Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y lemon), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Máscara/Mü.

Capítulo 19. Salvación

Máscara de Muerte volvió a enfrentar su fuerza a la del mar, alterando la marea, forzando las olar y doblegándolas a su voluntad. Desde la cala se podía ver el templo de Aries, lo que contribuía a calmar su espíritu con el vaiven de las olas.

- Me gusta tu refugio secreto.

- No es un secreto.- Máscar no disimuló su alegría por ver a su amigo.- Se te ve bien, Afrodita.

El caballero de Piscis estaba radiante, casi irradiaba felicidad. Máscara sospechaba que finalmente Afrodita había encontrado el amor verdadero en Shura.

- Muchas gracias, tu también tienes buen aspecto, lo cual es sorprendente en tí.

Afrodita se acomodó sobre una roca plana, poniendo su capa como colchón y asiento. Le había sorprendido gratamente sentir a su amigo fuera del templo de Cancer, pues había estado terriblemente preocupado por él.

Después del juicio y aquellas revelaciones no había podido encontrar descanso. Conocía a Máscara desde hacía tantos años y en un solo día descubría el sentido de todas las cotradicciones del caballero de Cancer.

Le molestaba ser el mejor amigo de Máscara y haber estado ignorante de todo aquello, pero no le extrañaba que su amigo jamás hubiese dicho nada a nadie. Era dificil confiar algo tan doloroso.

- Me alegro de ver que estas mejor.- Añadió.

Máscara suspiró pero le dedicó una debil sonrisa.

- Me aburría demasiado en mi templo.

- Y seguro que Mü no tiene nada que ver.

Máscara no respondió, pero el brillo de sus ojos y su sonrisa respondieron por él. Afrodita sonrió a su vez, Mü había obrado un milagro.

- Y seguro que Shura no es responsable de tu sonrisa.- Contraatacó Máscara de buen humor.

Ante la mención del caballero de Capricornio a Afrodita se le iluminó la cara. Máscara se calló un comentario burlón, Afrodita estaba enamorado como una colegiala.

No era quien para burlarse, no ahora. Se sentó en la arena apoyando la espalda contra la roca en la cual estaba sentado Afrodita. Ambos miraron el mar.

- ¿Qué vas a hacer, Máscara?

El caballero de Cancer lanzó una piedra al mar con gesto dejado y esperó a que las olas barrieran la playa como si respondieran al golpe.

- Estar con Mü... todo el tiempo que pueda.

- ¿Todo el tiempo que puedas?.- Afrodita le propinó un coscorrón.- ¿Qué diablos quieres decir con eso?

Máscara se frotó el pelo, por suerte Afrodita no había puesto verdadera fuerza en el golpe.

- Que es una relación que no aguantará... me aferraré a ella cuanto pueda pero... no tendo ni idea de cuanto tiempo será eso.

- ¿Por qué dices eso?

- Me conoces Afrodita, ya sabes porque.

- No eres ese mismo hombre, Máscara, has cambiado para mejor.

- Que yo haya cambiado no cambia el resto.

Afrodita acarició la cabeza de Máscara, peinándole con los dedos, relajándole.

- Amas a Mü¿no es cierto?

- Si, le amo.- Máscara no titubeó.- Pero no creo que eso sea suficiente.

- Tendrá que serlo, amigo mio, tendrá que serlo.

Máscara dejó que Afrodita siguiera peinándole hasta que se amodorró y se obligó a levantárse antes de quedarse dormido allí mismo.

- Te deseo suerte.- Afrodita puso las manos sobre sus hombros.- Y siempre que necesites algo puedes contar conmigo.

- Lo sé, gracias.

El caballero de Cancer abandonó la cala y saltó de roca en roca hasta regresar al templo de Aries, una marea de rosas al viente le indicó que Afrodita también se marchaba. Apenas había atravesado el umbral cuando Mü se lanzó a sus brazos, se besaron apasionadamente, hundiendose en sus brazos, devorándose, buscando el mutuo calor.

