CAPÍTULO 3

Ella se dio cuenta de que iba a besarla. No. No iba a hacerlo.

Edward echó la cabeza hacia atrás y giró bruscamente a la izquierda, a punto de chocar con la pared antes de dirigirse a la cocina.

Se ocupó con el café, evitando su mirada, aunque sin lograr ocultar el acaloramiento de sus mejillas. Había querido besarla, pero se amilanó, cambió de parecer en mitad del recorrido.

Ella necesitaba pensarlo. Sin esperar el café, se fue al gran sofá de color borgoña que dominaba el salón y se sentó en el rincón de la derecha. Extendió la sección de deportes, aunque no la leyó. Simplemente la miró, dejando que las letras bailaran bajo sus ojos.

Edward había intentado besarla, a pesar de que el impulso sólo había durado un segundo. Eso fue después de que ella dijera que olvidaran lo del sexo. Después de que él mostrara su acuerdo. Era evidente que albergaba las mismas dudas que ella. ¿Hacerlo o no hacerlo? Ciertamente, esa era la cuestión.

- Hmm, ¿quieres un bollo o algo?- preguntó Edward todavía detrás de la seguridad de la pared que separaba el salón de la cocina.

- ¿Qué vas a tomar tu?- inquirió Bella sin mirarlo. No quería que supiera lo confusa que se hallaba.

- Cereales.

- Eso no es un bollo.

- Lo sé. No tengo bollos.

- Paso- rió.

- De acuerdo. Además, también me he quedado sin leche.

Bella sacudió la cabeza. Realmente ocupaba un puesto muy alto en su escala de hombre adorable, lo cual era uno de los motivos por los que creía que acostarse con él sería estupendo. Sabía que sería divertido. Bueno, no en todo momento, pero cuando resultara apropiado, la haría reír. Había pocas cosas que le gustaran más que reír en la cama. Por algún motivo, eso siempre la ponía increíblemente lujuriosa, al menos cuando tenía a un hombre desnudo a su lado.

- Toma- dijo él.

Se sobresaltó. No lo había oído entrar en el salón. Se hallaba junto a ella, con una taza de café en la mano.

- Voy a darme una ducha- dijo cuando ella aceptó el café.

- Edward, ¿puedo hacerte una pregunta?

- No

Esperó verlo sonreír, pero no lo hizo.

- Ni siquiera sabes de qué se trata.

- Si no es sobre los Yankees, el clima o el trabajo, no quiero oírla.

- Vale, vale- se hundió en el sofá, maravillándose de lo desequilibrado que era Edward. Lo había visto con todo tipo de mujeres, desde camareras a juezas de distrito, en las citas que siempre le estaba preparando Alice, pero jamás le había visto perder el equilibrio.

Dejó que se marchara, contenta de no haberle preguntado si había pensado besarla. Toda su actitud revelaba la respuesta.

Pero la suya, a pesar del desliz de la ducha, seguía siendo la misma. Si lograban superar esa fase de incomodidad, estaba convencida de que juntos podrían disfrutar de algo fabuloso. Rara vez tenía intuiciones fuertes, pero cuando aparecían siempre resultaban acertadas.

Puede que necesitaran un tiempo, pero, ¿qué importancia tenía eso? Disponían de tiempo y él no iba a ninguna parte. En realidad, avanzar despacio tenía mucha lógica. Arriesgaban mucho, y no deseaba precipitar nada.

Muy bien, pensaba seguir adelante. Iban a hacerlo. Lo que esa mañana había sido un pregunta nebulosa, ya se había convertido en una decisión sólida. Las sensaciones eran correctas y buenas.

Y la asustaban.

Edward ocupó su lugar en la mesa redonda de la atestada cafetería. Siempre era igual: Bella, él, Alice, Jasper, Jessica y Mike. Todos en un bonito círculo de chico, chica, chico, chica. La única vez que cambiaban era cuando alguien, por lo general Mike, iba con un invitado. Pero en los cuatro años que llevaban yendo al Broadway Diner, eso no había sucedido en más de seis ocasiones.

Su almuerzo de los domingos se había convertido en un ritual sagrado. Los camareros los conocían tan bien, que apenas unos minutos después de que llegara la primera persona ya comenzaban a llevar a la mesa los aperitivos.

