Primero que nada disculpen la demora... Simplemente no hay excusas. Muchas gracias por sus comentarios, ojalá les guste este capítulo. Prometo esforzarme para el que sigue, el cual creo que será el último.
Gracias por leer.
Citas a ciegas.
Alfred aun podía escuchar el grito de histeria del informático luego de que un "extraño" y "misterioso" virus afectara su base de datos y comenzara a eliminar toda información dentro de esta. ¿Pena? El fue el culpable por meterse con Arthur, así que no tenía absolutamente nada que lamentar. Y bueno, comprar tres tomos del manga favorito de Kiku como pago definitivamente valían la pena para Alfred.
Se encontraba comiendo una hamburguesa mientras revisaba nuevamente el nuevo mensaje que le había llegado al celular de Arthur del cual, gracias a Kiku, él podía leer desde su propio celular. El texto indicaba la nueva fecha en la que sería la siguiente cita de su amigo.
Observó con molestia la pantalla mientras daba una nueva mordida, terminando así con su hamburguesa. Cerró la pantalla para luego volver a abrirla y marcar un número de teléfono, esperó a que la otra persona contestara.
- ¿Aló? – El tono confuso de su amigo le hiso sonreír, por muy cruel que sonara Alfred podía jurar que su amigo no recibía muchas llamadas.
- ¡¡Arthur!! ¿Cómo estás? – Exclamó con todo el entusiasmo posible. Escuchó una maldición por parte de su amigo. Enganchó la sonrisa por ello.
- ¿Qué diablos quieres?
- ¡Hey! ¿Acaso no recuerdas nuestro compromiso? Ya son las dos y aun no te has presentado en el McDonald's.
- ¿Eh? – Arthur no comprendía aquello.
- La apuesta Arthur ¡Se supone que me tienes que invitar a comer!
- … mierda… - Luego de aquello para Alfred solo fueron palabras inentendibles, maldiciones, ruidos raros, maldiciones, golpes y mas maldiciones – ¿El McDonald's de siempre verdad?
- Sipis.
- Voy para allá.
Y sin más la llamada se cortó. Pasaron algunos minutos antes de que Arthur entrara al local, buscara por los alrededores hasta encontrarse con Alfred y luego dirigirse hacia el joven tranquilamente. Su rostro molesto era el mismo de siempre, Alfred podía jurar que aquello se debía por haber perdido en el juego de la semana anterior, más no lo iba a molestar, en estos momentos su intención era otra.
- ¿Qué tal Arthur?
- Sólo pide algo para terminar con esto rápido.
- ¿Eh?
Arthur miró por la ventana ignorando la insistente mirada de su amigo.
- Quiero regresar a mi cuarto, así que pide algo rápido.
- ¿No comerás conmigo?
Alfred parecía desilusionado y el otro sólo sonrió en respuesta.
- Como si fuera a comer algo de esa cosa.
- No son cosas ¡Y te he visto comerlas!
- ¿Q… qué?
Ahora el inglés estaba todo rojo por la vergüenza ¿Cuándo se había dejado ver comiendo hamburguesa? No es que las odiara del todo, pero por Alfred y sabiendo su carácter estaba seguro que no lo dejaría tranquilo ante sus gustos, mucho menos si el pasaba alegándole por ese tipo de comida.
- Ya sabes de lo que hablo, ahora pide una para ti también y comamos juntos.
La sonrisa que Alfred le dedicó a Arthur hizo que las mejillas continuaran rojas, mas ahora era por un motivo diferente. Arthur giró el rostro en un vano intento por ocultar su vergüenza, mas luego suspiro y exclamando un "idiota" fue para pedir las hamburguesas.
Ya ambos con los estómagos llenos se encontraban saliendo del local, Alfred llevó su mano hasta el hombro del inglés, este no evitó detenerse mientras dirigía su mirada con una expresión confusa a su amigo. Alfred ensanchó su sonrisa.
- ¡Vamos a divertirnos!
- ¿Y a dónde sería? – Arthur no evitó levantar las cejas.
- ¡Da igual! Sólo vayamos a dar una vuelta.
Antes de que Arthur contestara otra voz le detuvo.
- Pero si son mis queridos… - Francis apareció de la nada y se acercó hasta Arthur.
