Título: Cuatro paredes.
Fandom: Sailor Moon.
Claim: Seiya/Serena.
Extensión: 693 palabras.
Advertencias: Lime.
Notas: Escrito para la tabla Ilusoria de 30vicios, para el reto_diario y para el quinesob.
Ese momento era uno de los pocos en los que lograba no pensar en nada más que Serena. Dejaba de lado todo el mundo que durante el día intentaban olvidar, aquel en el que ellos no son nada más que buenos amigos. En el que deben mentir por un bien mayor, en el que Serena no es suya y en el que no podía hacer nada por remediarlo.
Era como entrar en un mundo diametralmente diferente y eso se lo demostraba con cada mirada y en el sabor de cada beso, que cada vez se volvían más intensos. Sus manos se sentían insuficientes, querían abarcar más de lo que podían. Entrelazan sus lenguas a las apuradas, como si no lo hubiesen hecho durante años, reconociéndose los sabores nuevamente.
No es que hubiesen pasado demasiado tiempo lejos, sino que la angustia en ambos se sentía más fuerte que nunca, al ser concientes de que pronto esos encuentros deberán terminar. Serena acaba de poner la fecha de casamiento con Darien, después de todas las evasivas e intentos de atrasarla lo más posible. Sin embargo, ya no había forma de atrasarla, ya estaba fijado el lugar y el momento. No había más que hacer, sino disfrutar los pocos instantes que les quedaban juntos, que cada vez parecían más cortos e insuficientes.
Seiya se separa unos segundos para intentar memorizar el cuerpo que tiene atrapado en sus brazos. Enreda los dedos en aquella larga mata de cabellos rubios, haciendo que Serena se deleite con la delicadez de la caricia. Luego pasa la mirada por los inconfundibles ojos azules, llegando a delinear el contorno de los deliciosos labios, de los que le imposible contener el impulso de probar otra vez. Ella sonríe en medio del beso, a la vez que sus manos se pasean por toda su espalda.
Esa era su Serena. Aquella inmadura adolescente (quizá ya no tanto), de largos cabellos rubios atados en aquel peinado ridículo. Con hermosos ojos azules que le recuerdan los días eran más fáciles. Labios deliciosos y curvas suaves que eran imposibles de ignorar a sus ojos.
Y en ese momento, Seiya no quiere solamente su cuerpo, sino todo de ella. Le quiere para él. Porque es tan injusto que le dejen probar solamente una mordida de aquella fruta del paraíso cuando Darien tendrá entera. ¿Por qué el destino había sido tan cruel con ellos dos? Era algo que no podía llegar a entender; pero en ese momento no quiere tener esos amargos sentimientos, porque ahora le tiene ahí para él. Sus sonrisas, sus miradas y sus besos son sólo para él.
Del mismo modo que aquellos susurros, con palabras de cariño que le dice al oído, cuando acaricia su pecho con cariño, mientras que él besa con adoración su cuello.
Por un momento, piensa en que podrían quedarse en aquella habitación por siempre, al abrigo del mundo exterior. En aquellas cuatro paredes que tantos besos a escondidas han callado y, aun cuando sabe que es imposible, por unos segundos se lo cree.
Y se lo dice, allí al oído, como tantos sueños imposibles que se han recreado para ellos. Sin embargo, como pocas veces, Serena se tensa y parece insegura, haciendo que su acompañante se preocupase un poco. Ella le tranquiliza con suaves palabras, que en otros momentos no serían audibles. A los pocos segundos se lo pide en medio de un gran sonrojo, sorprendiendo a Seiya. Le pide aquello que no creyó que alguna vez le pediría, seguramente porque no quisiese llegar a ese grado de infidelidad; pero ahora lo atribuye a los nervios.
Seiya se lo concede y por esa noche, Serena no es otra cosa que no sea suya. No solo los besos y las caricias son para él, sino lo es todo. Ella le entrega eso jamás él podrá conseguir. En esos momentos sabe que Darien jamás podrá arrebatarle esa primera vez. Siempre sabrá que el fue el primero para Serena.
Y ese pensamiento le consuela para las próximas noches de soledad, en las que sabe que Serena las pasará con él, porque sabrá que ella se entregó a él por primera vez en esas cuatro paredes.
