Capítulo 3: Su Ardillita
Al salir de su casa, corrió hasta su auto. No entendía que había pasado en su habitación y menos podía entender porque no se podía salir del caluroso abrazo de Chad. Chad la confundía de mil maneras diferentes. Sentía la necesidad de perdonarlo y volver a tener la hermosa amistad que tenían antes del inconveniente en donde, Chad era el espía de sus padres. ¿Por qué quería ser perdonado? Aun no podía entender el porqué de sus palabras, no entendía si realmente quería ser perdonado o solo era una trampa para poder volver a espiarla. Sacudió su cabeza con sus confusiones y arrancó el auto, dirigiéndose a la casa de su amiga. "Perdóname Ava… yo nunca quise hacerte daño… Sería lo último que haría." ¿Por qué había dicho eso? Nunca antes le había confesado eso, y a pesar de estar más de dos años distanciados, nunca le había tratado tan dulce como lo había hecho cuando entró a su alcoba. Prendió la pequeña radio de su Jeep Wranger azul del año 2008 y relajó un poco sus pensamientos. Al detener el auto en un semáforo que había tocado rojo, volvió a pensar de lo que estaba huyendo. Chad pensó, porque pensaba en Chad, desde que se había instalado en su querido auto no había dejado de pensar en él. Pensaba en como añoraba volver estar en sus brazos, sentir su calor, su perfume que la había nublado y volver a sentir diferentes sensaciones que jamás había sentido con ningún otro hombre. Al ver que el semáforo había tomado un color verde, aceleró a más no poder para poder llegar de una vez a la casa de su amada amiga. Al llegar, la llamó y esperó sentada en su auto la llegada de su amiga. Grace no aparecía nunca y esto la alteraba, no tenía otra alternativa que pensar en lo que no quería pensar. En Chad. "Wow, realmente estaba guapísimo hoy… ahora entiendo porque lo había dicho la noche anterior. Su pelo desordenado lo hacía ver bastante atractivo… y sus brazos. ¿Qué estoy pensando? ¡Chad es solo un idiota más!... Jamás tendré algo con él… ¡antes muerta!" Cuando un portazo que venía de la puerta del copiloto la hizo saltar del susto.
-¿Qué estabas pensando? – Preguntó Grace, acomodándose en el asiento – Realmente te asusté al entrar.
-Me golpearías si te dijera.
- Sorpréndeme…
- Yo…- no podía decirlo, ni ella sabía porque estaba pensando en él pero algo que nunca había hecho era mentirle a su amiga. Sabía todos sus secretos y Grace siempre la entendía – Pensaba en Chad.
-¿En Chad? – La miró extrañada - ¿Qué te ha sucedido? Mientras estábamos en el café solo decías que lo odiabas…
- Lo sé – suspiró – Pero es que al llegar a mi casa estaba él y sus padres cenando en mi casa.
-¿En tu casa? – Gritó - ¡¿Por qué decidió volver si no ha pisado tu casa en dos años?
- No lo sé Grace… realmente no lo sé.
- No le dijo nada a tus padres ¿no?
- Al parecer no – miró a su amiga – Grace… luego de cenar Chad subió a mi alcoba…
- Ava… no me digas que… - pero Ava solo reaccionó gritando.
- ¡NO GRACE! JAMAS ME ACOSTARÍA CON CHAD – respiró – el me abrazó…
- ¿Y qué tiene de malo eso Ava? – la miró confundida. Solo fue un abrazo pensó, que tiene de malo un abrazo, sobre todo cuando se conocen de varios años.
- Yo… No sé Grace – sollozó – Sentí millones de sensaciones que jamás había sentido antes ni con nadie – sonrió – Fue agradable – sus mejillas tomaron un color cálido, Grace notó que su amiga estaba feliz, pero no entendía el por qué si ella odiaba con todas sus fuerzas al muchacho que había abrazado – Quería que lo perdonara…
-¿Chad pidiendo perdón? - Grace abrió sus ojos a más no poder, Chad después de desaparecer de la vida de Ava, nunca había pronunciado aquellas palabras y ¿Por qué ahora lo había hecho? - ¿Lo perdonaste Ava?