- ¿Qué diablos quieres? – Arthur fulminó con la mirada a Francis, mas este lo ignoró como siempre, continuando con su sonrisa.
- Nada… solo me llamaba la atención lo que responderías ahora.
- ¿Eh? – Arthur no entendió el comentario y Alfred no tenía nada interesante que contar, mas no le agradaba ver al francés tan cerca de su amigo.
- Me sorprende el modo de Alfred por invitarte a salir mi querido Arthur. – Alfred no evitó sonrojarse ante el comentario, mas antes de poder responder vio como Arthur golpeaba al francés con fuerza.
- ¡Idiota! – Arthur volteó a ver a Alfred, el americano se estremeció ante la rabia que expresaban ese rostro. - ¡Tú también eres un idiota!
Y sin más salió corriendo, siendo rápidamente perseguido por Alfred.
- ¡Arthur!
Gritó mientras perseguía al inglés, luego de algunos minutos de persecución y con mucho esfuerzo pudo alcanzar al inglés, mas no dijo nada cuando noto la tristeza reflejada en aquellos ojos.
- No sea amable conmigo Alfred. – Susurró el inglés con tristeza. – No hagas aquello si sabes que me lastimas.
- Pero yo… - Arthur le miró atentamente deteniendo cualquier palabra por parte de Alfred.
- Ya sabes lo que pienso… no quiero tu compasión. – Arthur habló con un tono tranquilo.
- No es compasión por lo que seguimos juntos Arthur.
- ¡¿Entonces qué diablos es?! – El modo en que Arthur lo miraba ponía muy nervioso a Alfred. Confuso, nervioso y ahora preocupado ante el cambio tan repentino de ambiente no pudo responderle a su amigo.
Arthur esperó a que el otro hablara, mas al no recibir respuesta sonrió con amargura.
- Idiota egoísta. – Dando media vuelta se fue alejando, esta vez Alfred no lo siguió. Se mantuvo en el mismo lugar por varios minutos más y luego levantó la cabeza observando la calle por la que el inglés se había marchado.
- Cobarde… - Se susurro con tristeza, sabiendo de antemano que aquello era su culpa.
Sus padres habían sido amigos desde que se conocieron en el liceo (instituto), de algún modo sus ideas y personalidades habían congeniado perfectamente por lo que no tardaron en formarse las parejas y al llevarse tan bien decidieron que serían vecinos en un buen barrio, así que se podría decir que prácticamente se habían conocido toda una vida.
Aunque aquello no significó que la vida fuera color de rosa para sus hijos, siempre habían sido tan diferentes, con gustos tan únicos. Las mayoría de las personas solía preguntar en el cómo se llevaban bien siendo tan diferentes y sorprenderse aún más al saber todos los años en el que habían compartido.
Como su familia se llevaba bien desde siempre y se visitaban muy a menudo, ellos tuvieron que aprender a adaptarse al otro. Se podría decir que eran como una familia. Extraña, pero como una familia al fin y al cabo.
Una de las pocas cosas en la que sus opiniones eran iguales se relacionaba con la lluvia. Siempre que peleaban, cuando vivían momentos desagradables o cualquier acontecimiento fuera de lo normal que tuviera relación con algo negativo, comenzaba a llover. La primera vez que pelearon fue en medio de la lluvia, el motivo no lo recuerdan, de seguro algo estúpido debido a que ambos eran pequeños. Lo que si tenían claro era encontrarse ambos completamente empapados y llorando como los pequeños que eran.
De por si siempre peleaban, pero cuando aquello sobrepasaba lo común el cielo siempre se nublaba y las pequeñas gotas comenzaban a caer, para luego transformarse en una fuerte lluvia.
Ya entrada a la adolescencia y con aquel hecho tan curioso sintiéndose como lo más normal del mundo, nuevamente tuvieron un encuentro desagradable. Alfred nunca olvidaría aquel acontecimiento, ni mucho menos lo que causo todo aquello. Nunca lo olvidaría porque la culpa es demasiada como para poder hacerlo y Arthur es demasiado valioso para él, por mucho que intentara negarlo o contradecirse.