- Te he echado de menos.- Murmuró Mü cotnra sus labios.

- Solo he estado fuera un par de horas.- Respondió Máscara con un susurró.

- Parecía más.

Las preocupaciones se esfumaron en su cercanía, consolándose de un futuro incierto en el intenso presente.

Se abrazaban, uniéndose todo lo que podían fisicamente, pero de haber podido se habían fundido en uno en el otro. Sus cosmos se entrelazaron como serpientes amantes, hasta que resultó imposible distinguirlos. Se besaron con un anhelo que bordaba la desesperación.

Separaron sus labios por pura necesidad de respirar.

Unas pisadas exageradas a proposito les avisaron de la llegada de Dohku, además de una falsa tos. El caballero de Libra se veía algo incómodo, no debía ser al primera vez que trataba de llamar su atención.

Mü y Máscara siguieron abrazados, reticentes a abandonar su refugio en compañía. Pero dirigieron su atención al caballero de Libra.

- Buenas tardes, Mü, Máscara.

Casi parecía resultarles doloroso separarse, pero aun cuando cesaron su abrazo mantuvieron sus manos unidas, con los dedos entrelazados.

- Buenas tardes Dohku¿deseas algo?

Dohku asintió, Mü estaba radiante, Máscara... el caballero de Cancer se veía diferente, más... abierto, sereno.

- Me envía Athena. Máscara de Muerte, la diosa desea verte.

El caballero se tensó inmediatamente, moviendose de forma instintiva mas cerca de Mü.

Máscara temía a Athena, a la diosa... resultaba doloroso pero la joven Saori había estado en lo cierto. El caballero de Cancer la responsabilizaba en parte de su destino. ¿Cómo podía servirla si la resentía? Ahora más que nunca después del juicio.

No sabía que quería Athena del caballero de Cancer, pero esperaba que todo fuese bien.

- Máscara.- Dohku trató de calmar los ánimos.- La señorita Saori tan solo desea hablar contigo.

Máscara no se relajó en absoluto, pero hizo el además de soltarse de Mü para acompañar a Dohku al santuario de la diosa. El caballero de Aries no cedió, sino que andó con él.

- Te acompañaré.

Dohku no objetó y los tres se encaminaron al santuario. El camino fue silencioso, nadie hablaba, había una tensión que emanaba de Máscara. Solo la presencia de Mü le calmaba lo suficiente para seguir.

¿Qué podía querer Athena? Máscara no sabía que esperar, nunca había tenido una audiencia individual requerida por esta¿la había ofendido al marcharse del juicio¿La habían ofendido sus palabras?. Máscara sintió la ira y el odio crecer dentro de él, no aceptaría juicio alguno de aquella hipócrita, no permitiría que...

- Máscara.

Máscara se paró y descubrió que apretaba la mano de Mü con tanta fuerza que le dañaba. Relajó su agarre con un gesto avergonzado.

- Lo siento.- Susurró con un hilo de voz.

- No te preocupes.

No debía dejarse llevar por la rabia, tenía que calmarse. Por Mü. Lo haría por Mü.

El santuario se alzaba ante ellos. Entraron y Dohku les anunció a la diosa. Cuando el caballero de Libra regreso se veía ciertamente confuso.

- Solo desea verte a ti, Máscara.

¿No requería la presencia del patriarca?. Máscara frunció el ceño pero aceptó, se soltó de la mano de Mü y entró en la sala de audiencias, él solo. La puerta se cerró a su espalda como un trueno.


Máscara no caminó a su asiento en el semicírculo, después de todo estaba solo, se sentó en el centro, sin importarse a que signo perteneciera, quería acabar con aquello. Tras unos minutos apareció Saori, la joven se veía perturbada, triste. Máscara no dijo nada, ella le había llamado, que hablara.

