CAPÍTULO 10
¿Y bien?
Si no empiezas a hablar pronto, habrá derramamiento de sangre.
Bella miró a Alice y a Jessica, sentadas frente a ella a una mesa en Kconyss, su restaurante ucraniano favorito. Acababan de servirles pirogi, acompañado de cebollas salteadas y tiras de remolacha. De repente había perdido el apetito.
Fue agradable dijo en voz baja para que otros comensales no pudieran oírla, aun cuando los lunes por la noche no se llenaba mucho.
¿Agradable? Jessica la miró con los ojos encendidos . ¿Agradable? ¿Es lo único que vas a decir?
Bella se mostraba tan sorprendida como sus
Amigas por su renuencia a hablar del fin de semana. Desde la universidad lo habían compartido todo: lo bueno, lo malo y lo feo. Entonces, ¿por qué no les hablaba de Edward? Eran sus mejores amigas. Sin duda podrían ayudarla con su confusión y sus dudas. Conocían a Edward casi tan bien como ella, de modo que sus comentarios resultarían de especial utilidad.
Maldición, todo era tan confuso. No bastaba con que se hubiera vuelto una sentimental con Edward, ya ni siquiera podía hablar con Alice y Jessica.
¿Qué pasó? repitió Alice.
¿Es impotente? Jessica meneó la cabeza.
Bella tosió, contenta de no haber estado comiendo nada en ese momento; de lo contrario se habría atragantado,
Si no quiere contárnoslo, no tiene por qué hacerlo indicó Alice, aunque sin mucha convicción,
Bella sabía que se moría por obtener todos los detalles. ¿Y por qué no iba a dárselos? Quizá si lo hiciera, recuperara la perspectiva.
De acuerdo aceptó . Fue fantástico. Más que fantástico. Fue la mejor experiencia de mi vida. ¿Estáis contentas?
Alice miró a Jessica, luego otra vez a Bella.
De modo que estás irritada porque...
Porque fue la mejor experiencia de mi vida.
Ali Jessica asintió . Ya lo comprendo
luego se volvió hacia Alice Y Puso los ojos en blanco.
No me quejo explicó Bella . De verdad. Fue mejor que en mis sueños más descabellados. Pero .
Alice apoyó la mano en la de su amiga.
Vamos. Quizá Podamos ayudarte.
No podéis. Nadie puede. Fui yo quien hizo esta cama, y soy yo quien debe dormir en ella.
¿Qué cama? inquirió Jessica . ¿Qué diablos pasó?
No contaba con que fuera tan... tan...
¿Qué, por el amor de Dios? instó Alice con voz al borde de la desesperación.
Tan romántico.
Alice y Jessica volvieron a intercambiar unas miradas. Luego la observaron como si se hubiera vuelto loca.
¿No lo entendéis? preguntó Bella . Se suponía que solo iba a ser sexo. Puro y simple Sexo.
¿Y resultó ser qué? inquirió Jessica.
Bella suspiró, se reclinó en la silla y meneó la cabeza.
Todo el maldito planeta se sacudió. Los ángeles lloraron y en la tierra se escuchó un lamento.
Vaya musitó Alice . Hablamos de Edward y tú, ¿verdad?
Desde luego. Maldita sea, se suponía que no debía sentir nada.
Cariño comentó Jessica , si esperabas eso, creo que te has equivocado.
Me refiero de forma emocional, romántica.
Oh dijo Alice . Eso no está bien.
¿Hablas en serio? Bella no pudo soportarlo. Se sirvió un pirogi en el plato, lo cortó, le añadió cebolla y remolacha y se lo comió.
Sigo sin ver dónde está el problema indicó Jessica . Lo quieres, él te quiere. Fue estupendo en la cama. Deberías estar feliz.
Debería tener una talla dos, y no la tengo. Jessica, no quiero estar enamorada de Edward. No quiero querer a Edward. ¿Lo entiendes?
Quizá él siente lo mismo. Tal vez no sea un problema.
Edward no quiere una relación Alice meneó la cabeza.
