CAPÍTULO 6

- ¿Qué es eso?- preguntó Bella, mirando el pequeño fragmento de tela que sostenía Alice.

- Ropa interior.

- ¿Eso es ropa interior? Ni siquiera me taparía el dedo gordo del pie.

- No se supone que deba hacerlo- estiró al atuendo rosa hasta que adquirió la vaga forma de una tira triangular-. Es un tanga.

- No pienso ponerme uno. Jamás. He estado toda la vida tratando de quitarme ropa interior de donde la diseñaron para ponértela.

- Careces de sentido de la aventura.

- No es verdad. Sencillamente prefiero lanzarme a mis aventuras sin hilo dental en el trasero.

Alice arrojó la escueta braguita sobre la mesa de las rebajas y se dirigió a la sección de sujetadores de Victoria's Secret. El lugar estaba a rebosar a las siete de la tarde de un martes. Quizás siempre era así. No lo sabía. La última vez que había ido a comprar ropa interior fue en las rebajas de Macy's, y todo lo que se llevó era de algodón.

Pero el algodón no servía para ese fin de semana. Necesitaba braguitas y sujetadores nuevos. Y algo con qué dormir. Una bata. Básicamente, todo desde la cabeza hasta los pies.

- ¡Esto es fabuloso!

Bella se volvió hacia Jessica, que sostenía un liguero de seda negro contra su cintura, y frunció el ceño.

- No voy a necesitar un liguero. No pienso ponerme medias.

- No es para ti, tonta. Creo que quedaría divino con mis zapatos rojos de tacón alto.

- ¿Para que los necesitas si no sales con nadie?

- He dicho que no pensaba volver a involucrarme con un hombre. No que no quisiera un revolcón esporádico en el heno. Lamento que a ti se te ocurriera primero la idea de acostarte con Edward. Es tan brillante que asusta.

- ¿Si? Te juro que a mí me está volviendo loca. Un segundo pienso que todos mis problemas se van a solucionar al acostarme con Eddy, y al siguiente tengo la certeza de que voy a arruinar mi vida.

- Bella, la respuesta a eso es sencilla- Jessica tomó un liguero blanco y se lo puso a la cintura. Admiró la vista en el espejo de cuerpo entero, y un delgado joven con una camiseta de Elvis Costello la admiró con ella. Jessica no parpadeó. Bella supuso que ya se había acostumbrado a ser devorada con los ojos sin que ello la irritara.

- Aguardo esa estupenda y sencilla revelación- indicó Bella mientras contemplaba un juego de braguitas y sujetador con motivos florales.

- Deja de pensar.

- Si. Correcto. Es la misma conclusión a la que llegué el lunes. El problema radica en hacer que mi mente coincida con ella.

- Muy bien, esto es lo que debes hacer- Jessica estudió la ropa interior con flores que tenía Bella en la mano y puso expresión de disgusto-. Primero, deshazte de todas esas cosas horribles y busca algo sexy. Segundo, cada vez que te surja un pensamiento sobre el fin de semana, ponte a cantar It's a Small Word.

- Bromeas, ¿no? Esa canción es un espanto. Cada vez que me viene a la cabeza, no la puedo borrar.

- Exacto.

- De acuerdo- Bella asintió-. Pero si termino en un psiquiátrico, te consideraré responsable de ello.

Jessica sonrió y clavó la vista en una percha. Sacó un juego de satén negro, compuesto por una braguita minúscula y un sujetador con copas bajas.

- Esto- dijo.

- No lo creo.

- Yo sí. Y ahora métete en el probador.

- ¿Ahora?

- No. Las navidades próximas.

Bella aceptó la percha de plástico y se dirigió al probador. La etiqueta ponía que era un Wonderbra. Jamás se había puesto uno y sintió curiosidad. A la izquierda había un probador vacío.

Odiaba quitarse la ropa delante del espejo de un probador. La luz era horrible, el aire frío y raro y jamás le gustaba lo que veía. Así que se quitó la blusa a toda velocidad y el cómodo Playtex Cruzado y se puso la prenda negra. Tuvo que ajustarse los pechos, alzando y separando, al tiempo que se inclinaba hacia delante para cerciorarse de que era del tamaño adecuado, pero al alzar la vista jadeó.

- ¿Qué pasa?- preguntó Alice del otro lado de la puerta.

- Santo cielo, ¡parezco Claudia Schiffer!

- Déjame ver.