Para su sorpresa Saori no tomó asiento en su trono, sino que caminó hacia él... y tomó asiento a su lado, como si fueran iguales en vez de una diosa y su siervo. Máscara casi se echó hacia atras, aturdido por su cercanía, por su gesto amable... le recordó a Mü.

- Máscara de Muerte... te pido perdón.

Si su gesto de acercarse y sentarse a su lado no le habían dejado de piedra esto lo hizo. ¿Disculpas? La diosa le pedía perdón, la diosa... ¿a él?. Máscara negó con la cabeza, aturdido.

- ¿Perdón?

- Si, perdón por no haber hecho nada para paliar el dolor que te ha ocasionado tu destino durante todos estos años.

Máscara siempre había resentido a la diosa pero ahora... de pronto le sentaba mal que le pidiera perdón, se sentía como un gusano por hacer sentirse mal a una criatura tan gentil como la que se sentaba a su lado. Ni siquiera se sentía digno de mirarla, bajó la vista a sus pies.

- No teneis que pedirme perdón, yo os traicioné.

- No podías hacer otra cosa, y por eso te pido perdón, si yo hubiera hecho algo... tú no habrías caido en la oscuridad hasta el punto de traicionarme.

- Yo no... no teneis que pedirme perdón... por favor.

El avatar de la diosa puso una mano sobre la suya, era como seda, suave, delicada.

- Tienes razón, no tengo que pedirte perdón, lo que tengo que hacer es ayudarte, ya he tardado demasiado en hacerlo.

Máscara se obligó a mirarla, confundido.

- ¿Ayudarme?

- Cuando derrotaste al espectro renegado Hades contrajo una deuda menor por su descontrol sobre sus esbirros, le exigí compensación.

- ¿Mi señora?.- Máscara no podía creer lo que oía... no podía ser...

- Hay una manera de evitar tu destino, de salvarte del abismo y destruir la maldición de la armadura de Cancer.

Máscara no reaccionó, no podía, se sentía anclado en su asiento, su cuerpo no le respondía. Sentía la cabeza ligera y temió desmayarse allí mismo. Athena tomó su mano entre las suyas tratando de darle un ancla. Máscara respiró agitadamente y tardó en calmarse y controlar sus nervios.

- Una... una manera... ¿cuál?

Athena levantó una copa, su aspecto era horrible, o demasiado familiar para Máscara, miles de rostros humanos en actitud agónica se hallaban esculpidos en su tosca superficie, aquella copa, aquel caliz, irradiaba malignidad.

Una lágrima resbaló en el rostro de la señorita Saori.

- Una salvación milagrosa... o una muerte rápida.

Máscara cogió el caliz.


Mü no podía soportar la espera, estaba preocupado. Dió vueltas de un lado a otro del Santuario, Dohku permaneció junto a la puerta de este, aguardando, respetando la necesidad de Mü de caminar a solas.

Cuando finalmente Máscara abandonó la sala de audiencia, Mü corrió hacia él con la angustia reflejada en la mirada. Sabía que la diosa no desearía ningún mal a Máscara, era justa y buena, pero Máscara no era un hombre que tolerara desliz alguno, era belicoso hasta la médula.

Pero no se le veía enfadado, ni realmente triste. En sus ojos había esperanza, una esperanza teñida de preocupación.

- ¿Máscara?

- Estoy bien.- Máscara le tomó de la mano, como antes.- Vámonos.

- ¿Qué deseaba la diosa?

Máscara le sonrió y le dió un beso dulce en los labios.

- Hemos hecho las paces.

Regresaron al templo de Aries juntos, despidiéndose de Dohku. Mientras descendías casa por casa, atravesando los templos, bajando las escalinatas, Mü no podía dejar de sentir que algo malo iba a pasar, como un escalofrio. Un mal presentimiento.

Se detuvieron en el templo de Cancer y sin previo aviso Máscara volvió a besarle, pero esta vez fue la clase de beso ardiente que antes había interrumpido Dohku, intenso, húmedo, caliente y desesperado, que les dejó los lábios enrojecidos y hormigueantes.

