Título: Cuando todo falla.

Fandom: Sailor Moon.

Claim: pseudo-Darien/Serena, con Seiya/Serena y Darien/Setsuna.

Extensión: 1.913 palabras.

Notas: Escrito para la tabla Ilusoria de 30vicios, para el quinesob y para el reto_diario.


Serena no sabía en qué momento precisamente habían llegado a eso. Y seguramente a su acompañante le sucedía lo mismo, por la cara de desconcierto que tenía pintada en el rostro. Jamás hubiesen pensado que las cosas desembocarían en eso, nadie podría haberlo previsto, ni siquiera Rei. Ya las cosas en los años anteriores habían sido inesperadas para todo su entorno como para que a aquello le diesen un nuevo vuelco. El destino era cruel, por no decir que era una maldita perra.

—Tiene que ser una broma— gruñó Darien entre dientes, dirigiéndole una mirada molesta a Setsuna. Aquellas que sus dos acompañantes pocas veces le habían visto usar, eran pocas las veces en que Darien se ponía así de nervioso. Y Serena no le culpaba en lo más mínimo, ella sentía que iba a explotar en cualquier momento, pero en llanto. Setsuna le rehuyó la mirada y las palabras que susurró, resonaron en toda la habitación:

—No se puede escapar del destino. Estaba escrito que así sería.

Fueron sus palabras contundentes.

—Tú lo sabías desde un principio— lanzó asombrado, completamente desconcertado. Serena se encontraba en el mismo asombro. Setsuna sabía todos los cambios que pasarían en esos años. Todos, absolutamente todos. Nada se le había escapado de las manos. Qué ingenuos habían sido al creer que habían burlado al destino. Ambos sentían demasiada impotencia, mezclada con rabia hacia la guardiana de las puertas del tiempo por no haberles dicho todo.

—Lo siento, debo irme ahora, sus majestades— advirtió, antes de que con un rápido movimiento de su báculo desapareciese de la habitación, sin darles tiempo a Darien ni a Serena, a impedirle irse para obtener más respuestas. La habitación se sumió en un silencio sepulcral, quedando ambos pensativos.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?— preguntó una Serena angustiada, rompiendo el silencio. Esperaba que a Darien se le ocurriese algo, él siempre había sido inteligente, algo tenía que ingeniar para salir de aquella situación, algo que le diese esperanzas de que pudieran escaparse de lo que estaban pasando.

—No lo sé— dijo tomándose la cabeza con una de sus manos y sentándose al lado de ella, para intentar tranquilizar, no sólo el sentimiento de desconcierto, sino también la furia contra Setsuna.

¿Cómo habían llegado a eso? Esa era la pregunta que no podía dejar de hacerse Serena desde que estaban metidos en esto. Porque a esa altura no había una palabra que pudiese describir aquella situación. Era demasiado complicado explicarlo y, más todavía, saber cómo debería sentirse y actuar.

Podría ponerle un momento de comienzo cuando Seiya y sus hermanos habían vuelto a la Tierra; pero estaría mintiendo. Había sido antes, había sido un cambio paulatino. Todavía no estaba segura de quién tenía la culpa de aquel proceso, aunque a ninguno le interesaba buscar un culpable en aquellos momentos. Su relación se había desgastado con los años y llegó a su auge cuando Darien se había intentado irse a Estados Unidos y fue capturado por Galaxia. El distanciamiento hizo mella en Serena, junto con la angustia de una nueva batalla que se sembraba inevitablemente sobre la Tierra.

Y en ese momento llegó Seiya, representando todo lo contrario a Darien. Fuego adolescente, sonrisa descarada y chistes malos para regalar. Terminó enamorándole casi sin darse cuenta. Aunque no lo notó hasta después de que él volviese al Planeta de las Flores de Fuego junto con sus hermanos y su princesa.

