- Túmbate en la cama.
Era una orden, Máscara obedeció al instante, había algo en la voz de Mü cuando le comandaba que exigía obediencia, y le enfebrecía. El lemuriano se desnudó frente a la cama, bajo su atenta mirada, revelandole su cuerpo y mirándole con los ojos turquesa oscurecidos de lujuria.
- Deja que te vea.
- ¿Mü?.- Máscara sintió que se ruborizaba como una virgen, para su vergüenza.
- Quiero verte.
Máscara se acomodó contra el cabezal de la cama y abrió las piernas para Mü, flexionando las rodillas, exhibiéndose con un gemido de deseo a la hambrienta mirada de Mü. El caballero de Aries se contuvo que abalanzarse sobre el otro hombre, no tenía que tocarle para tenerle... a su merced, se sentía cómodo en su posición dominante, y profundamente satisfecho al verse obedecido.
Subió a la cama y se arrodilló entre las piernas de Máscara, acariciándole las rodillas y separándoselas más.
- Mü...
La mirada de Mü le recorría y Máscara casi podía sentirla fisicamente, cuando llegó a sus genitales trató instintivamente de cerrar las piernas, pero el musculoso y pálido cuerpo entre ellas se lo impedía. Con los ojos entrecerrados vió como Mü le levantaba las piernas y las empujaba hacia la cama, doblandole las rodillas hacia su propio torso y en consecuencia haciendole levantar el trasero.
Máscara enrojeció profundamente al verse completamente expuesto a Mü, quien aumentó aun más su exposición levantándole más la espalda hasta hacerle apoyar la cintura contra su torso. Ahora Mü le sonreía maleciosamente desde arriba, acariciándole las nalgas con la barbilla... y finalmente pasando la lengua por la abertura expuesta.
- ¡AH, MÜ!
Máscara se estremecía en tanto Mü continuaba, sin compasión por sus gemidos.
- ¿Demasiado vulnerable para tí?.- Preguntó finalmente Mü con diversión.
Máscara practicamente iba a a romper las barras de la cama si las apretaba con las manos de ese modo. Mü se compadeció, si le estimulaba demasiado no llegarían a ninguna parte.
- Mü... por favor...- Balanceó las caderas desesperadamente, siempre había rechazado recibir sexo anal pero ahora estaba realmente ansioso de más.
- ¿Quieres sentirte aun más vivo?
Máscara asintió vigorosamente y a continuación se deshizo en gemidos y súplicas sin sentido, Mü le preparaba con los dedos, la crema resbalaba entre sus nalgas y entraba dentro de él. Había cedido todo control. Y le encantaba.
Mü cubrió a Máscara con su cuerpo y le hizo soltar las barras de la cama para juntar sus manos, entrelazandolas. Se miraron el uno al otro, respirando agitadamente. En un segundo de tranquilidad empapada de deseo y sana lujuria.
- Mü... dame más... lo quiero todo.
Mü se sintió el hombre mas afortunado sobre la faz de la tierra. Se inclinó y le besó con ansia en tanto comenzaba penetrarle. Máscara gimió incómodo y se tensó.
Mü se detuvo dejando que Máscara se acostumbrara a la intrusión, parar ahora era excruciante pero no pensaba hacer que el otro hombre se arrepintiera de aquello y no volviera a tener la oportunidad de poseerle.
Máscara respiró hondo, la sensación era extraña, incómoda, pero había algo de placer. Placer que se intensificó cuando Mü se sostuvo sobre él con una mano y usó la otra para envolver su hombría. Máscara aferró los hombros de su amante y abrazó su cintura con las piernas, empujándole en su interior.
- Oh diosa...
Máscara hubiera hecho algún comentario burlón respecto a meter a Athena en aquello pero tenía la cabeza en otra parte. Estaba lleno, completo, sentía a Mü dentro de él, era extraño, nuevo, ciertamente excitante. Mü se movió lentamente, hacia atras, hacia delante... y Máscara empezó a hundirse en el placer que eso le provocaba.
Mü se alegró de sentir a Máscara moverse con él, su miembro volvía a endurecerse en su mano, era un placer mutuo. Era estrecho... Mü estaba envuelto, se movió con dolorosa lentitud pero los sonidos de placer que su amante emitía eran demasiado deliciosos como para permitir que cesaran. Cambió el ángulo de su entrada y Máscara se arqueó bajo él, gimiendo y empapando su mano con fluido preorgásmico.
Los dos amantes se movieron sobre la cama al ritmo de su deseo, ajenos al resto del mundo, aislados de sus cargas, de sus problemas, viviendo un presente que les hacía sentir completos. Se movían a su propio son, en su propio mundo, sin dolor, solo placer, sin miradas acusadoras, solo caricias, manos y labios, besos y sudor, sexo y cariño. Un cuerpo contra otro cuerpo, piel contra piel, gemido y confesión.