- ¡Claro que no! – Encendió el motor – Y nunca lo haré.
- Ava…Tal vez Chad realmente este arrepentido de su actitud – la miró- Tal vez quiera una segunda oportunidad. Tal vez necesita tu amistad.
- Yo también necesitaba su amistad… ¡Y me la dio traicionándome!
- Ava… le debes una – Grace buscó su labial adentro de su bolso y comenzó a pasárselo lentamente alrededor de sus labios – Te salvo la noche anterior.
-No me interesa lo que haya hecho por mí, Yo decidí por alejarlo de mí y eso haré – la miró con enojo en sus ojos, pero a la vez la miraba con dulzura por haberla escuchado y cambiando el tema continúo - ¿Lista para esta noche?
- Más que preparada – Ava aceleró y dejo que sus pensamientos se perdieran en el olvido.
Se sentaron en el mismo lugar del bar de la discoteca, ambas pidieron unos tequilas y comenzaron a bebérselos al instante en cuanto se los sirvieron. Ya iban por el quinto cuando Grace desapareció del lugar dirigiéndose a bailar con un hombre que le hacía señas desde la pista de baile. Grace solo asintió al verlo y se dirigió hacia él, dejando a Ava sentada en el bar, hundiéndose en alcohol. Pidió un tequila más al barman que al parecer se llamaba Lon pero no le tomó importancia el nombre, solo le importaba que el hombre le sirviera su copa. Chad pensó y con dolor, golpeó unas cuantas veces el pequeño vaso de tequila delicadamente y rápidamente bebió de él hasta la última gota. Llamó al Lon por sexta vez para que le sirviera su séptimo vaso, él sonrió y corrió a prepararle un tequila más a la muchacha. Así fue toda la noche. Lon le preparaba cada dos minutos un nuevo tequila para la joven y Ava, los bebía desesperada con unas cuantas lágrimas que la acompañaban. Ya iba por el duodécimo. Lo tenía en sus manos, lo observaba detalladamente, el alcohol se apoderaba de su cuerpo, mente y del control de sus manos. Hacía girar el vaso que estaba encima de la mesa del bar, esperando el momento indicado para golpearlo y bebérselo. Se le hacía agua a la boca a mirarlo, lo miraba con intensidad, podía ver como las burbujita del gas del trago se movían en diferentes direcciones. En cuanto, aquellas burbujitas se juntaron y crearon la ilusión perfecta del rostro de Chad. Todos sus músculos se tensaron al ver como las burbujitas del tequila habían formado el rostro que la confundía, del hombre que odiaba, del hombre que comenzaba a volverla loca. Colocó un puñado de sal entre sus dedos índice y pulgar. Golpeó unas cuantas veces el vasito del tequila y con los ojos cerrados absorbió rápidamente el licor, luego al dejar el vaso vacío, tomó un cuarto de un limón y hundió sus frágiles labios en él succionándolo hasta la última gota de él y finalmente, tragó. El limón raspaba su garganta y el alcohol raspaba todo el interior de su cuerpo. No podía levantarse, el alcohol ya se había apoderado de su cuerpo y ya estaba esparcido por toda su sangre. Se mantuvo sentada bastante rato hasta que la música del lugar se apoderó de sus oídos y levantándose de su silla caminó hacia la pista de baile. No había avanzado ni dos pasos cuando su cuerpo comenzó a caer lentamente, pero unos cálidos brazos detuvieron la caída.
- ¡Cuidado Ava!- gritó mientras la sujetaba en sus brazos. El olor a tequila se había apoderado de su ropa. Cuando un olor dulce que provenía de su cuello, le nubló la vista y la razón de su existir. Era el olor del paraíso.
- Ava levantó la vista y sonrió - ¿Quieres bailar conmigo? – Éste se negó – ¡No has bailado conmigo en años!
- Será mejor que te lleve a casa.
- Vamos Chad… - rió- Solo una canción y luego podrás llevarme a casa.
- Está bien- sonrió – Solo una canción.
