CAPÍTULO 13

Bella ya había planeado lo que iba a decir. Edward daba por hecho que se encontraba mal, y eso utilizaría como excusa. Pero necesitaba manifestar algo en ese momento, antes de que supusiera que podía pasar la noche allí.

Había sido la velada más difícil de su vida. Él habló durante dos horas, contándole todos los motivos por los que pensaba que su madre estaba loca, su padre demente y que él nunca, nunca bajo ninguna circunstancia, caería en la trampa del matrimonio como ellos.

Estaba tan agobiado que no se dio cuenta de lo silenciosa que permanecía ella. Ciertamente, no se había percatado de que le rompía el corazón. Le costó no transmitirle la noticia. Pero hasta que no fuera al médico y recibiera confirmación, no pensaba hacerle eso. Además, necesitaba tiempo para pensar. Las repercusiones fluían como un río; con cada giro, se le ocurría un pensamiento nuevo. ¿Debería criar a un hijo en Manhattan? No quería vivir en otra parte. Pero, ¿y los colegios? ¿El dinero para los colegios? ¡La ropa! No se trataba de un río; eran unos rápidos y Bella estaba sin remos.

Quería creer que no era justo; que, de algún modo, todo era culpa de él. Pero Edward no era culpable. Había conocido sus sentimientos desde el primer día. Ni siquiera se lo podía culpar por el bebé. Ambos habían sido cuidadosos en el empleo de preservativos, y Edward no tenía nada que ver con que algo hubiera salido mal. También había sabido antes de ver el palito rosa que él asumiría la responsabilidad. Podría contar plenamente con su ayuda económica. No solo eso. Sino que sería un padre para su hijo. Un padre de verdad.

Lo único que no era «justo» era que ella deseaba más. Quería vivir con él, como marido y mujer. Quería que creyera que ella era distinta. Que no solo valía la pena casarse, sino que ello no lo mataría.

Quería pasar el embarazo con él a su lado. Criar a su hijo como una pareja y no desde dos apartamentos diferentes.

Quedaba claro que había causado un daño irreparable a su amistad. Eso ya no bastaba. Ser su amiga ya nunca volvería a bastar.

¿Estás bien?

Bella bajó la vista. Edward se había tumbado en el sofá, con la cabeza apoyada en su regazo. Ella le había estado pasando los dedos por el pelo de forma distraída, y se dio cuenta de que se había detenido en mitad de una caricia. Él la miraba preocupado.

Ese era el momento. Lo único que tenía que hacer era decir que no estaba bien. Que no se sentía bien. Pero las palabras fueron contenidas por una poderosa y súbita necesidad de ser abrazada. Lo único que consiguió fue menear un poco la cabeza.

Edward se sentó de inmediato, luego se acercó para poder envolverla con sus brazos. Apoyó la cabeza de ella en su pecho. Le acarició el pelo, le frotó la espalda, meciéndola como a una niña.

¿Qué sucede, cariño? preguntó con suavidad.

Bella no podía hablar. Si lo hacía, él captaría las lágrimas no derramadas. Sacudió la cabeza y rezó para que no dejara de consolarla.

¿Es tu estómago?

Quiso reír. Sí, era su estómago, pero no, no por un virus. Lo único que deseaba era revelarle que se trataba de un bebé... de su bebé.

Al no responder, Edward se echó para atrás y con suavidad le alzó la cabeza con un dedo en el mentón.

¿No puedes contármelo? inquirió.

Sus ojos la escrutaron en busca de pistas. Una parte tonta de ella esperó que lo adivinara, que viera la verdad de alguna manera mágica. Pero Edward se adelantó y le dio un beso, con tanta ternura que Bella estuvo a punto de ponerse a llorar.

Él pasó la mano de la espalda a su pecho. La sensación fue tan intensa que le apartó la mente de todo lo demás. Pero Edward la soltó y el mundo regresó a la normalidad. No sabía si era porque estaba desesperada o por su nueva condición, pero si él la tocaba, si seguía tocándola, se pondría bien. No podía soportar la idea de irse sola a la cama.

Maldición, esa noche necesitaba a su mejor amigo. Y si no era capaz de desvelarle su corazón con palabras, podía hacerlo con el cuerpo.