A Edward le gustaba de esa manera. Era un hombre que se sentía cómodo con los rituales y los hábitos. Todos los días se despertaba a la misma hora. Cada noche se iba a la cama después de ver CNN. Leía el periódico de la misma manera todas las mañanas, respondía su correo electrónico, comprobaba sus valores en la bolsa y luego se centraba en el trabajo.

Colocó la servilleta en el regazo justo cuando Jessica y Mike llegaban. Jasper y Alice ya estaban presentes. El camarero le llenó la taza de café y Edward se relajó por primera vez aquella mañana. Volvía a sentirse seguro. Entre amigos. Inmerso en su mundo familiar. Todo ese asunto de acostarse con Bella quedaba en espera, al menos durante la siguiente hora y media.

- Y bien. Dijo Jessica, rompiendo un trozo del bollo que ya tenía en el plato-, ¿os habéis acostado ya?

Poco había durado la seguridad.

- No, no lo hemos hecho- Bella miró a sus amigos con expresión severa-. Y vosotros ya podéis dejar de preguntar. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana.

- Yo pensaba que no iba a suceder- aunque a Edward no le sorprendía que Bella hubiera vuelto a cambiar de parecer.

- Oh, eso- Bella agitó la mano en el aire-. Olvídalo. Me asusté durante unos momentos, nada más.

- Yo sigo asustado.

- Nadie tiene por qué estarlo- intervino Alice-. Todo el asunto se puede arreglar de forma rápida y sensata.

Jasper miró a su esposa con el ceño fruncido. Ellos tenían una conexión inigualable, como si supieran que sucede antes de que pase y también como si sintieran el estado de animo década uno, Alice estaba convencida de que habían sido familia en otras muchas vidas. Aunque ella era así.

- Cariño- comentó Jasper-, no creo que deban arriesgar algo tan importante como su amistad por lo que diga alguna sicología con base popular.

- ¿Sicología con base popular? ¿He mencionado yo algo sobre sicología?

- De acuerdo- Jasper meneó la cabeza- ¿cuál es tu método rápido y sensato?

- Nada- comenzó a untar queso en su panecillo.

Jasper suspiró. Alargó el brazo y le tomó la mano.

- Vamos, Alice. Lo siento. No pretendía cortarte. Si dispones de una solución, nos gustaría oírla.

- Yo no- dijo Edward, aunque sabía que nadie le iba a hacer caso.

- Creo que Bella tiene razón- afirmó Mike-. Es lógico que los dos estéis juntos. Ahí afuera está la selva. Y es peligrosa. Llena de gente perversa que solo busca interesarte y calentarte para despertar una mañana y anunciar que se va a Idaho a realizar el sueño de toda su vida de convertirse en instructor de esquí.

- ¿Claudia?- Jessica meneó la cabeza. Mike asintió-. No mencionaré lo que te dije- le dio una palmadita en el hombro-. Pero, maldita sea, te lo dije.

- Jessica, no te gustaría ni aunque fuera agrdable- comentó Mike-. Que alguien me pase el salmón ahumado.

- Si fuera agradable no saldría contigo, ¿verdad?- preguntó Jessica-. Sin embargo, tienes razón. No te ofendas, pero si vas a involucrarte con Mujeres sin cerebro, deberás pagar el precio. Así son las cosas.

- Gracias- indicó Jasper.

- Excluyo a los presentes- corrigió con una sonrisa.

Edward se sentía mal por su amigo. Peter era un actor maravillosos, y un tipo estupendo, aunque tenía un gusto horrible por las mujeres. Siempre parecía elegir a las que emocionalmente no estaban disponibles.

Por eso Jessica y él se llevaban tan bien. Su ex marido, San, era el mayor bastardo del mundo. Se había casado con ella por su dinero, se había acostado con su hermana y la dejó por su secretaria. Jessica lo había llevado bastante bien. Había decidido descartar a los hombres para siempre y como pasatiempo tramaba venganzas. Parecía deleitarse en atormentar a los hombres que iban tras ella, los cuales abundaban. Jessica muy hermosa. Alta, esbelta, de aspecto nórdico con ojos de un azul claro, los atraía como un imán. Pero no aceptaba a ninguno. Para ella, todos eran un San en potencia.

- Creo que los dos tenéis que acabar con esto de una vez- comentó Jessica en serio, mirando a Edward-. Cuanto más lo demoréis, de más tiempo dispondréis para estropearlo. Vamos. Pensad en esas dobles citas horribles que Alice os prepara siempre. En todas termináis pasando la noche hablando entre vosotros mientras vuestras parejas se marchitan.