Arthur se le había confesado, su mejor amigo le había dicho los sentimientos que guardaba en su interior (De los cuales nunca había sido bueno para expresar, incluso tratándose de Alfred con quien hablaba) se había sonrojado, había tartamudeado y su pequeño cuerpo temblaba mientras lo hacía.
Pero no, el tuvo que rechazarle y negarse a aceptar aquellos sentimientos que con gusto estaba dispuesto a recibir y corresponder. Más tuvo miedo, miedo a que aquello no funcionara, miedo a perder a Arthur si algo no resultara bien, miedo ante la sociedad, ante lo que dirían sus padres. Odiaba admitirlo (y sobretodo recordarlo) pero aquellos pensamientos le hicieron empujar al ser que más ama en el mundo para luego rechazarlo con una expresión seria y decepcionada en su rostro.
- Imposible. – Fue lo único que respondió.
Arthur simplemente lo observó con el rostro sereno, para luego dedicarle una sonrisa vacía y sin más retirarse del lugar en el que se encontraban. El día lentamente comenzó a oscurecerse por las nubes y una fuerte tormenta que duraría varios días se formó.
Alfred no habló con Arthur en todo el fin de semana, sólo se limitó a ver la lluvia caer y preguntarse si aquellas gotas expresaban los sentimientos de su amigo en estos momentos, o en realidad era su tristeza la que se expresaba en esas pequeñas gotitas que caían con tanta fuerza.
El día en que se enfrentó a Arthur nuevamente fue en la escuela y no pudo sentirse aun más culpable ante el estado deplorable en el que se presentaba. Las ropas arrugadas, el rostro pálido y una expresión tan vacía le hicieron morderse el labio con fuerza para no decir nada. ¿Qué se suponía que eran ahora? ¿Qué debía decir en estos momentos? ¿Hacía bien en acercarse a Arthur como si nada pasara?
No se hablaron por días y la lluvia continuó cayendo con fuerza. A la semana siguiente Arthur no se presentó a la escuela, mas Alfred siempre lo observaba marcharse de la casa camino al establecimiento. Así continuó por varios días hasta que una noche los padres de Arthur se presentaron en la casa preguntando por el paradero de su hijo. Alfred no sabía que decir, simplemente no tenía idea de aquello y por lo mismo preocupó aún más a los padres de su amigo.
Arthur no era la única persona con la que Alfred se juntaba, de por si siempre había sido una persona sociable, por lo que cuando dejaron de hablarse, el simplemente se fue con sus demás amigos.
Pero para Arthur era completamente diferente, el era una persona reservada y de carácter un tanto fuerte. Así que ¿A dónde iría Arthur cuando Alfred no estaba a su lado? ¿Con quién acudiría en esos momentos de tristeza? Apenas se dio cuenta y ya estaba en la calle buscándolo con desesperación.
Algunas horas pasaron sin rastros de su amigo, de por si era algo que le preocupaba mas. Algunas veces escuchaba las sirenas de la ambulancia y no evitaba tener pensamientos de su amigo estando en una de ellas, sufriendo, muriendo por su culpa. Mas movía la cabeza rápidamente tratando de olvidarse de aquellos pensamientos para luego continuar con su búsqueda.
De pronto una idea llegó a su mente y sin dudarlo corrió hasta el lugar en donde todo había comenzado. Grande fue su sorpresa al verlo apoyado en el árbol, con los ojos cerrados, de seguro escuchando la lluvia o quizás intentando eliminar sus sentimientos.
- Arthur… - Susurró suavemente cuando llegó a su lado. Arthur abrió los ojos sorprendido, mas aquello no le preocupó mucho a Alfred, más bien la palidez de esa piel y la expresión cansada en el más pequeño lo tenían algo perturbado.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó de mala gana, girando la vista a otro lado.
- Tus padres están preocupados.
- Vete a la mierda.
- ¡Arthur!
El otro intentó retirarse del lugar, mas Alfred se lo impidió tomándolo de la muñeca.
- ¡¿Qué quieres de mí?! – El de ojos verdes parecía cada vez más molesto, mas no se iba a dejar intimidar.
- Vamos a casa.
- ¡Suéltame!
- Arthur, te ves horrible.
- ¡¡Suéltame!! – Arthur se veía cada vez mas agitado mientras intentaba soltarse del fuerte agarre de Alfred.