- Máscara, yo...

- Angelo.

- ¿Qué?.- Mü le miró confuso .- ¿Ángelo?

- Es mi nombre.- Máscara tomó su rostro entre las manos, mirándole a los ojos.- Es mi nombre verdadero.

- Te llamas... Angelo.

Mü sintió una punzada, por un lado no cabía en sí de alegría por la confianza, el amor que Máscara había puesto en él confiándole su verdadero nombre, pero un escalofrio le recorrió la espalda. Un temor sin nombre.

- Es un nombre precioso... Angelo... ¿qué ocurre?

Máscara cerró los ojos y le besó largamente, saboreandole como si fuera su última cena. Mü temblaba... ¿qué ocurría¿qué significaba?

- Angelo, por favor, dime...

- Me gusta mi nombre cuando tú lo pronuncias. Hasta mañana, Mü.

- Espera, dime...

Máscara le puso un dedo sobre los labios y después dió media vuelta y entró en su templo, dejándole solo en la entrada. Mü se quedó quieto, mirando la entrada de la cuarta casa con temor. ¿Por qué aquello parecía una despedida?

- Angelo...- Susurró.- ¿Qué es lo que vas a hacer?


Cuando el sol desapareció en el horizonte, devorado por este, Máscara de Muerte llenó la copa con agua. En un instante el líquido se tornó negro como la noche, tan oscuro que ni siquiera poseía reflejos.

Una salvación milagrosa o una muerte rápida.

Si no podía ser realmente libre junto a Mü... entonces la muerte valdría la pena.

No tenía ganas de pensarselo más, no había nada que pensar, y no quería angustiar a Mü con aquella decisión, no debía sufrir más, solo lamentaba que un posible resultado le provocara dolor. Pero no tenía otra opción.

Máscara... o Ángelo, levantó la copa y se la llevó a los labios. La apuró de un trago.

Todas las almas en pena del templo de Cancer gritaron al unísono.

El grito fue tan devastador que todos los caballeros de oro se sobresaltaron, la agonía tan intensa que ni la diosa pudo contener un quejido, el reloj del santuario se iluminó con las doce llamas, y la de Cancer se agitaba como una hoja al viento.

Mü salió de su templo a la carrera, su corazón desbocado le guiaba por las escaleras, corriendo con desesperación hacia la cuarta casa. Cuando llegó no pudo sino caer de rodillas en el patio exterior, derramando lágrimas.

Era hermoso y terrible, las almas del templo de cancer... abandonaban su encierro, asemejaban fuegos de San Telmo en movimiento, abandonandolo como ascuas al viento, desvaneciéndose en el aire.

Saga estaba allí, Mü se incorporó con temblores y se le acercó.

- ¿Qué ocurre?

Sabía lo que ocurría pero... no quería creerlo.

- Mü...- Saga le miró con piedad... no, piedad no por favor.- Solo hay un motivo para que las almas del templo de Cancer se liberen... solo ocurre cuando su asesino ha fallecido.

No. No. No. Mü apretó los puños.

- ¡¡NO!!

Nadie pudo detenerle, nadie se hubiera atrevido. Corrió al interior del templo. Ignorando el peligro de las almas recién liberadas y confusas. Ignorando la oscuridad del templo. Corrió con desesperación.

- ¡Angelo¡Angelo!

Le encontró, en el suelo, tumbado boca abajo, como si hubiera caido fulminado en un instante. A su lado, tirada en el suelo, una copa de siniestro aspecto. No... no podía ser, Máscara de Muerte... Angelo no se suicidaría, jamás haría eso, no era un cobarde, no era un cobarde en absoluto.

No podía ser cierto. No podía serlo.

- ¡Angelo!.- Mü se derrumbó, llorando con desesperación.

- ... ¿Mü?