Ya habían bailado más de tres canciones seguidas, ya que Ava, le rogaba de rodillas que bailaran una última canción. Ava tenía sus manos entrelazadas atrás de su cuello mientras que él tenía sus manos temblorosas en su cintura. Ava masajeaba delicadamente la parte baja del cabello de Chad haciendo que este, la atrajera más a su cuerpo. Ya iban en la cuarta canción y ninguna de los dos pensaba en separarse. Chad disfrutaba con ansias el momento, lo había deseado toda la noche desde que entró a la discoteca y vio el cuerpo de Ava siendo devorado por el alcohol. Posó su nariz en su cuello, absorbiendo el dulce aroma de su perfume, el cual lo había nublado instantes atrás. El dulce aroma entraba por sus narices y se esparcía por todo su cuerpo haciéndolo despertar cada fibra de su ser. Ava sentía como la nariz del joven se movía delicadamente alrededor de su cuello, causándole cosquillas… placer… y millones de sensaciones que para ella, eran nuevas. Chad comenzó a besar, lamer e incluso morder, desesperadamente el cuello de Ava, haciéndola suspirar y gemir con cada movimiento que hacía.
- Ava hay que irse – susurró Chad mientras atacaba su cuello con dulzura.
- ¿Por qué? – contestó sollozando. Estaba disfrutando del momento, sabiendo que al próximo día, no se acordaría de nada.
- Es…tarde – dijo con dificultad, su aroma lo nublaba al igual que todo su cuerpo – Yo… esto no está bien.
- Entonces hay que ir por Grace – dijo – Debe estar por… - suspiró al sentir como la lengua de Chad subía desde su hombro hasta el comienzo de su mandíbula.
- Bien – se separó - ¿Dónde está Grace? – Miró a Ava, que con sus ojos cerrados suspiraba continuamente – Quédate aquí – Ava aun con sus ojos cerrados asintió – Vuelvo enseguida- sintió como sus manos soltaban su cintura haciéndola tambalear de un lado a otro.
Ava, al cabo de unos segundos, abrió sus ojos. Chad no estaba y ella solo se mantenía en pie al sentir su cuello arder. Pasó sus manos sobre su cuello, acariciando cada parte que Chad había acariciado con su boca, encontrado algunas partes en donde sus dientes estaban marcados en su piel. Su cuerpo ardía al igual que su cuello, dirigió sus manos a sus narices e inhaló el olor de su cabello que se habían impregnado en sus dedos al acariciarlos. Al sentir como su aroma entraba por sus narices y bajaba hasta llegar a su estómago se debilitó haciéndola oscilar alrededor de su cuerpo. Sintió como una mano se posó en su cintura apretándola firme a su cuerpo para que no se callera, dándole la estabilidad necesaria para poder caminar y salir del lugar sin ninguna caída. Chad les abrió la puerta a ambas mujeres, Grace se ubicó en los asientos traseros y Ava, teniendo la ventaja de que el auto fuera de su propiedad, se sentó en el copiloto y Chad, aun teniendo una gran cantidad de alcohol en sus venas, manejó hasta la casa de Grace. Al llegar, Grace sacó unas llaves de su casa y se despidió de cada uno con un tierno beso. Se bajó rápidamente del azulado auto de su amiga y se perdió en el antejardín de su casa. Chad aceleró y manejó rápidamente hacia su destino. La casa de los Parker. Estacionó el auto de Ava en su lugar y apagó el motor. Observó el lugar, el auto de James, Sam y los padres de Ava, no se encontraban, dejando como respuesta que todos habían decidido salir. Abrió su puerta y rodeo el auto para llegar a la puerta del copiloto. Al abrirla tomó a Ava en sus brazos con dificultad, no por el hecho que fuera gorda, al contrario, Ava era bastante delgada, sino que por el hecho de que el alcohol corría por sus venas, y con oscilaciones en su cuerpo la llevó a su alcoba.
- Bienvenida a casa Ava – la recostó en su cama - ¿Tus hermanos y padres salieron? – se sentó a su lado observando como Ava se refregaba sus ojos por la fuerte luz que entraba por sus ojos
- Al parecer sí – sonrió – Tu deberías saber dónde están… yo salí antes que tú.