Jasper rodeó los hombros de Alice.

- Creo que no deberían precipitarse. Es algo importante. Que no hay que tomárselo a la ligera.

- Yo creo que todos deberíamos dedicarnos a comer y a hablar de otra cosa- con vehemencia se dedicó a prepararse un panecillo.

- Yo aún quiero oír lo que Alice tiene que decir- Bella removió el café como hacía siempre que estaba nerviosa.

Edward quiso decirle que comiera. Apenas había desayunado, lo cual no era bueno para ella. Preocuparse por Bella se había convertido en un ritual como lavarse los dientes. No era que ella prestara atención alguna vez a sus consejos. Sin embargo, siempre se los daba.

Claro está que Bella hacía lo mismo con él. Dios, si ya eran una pareja. Lo único es que vivían en apartamentos separados y, bueno, estaba lo del sexo.

Eso resultaba tentador como el infierno. Era tan perfecta y ya la quería mucho. Pero quizás el motivo para quererla era que no le pedía nada, salvo amistad. No se irritaba cuando cambiaba los planes. No necesitaba saber dónde estaba en cada minuto del día. Ni siquiera le importaba que se burlara de su extraño gusto por los Simpson.

Lo que tenían era estupendo. Lo mejor de su vida.

- Primero- dijo Alice tras limpiarse las comisuras de los labios con la servilleta-, debéis haceros tres preguntas. ¿Qué queréis de verdad? ¿Potenciar la intimidad incrementará la amistad o la someterá a mucha tensión?- carraspeó, y como si anticipara el peso de sus palabras, el sonido de la cafetería bajó a un murmullo suave. Edward sintió que se ponía tenso, aunque no sabía por qué-. Y falta la más importante. ¿Qué pasa si uno o los dos os enamoráis?

- ¿El uno del otro?- soltó Bella.

- Si- Alice asintió-. Debéis considerarlo. Os adentraréis en un territorio emocional. Las barreras van a derrumbarse. La intimidad es algo poderoso y fuerte. Puede cambiar las cosas en un abrir y cerrar de ojos.

Edward miró a Bella. Ella le devolvió la mirada, parpadeando, como si el concepto de enamorarse de él fuera tan extraño que nunca se le hubiera ocurrido.

Pero a él sí se le había ocurrido. Ese era el problema. Lo había pensado muchas veces.

No se engañaba en lo referente a sus defectos. No sabía bailar. Era alérgico a las fresas. Y era incapaz de comprometerse en una relación. No podía ni quería. Poco importaba, ya que el resultado era el mismo. Si Bella se enamoraba de él, resultaría imposible que no la lastimara. Y si le sucedía a él... bueno, no lo haría. Eso era todo. Con solo pensar en ello sentía pánico.

No te preocupes- musitó Bella-. Te quiero demasiado para enamorarme de ti. No le haría eso ni a mi peor enemigo, menos a mi mejor amigo.

Aquella noche Bella sirvió comida en los cuencos de sus gatos, lo cual hizo que Aro e Irina se frotaran contra sus piernas.

La observó un rato y llegó a la conclusión de que en la siguiente vida iba a regresar como gato. Aunque en esa aún tenía que prepararse para la semana que la esperaba. Planificar las comidas, conjuntar la ropa, ir al mercado. Decidir qué diablos iba a hacer con Edward.

Fue a su mesa y sacó la agenda. Dios, se suponía que Edward y ella debían salir en una cita doble la semana siguiente. Tendría que meditar en el asunto. Tal vez no deberían ir. Por otro lado, quizá fuera lo mejor. Pero en ese momento estaba demasiado cansada para pensar en ello.

El martes había quedado para comer con Alice, justo después de la cita de ésta con el médico. Esperaba que en esa ocasión le diera buenas noticias. Alice y Jasper se merecían un respiro. Su lucha para que ella quedara embarazada había pasado de lo sublime a lo ridículo. Recordó la primera vez que decidieron intentarlo. Parecían como niños en una tienda de dulces, disfrutando del sexo en cualquier oportunidad, tan excitados como cuando se casaron. Pero no sucedió nada. Ambos se sometieron a análisis. No había nada mal. Los dos podían tener hijos. Por desgracia, los óvulos de Alice no había recibido el mensaje.

Puede que la solución se la aportara ese nuevo médico. Bella así lo esperaba. Jasper y Alice eran la mejor pareja que jamás había conocido. Merecían hijos, y los hijos los merecían a ellos.