Se levantó, lo tomó de la mano y lo condujo más allá de la cocina, donde apagó la luz, hasta el dormitorio, donde hizo lo mismo. Por lo general no hacían el amor en la oscuridad, pero esa noche no podía dejarlo ver. No era una buena actriz y él la conocía demasiado bien.

Lo único que sabía era que lo necesitaba a su lado, dentro de ella. En ese mismo instante.

Lo ayudó a quitarse la ropa, luego se desprendió de la bata y del camisón, mientras él encontraba un preservativo y rompía el envoltorio. Quiso decirle que no se molestara. Que ya era demasiado tarde para eso, pero guardó silencio. Se metió en la cama Y lo tumbó junto a ella.

¿Qué te sucede? susurró Edward . ¿Cuál es la prisa?

Hazme el amor dijo . Ahora. En este momento.

Bajó la manó y descubrió que se hallaba preparado, duro, excitado y ansioso, con el fino látex una barrera imposible de discernir para su curioso contacto. Lo recorrió con los dedos y apretó con suavidad, provocando un gemido.

Lo soltó, buscó su mano y lo guió por su vientre. Él se lo acarició, sin saber lo que crecía en su interior, pero explorando como si esa parte de Bella fuera nueva. Al bajar los dedos, no se detuvo, sino que dejó que jugaran con la delicada mata de vello, tirando, pero sin dolor. Ella cerró los ojos Y se concentró solo en sus movimientos, en la reacción de su cuerpo encendido.

Al descender aún más ya no tuvo necesidad de concentrarse. Lo único que existía era la presión de la piel inflamada, la intimidad de su dedo al penetrar en sus pliegues ardientes. Arqueó la espalda y abrió las piernas en invitación, deseando más, queriendo que estuviese tan cerca como podían estarlo dos personas.

Justo cuando abrió la boca para pedirle que anhelaba, él la sujetó, sosteniendo casi todo el peso de su cuerpo sobre sus fuertes brazos. Ella extendió el brazo y con rapidez pasó la mano por su estómago hasta que encontró su erección y lo guió para que tocara sus labios exteriores con su sexo. Pasó las piernas en torno a su cadera y lo instó a avanzar.

Él se contuvo.

Despacio, atormentándola con su paciencia, la penetró centímetro a centímetro. Bella se aferró a su espalda con todas sus fuerzas. No pudo soportarlo.

Por favor suplicó.

Por favor, ¿qué?

Por favor, entra en mí.

Estoy dentro la incitó con voz perversa y clara intención. Sabía lo que le costaba esperar cuando se hallaba tan cerca, tan preparada.

¿Qué quieres? preguntó Bella, lista para ofrecerle la luna si...

A ti manifestó, más con un gruñido que con una palabra. Posesivo, egoísta, exigente . A ti entera.

Soy tuya susurró ella, sabiendo que no entendía la profundidad de su entrega. Sufriendo porque era dolorosamente cierto.

Al final Edward no fue capaz de continuar. Entró del todo y la llenó con su carne, completándola.

No fue hasta sentir el rastro de lágrimas en las mejillas cuando Bella se dio cuenta de que lloraba. Cerró con fuerza los ojos y se obligó a parar, o al menos a esperar. Aún no podía dejar, que Edward lo supiera. Esa noche no. Esa noche era suyo y serían amantes perfectos.

El día de mañana llegaría bastante pronto como para desmoronarle su mundo.

Edward se marchó al día siguiente mientras Bella aún seguía en la cocina bebiendo café. No le alegraba la idea de irse, pero tenía una entrevista con Francis Ford Coppola para hablar de su viñedo. Había visto al director una o dos veces, aunque en ninguna había dispuesto de la oportunidad de hablar realmente con él, de modo que esa no podía desperdiciarla.

Pero su mente no estaba centrada en el vino ni en los viticultores célebres. Bella llevaba dos días en que no era la misma y estaba muy preocupado. Mientras se hallaba en la esquina a punto de parar un taxi, sacó el teléfono móvil y apretó la tecla con la memoria del número de Alice.

¿Has hablado con Bella? preguntó en cuanto terminaron de saludarse.

Hoy no.

¿Y ayer?

En realidad, no.

Un taxi se detuvo junto a él y entró.