Algo parecido había pasado con Darien que, inevitablemente, lo que sentía por Serena mutó en cariño, llegando a preguntarse si alguna vez fue amor. Porque el amor era otra cosa. Era la ansiedad, el nerviosismo y el pensamiento constante en aquella persona amada, cosa que antes de partir solamente le había pasado con Setsuna. Y precisamente por aquel sentimiento que sabía que estaba mal, había intentado irse a Estados Unidos para olvidarlo. Aunque no lo había conseguido.

Y hasta ese día se continuaban queriendo por todo lo que habían tenido que pasar juntos. Tanto malos momentos como buenos. No estaban solo los recuerdos de las batallas y la tragedia del Milenio de Plata, también estaban las risas compartidas, las tardes con confesiones y las veces que se ayudaron mutuamente. Era un fuerte cariño el que les unía; pero, a esa altura, era sólo eso.

Habían continuado con aquella relación durante varios años, aunque había estado teñido de silencios incómodos, desencuentros y mentiras en silencio. No fueron realmente difíciles pasar aquellos años por el cariño que ambos se tenían entre sí y porque, al Serena entrar a la universidad, la cantidad de veces que se veían era menor a la que tenían cuando ella estaba en preparatoria.

No fue difícil hasta el momento en que Seiya, Yaten y Taiki volvieron a la Tierra para quedarse, luego de terminar de reconstruir su planeta luego de siete años. Y, aun cuando había pensado que había podido olvidar todo de Seiya, él demostró que no era así, apenas sin darse cuenta. Y Darien lo notó; pero no pudo culparle por lo que sentía, porque él tampoco era feliz completamente y continuaba sin poder olvidarse de Setsuna, a pesar de que por todos esos años, no había hecho amago de intentar serle infiel a Serena.

Sin embargo, al ver la situación en la que estaban metidos, Darien no pudo evitar preguntarse qué hacían en ese momento, no tenía caso continuar así. Ninguno era feliz.

Serena se sorprendió cuando Darien le propuso romper, no podía estar hablando en serio. Tenían que estar juntos por Tokio de Cristal y por Rini, ¿Por qué habían estado juntos esos nueve años si no era por eso? Si hacía tiempo se había acabado el amor. Prácticamente se lo había gritado en la cara por la impotencia; pero Darien mantuvo la calma y le respondió "¿sería justo para Rini nacer en una pareja que no tiene amor entre sí?". Y aun cuando buscó una respuesta, no la encontró. Finalmente, para sorpresa de todos sus conocidos, rompieron. No era una discusión corriente, sino una ruptura definitiva.

Setsuna les "confirmó" que el futuro de Tokio de Cristal ya no existía por sus decisiones. Darien y Serena habían sufrido el hecho de que Rini no fuese a nacer nunca; pero con el tiempo y el hecho de estar con el ser que querían, habían logrado superarlo, luego de algunos años.

Seiya y ella se la jugaron, y comenzaron una relación que había durado cuatro años, poco les faltaba para los cinco. Aun cuando no hubiesen tenido a la mayor parte de sus amigos de su parte, al principio. Lo mismo les pasó a Darien y a Setsuna, su relación había comenzado poco después que la de ellos y había durado hasta… hacía pocos segundos.

Durante aquellos años, cada uno había hecho su vida, del mismo modo que su entorno más cercano. Terminaron sus carreras y comenzaron sus especializaciones, algunos comenzando relaciones amorosas e incluso formando familia, como Rei con Nicholas y Taiki con Amy. Por su parte, Yaten y Mina terminaron formando una banda juntos y siempre andaban de gira, hacía poco había comenzado una relación seria. Eso sin mencionar que eran una de las parejas más conocidas en Japón e incluso internacionalmente eran bastante conocidos.

Sin embargo, cuando habían tenido asumido los cambios que habían ocurrido en sus vidas, uno completamente inesperado azotó las vidas de todos. Una nueva guerra cayó sobre la Tierra. El enemigo era mucho más fuerte que Galaxia y las repercusiones se habían sentido no sólo en Japón, sino en todo el planeta. La Tierra había entrado en una situación de crisis frente a una amenaza alienígena de ese tenor. Tanto las Sailor Scouts como las Sailor Star Lights habían contribuido en esa guerra.