Si ella hubiera sido capaz de encontrar a alguien como Jasper. O hubiera sido tan competente para las relaciones como Alice. No servía para nada lamentar la triste verdad, y cientos de veces se había dicho que debía dejar de desear cosas que jamás podrían ser, aunque no podía evitarlo. Era una herida que no quería sanar, y a pesar de que dolía, seguía ensañándose con sus errores.

Lo había intentado. Dios sabía que sí. Tres relaciones, todas llenas de esperanza y promesas al comienzo, para que cada una terminara en un lamentable fracaso.

Jacob, de la universidad. Brillante, divertido, dolorosamente atractivo. Jamás había imaginado que podía ser lo bastante cruel como para invitarla a su boda exactamente tres semanas de que la hubiera dejado, afirmando que no estaba listo para el matrimonio.

Jarel, el hombre que tenía la certeza de que iba a ser su marido. Ingenioso, con talento y un amante extraordinario. Se había jugado hasta el último centavo que Bella había conseguido ahorrar. Había terminado por casarse con una empleada de un casino de Atlantic City, aunque al menos tuvo la decencia de esperar un mes entero.

Y luego estaba James. El hombre al que había amado de un modo que lo cambió todo. Ni antes ni después había experimentado algo tan poderoso. Vivieron en su piso de Chelsea durante tres años. Había sido su mentor, su amigo, su amante. Su éxito como agente de bolsa había sido meteórico, pero en ningún momento llegó a perder la cabeza ni su perverso sentido del humor. Todo había sido perfecto, hasta el día en que le dejó una nota dándole dos días para que se marchara de su casa y poder disfrutar de libertad para casarse con una mujer a la que conocía desde hacía una semana.

Lloró hasta que se le agotaron las lágrimas. Escribió páginas en su diario, abriendo su corazón. Sus amigos, en especial Edward, le habían dado la fuerza para continuar.

Fue James quien al final la ayudó para comprender que jamás iba a disfrutar de lo que tenían Jasper y Alice. Que ningún hombre iba a amarla del modo en que Jasper amaba a Alice.

Ninguno de esos hombres había estado enamorado de ella. Ni siquiera llegaron a fingirlo ni a pronunciar las palabras en la cama. Ella los había amado, aun cuando sabía que el sentimiento no era recíproco.

Nunca más.

Si Edward decidía que no quería cambiar su relación, perfecto. Se adaptaría. Quizá con el tiempo conocería a alguien en quien pudiera confiar lo suficiente como para acostarse con él. Alguien de quien supiera que jamás se enamoraría.

No era tan horrible. Tenía tantas bendiciones... su carrera, sus amigos, sus gatos. A pesar de haber perdido a su madre a temprana edad, tenía gente a la que poder recurrir en busca de consejo y consuelo. En realidad nunca había estado sola, ni había temido pasar tiempo sola. Cierto era que resultaba un poco triste perderse esa parte de la vida. Pero tampoco era una tragedia. Ni siquiera le impedía tener hijos. Siempre podía adoptar o someterse a inseminación artificial. No, estaría bien. Muy bien.

Pero le encantaría que Edward y ella pudieran dar ese último paso. Porque la verdad era que echaba de menos que le abrazaran. Lo extrañaba tanto que le producía un dolor interior.

Se imaginaba a los dos en una cama grande bajo el edredón. Viendo alguna película antigua, compartiendo palomitas de maíz y cerveza. Tocándose. Riendo. Abrazándose durante las largas noches.

Sin compromisos ni promesas, ni corazones rotos. Solo amabilidad, afecto y una dulzura que solo Edward era capaz de dar.

Irina saltó sobre el escritorio y se sentó justo encima de la agenda. La miró con sus inquisitivos ojos verdes, y antes de que lo acariciara pudo oír su ronroneo.

Mientras le rascaba las orejas, Bella sonrió. Quizás no tuviera que esperar hasta la siguiente vida para sentirse tan satisfecha como un gato. Si las cosas iban bien, lo cual esperaba, Edward y ella podían sentirse a gusto en el conocimiento de que se hallaban a resguardo. De que sus necesidades se veían complacidas. De que no se harían daño ni se abandonarían. Sería perfecto.

Lo único que tenía que hacer era superar esa fase de incomodidad.

Diossss gracias a todas por sus reviews, espero les haya gustado este capitulo.