Gracias. Oh, diosa, gracias. Mü dió la vuelta a Máscara y le incorporó contra su pecho. El caballero de Cancer tosió pero por lo demás estaba bien, Mü le tendió e, ignorando las protestas del otro hombre, le examinó en busca de heridas o signos de intoxicación... pero estaba bien... estaba bien. Gracias a todo el panteón, estaba bien.

- Mü... estoy bien... ¿qué pasa, qué haces aqui?

Sentía deseos de besarle y abofetearle al mismo tiempo.

- Me... ¡Me preocupaste, idiota!.- Mü abrazó a Máscara con fuerza.- ¡Las almas de tu templo se han ido, pensé que habías muerto!

- ¿Se han ido?

Máscara se hechó a reir, una risa sana y sincera, se puso en pie y, sin dejar lugar a palabras, levantó a Mü en un abrazo de oso.

- ¡Se han ido¡Realmente se han ido!

- ¡Angelo¿Pero que...?.

- ¡Soy libre!.- Máscara daba vueltas con Mü en brazos.- ¡Libre, Mü!

Cuando por fin Mü tocó el suelo tuvo que calmar su mareo.

- ¿Libre? Pero... ¿cómo?

Máscara levantó la copa del suelo y la sostuvo frente a él.

- Athena me la dió, la obtuvo de Hades.

Mü aun no podía creerlo se acercó y miró a Máscara, Angelo, con fascinación.

- Entonces... tú...

- Soy libre, me he liberado, mi alma no está atada al abismo.- Finalmente no pudo contener unas lágrimas de alegría.- Soy libre.

- Oh, Angelo... pero... parecía que...

- Una salvación milagrosa... o una muerte rápida.

Mü se quedó helado. Podía haber fallado, podía haber muerto. No pudo contenerse, le abofeteó. Máscara tratabileó hacia atras con gesto asombrado.

- ¿Mü?

- Podías... ¡Podías haber muerto, idiota¡Y no... no me dijiste nada!

Máscara no se defendió, permaneció en silencio, sabiendo que el otro hombre estaba en lo cierto. Podía explicarle sus motivos pero... sabía que en el fondo eran excusas, no había tenido el valor de decírselo.

- Lo siento...

- Lo sientes... ¿y si hubieras muerto¿Y si al venir aqui hubiese encontrado tu cadaver?... ¡¿Tienes idea del dolor que me habrías causado?!. ¡Pensé que te habías suicidado!

No le replicaba. Mü suspiró, no, no, no podía seguir gritándole, puede que Masc... Angelo hubiera cometido una estupidez, una gran estupidez, pero... lo hecho hecho estaba, y Angelo se había liberado de su destino. Con un enorme riesgo.

- No voy a perdonarte eso, Angelo.

- Mü... yo...

- Pero de momento... de momento lo olvidaré.

Angelo temblaba, había sentido un terror frio al pensar en que podía perder a Mü. El caballero de Aries no pudo seguir enfadado, no podía, Angelo acababa de salvarse del infierno. No podía perdonar aquel silencio, pero tampoco podía odiarle, no, le amaba. Y perdonaría tarde o temprano.

- Abrazame, idiota, me alegro de que estes vivo, y libre, y conmigo.

Angelo obedeció inmediatamente. Ahora si, ahora sabía que el terrible riesgo había valido la pena.

Todo valía la pena si tenía el resto de su vida para pasarla junto a alguién. Para pasarla junto a Mü.


Nota de la autora: He tardado una eternidad en escribir esto, como de costumbre mi maldición del último capítulo. Me ha gustado muchísimo escribir un fanfic sobre Saint Seiya con Máscara de Muerte, pero en los ultimos capítulos me he desinflado un poco, creo que me pasé en la longitud y me aburrí a mi misma.

El final me ha quedado algo agridulce, pero no quería hacer un final triste ni tampoco algo demasiado dulzón y ñoño. Termino medio.

Los reviews que ha recibido este fanfic han sido magníficos y agradezco a todos los que han leido esta historia. Sois los mejores.