Algún día
Nuevamente me encuentro, parado frente a esta fría roca que no hace mas que solidificar el sentimiento de vació que llevo en mi desde hace años.
Tú lapida.
No importa cuanto crezca, cuanto cambie, cuanto deje de creer. Aun esa realidad sigue pegada a mí como el más crudo de los escenarios, siendo mí presente, mí día a día. Mi tortura y mi vergüenza.
Mi noche.
Por que no hay nada más que eso desde que te marchaste, desde que dejaste la huella en este lugar, esa que todo el mundo opta por ignorar por ser negra como la mismísima oscuridad.
Miles de veces he dudado, no lo negare. No mentiré ante el lugar mas sagrado que tengo. Nunca me atrevería a hacerlo ya que seria igual que mentirme a mi mismo. Porque estoy sólo, completamente sólo.
Y heme aquí, dudando cual niño a pesar de ser ya un caballero.
Si, eso que brilla es mi cosmos, mi constelación y mi armadura protectora.
Lo hice, hermano.
Termine lo que una vez empezamos juntos.
¿Los moretones, preguntas? Vestigios de mi batalla para ganar la armadura. Nada grave, supongo. Estoy parado por lo menos, de pie como me enseñaste y con un sabor extraño en mi boca.
No puedo considerarlo dulce, nadie mas que yo se ha alegrado de que Leo tuviera nuevo portador.
Orgulloso. No lo dudo. Siempre fui una persona con este tic. Supongo que se lo debo a mi signo regente.
Si hubieses visto la cara de los espectadores, si hubieses visto la de los otros caballeros, la del propio caballero de capricornio.
Si, por primera vez en todos estos años logre levantar mis ojos en alto y mirarle directo. Se sorprendió, pude notarlo, algo en ellos cambio.
¿Que quise hacer con ese acto? Aun no estoy seguro. Amenazarlo no, aunque haya sido el que ejecuto tu muerte. Ya no le odio, siguió las ordenes del patriarca ciegamente. Lo entrenaron para eso.
De alguna manera, siento lastima por él.
Tal vez mi intención fue hacerle ver que ya no seria lo mismo, seriamos iguales y que mi lugar entre las doce estrellas protectoras mas importantes seria firme y constante.
No le gusto, podría jurarlo puesto que luego de mantener la mirada unos momentos me dio vuelta la cara con algo de desprecio.
Pero a quien le importa.
Ya nadie podrá despreciarme por ser el hermano del supuesto traidor.
Ahora deberán respetarme como un caballero.
Si, estoy seguro de ello.
Y si no lo hacen, allá ellos. Ya conseguí lo que deseaba.
Honrar tu memoria con mi triunfo.
Por que este fue el más grande acontecimiento en mi vida luego de tu muerte. Y le pese a quien le pese, esta victoria es tuya.
Flaqueo, lo admito. Hay veces que anhelo ocultarme en lo mas oscuro del mundo lejos de todo prejuicio al que estoy expuesto constantemente, pero otras, desearía utilizar todo mi poder para eliminar hasta la ultima célula de aquellos que hablan mal de ti.
Desaparecer cada vestigio de sus asquerosas existencias, no por el hecho de que hablasen pestes, por que al fin y al cabo son meras palabras que se las lleva el viento. Sino por que me hacen dudar.
Lamento decirlo, pero lo hacen.
He sufrido mucho y se que estas al tanto.
Me odio a mismo por hacerlo, por no ser esa constante que prometí ser, pero no puedo evitarlo.
Por suerte, la razón vuelve a mí siempre y recuerdo lo importante en todo esto.
Tú eres mi hermano, nada cambiara eso, ni tampoco el hecho de que yo prometí creer en ti hasta el final.
Y un Leo jamás rompe su promesa, por que es cuestión de honor.
Limpiare tu nombre, es lo mínimo que puedo hacer por ti. Deja todo en mis manos.
Algún día, todos verán.
Algún día, todos sabrán
Algún día levantare tu nombre en alto.
Para hacerles ver que hubo un tiempo en el que existió un caballero excepcional que podía proteger a todos no tanto con su fuerza, sino, con su propio espíritu.
Y que ese caballero, más grande aun que la propia muerte, tenía un nombre: Aioros, Santo de oro de Sagitario.