- Después de que te fuiste, fui a visitar a un amigo.
-¿No estabas espiándome? – pregunto curiosa.
- ¡Por dios Ava! Ya te he explicado que te he dejado de espiar desde hace dos años – se frustró, le dolía escuchar que su amiga creyera que aun la espiaba.
-¿Entonces como me encontraste ahí? ¿Coincidencia? –Rió – por favor Chad… No creo que haya sido una coincidencia.
-Tendrás que empezar a hacerte la idea de que si lo fue – se levantó de la cama mareado y comenzó a pasearse de un lado a otro tratando que el alcohol calmara sus revoluciones – Tom me ofreció ir a la discoteca de su padre y yo solo asentí.
-¿Quién es Tom?
- Un amigo de mi universidad – la miró – El amigo que visite después de que te marchaste.
-Ava se levantó de su cama mareada, haciéndola tambalear de un lado a otro, sintiendo como el alcohol ardía por sus venas – No te creo nada Chad – y se dirigió a su armario en búsqueda de su pijama.
- Chad enojado se acercó a ella y la acorraló en una de sus cálidas paredes, colocó sus manos contra la pared sobre los hombros de Ava, dejándole ninguna salida - ¿Por qué no me crees?
- Deje de creerte cuando me traicionaste Chad – Sus nervios comenzaron a crecer adentro de su cuerpo, sentía la respiración de Chad en sus ojos. Sus piernas estaban temblorosas debido al acercamiento de Chad y su corazón, estaba más callado que nunca.
-¿Nunca me perdonaras verdad?
- Aun no Chad… Yo – No pudo articular ninguna palabra más porque los labios de Chad se habían posado en los suyos. Sus labios eran dulces, mas deliciosos que el sabor de uno de sus manjares favoritos, mas delicioso que cualquier otra cosa haciéndolos adictivo. Su lengua se entrometió adentro de su boca, dándole la misma respuesta. Ambos labios se movían al compás del baile de sus lenguas y las manos del joven fueron a parar en su cintura. Ava situó sus manos en sus cabellos, desordenándolos más de lo debido. Ava gimió al darse cuenta que Chad intensificaba el beso y mordía la parte inferior de sus labios. Chad se separó y la miró. Sus labios ardían al igual que sus mejillas y sus ojos brillaban más que luna.
- Lo siento Ava… - Ava tomó su rostro y lo besó. No dejo que digiera nada más. El beso anterior había sido magnifico y esperaba más que el anterior. Ambos gemían al sentir que cada uno intentaba intensificar el beso, haciéndoles sentir millones de sensaciones que alborotaban sus hormonas. Chad la abrazó colocando sus manos en su espalda y la aferró a él con brusquedad, quería que no se escapara, quería que lo besara por toda un eternidad. Sus labios eran como caramelos, dulces y adictivos, la forma en cómo se movían lo excitaban y al sentir como su lengua se introducía en su garganta hacía aferrarla más a su cuerpo. Chad sin razonar sus actos, la lanzó en su cama, quitándole con suavidad el rojo abrigo y polera que llevaba puesta, dejándola solamente con su negro sostén. Tomó sus piernas y quitó delicadamente las botas de cuero que traía puesta y subió sus manos para quitar de la misma manera su apretado pantalón. Se acercó colocando sus manos entre su delgado torso y fundió sus labios en los de la joven. Ava desabrochó cuidadosamente cada botón de su blusa deslizándolo por los hombros de Chad, quedando atrapada en sus codos. Chad rápidamente quitó su camisa y en cosa de segundos se quitó su pantalón en donde fue a parar a metros de distancia. Él atacó su cuello con suavidad, besando cada centímetro de su cuello y Ava, solo descubría su espalda arañándolo. Rompió su sostén haciéndolo caer bajo su cama y contempló sus pequeños senos. Nunca pensó que tendría a Ava semidesnuda frente a sus ojos, y la visual, para él, era magnifica, tomó uno de sus senos entre sus manos y lo acarició haciendo exactamente lo mismo con el siguiente. Ava se sobre exalto al sentir como Chad, con furia, rompía su sostén haciéndolo parar en algún