El climax recorrió a Máscara, arqueó la espalda como un muelle y abrió la boca con un abandonado grito orgásmico. Mü embistió contra él cabalgando su propio placer y pronto la habitación quedó en silencio excepto por los jadeos desacompasados de los amantes.
Mü se tendió junto a Máscara, ninguno de los dos quería salir de la burbuja de calor. Se quedaron quietos disfrutando de la calma post coito.
Máscara se volvió, mirando a Mü con los ojos entrecerrados, ambos tenían una media sonrisa, Máscara suponía que ese era el momento en que se decía algo romántico, algo tierno y cálido.
- Si Kiki nos ha oido yo no pienso explicarselo.
Idiota. Idiota. Idiota.
Mü se quedó anonadado y Máscara deseó darse de cabezazos contra la pared. Pero para su alivio Mü solo empezó a reirse.
Máscara remoloneó en la cama hasta pasado el amanecer y el sonido del agua de la bañera terminó de despertarle. Se incorporó y no pudo sino gruñir, le dolían partes del cuerpo que no le habían dolido nunca.
Pero había valido la pena de modo que se sonrió mientras se ponía en pie y entraba al cuarto de baño adyacente. Mü estaba ya sumergido en la bañera, se enjabonaba la larga melena lavanda con mimo mientras tarareaba una canción.
Era un angel. Máscara se quedó en el marco de la puerta, solo podía mirar, estaba hipnotizado por la belleza de su amante. Lleno de una calma plena al observarle en el tranquilo ritual de lavarse.
Un destello turquesa y aquellos preciosos ojos encontraron los suyos. Una sonrisa abierta terminó de iluminar aquella magnífica mañana.
- Buenos días, Máscara.
- Buenos días.
Máscara entró y se arrodilló junto a la bañera, cruzando los brazos por el borde, jugueteando con la superficie del agua. Meditabundo. Mü siguió lavándose y se enjaugó el pelo sumergiéndose en el agua, cuando emergió se acercó a Máscara y le dió un beso en la nariz.
- Un penique por tus pensamientos.
- Tenías razón, estoy vivo...
Mü percibió un flaqueo.
- ¿Pero?
Máscara suspiró.
- Pero es demasiado perfecto... sabes que mi destino...
- Dentro de muchos años.- Mü juntó sus manos con las suyas.- Ahora estas vivo, conmigo.
- Si, ahora estoy contigo. Y eso me hace feliz... pero... .- Máscara se separó.- Olvidalo... son tonterías.
Mü no insistió. No podía esperar que súbitamente Máscara aceptara que ahora podía estar feliz a su lado como una pareja y luego moriría para ir al infierno y sufrir eternamente. Era dificil vivir así. Era imposible ser feliz así.
Mü le besó y Máscara aceptó el beso con dulzura, fue un beso tierno, de cariño no de deseo. El caballero de Aries suspiró cuando Máscara se levantó y salió del baño, sabía que el sexo le había calmado, le había hecho vivir el presente, pero no era una solución ni mucho menos. No podía durar. Máscara siempre sentiría el peso de su destino, Mü se sentía incapaz de luchar contra eso, y Máscara no podría ignorarlo durante mucho tiempo antes de volver a agriarse, a hundirse en su dolor. Podían aguantar un tiempo pero... no duraría.
Acabaría perdiéndole. Y encima tendría que sufrir el conocimiento de saber donde acabaría, saber que si uno de los dos moría... no volverían a verse jamás, irían a lugares distintos, sus almas nunca se encontrarían.
No podía soportarlo.
Máscara se desplomó sobre la cama, mirando el techo con mirada borrosa, sentía las lágrimas pero no quería dejarlas salir. Ojala pudiera detener el tiempo, quedarse en aquella mañana para siempre, ojala pudiera olvidar su destino, olvidarlo al menos, solo eso, podía ser feliz si no sabía que acabaría en horror y sufrimiento.
Pero lo sabía. Cerró los ojos y se concentró en el olor de Mü, toda la casa de Aries olía como él. Era su sol, su luz, su vida... por desgracia Máscara sabía lo que le esperaba al final del tunel.
Todas las luces se apagaban. No podía durar.
Nota de la autora: Estoy lenta subiendo capítos ultimamente, pero mas vale tarde que nunca¿verdad?
Al fanfic le queda poco, muy poco. Uno o dos capítulos, aun no estoy segura.
Muchas gracias por los reviews, recordad que son mi unica manera de saber si voy bien o mal. Si meto la zarpa no suelo darme cuenta. (Como los errores ortograficos, siempre se me cuelan por escribir rápido.)
El nombre verdadero de Máscara de Muerte es desconocido oficialmente, en el fandom coinciden en llamarle Angelo... la verdad es que me gusta, a lo mejor lo uso.