Bella abrió la puerta sin quitar la vista de su nueva forma. El Wonderbra superaba con creces su fama. Sus pechos parecían enormes, lo cual hacía que su cintura se viera diminuta; la tela negra le daba a su piel un brillo de porcelana.

- Vaya- comentó Alice. Bella asintió-. Debo comprarme uno.

- Estoy seguro de que a Jasper le gustaría.

- Debo comprarme un montón.

Bella sonrió, pero al ponerse de costado para examinar el perfil, se le ocurrió que quizá, después de todo, no fuera el sujetador apropiado.

- No se- dijo-. Es una especie de anuncio falso, ¿no?

- ¿Crees que a Edward le importará?

Bella vio que Jessica se había puesto al lado de Alice.

- No podrá evitar notarlo. A menos que jamás me lo quite.

- Le concedes demasiado crédito- indicó Jessica-. En cuanto te vea con eso, la sangre le habrá bajado de la cabeza y no dispondrá de la capacidad de volver a pensar en ello.

- Tendrás suerte si logra recordar tu nombre- observó Alice.

- O el suyo- corroboró Jessica.

- ¿De verdad?- se miró de frente. Sorprendentemente, le gustó lo que vio. ¿Y qué si el cirujano le había ofrecido un descuento? Esa pequeña prenda conseguía lo mismo sin necesidad de tener que pasar por un postoperatorio.

- Iré a escoger más- comentó Alice-. ¿Cuántos te parece? ¿Cinco?

- Sólo estaré fuera dos días.

- Pero os veréis cuando volváis.

- Oh, sí.

- No suenas muy entusiasmada- comentó Jessica-. Recuerda, It's a Small Word.

La canción empezó a sonar en la cabeza de Bella. No supo si abrazar o golpear a Jessica.

Edward contempló su bolso, luego los dos pares de pijamas que sostenía en la mano. El azul marino era más bonito, pero tenía un corte en la manga. El gris era más viejo, pero se encontraba en peor estado. Guardó éste último encima del neceser, de dos camisas, pantalones, calcetines y ropa interior, y miró al rededor para ver si se olvidaba de algo. ¿Una bata? Creyó que no. ¿Un libro? Dios, esperaba que no.

Se dirigió al armario del cuarto de baño y sacó la caja de preservativos. Pensó en separar dos, luego un tercero. "¡Qué diablos!", exclamó para sus adentros, y guardó toda la caja en el bolso. Mejor ser previsor que lamentarlo.

Echó un último vistazo rápido al dormitorio y miró la hora. Quedaban diez minutos hasta que tuviera que marcharse para ir a recoger a Bella. Cerró la cremallera del bolso, comprobó la cartera para cerciorarse de que llevaba efectivo, luego recogió la cazadora. Empezaba a refrescar un poco por las mañanas y sin duda en Connecticut haría más frío.

Salió y cerró la puerta del apartamento. Ya estaba. Realmente iba a hacerlo.

Casi no pudo soportar la ansiedad. ¿Y si...?

No. No pensaba caer en eso. Nada de "Y si". Ningún quizá. Se embarcaba en una misión que prometía cambiar su vida para mejor. Podía dejar de soñar con estar con Bella y hacerlo de verdad. Ella no lo presionaría para llevar la relación al siguiente nivel. No lo llevaría de compras para terminar buscando vajillas. No esperaría que le pidiera que se fuera a vivir con él o, que Dios no lo quisiera, que le propusiera matrimonio.

Con Bella, era el mejor de todos los mundos posibles. Entonces, ¿de qué se preocupaba?

Llegó el ascensor y la puerta se abrió. Entró y apretó al botón de la planta baja. Se obligó a no pensar en nada malo. Se negó a imaginar que no era capaz de hacerlo. Que perdía la amistad de Bella.

- ¿Qué ha pasado?

Edward miró las dos maletas de Bella, ambas con suficiente ropa como para una semana, luego contempló su propio bolso. Meneó la cabeza, pero se contuvo de hacer comentario alguno mientras metía todo en el coche. Bella ocupó el asiento del pasajero, preguntándose si debía quitarse el jersey.