Al Plaza le dijo al conductor. Luego se reclinó en el asiento, sabiendo que iba a ser un trayecto largo con ese tráfico.

¿Qué sucede? inquirió Alice.

No lo sé. Esperaba que tú pudieras decírmelo. No es la misma.

¿Está enferma?

Es lo que había pensado, pero no tiene fiebre ni nada parecido.

Bueno, entonces, ¿qué te preocupa?

Tuvo que pensar un minuto para plasmar en palabras lo que sentía.

Ha estado muy callada. Introspectiva. Y anoche, cuando estábamos en la cama, lloró.

¿Lloró?

En silencio. Pero noté las lágrimas.

¿Le preguntaste por qué?

No. No me pareció adecuado hacerlo.

Una vez más Alice guardó silencio. El taxi se detuvo de repente y se oyó una cacofonía de bocinas y juramentos. Cuando volvió la tranquilidad, le preguntó a Alice si había hablado.

Dije que quizá estuviera en la fase premenstrual.

Tal vez. Pero no lo creo.

¿No la ves irritable?

No. Solo triste.

De modo que piensas que es por vosotros dos, ¿eh?

Sí, voy por ahí. Pero no quiero que sea por eso.

¿Ha dicho algo sobre ... ?

Edward esperó que terminara la pregunta, pero no lo hizo. ¿Sobre qué? Nada.

Alice. Vamos.

No, no me corresponde a mí. Lamento incluso haberlo insinuado.

No hagas que vaya a verte.

Maldita sea musitó Alice . Me va a matar si sospecha que he dicho algo.

No se lo diré. Palabra de explorador.

No es gran cosa. Ha estado preguntándose si... ya sabes, si tú y ella podríais, hmm...

¿Podríamos qué?

Podríais ser, ya sabes, más que amigos.

¿Quieres repetirlo en castellano?

Más que amigos explicó Alice . Más que amigos con sexo. ¿Lo entiendes?

¿Te refieres a novios? ni siquiera intentó ocultar la sorpresa en su voz.

Sucede. Por el amor de Dios, no te está pidiendo que le dones un riñón.

Hmm, sí, claro. Bueno, supongo que me equivoqué.

¿Por qué?

Pensé que quería que dejáramos de ser amigos con sexo. No sabía que quisiera más.

No lo estoy afirmando. Ella no me lo expuso de esa manera. Pero sé con certeza que nunca va a hablarte del tema.

¿Por qué no?

¿Hola? la exasperación le hizo alzar la voz . Porque eres Edward, por eso.

Oh, sí comprendió . ¿Así que crees que se trata de eso?

No lo sé. Probablemente no tendría que haberte dicho ni una palabra.

Me alegro de que lo hicieras. De verdad.

¿Edward?

¿Hmm?

Cualquiera al veros juntos pensaría que ya erais pareja. Pasas todo tu tiempo libre con ella, ¿verdad?

Sí, pero siempre lo hemos hecho.

¿Cómo te sientes cuando no está disponible? ¿No piensas que te falta algo importante?

Dejó a un lado el recuerdo de la noche anterior, cuando durante un instante de angustia creyó que Bella deseaba que se marchara.

Eso me parecía continuó Alice, rompiendo el silencio . Y ahora haz otra cosa. Imagina a Bella de vuelta con su Ex. ¿Cómo te sientes?

Traicionado. Mortalmente herido. Listo para darle un puñetazo a ese idiota.

Te he comprendido.

Muy bien. ¿Edward? Ten cuidado. No te precipites a nada. Todo saldrá bien.

Quiero creerte.

Pues hazlo.

El taxi giró por una esquina y Edward vió las banderas del Hotel Plaza. Ya no deseaba realizar la entrevista. No con todo lo que tenía para pensar.

Alice, he de dejarte. Pero no te preocupes. Hiciste lo correcto al contármelo.

Dios, eso espero. Mantenme informada.

No lo dudes cuando el taxi se detuvo a la entrada del hotel, un portero uniformado abrió la puerta . Hablaremos luego.

Le dio al taxista demasiado dinero, pero no le importó. Solo podía pensar en lo que le había dicho Alice. Y en su propia reacción. Lo que más lo asustaba era que empezaba a pensar como su madre.