- Necesitas descansar.
- ¡¡¡Que me sueltes!!!
Aquel grito retumbo por todo el lugar, Alfred no evitó aflojar su agarre lo suficiente para que Arthur se liberara. El de menor estatura respiraba de forma agitada mientras algunas lágrimas rebeldes aparecían.
- ¿No entiendes que me lastimas?
- Yo…
Alfred intentó acercarse nuevamente, mas Arthur se alejó.
- No quiero verte Alfred… no quiero ver a nadie. – Más lágrimas y Alfred sentía que se le partía el corazón.
- Lo siento.
- No es tu culpa… sólo… déjame solo.
- Sabes que no puedo, somos amigos.
- ¡Pero yo no te veo como uno!
- Arthur.
Alfred sentía como sus propias lágrimas estaban a punto de salir. Más se sorprendió cuando una pequeña sonrisa se formó en el rostro de su amigo. Una sonrisa triste y carente de cualquier emoción positiva.
- No te veo como un amigo Alfred.
- No importa… aun sigues siendo mi amigo.
- Lo siento…
- ¿No puedes intentarlo? ¿No puedes intentar seguir a mi lado, pero como amigos? – Su propio comentario le había sorprendido. Era un maldito egoísta, sabía cuánto sufría Arthur, sabía que era su culpa por no corresponderle, siendo que aquellos sentimientos son más que correspondidos de su parte. Pero simplemente no quería perder a Arthur, no quería alejarse de su lado.
- ¿No te molesta lo que siento? – Arthur miró fijamente a Alfred, tratando de buscar algo en esos ojos.
- Sabes que no… siempre seremos amigos, lo prometimos. – Sonrió de la mejor forma posible, ignorando todo el dolor que le causaba a Arthur al hacer eso, mas el otro continuo con su sonrisa resignada.
- Cierto… somos amigos.
- Ven, vamos a casa que tus padres ya están a punto de tener un ataque.
Arthur asintió y sin más comenzó a seguir a Alfred mojándose con la lluvia que no tenía intenciones de parar. El joven de lentes comenzó a hablar, casi como si nada malo hubiese ocurrido entre ellos, el otro simplemente escuchó y lloró en silencio, rogando por apaciguar estos sentimientos.
"Somos amigos… aun soy su amigo… sólo su amigo" Aquellos pensamientos lo lastimaban cada vez mas ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Arthur se despidió de Alfred con aquella sonrisa y entró a su casa. La conversación con sus padres fue larga y tediosa, mas aguantó como el hombre que era y ya en su cuarto siguió llorando por su amor no correspondido.
Alfred observó a Arthur desde una esquina, el joven se encontraba apoyado en la muralla mientras observaba el reloj con cierta impaciencia. Su relación nunca volvió a ser la misma, mucho menos cuando Francis comenzó a molestarlos. Bajó un poco la vista, al menos no lo había perdido y en parte Alfred agradecía aquello.
"Ya han pasado dos años de aquello ¿Por qué diablos lo recuerdo ahora?" Se preguntó confundido mientras se acercaba lentamente a un poste con el cuidado de que su amigo no lo notara.
"Estúpido Arthur que me hace pensar estupideces"
De algún modo su relación se había mantenido luego de aquello, lo cual Alfred siempre agradecía. Arthur no había vuelto a hablar del tema y Alfred nunca quiso sacarlo, le agradaba el hecho de que el inglés siguiera a su lado. Más cuando los cometarios burlescos de Francis comenzaron a hacerse más repetitivos, más molestos y seguidos Arthur no tardó en ocultarse nuevamente dentro de su caparazón frío. Alfred sabía que aquellas burlas lo lastimaban, suponía que lo humillaban por haber sido rechazado por la persona con la que era objeto de burla.
Le sorprendió saber de aquel club de citas, mas debía comprender que su amigo no se iba a quedar soltero para siempre… así que ¿Este intento de Arthur por conseguirse un novio daba a entender que sus sentimientos habían cambiado por completo? No evitó sentir enfado.
Su molestia creció al ver como un joven desconocido se acercaba a Arthur, hablaban un momento y luego comenzaban a caminar juntos hacia una dirección determinada. Alfred tomó el celular y marcó un número, Kiku respondió.
