Título: Bienvenida.

Fandom: Sailor Moon.

Claim: Seiya/Serena, Tsukiko, Kohana, Sakura y Kiyoshi (mis OCs).

Extensión: 1.782 palabras.

Notas: Escrito para la tabla Ilusoria de 30vicios y para el reto_diario. Edad de los personajes en este shot: Seiya y Serena: 46. Tsukiko: 23. Kohana: 21. Sakura: 18. Kiyoshi: 10.


Aquella mañana de Navidad, Seiya se despertó con el lado derecho de su cama vacío. Como todos los anteriores que habían compartido. Cuando Serena se ponía a hacer los preparativos de la cena de Navidad, prácticamente no se le podía hablar en todo el día, porque estaba de un lado a otro haciendo todos los preparativos con insoportable detalle.

Todo parecía igual que los demás años por esas fechas, Kohana se levantaba rompía alguna cosa, recibía los regaños de la madre sin prestar mucha atención y se acurrucaba cerca de la estufa para mirar algún programa en la televisión, maldiciendo la nieve por no permitirle salir a jugar un partido. Sakura ayudaba haciendo el postre para la cena y luego se iba a leer cerca del enorme ventanal que tenían en el living, donde estaba su otra hermana. Y Kiyoshi le había despertado, como cada navidad, aplastándole contra la cama y obligándole a levantarse para ayudar a su madre. Serena se desesperaba con los preparativos, para que todo estuviese meticulosamente perfecto.

Todo era igual que todos los años, excepto por una cosa, que todos trataban de ignorar. Faltaba Tsukiko. Esta sería la segunda navidad que pasarían sin la primogénita de la familia. La del año pasado había sido la más desolada de todas, por el humor por los pisos que habían tenido ambos padres. Veinte años teniendo cuatro bocas a las que alimentar, para que ahora sólo hubiese tres. La ausencia de Tsukiko en la casa se notaba por muchos esfuerzos que pusiesen sus otros hijos para que olvidase el hecho de que no estaba. Pero estaría de ese modo si fuese cualquiera de los otros tres.

Bien era sabido que padre e hija no se hablaban desde prácticamente un año. Tsukiko hacía dos años que había tenido la mayor de las peleas con Seiya, aun luego de haberse ido de la casa. A sus otros hijos no les habían dicho demasiado acerca de qué habían peleado; pero no era demasiado difícil deducirlo. Sobretodo con el carácter de ambos y que los peleas durante ese tiempo habían abundado. Tsukiko había mantenido contacto con sus hermanos desde que se había ido de la casa y luego lo retomó con su madre. Pero con su padre era tema aparte, no se veían la cara desde hacía más de año y medio. Y la última conversación que habían tenido, había sido de todo, excepto agradable.

Las cosas ya habían estado mal desde que Tsukiko se había ido de la casa por la discusión que Seiya y ella habían tenido hacía dos, por el novio problemático, fiestero y prácticamente alcohólico que tenía por ese entonces. Ambos eran cantantes y se habían conocido en una de las giras de ella. Seiya no lo había aceptado y la mayor de sus hijos se había terminado yendo de la casa para irse a vivir con el novio, sin importarle la opinión de sus padres.

Sin embargo, a los pocos meses habían intentado conciliar la situación. Seiya se había cansado de aquella situación con Tsukiko; pero antes de que pudiesen tener una conversación reconciliatoria había pasado El Accidente. Aquel que había dado vuelta las cosas en la casa de los Kou. El novio de Tsukiko había muerto durante un accidente automovilístico en una ruta, estando borracho y drogado. Se había dormido al volante y estrellado contra un poste de luz, muriendo en el acto.

La pelea entre padre e hija que había sucedido a aquel accidente había sido épica, Serena no había estado presente, de modo que solo podía quedarse con la versión de la historia que le dio su esposo. Y sabía que no le había dicho ni la mitad de las cosas que realmente se habían dicho. Lo cual le hacía preocuparse aun más por Seiya.

Seiya se había arrepentido por todo lo que le había dicho a su hija, aun cuando ella tuviese mucha culpa por el tono que tomó la discusión. Sus discusiones nunca habían llegado a ese punto, es más, pocas veces se habían peleado seriamente.

Decir que Seiya estaba ansioso por verle era decir poco, ella les había prometido a sus hermanos más pequeños estar en las Navidades de aquel año, para sorpresa de todos. Quizá era un buen paso. Aunque no quería hacerse ilusiones vanas porque había dicho lo mismo para el cumpleaños de Kiyoshi, el mes pasado, y no había asistido. El pobre niño se había deprimido porque su hermana no hubiese ido. Al día siguiente le compensó llevándole todo el día de un lado para el otro, pasando del cine, a comer donde Kiyoshi quisiese hasta cualquier cosa que el más pequeño tuviese ganas de hacer.

Entró a la cocina viendo cómo Serena continuaba haciendo meticulosamente el pavo que comerían esa noche. Sonrió al pensar que era la comida favorita de Tsukiko. Y no pudo evitar soltar una carcajada cuando Kohana y Kiyoshi entraron a la cocina, se quejaron por eso.

— ¿Pavo?

— ¿Qué esperabas? Es el plato favorito de Tsukiko.

— ¿Es que acaso están celosos, o es sólo mi impresión?— les aguijoneó a ambos, interrumpiendo a su esposa quien seguramente le iba a mandar a freír espárragos con el humor pre-navideño que tenía. Como respuesta ambos hermanos gruñeron.