Bajó, se acercó a la entrada del hotel pero no entró. Se quedó de pie, preguntándose en qué se había metido. Jamás deberían haber cambiado las cosas. A pesar de lo fantástico que había sido hacer el amor con ella, no compensaba en qué lo convertía. Un idiota irracional y posesivo. No podía deshacer lo sucedido, pero podía volver a ser su amigo, sin juegos. Bella lo entendería. Tenía que entenderlo. Porque lo único que resultaba más aterrador que herirla era perderla.

Bella colgó el teléfono. Había hecho algo por completo nuevo. No había ido a trabajar alegando que estaba enferma. Una vez incluso fue a trabajar con neumonía, pero ese día, a pesar de que el estómago no le daba muchos problemas, no era capaz de enfrentarse a los teléfonos, ni a los jefes ni a los otros agentes. Necesitaba estar sola.

Eran más de las nueve y aún no se había quitado el camisón. En ese momento lo que no sabía era si volver a meterse en la cama o darse un baño.

Ganó lo segundo. Dejó la taza de café vacía en el fregadero y se dirigió al cuarto de baño. Abrió el grifo, ajustó la temperatura y echó sales en el agua. El aroma a lavanda impregno rápidamente la atmósfera, relajándola casi de inmediato.

Se levantó y cerró la puerta. Se quitó la bata y el camisón, y se observó en el espejo. Aún tenía el estómago plano... bueno, no como Cindy Crawford, pero no había ni rastro de lo que pasaba en su interior.

Todo eso iba a cambiar. El estómago le crecería, los pechos se le pondrían grandes y pesados. Le saldrían estrías, y después de tener al bebé, era posible que perdiera peso, pero nunca más recuperaría ese cuerpo. Desde luego, planeaba inscribirse en las clases de gimnasia, para embarazadas, pero había hablado con suficientes personas como para saber que, para las mujeres mortales como ella, algunos cambios resultaban inevitables. Quizá Madonna pudiera tener un hijo y seguir posando desnuda, pero para Bella quedaba descartada la posibilidad de un reportaje gráfico para PIayboy.

Sonrió, como si en ese momento aporrearan su puerta.

Contenta de ver que le quedaba algo de sen tido del humor, se metió en la bañera y suspiró.

Durante largo rato apenas hizo nada, salvo respirar. Si pensaba, era para relajar los músculos.

Su hijo. Lo amaría y lo criaría del mejor modo que supiera. Se dio cuenta de que no era ningún error. Era un don. Algo que ni siquiera había sabido que quería.

El bebé era de los dos. No sabía por qué le llegaba con tanta profundidad, pero era la verdad. Nada de lo que le sucediera el resto de la vida modificaría ese hecho. Edward y ella habían creado juntos una vida, nacida de un amor tan fuerte que desafiaba descripción.

No era el tipo de amor del que había oído hablar en cuentos y en películas, pero eso no disminuía ni un ápice su fuerza. ¿Y qué si no se casaban, si vivían en apartamentos separados? Querrían al bebé de la misma manera. De hecho, no se le ocurría otro bebé en el mundo que pudiera tener un mejor padre.

El pequeño estaría rodeado de amor. Lo recibiría de sus tías Alice y Jessicas, y de sus tíos Mike y Jasper. Y él o ella tendrían un mejor amigo de su misma edad, alguien con quien jugar y crecer y de quien quejarse ante sus padres.

Tampoco Bella se encontraba sola, aunque de repente deseó que su madre siguiera con vida. Cuánto deseaba hablar con ella sobre ese acontecimiento increíble.

Al día siguiente iría a ver al médico. Y en cuanto le confirmara el embarazo, se lo contaría a Edward. Su reacción ya no la preocupaba.

Necesitaría un tiempo para adaptarse, del mismo modo que ella lo necesitaba, pero lo conseguiría.

Jamás le contaría que se había enamorado perdida y completamente de él. Porque sabía que Edward la quería y que el muy tonto le pediría que se casaran y eso sería lo único en toda la situación que estaría equivocado.

Y a cambio de eso, ella tendría a su bebé. Hasta donde podía ver, resultaba un buen trato.

Lo único que tenía que hacer era dejar de desear lo que no podía tener y agradecer lo que ya poseía.

Bueno perdonen la tardanza espero que les guste y por favor comenten que me encanta sus opiniones, besos….