Eso es obvio Bella asintió . Yo tampoco, de verdad. Quiero decir, si quisiera una relación, no lo habría hecho con él. Se suponía que era seguro.
Alice, vestida aún con su traje gris de abogada, se metió la servilleta bajo la barbilla y se concentró en los pirogi. Debía estar ridícula, pero no era así.
Y bien comentó entre bocados , ¿ahora qué? ¿Lo sabe él?
No. Y no pienso contárselo.
¿Vas a volver a acostarte con él? preguntó Jessica.
No. Bueno, quizá. Oh, Dios, espero que sí.
Sigo sin poder creérmelo Alice rio . Edward hizo que los ángeles lloraran. ¿Qué te parece?
Me parece fantástico. Cielos, lo hizo todo bien. Más que bien. Fue como salido de una película. La habitación, la chimenea, el champán.
¿Bebisteis champán? Jessica enarcó las cejas. Bella asintió.
Y tendríais que haber visto el cuarto de baño. Con una bañera antigua para dos.
No me lo cuentes dijo Alice . Hicisteis como en Los Búfalos de Durham, ¿verdad?
¿Hum? inquirió Jessica.
Los Búfalos de Durham explicó Bella . Susan Sarandon y Kevin Costner. Se bañaban juntos.
No un baño corrigió Alice . El baño. Velas por doquier, el movimiento del agua. Jessica, debes ver la película. Ya te lo he dicho.
El béisbol no es lo mío.
La película no va de béisbol negó
Alice . Personalmente, yo le doy cuatro vibradores. Mi máxima puntuación Bella rió . ¿Recordáis aquella escena en Mi Querido Detective?
Ésta es mejor.
De acuerdo, la veré este fin de semana Jessica se encogió de hombros. Bebió un sorbo de té . Cuatro vibradores, ¿eh?
Ten pilas de repuesto a mano Alice sonrió y se volvió hacia Bella . ¿Cuál es el plan, pequeña?
No tengo ninguno. Temo tanto hacer que se sienta incómodo. No quiero arriesgar nuestra amistad.
¿Tus sentimientos son tan fuertes?
Así de fuertes, más diez asintió ella . No sé qué hacer.
Date un poco de tiempo indicó Jessica . No lo veas en unos días. Bríndale la oportunidad de que se desinfle.
Buena idea corroboró Bella . No lo veré. Eso es todo. Al menos en una semana, quizá dos. Por ese entonces, estoy segura de que podré pensar con más claridad.
Edward contestó el teléfono a la segunda llamada y lo llevó consigo al dormitorio.
Hola.
Eh.
Era Jasper, de modo que siguió cambiándose de ropa.
¿Cómo fue el fin de semana?
Estupendo.
Bien. Eso es estupendo.
Sí repuso mientras se cercioraba de que la camiseta que había sacado estaba limpia y no tenía manchas.
Entonces, ¿crees que va a suceder? preguntó Jasper.
Sí. Ahora mismo voy a ir a su casa.
Pensé que había salido a cenar con las chicas.
Aguarda un segundo apoyó el teléfono en la cama y se puso la camiseta . Acaban de terminar. Bella me llamó desde el restaurante.
Bien. Fantástico. Nos veremos el sábado.
¿Hmm?
La boda.
Oh, sí. De acuerdo. Nos vemos entonces.
Colgó, luego fue al baño a afeitarse. Quizá debería dejar una maquinilla en la casa de Bella. No. Probablemente pensaría que pretendía algo. Lo último que deseaba era asustarla.
Edward le pasó el pañuelo a Bella. Ella se secó los ojos. Al mirar a Alice, sentada del otro lado, vio que también lloraba. ¿Qué había entre las mujeres y las bodas?
Se reclinó en el banco y notó que Jasper miraba hacia el techo. Edward no logró ver a Jessica, pero Mike, sentado junto al pasillo, tampoco contemplaba a la feliz pareja. Tenía la vista clavada en un punto intermedio, y cuando Edward intentó descubrir dónde, vio a Jane Michell, otra amiga de la universidad. Mike y Jane habían estado juntos durante unos diez minutos en el primer año, pero entonces Mike descubrió las artes escénicas y ahí se acabó todo.