- Ya es hora. – Le susurró a su amigo y sin más colgó, para luego comenzar a seguir a la parejita.
Aun no tenía muy claro de cuantas citas había arruinado, pero le sorprendía que Arthur aun siguiera con el asunto luego de tantos rechazos ¿Tan desesperado estaba por alejarse de su lado? Simplemente no lo entendía ¿Qué pasó con todos esos sentimientos que tenía supuestamente a su persona? ¿Tan rápido se habían ido? Sintió el celular vibrar y luego la voz de Kiku anunciando el trabajo listo.
- Pues sólo queda esperar. – Susurró entre los botes de basura, ignorando como la gente lo observaba con gesto confuso.
Arthur caminaba junto a su nueva cita, ¿Número? Prefería no pensar en ellos. Es más se sorprendía ante el hecho de no haber puteado y demandado aquella jodida empresa por el hecho de no darle a su supuesta media naranja.
"Maldita publicidad engañosa" Pensó con molestia, ignorando la mirada del otro joven paseándose por su cuerpo casi como si fuera a devorarlo en cualquier momento. Mas aquel gesto fue captado por completo ante la atenta mirada de Alfred quien frunció las cejas, el sujeto ese no le gustaba para nada.
- Eres muy atractivo. – Habló el muchacho tranquilamente sacando a Arthur de sus pensamientos. Nunca le habían dicho aquellas palabras, menos en medio de tanta multitud.
- Gra… gracias. – Susurró con las mejillas rojas, el otro sólo ensanchó su sonrisa en respuesta.
- ¿Dónde te gustaría ir mi Arthur? – Tomó una de las manos de Arthur y sin más la besó, el sonrojo en las mejillas del menor aumentó ignorando aquella palabra posesiva a su persona. Por otro lado aquel gesto hizo que la molestia de Alfred aumentara junto con las ganas de golpear al sujeto ese.
- ¿Qué dice el programa?
- ¿Eh? ¿Quieres seguir el programa?
- Bueno… - Arthur se incomodó ante el comentario – Siempre lo he seguido.
- Pero parece que no ha resultado del todo. – El joven se rió.
- ¿Y qué si no? – Ahora comenzó a molestarse un poco, no tenía que burlarse de esa forma.
- Tranquilo Arthur… a mi me ha pasado lo mismo y bueno… - Llevó una mano hasta la mejilla del británico – Realmente me gustaría que funcionara lo nuestro y como en anteriores casos el haber seguido el protocolo nos llevó al fracaso ¿Qué tal intentarlo a nuestra forma?
Arthur lo pensó un momento ¿Qué tanto podría perder el intentar algo nuevo? Miró al que sería su cita número veintialgo. Alto, piel morena y de ojos azules, no tan hermosos como los de Alfred, pero azules al fin y al cabo. Se sonrojo ante aquel pensamiento.
"Estúpido Arthur" Se retó con molestia, no era momento de pensar en ese idiota.
- Supongo que no sería mala idea. – Le respondió con una sonrisa, el chico imitó el gesto.
- ¿Qué tal ir a comer un helado y luego al cine?
- Me parece bien.
- Ven, conozco un buen lugar.
Tomando la mano de Arthur dieron la media vuelta para emprender su nuevo camino. Alfred se tiró cerca de un auto para no ser notado por los jóvenes. Con sorpresa vio como estos tomaban una ruta completamente distinta a la planeada por la empresa de citas. Palideció al ver nuevamente aquella mirada lasciva por parte del desconocido y a Arthur sin percatarse de esta.
- Oh mierda.
Rápidamente marcó el número de Kiku.
- ¡Se van a otro lado! ¡¿Qué debo hacer?!
- ¿Otro lado? – La voz de Kiku se notaba confundida.
- Pues iban hacia donde el programa indicaba, hablaron y de la nada se fueron a otro lado…
- Eso es extraño.
- ¡Lo sé! Más aun, no has visto como ese sujeto lo mira ¡Prácticamente se lo come con los ojos! ¡Y el idiota de Arthur no se da cuenta!
- Oh dios. – El tono en que Kiku dijo aquello no le gustó a Alfred.
- ¿Qué pasa?