Las repercusiones fueron nefastas. Tanto para ellos como para el mundo en general. Ellos se terminaron haciendo famosos por salvar al planeta; pero la salvación de la Tierra tuvo un costo bastante alto. Entre las miles de bajas estaban las de los hermanos Kou y Hotaru. Y cuando todavía no se habían recuperado del golpe por las muertes y la inoportuna fama, les anunciaban desde la Unión de Planetas que necesitaban un representante del Planeta Tierra, más bien un gobernante. Preferiblemente un rey o reina; pero debía estar casado.

Y eso era precisamente lo que les había venido a informar Setsuna. Serena era esa reina que la Tierra necesitaba y por consiguiente a Darien era a quien querían como rey. Tokio de Cristal estaba por nacer de una manera que ninguno había esperado. Setsuna les había mentido acerca de que el futuro en el que Rini estaba había desaparecido, solamente que el camino hacia él no era precisamente como habían esperado.

Darien no sabía por qué razón les había mentido, con qué fin. Sin embargo, a pesar de su poca percepción, Serena creía tener una idea.

—Vamos a tener que hacerlo— declaró Darien finalmente; pero sin sentimientos en sus palabras. Serena le miró no muy convencida.

—Pero Darien, no nos amamos. Yo no creo que pueda olvidar a Seiya y, aun con lo que te mintió Setsuna, sé que le continúas amando.

—No volveremos a ver a esta Setsuna.

— ¿Cómo?— preguntó Serena, sin entender ni jota de lo que decía Darien.

—Setsuna pertenece al futuro de Tokio de Cristal. Se despidió de mí hace algunos días; pero no lo entendí hasta recién.

Las palabras cayeron con peso en Serena, intentando procesar todo lo que estaba pasando. Era demasiado.

—Serena— le llamó, obteniendo en seguida su mirada en él—. Yo todavía guardo mucho cariño hacia ti y te quiero como no tienes idea. Creo que podemos con esto, en verdad lo creo. Lo haremos bien. El planeta nos necesita, la Alianza no confía en nadie más que en nosotros para ese puesto.

—Yo también te quiero; pero no creo que eso sea suficiente como para que podamos lograrlo.

—Serena, ¿confías en mí?

—Claro que sí— respondió un tanto insultada.

—Entonces, confía en mí. Además piensa que tendremos a Rini con nosotros, yo también me he sentido terrible todos estos años cada vez que pensaba ella. Te prometo que lucharé por conseguir nuevamente que me ames; pero necesito que pongas de tu parte, porque si hay alguien con quien me gustaría hacer Tokio de Cristal es contigo, Serena.

Serena quería creer en lo que Darien le prometía. Había aprendido con esos años que no todo es perfecto y lo que lo parece, está teñido de mentiras, como lo era Tokio de Cristal.

—De acuerdo— finalmente decidió ella.

—Ya verás que todo saldrá bien.

— ¿Aunque todo vaya a ser una mentira?

Él le tomó una de sus manos y se la besó como cuando eran adolescentes.

—Te prometo que será la más hermosa de todas ellas.

—Sólo hay una cosa más— dijo Serena al aire, aunque no estaba demasiado convencida si era el momento oportuno. Pero sabía que en algún momento tendría que decirlo, de modo que mejor ahora antes de que fuese evidente (que no faltaba mucho para eso). —Estoy embarazada… Sé que es ella, noto su esencia. Lo sé, no me preguntes cómo lo sé, simplemente lo sé.

Ese fue el momento de Darien de sorprenderse, ahora encajaban todas las fichas de aquel complicado rompecabezas. Pero aquello no cambiaba nada, Rini sería su hija y él se encargaría de que nunca se enterase de nada. Construiría Tokio de Cristal para ella.