Suspiró y centró su atención otra vez en la ceremonia. El rabino hablaba en hebreo para Angela y Ben, idioma que sabía con certeza que el novio no entendía. Años atrás Ben había confesado que solo había aprendido suficiente de la lengua tradicional para celebrar su bar mitzvah, y que no había tardado en olvidarlo. Quizá Angela lo entendía. 0 quizá el ritual estaba tan arraigado que no era necesario que nadie entendiera una palabra. Lo esencial quedaba claro: amor, honor y felicidad. Enfermedad y muerte. Yada, yada, yada. Lo que debería preguntarles el rabino era si los dos tenían los mismos hábitos de gastos. ¿Les gustaba la noche o se levantaban pronto? ¿Tenían sentido del humor y prometían, bajo pena de muerte, colgar la ropa en las perchas en vez de tirarla al suelo?
Pero en las bodas jamás hablaban de eso. Se dedicaban a lo místico, lo cual estaba bien, pero no ayudaba en nada a garantizar un matrimonio compatible. Debería haber una prueba de verdad, con preguntas sobre tapas de retrete y de pasta dentífrica. Sus padres no la habrían pasado. Lo cual habría sido lo mejor para todos.
¿Jasper y Alice? Ellos sí. Y después de haber pasado prácticamente una semana con Bella, sabía que también ellos aprobarían. No era que fueran en esa dirección, pero las pruebas de compatibilidad eran útiles para otras relaciones. Por ejemplo, los amigos que se acostaban con amigas.
Bajó la vista y vio dos pelos grises en los pantalones de su esmoquin. Serían de Aro o de Irina. Los gatos lo habían recibido frotándose contra su pierna cuando pasó a recoger a Bella Qué espléndida había estado.
La miró, primero la cara llorosa y luego el vestido. Era nuevo. Si no, lo recordaría. De color verde cazador, con los hombros al descubierto, le hizo pensar en algo que se habría podido poner Kim Basinger en L.A. Confidentíal. La falda larga y prieta y la cintura ceñida la hacía parecer deliciosa, y el pelo ondulado le recordó a Rita Hayworth.
Le gustaba con ese vestido, pero le gustaba más sin él. Al pensar en ello, Bella se volvió y le sonrió durante un segundo, luego volvió a contemplar la ceremonia. Él no apartó la vista.
Había pasado la semana más asombrosa de su vida. Los días habían sido excelentes. Se había sentido más vivo que nunca. No le había costado escribir los artículos. Su editor le había pedido que se pusiera a trabajar en una guía de vinos importante. Hasta había podido quitar todos los frisos oscuros de su salón. Claro estaba que en ese momento tenía que decidir qué hacía con las paredes, pero esa no era la cuestión. Lo importante era que se sentía capaz de enfrentarse al mundo entero.
Todo por una mujer.
¿Qué le estaba haciendo? Fuera lo que fuere, esperaba que no terminara pronto. Las noches que pasaron juntos habían sido indescriptibles.
Cada vez que creía que habían alcanzado el pináculo, lograban ascender aún más. A Bella le bastaba con mirarlo para que Edward se pusiera firme. Nunca tenía suficiente.
El rabino volvió a hablar en inglés. Ben pronunció sus votos y Angela los suyos. El anillo pasó al dedo de ella. Luego Ben aplastó con el pie las copas y el recinto se llenó con un coro de Mazel Tovs.
Bella aferró la mano de Edward y la apretó con fuerza. Durante un segundo descabellado, justo cuando Ben y Angela se besaban por primera vez como marido y mujer, Edward se vió como el prometido de Bella. Se imaginó envejeciendo a su lado. Como si observara a través de un calidoscopio, vio una vida distinta de la que había imaginado. Fotos juntos, risas, hacer el amor, alimentar a los bebés y despertar cada día con una sonrisa.