- Acabo de encontrar algo perturbarte en la base de datos de esa persona. Son quejas de sus anteriores citas.
- ¿Qué clase de quejas? – Definitivamente no le gustaba para donde iba la cosa. Cambio de lado el celular para apoyarse en la muralla al ver como la pareja entraba a un local. Los observaba detenidamente, definitivamente no se les perderían.
- Bueno, según lo que leí el sujeto es un tanto acosador y violento. – Bien definitivamente aquello no era bueno.
- ¿Cómo diablos no lo viste antes?
- Yo… no sé… estaba bien oculto. – Alfred intentó calmarse. Justo lo que necesitaba, un psicópata.
- Iré a pegarle.
- ¡No!
- ¿Cómo diablos quieres que me quede quieto? Los héroes no hacen eso… menos con… - Alfred se tapó la boca con una mano completamente sonrojado, estuvo a punto de decir "Su damisela en peligro"
- Si hace aquello, Arthur-san sabrá que lo ha estado siguiendo. – Kiku pareció no importarle el repentino silencio de su amigo.
- Pero… - Vio como el psicópata tomaba un poco de helado con una cuchara y lo llevaba hasta los labios de Arthur.
- Escucha, no dice en que cita se ha comportado así, puede que incluso no le haga nada a Arthur-san… debe estar atento a lo que ocurra entre ellos y si se termina la cita y no ocurre nada.
- Luego nos encargamos de que no haya otra.
- Así es.
Kiku tenía razón, no había motivos para alterarse, después de todo por eso empezó a hacer esto, debía proteger a Arthur de estos idiotas. Se relajó nuevamente y continuó observando.
- Bien… pero si noto algo raro le rompo la cara. – Kiku hizo un sonido ante aquel comentario, sabiendo de antemano lo sincero que podía ser Alfred a veces.
- Sólo ten cuidado.
- Claro que sí. - Sin más cortó la comunicación.
Arthur había tenido una cita perfecta, se encontraba completamente feliz y relajado de que al fin estuviera resultando una. Todavía podía recordar aquellos anteriores intentos en los que siempre terminaban en desastre. A veces algunos no llegaban o tenían siempre mala suerte y no les resultaba hacer nada según lo planeado. Pero ahora, ahora con este joven todo había sido simplemente perfecto.
- ¿Qué tal si me acompañas a un último lugar antes de terminar?
Le preguntó aquel joven de hermosa sonrisa mientras le tomaba nuevamente de la mano haciendo que las mejillas del rubio se sonrojaran, definitivamente no estaba acostumbrado a ser tratado de aquella forma, al menos Alfred nunca había sido así de gentil. Eliminó rápidamente aquellos pensamientos sobre su amigo y asintió en respuesta, se sorprendió un poco cuando aquel joven saco unas vendas y le miró con duda.
- Es una sorpresa… ya verás cómo te encantará el lugar.
Arthur dudó, el joven había sido maravilloso en esta cita, pero algo le decía que no debía aceptar aquello. Abrió la boca para rechazarlo, mas el ringtong de su celular lo desconcentró, sin más respondió.
- ¡Arthur! – Aquel tono de voz era más que reconocido por Arthur.
- ¿Qué quieres Alfred? – Preguntó con molestia, mas en su interior se encontraba sorprendido ¿Por qué siempre que estaba confuso o lastimado el otro lo llamaba?
- Buu que malo eres… oye que tal si vamos a dar una vuelta.
- ¿Eh? – Observó a su cita mientras se disculpaba con gestos y le pedía un poco de tiempo, este asintió con su sonrisa de siempre.
- Sipis, después de las hamburguesas no has vuelto a hablar conmigo… eres malo. – Arthur suspiró ante ese comentario.
- No Alfred… estoy ocupado ahora.
- ¿Ocupado? ¿Estas estudiando? Pero si no tenemos prueba o exámenes.
Bien eso si que molestó al rubio.
- ¡Pues estoy en una cita idiota así que deja de molestar! - Sin más colgó y luego se giró hacía el otro. – De acuerdo.
Aceptó la oferta del joven y se dejó colocar aquella venda. Odiaba la idea, pero necesitaba sacarse a Alfred de la cabeza, necesitaba empezar de nuevo… simplemente necesitaba hacer algo para que dejara de doler tanto el estar con su amigo sin poder verlo como tal.