Había elegido un atuendo sencillo, una camiseta con cuello en V y vaqueros ajustados para el viaje. Debajo llevaba puesto el Wonderbra beige, y se sentía como si fuera un par de pechos con piernas. Podía servir canapés en el escote. Edward no dejaría de notarlo, no estando tan cerca. El trayecto duraría menos de dos horas, y no quería sentirse cohibida en todo momento. Por otro lado, quizás cuando recibiera una dosis de su figura potenciada, eso lo ayudaría a entrar en atmósfera. Si se ponía sexy, entonces ella misma terminaría por perder los nervios y también entraría en atmósfera.

El maletero del BMW se cerró y con rapidez Bella se quitó el chaleco gris y lo echó sobre el asiento de atrás en el momento en que él abría su puerta.

Se reclinó, tratando de parecer indiferente. Edward sonrió y ella le devolvió la sonrisa. Arrancó el vehículo. Bella siguió sonriendo. Él puso la marcha y se adentró en el tráfico. Bella pensó que debía haber exagerado sobre la percepción de su aspecto. Edward ni siquiera...

El coche se desvió hacia el otro lado de la calle y Edward maldijo al tratar de recuperar el control.

Eso demostraba que no era exagerado. Edward no paraba de mirar su pecho, la calle y de nuevo su pecho. Bella se sentía como en un partido de tenis.

Cuando frenó ante un semáforo en rojo, giró la cabeza.

- Yo... tu...

- No te preocupes. No muerden.

- No estoy seguro.

- Wonderbra- explicó.

- ¿Wonderbra?- repitió, con la vista clavada en la parte frontal de la camiseta.

- Si. Las mismas tetas, distinto sujetador.

- Que Dios bendiga la tecnología moderna- musitó él-.

A Bella comenzó a dolerle la sonrisa, y por encima de todo quería ponerse otra vez el jersey. Lo cual era una locura, porque el principal motivo por el que se había puesto el sujetador era para atraer su atención.

Edward carraspeó y miró al frente cuando el semáforo se puso verde. Ella notó que tragaba saliva y que tenía unas gotitas de sudor en la frente.

Fueron en silencio un rato. Eran las siete pasadas y lo peor del tráfico ya había quedado atrás, pero en Maniatan no había una buena hora para conducir. Bella intentó aprovechar el tiempo para relajarse. Inhaló hondo y exhaló. Pensó en la vieja ciudad portuaria de Mystic y en lo hermoso y apacible que sería el fin de semana. No le sirvió para nada. Aún sentía la adrenalina por el cuerpo.

Salieron a la autopista y se concentró en el sonido de las ruedas. Sabía que debería decir algo. En los años que conocía a Edward, jamás habían tenido un silencio incómodo. Jamás. Quizá llamara alguien del grupo. Eso rompería la quietud. Aunque todos habían recibido órdenes estrictas de no llamar.

Así que clavó la vista en la parte de atrás del monovolumen.

- ¿Qué tarareas?

Se sobresaltó al oír la voz de Edward.

- ¿Qué?

- Esa canción. La conozco pero no termino de saber cuál es.

No se había dado cuenta de que tarareaba, pero en cuanto él la mencionó supo cual era.

- Es It's Small Word.

Edward la miró como si estuviera loca.

- Sí, oí que volvía a las listas de éxitos.

- Prometo que guardaré silencio.

- Ya es demasiado tarde. Se ha metido en mi cabeza.

Él encendió la radio. Primero oyeron algo de clásico, pero apretó el botón de búsqueda de sintonía hasta dar con una cadena de rock suave.

Por primera vez desde que se habían metido en el coche Bella comenzó a relajarse. Primero los hombros, luego el cuello. Cruzó los tobillos.

Desde luego, pensó en lo que estaban a punto de hacer. Pero el pánico la había abandonado en algún punto después de la salida cincuenta y siete. ¿Cómo dormir con Edward podía ser algo menos que maravilloso? Llevaba ropa interior bonita, y ahí radicaba la mitad de la batalla. Ya le había demostrado que no era inmune al Wonderbra, y con un poco de suerte y con apagar la luz justo a tiempo, lograría meterse bajo las sábanas ilesa.

Sonrió, le tomó la mano y se la llevó a los labios. Le besó la palma y saboreó su olor, luego dejó la mano justo donde había estado, en su pierna.

Puede que después de todo ni siquiera tuviera que apagar las luces. Quizá Edward siempre había sabido cómo era.

Jajajajaja me encanto eso del Wonderbra no pare de reír mi esposo me vio como si estuviera loca por reírme con la computadora jajajaja mañana publico otro ya quiero saber mas de estos dos y no olviden sus reviews…. Besos y Feliz día de Reyes