Desapareció con la misma rapidez con la que llegó. Una vez más volvió a ser el tipo de la quinta fila del templo, de pie para mirar cómo la nueva pareja avanzaba por el pasillo. Pero durante un rato le costó respirar. Hasta darse cuenta de que se debía a la atmósfera, la boda y todas las mujeres llorando. No era más que uno de esos momentos carentes de relevancia.
Bella se sentó entre Edward y Jessica. Se había arreglado el maquillaje, borrando todo rastro de lágrimas sentimentales. Alice y Jasper estaban frente a ella, junto al asiento reservado de Mike, aunque no lo había visto desde que se marcharon a la sala de banquetes.
Todo era hermoso.
Dios, cómo odio las bodas Bella se volvió para callar a Jessica . Pues las odio. Son una costumbre horrible. ¿Sabéis de dónde vienen? De la propiedad. Los hombres inventaron el matrimonio con el fin de poder disponer de una sucesión de descendientes. No tenía nada que ver con el amor. Y por aquel entonces, la gente solo vivía hasta los treinta y tantos años, y al casarse de por vida, como máximo contaban con quince años. Se habrían muerto de risa si les hubieras dicho que las personas podían ser pareja hasta cincuenta años.
Jessica dijo Alice , hemos entendido tu lógica impecable. Pero si no bajas la voz, voy a estrangularte.
Perfecto alzó su copa de vino . No diré una palabra más.
¿No estaba increíble Angela? comentó Alice a nadie en particular . jamás pensé que fuera tan... Ha florecido, ¿no creéis? Ben está loco por ella. Van a intentar tener hijos de inmediato.
Bella se detuvo en el momento en que iba a beber un poco de agua. La voz de Alice sonaba un poco rara. No logró descubrir qué era, pero no parecía normal.
Alice miró a Jasper, quien le susurró algo, miró en torno del salón y se levantó. Se marchó, dejando a una Alice sonriente.
¿Qué sucede? inquirió Bella, mirando a Edward para ver si él sabía algo. Pero este ni siquiera prestaba atención. La orquesta se había puesto a tocar y Edward parecía fascinado con el violinista.
Se volvió otra vez hacia Alice, pero antes de poder preguntarle qué pasaba, Jasper regresó a la mesa, seguido de Mike. Se sentaron y Mike alzó su copa de vino. Jasper tomó la mano de Alice y asintió; ésta le dió un beso ligero antes de mirar a los otros.
Tenemos que anunciaros algo.
Bella sintió que se le aceleraban las palpitaciones y un nudo en el estómago.
Estamos embarazados soltó Alice, con una sonrisa como el sol por el júbilo que experimentaba.
Los vítores que salieron de su mesa provocaron una pequeña conmoción, pero a Bella no le importó. Era la noticia más maravillosa del mundo. Ningún bebé era más afortunado. No había padres mejores. Las lágrimas que con tanto cuidado había eliminado antes regresaron para vengarse. Se puso de pie de un salto y fue a abrazar a sus amigos, tropezando con Edward, Jessica y Mike. Todos reían y lloraban. Entonces se halló en brazos de Edward. Sus miradas se encontraron y el salón pareció desvanecerse. Solo existió él. Y un futuro tan claro que casi podía tocarlo. Un futuro que jamás podría estar a su alcance.
Se inclinó para besarla, pero ella se apartó y rompió el abrazo.
Perdona musitó.
Oyó cómo la llamaba mientras se dirigía al tocador. La orquesta interpretaba Someone To Watcb Over Me, de Gershwin. Las parejas bailaban. Los camareros iban y venían con las ban dejas.
Bella atravesó la puerta pero se detuvo en seco al ver a la novia justo fuera del salón, preparándose para arrojar el ramo de flores. Una docena de mujeres solteras movía los pies, a la espera. Bella no fue capaz de mirar. Aceleró el paso, tratando de pasar junto a las mujeres sin llamar la atención.
El ramo la golpeó en la nuca.
Diossssssssss esto cada vez se pone mas bueno, publicare una vez a la semana, aunque pronto estaré de vacaciones y creo que tendré mas tiempo. Besitos y disculpen mi tardanza…
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