Alfred por otro lado se golpeó la frente al ver como el inglés se dejaba vendar los ojos. Sabía que aquello no resultaría nada bueno, nuevamente marcó el numero de Kiku.
- ¡¡Le vendó los ojos!! – Gritó histérico - ¡¡¡Sólo déjame golpearlo!!!
Cuando giró la vista y enfocar nuevamente a la pareja se dio cuenta de que ya no estaban.
- Oh fuck. – Kiku supo que todo estaba mal luego de aquello y que quizás al fin el temor de Alfred se haría realidad.
Era extraño el hecho de tener los ojos vendados, mas por ahora sólo debía confiar en el que era su pareja. Luego de algunos momentos en no poder adaptarse a su entorno sintió que ya le era mucho más fácil caminar con ayuda de aquel joven. También se percató de que el ambiente ruidoso en el que se encontraban momentos antes había disminuido considerablemente, no evitó preocuparse ante ello, pero a la vez se retó por ser tan desconfiado.
"Alfred siempre me dice que soy un desconfiado… bien, es momento de…" No pudo seguir pensando cuando sintió las manos del joven en su cintura, no evitó tensarse ante aquel gesto y rápidamente giró su cabeza hacía donde creía que el otro se encontraba.
- Tranquilo… hay unas escaleras y temo que te caigas.
- B… bien… lo siento. – Respondió con timidez y no evitó sonrojarse al escuchar la risa del otro.
"Estúpido Arthur"
Se dejó sostener y con cuidado comenzó a subir las escaleras, caminaron por varios minutos más y finalmente se detuvieron.
- Espérame un poco. – Arthur asintió ante aquellas palabras y esperó.
Cinco… quizás diez minutos habían pasado y nada, el joven aun no regresaba. Un poco molestó llevó las manos hasta la vendas para intentar quitárselas, mas se dio cuenta que el nudo estaba hecho de tal modo en que resultaba imposible.
- Genial. – Susurró en voz alta con molestia, unas risitas lo pusieron en alerta. - ¿Quién…
No terminó la pregunta cuando lo empujaron con fuerza, haciéndolo caer al suelo. Maldijo mas sólo recibió otras risas burlescas.
- ¿Quién eres? – Llevó sus manos nuevamente a la cabeza, más otras le impidieron aquel intento por ver nuevamente, Arthur comenzó a desesperarse.
- Tranquilo Arthur. – El inglés reconoció el tono de voz del que era su cita y se tensó.
- Si es una broma, la encuentro de muy mal gusto. – Escuchó como el otro se reía nuevamente y ahora sentía como una mano le tomaba la barbilla dirigiéndola hacia algún lado, si hubiese podido hubiera abierto los ojos en sorpresa y pánico cuando sintió unos labios ajenos sobre los suyos besándolo con fuerza y posesividad.
Una vez eliminada la sorpresa con una fuerte patada logró alejar al otro, rápidamente intentó sacarse las vendas maldiciéndose por haber confiado y mas al no poder sacarse aquel pedazo de tela, se encontraba en desventaja y aquello no le agradaba para nada. Se levantó e intento correr, más un fuerte empujón lo regresó al suelo, golpeándose con fuerza contra el cemento. Se quedó quieto y con la respiración agitada.
- Eres duro ¿Eh? – La voz de aquel sujeto se hizo notar, Arthur se tensó cuando un cuerpo desconocido se puso sobre el suyo. – Me gusta que sean así.
Intentó moverse sin resultado, maldijo nuevamente para sus adentros, pero intentó mantener la calma como sea, no debía darse el lujo de entrar en pánico, estaba solo… si sólo hubiese aceptado la llamada de Alfred.
Se sorprendió cuando el peso del otro cuerpo se alejó, mas no tuvo tiempo de hacer algo más, con fuerza lo tomaron del cabello obligándolo a levantarse, se mordió el labio para no gritar.
- Si… realmente me gusta que seas así Arthur. – Sintió unos labios por su cuello, con fuerza lo empujo.
- ¡No te atrevas a tocarme! – Gritó colérico, tal vez no podía verlo, pero si se acercaba estaba seguro de poder darle una buena paliza como sea.