—Para nada, papá. Te estás volviendo senil y estás imaginando cosas.

Seiya estuvo tentado a retrucarle; pero se abstuvo. Nada podría aguar su humor ese día. Tsukiko venía ese día y no caería en ninguna discusión estúpida ese día. Haruka podía venir a querer romperle el tabique nuevamente y él no le prestaría atención.

La mañana pasó sin demasiados sobresaltos, excepto que Serena estuvo mandando a sus tres hijos y a su esposo para que le ayudasen para cuando viniesen los invitados.

Aquella navidad les tocaba poner casa a ellos porque eran los que tenían la más grande. Iban a venir los abuelos Ikuko y Kenji, los tíos Sammy y Moegi con sus hijos. La anterior navidad lo habían pasado con los hermanos de Seiya, de modo que ese año, tocaba con la familia de Serena. Aunque se reunirían el 25 con ellos.

Así que no quedaba otra cosa que cooperar. Y a él le tocó ir al altillo a buscar el mentado árbol de Navidad. Se lo habían olvidado de poner el 8 de diciembre, así que había que ponerlo a las apuradas para que estuviese tan solo dos semanas, antes de que le volviesen a mangonear para volverlo a poner en el altillo.

Cuando comenzó a llevar las bolsas con todas las cosas que se le ponían al árbol, se lamentó como todos los años no haber tenido más hijos varones, o por lo menos que el que tenía fuese un poco más grande o no tuviese la manía de robarse los adornos navideños. Eso le sería de mucha ayuda en ese momento porque estaba seguro de que debería volver una vez más a buscar más adornos.

Estaba por llegar a las escaleras cuando escuchó el resonar de unos zapatos taconeando los escalones. Supuso que era Sakura o Serena (porque Kohana se negaba a usar tacones); pero jamás pensó que sería Tsukiko, de modo que se quedó sin saliva cuando le vio. Había estado por pedirle que le ayudase a quien subiese; pero no pudo, la impresión era mucha. La última vez que se habían visto no habían tenido una conversación muy agradable y de eso hacía cuatro meses.

Tsukiko había crecido, se le notaba más madura. No le fue extraño verle con un peinado diferente al que llevaba la última vez, ya que siempre había sido propensa a cambiar de look cada poco tiempo. Aquella vez lo tenía bastante más largo, seguramente llevaba extensiones. Pero Seiya no se fijó demasiado en la apariencia de su hija, tan sólo podía quedarse ahí parado como un estúpido viendo a su ya no tan niña.

A ella le pasaba más o menos lo mismo, había estado por no ir a la cena de Navidad, por miedo a no ser bienvenida, sabía cuánto dolor le había causado a ambos de sus padres con todo lo que les había dicho y no dejándoles saber sobre ella por largos periodos de tiempos. Quería decirle todo eso; pero tan sólo unas pocas palabras salieron de su boca.

—Papa, yo… yo, lo siento— admitió entrecortadamente. Seiya no dijo nada, tan solo le abrazó y le dejó desahogarse. No era necesario que se dijesen más.

—Sólo prométeme que no volverás a dejarnos sin saber de ti por tanto tiempo, Tsukiko. Todos te hemos extrañado mucho.

Seiya no quería hacer recriminaciones porque en ese momento era lo que menos necesitaban, además de que Serena le había advertido que si quería arreglar las cosas con Tsukiko, lo mejor era dejarlas de lado. Sin embargo, ella asintió y olvidó el leve tono de reproche.

—Yo también los extrañé. Lo siento— no pudo evitar repetir. Con los años que llevaban distanciados, no era necesario agregar más. Entendían lo que se decían solamente con esas palabras.

—Yo también lo siento, dije cosas que no debería haber dicho.

— ¡No, papá! Yo fui una tonta, sólo pensabas en mi seguridad; pero en esos momentos…

—Ya, déjalo. No importa…— le interrumpió, no queriendo escuchar una palabra más, quería dejar aquella discusión en el pasado. Lo importante era que Tsukiko estaba con ellos y que no permitiría que tuviesen una discusión de esa magnitud nuevamente. —No importa. Ya pasó. Vamos abajo.

—Una cosa más, papá— le detuvo Tsukiko, aunque con un tono de voz no muy decidido y un tanto nervioso. —Traje a alguien conmigo. Se llama Tetsu.

Seiya paró en seco frente a la confesión de la mayor de sus hijas.

—Oh, vaya.

No era capaz de decir mucho, aunque Tsukiko malinterpretó aquello.

—Es un abogado, nada riesgoso ni nada— aseguró.

— ¿Abogado? ¿A tu edad?— preguntó suponiendo que tendrían más o menos la misma edad.

—Oh… digamos que me lleva un par de años.

—Vale, vale. Vamos a conocerle— le propuso, viendo que ella ya se ponía nerviosa. Esta vez quería confiar en el juicio de su hija para elegir hombres. Eso calmó a su hija, quien le ayudó gustosa. Y cuando llegaron a la cocina, donde todos respiraron tranquilos al verles sin pelear, todos volvieron a sus actividades cotidianas, luego de la inspección al nuevo novio (que esta vez no incluyó álbumes de fotos). Kohana se escapó de las garras de su madre con la raqueta para irse a buscar alguien con quien jugar. Sakura terminó sus quehaceres y se quedó leyendo. Mientras que Kiyoshi intentaba robarse las galletas que su madre acababa de preparar.

Tsukiko había extrañado todo aquello. Sólo se preguntó cómo reaccionarían sus padres al día siguiente cuando les dijese que serían abuelos.