Cuatro paredes de aire (Abby)
El ruido del reloj tomaba protagonismo, ella sentada esperando que abran la puerta para poder marcharse.
Unos golpes en la tabla de madera, era Jim, entró a la habitación minimalista y en su forma encorvada de caminar se sentó al lado de ella como si fuera un extraño con permiso. Palmeó su espalda con cariño, pero ella era un bloque le era indiferente, miraba el vacío de la habitación con la mayor concentración posible.
-Sé por lo que estas pasando no hace falta que te retraigas de la forma que lo haces – Dijo con vos calida mientras seguía palmeando la espalda de la chica pero ella no hacía ni decía nada. Su cuerpo era indiferente a sus palabras pero su mente escuchaba atenta.
-Esto no es nada – prosiguió – Has pasado por peores y sola... ahora hay gente que se preocupa por ti, no dejes que tu miedo a evolucionar como persona haga que todas esas personas se alejen.
-Solo quiero irme...eso es todo.
-Está bien... Nick vendrá a buscarte dentro de un momento... ¿Me prometes que pensaras en lo que te dije?
-¿Pensar¿Qué, acaso soy una niña de secundaría? Sé que tengo, sé porque me pasa no necesito a nadie que venga y me diga como hacer las cosas – Miraba al mismo punto fijo, sus palabras se articulaban sin ninguna expresión, parecía ajena a todo lo que vivía...
-¿Entonces por qué te emborrachaste?
-... A veces necesito algo para respirar un poco... y eso fue lo único que encontré.
- A mí me suena a una salida fácil
-Piensa lo que quieras, no tengo que demostrarle nada a nadie.
-Abby...
-¿Te puedes ir? Avísame si Nick llega.
-Está bien...Una última cosa Abby. No sé a que escapas o a que corres pero todos necesitamos a alguien para "respirar" sin lastimarnos y tú no eres la excepción.
Si te sigues cerrando así, siempre terminaras en el papel que tanto odias... éste.
Salió de el lugar dejándola sola. Abby ya no sabía que pasaba, era estar viviendo la vida de otra persona. De pronto se halló en la situación que tanto temió vivir. Logró comprender de qué hablaba Jim a qué se refería en cada charla que le dio esa semana. Temía de cómo el destino jugaba sucio y tramposo, de cómo un día estabas bien y al otro derrochando lágrimas, temía volver a ser feliz y que en otro giro volviera a llorar.
Pasaron unos minutos y el mismo sonido volvió a sonar, esta vez era Nick quien la esperaba sonriente en la entrada.
-Hola Abs¿lista?
-¿eh? sí, claro...
Se levanto casi elevándose como si su peso no fuera impedimento para volar, tomo su pequeño bolso que posaba sobre su lado y camino hacía la puerta donde solo miro un segundo para atrás. Como lejana vio ese cuarto tan vacío de pensamientos, de sentimientos de todo lo que hace a un lugar, pronto se vio reflejada en ese enclave donde había habitado como presa esos crueles 7 días, que no solo hicieron darse cuanta de que le pasaba si no que habían cambiado su forma de encarar el mundo y ver la vida.
Un largo recorrido a casa donde de su boca no salía ni una palabra, el aire que se respiraba de por si era incomodo, de nuevo como juego pasaron a polos opuestos tanto ella como Nick.
Llegaron, una vez en el departamento Abby confisco con la mirada esas paredes que no había visto por un tiempo corto que antes era para ella el más largo pero de nuevo una vez ahí pareciera que jamás se hubiera ido.
Quedó parada sin licencia alguna de acomodarse en su casa, por alguna razón Nick la incomodaba pero la pregunta era ¿Por qué? Algo más que una amistad los unía, casi una hermandad donde las malas y las buenas eran testigos su cariño afectuoso, donde cada vez que una lágrima aparecía era secada por la mano de alguno, siempre estuvieron juntos desde que se conocieron y de pronto era un recuerdo tan lejano como insignificante para sus mentes.
Eran dos desconocidos con una historia ilegible.
-Abby, quede con Noel de vernos en "Mona Lisa" sé que no querrás venir pero me tengo que ir.
-Está bien, mándale mis cariños a Noel.
-Claro – Se acerco a ella y le dio un tímido beso en la mejilla derecha donde ella solo asintió con una media sonrisa de labios. Nick encamino a la salida con la cabeza baja, se notaba en su rostro la confusión del momento pero ante todo esa bondad escondida en lo más bajo de su personalidad salio casi reluciente en el brillo de sus ojos cuando abrió media boca para decir lo que sabía que la haría sonreír.
-Abs. El tal Kovac se desquició llamando esta semana, me ha vuelto loco. Le conté lo que paso y seguramente va a venir... si tú se lo pides, claro. No lo hagas esperar con el llamado que ese tipo da hasta pena. – Un revoloteo de sus ojos lo dijo todo. Volvió a dar media vuelta y cuando estaba saliendo al cerrar la puerta vio que la media sonrisa anterior ya era una completa.
El golpe de la puerta resonó en la sala, un viento ligero que traía con él una tenue llovizna escurrida por la ventana complementaba el lugar. Esa sonrisa se fue disolviendo con los minutos hasta que la inseguridad corrompió en ella.
¿Qué le iba a decir¿Cómo iba a responder esas preguntas sin respuestas aparente¿Qué cambiaría entre ellos?
Respiro profundo inhalando ese aire que se colaba en el ambiente, dejo su bolso sobre la mesa y fue hasta la cocina. Hizo té y mientras esperaba que el agua hirviera fue hasta la sala, deambuló por el largo lugar que después de pasar esos días en esa pequeña habitación blanca esa sala era demasiado grande. Se encontró en la ventana, miro y el panorama en si parecía calmo daba la idea de que solo ella se encontraba en aquella cuidad. Demasiado calmado para su gusto, lo único que sonaba era el aire que recorría la cuidad a sus gusto.
El silbato de la tetera la sacó bruscamente de sus pensamientos, corrió hasta la cocina, vertió el agua en la taza sin atención y volcó el agua pelante sobre su mano derecha, grito por el ardor y se beso ella misma la quemadura roja calmando el dolor.
Ya en el sofá depositó la taza en la mesa y tomo el teléfono que se encontraba al lado, buscó la agenda y marcó el número de Luka.
Cada tono daba más emoción, dolor, exaltación, angustia todos los sentimientos posibles de alguien que quiere pero al mismo tiempo no.
-Hola ...