- Tan lindo. – La risa burlesca por parte del otro sólo irritó aun más a Arthur, se mantuvo quieto, esperando a que su "cita" se acercara nuevamente y así fue, de seguro entendió que Arthur no se movía por miedo y se acercó.
Arthur se dejó tocar un momento, temblando ante la furia que sentía, sintió como lo besaban nuevamente con fuerza y sin pensarlo nuevamente mordió con fuerza la lengua del idiota, a su vez levantó el pie para golpear en sus partes inferiores. El grito no se hizo esperar y sintió como lo empujaban con fuerza contra la muralla, escuchaba las maldiciones por parte del otro, tomando como aquello que había dado en el blanco. Se levantó rápidamente y apoyándose con la muralla caminaba con cuidado, sosteniéndose con una mano mientras que con la otra continuaba batallando con la tela.
Su mano dio con una puerta, con desesperación buscó la manilla, aun escuchando los gritos y maldiciones por parte de la otra persona.
- ¡¡Arthur!! – No le dio importancia al tono amenazante en que dijeron su nombre. Encontró la manilla y rápidamente abrió la puerta, se apoyo con otra muralla y apurando el paso se dirigió hacia cualquier dirección. Nuevamente escuchó su nombre y apuró el paso. No le importaba si se caía o algo, por lo que simplemente comenzó a correr.
Varias veces se golpeó fuertemente con algunas murallas, pero no fue impedimento para seguir con su desesperada carrera. Tenía miedo y tampoco escuchaba a su cita gritar por lo que temía que le atacara en cualquier momento. Siguió corriendo, apenas reaccionó cuando se sintió caer y rodar por algunas escaleras, se quedó un rato en el suelo con la respiración agitada, al fin había encontrado unas escaleras, supuso que iba por buen camino.
Se levantó con dificultad y siguió su camino, intentó sacarse las vendas sin resultado. Continuaba alerta en caso de escuchar cualquier ruido que le indicara que no estaba solo. En medio de su carrera sintió como chocaba contra unos brazos, los cuales lo tomaron con fuerza. Sin más comenzó a gritar mientras intentaba liberarse.
- ¡Suéltame maldición! – Intentó golpear, morder o algo para poder liberarse, más no podía conseguirlo.
- ¡Arthur! ¡Tranquilo! – Se quedó congelado al momento de reconocer esa voz, levantó la cabeza.
- A… ¿Alfred? – Con fuerza le sacaron las vendas, la luz le impidió ver por completo, pero una vez acostumbrado pudo ver el rostro de su amigo. Sin más apoyó la cabeza en el pecho del joven, aferrándose con fuerza al otro, temblando en completo pánico.
- ¿Estas bien? ¿Te hizo algo ese bastardo? – Alfred se escuchaba diferente, mas en estos momentos a Arthur no le importaba nada mas, se encontraba con Alfred y no podía evitar sentirse seguro.
- Sácame de aquí… - Susurró antes de perder el conocimiento.
Alfred lo tomó entre sus brazos, la furia que sentía en su interior se reflejaba en el brillo de sus ojos. No sabía lo que ese imbécil le había hecho a Arthur, no sabía si había llegado a tiempo y sólo deseaba vengarse. Mas por ahora no podía, Arthur era su prioridad, siempre lo seria.
Observó el rostro inconsciente del rubio y ahora la culpa lo golpeó, esto era uno de los tantos motivos que le hicieron seguir a su amigo y ahora simplemente lo había dejado caer en manos de un loco.
- Pero lo pagará… - Le susurró suavemente al rubio mientras se retiraba del lugar. Kiku lo había localizado de milagro. Rápidamente se alejó del que era una de las propiedades de aquel bastardo. – Ese imbécil lo pagará…
Con Arthur en sus brazos corrió en dirección a su casa, como pudo sacó el celular y marcó el número de Kiku.
Nadie lastimaba su tesoro y salía ileso.
Inicio 23 – 12 – 09
Termino 01 – 05 - 10
Si, lo se... tantos meses y sólo sale esta basura... simplemente lo siento mucho.
Cualquier cosa me mandan un review. Nuevamente gracias por leer.