rincón de su alcoba, Chad comenzó a mirarla mientras que ella observaba su perfecto torso, en donde sus abdominales estaban marcados detalladamente y sus oblicuos sobresalían de su piel, unas cuantas caricias aparecieron sobre sus delicados senos haciéndola gemir con cada caricia del joven. Chad comenzó a besar su mentón, bajando hacia sus senos, su plano estomago hasta llegar al final de él en donde rompió sus bragas de la misma manera que lo hizo con su sostén. Se quitó desesperado su calzoncillo y abrió las piernas de la joven para acomodarse entre ellas para poder penetrarla sin dificultad alguna. Se acercó posando su mentón arriba de su hombro suspirando en su oreja con cada movimiento que lleva al cabo. Ava se sentía como Chad se movía dentro de ella, con delicadeza y pasión. Sus músculos se tensaron y enrolló sus piernas alrededor de su cintura, podía escuchar la rápida y entrecortada respiración de Chad en su oído, mientras mordía el lóbulo de su oreja. Los movimientos fueron lentos y suaves durante varios minutos hasta que Chad decidió intensificarlos haciéndola gemir con cada movimiento acelerado que el joven producía.
- Te amo Ava… - dijo susurrando Chad en el oído de Ava. Colocó sus manos en los cabellos del joven en cuanto los vaivenes fueron más rápido hasta llegar al orgasmo, en donde las respiraciones recortadas y gemidos se convirtieron en un profundo suspiro de cansancio.
Ava, se despertó atormentada al verse desnuda alrededor de sus sabanas, se levantó y examinó el lugar, su ropa estaba repartida por toda su alcoba, y su ropa interior estaba destrozada. Se levantó apurada recogiendo todas sus prendas en buen estado dejándola encima de su cama y las que no tenían solución fueron a parar a la basura. Se colocó su pijama de ardillas, ya que en cualquier momento llegaría James con su desayuno. Deslizó la ventana de su balcón y se sentó en uno de sus sillones. El día estaba gris y amenazaba con llover. Las hojas volaban con el viento, perfecta imagen para una pintura, los colores rojos y amarillos de las hojas se combinan con el gris oscuro del cielo, formando una imagen nunca antes vista. Los arboles cesaban al ritmo del viento, haciendo crujir y elevar unas cuantas hojas color marrón que se encontraban en el suelo de su jardín. La brisa de la mañana corrió por su cara haciendo mover de un lado a otro sus cabellos castaños. La brisa tocaba su piel, recordando cada instante que vivió con Chad la noche pasada. Había perdido su virginidad con la persona que odiaba y se había prometido que jamás se acostaría con tal persona, pero lo había hecho y no se arrepentía, había disfrutado cada momento de lo vivido e incluso pensaba, si Chad entrase por su puerta, sin dudarlo se tiraría nuevamente a sus brazos con la sola intensión de tener sexo. Pero recordó las palabras de Chad "Te amo Ava..." ¿Lo habría dicho con el significado de la palabra o fue solamente por follarla? No entendía, pero ella si razonaba que no lo amaba , no sentía nada por él, solo era Chad , pero lo que si tenía claro, era que la excitaba de la peor manera, y lo veía solo como un amigo para el sexo.
- Buenos días Ava – apareció James sentándose a su lado – Te traje el desayuno – depositó en su mesa, una bandeja con dos tazas de café, dos pasteles de frambuesa y sin olvidar, la pastilla para la jaqueca.
- Gracias James – tomó el platillo con el pastel y con un tenedor, partió un pedazo y lo introdujo en su boca. Luego de saborearlo continúo – Esta delicioso.
- Lo compré esta mañana especialmente para ti – tomó su tazón de café y tragó unos cuantos sorbos - ¿Dónde fuiste anoche Ava?
- Salí con Grace – dijo cortante echándose otro bocado de pastel de frambuesa a la boca.
- ¿A dónde?
- A una discoteca.
-¿Cuál discoteca? – preguntó con un pedazo de pastel dentro de su boca.
- Dan's – dejó el platillo vacío sobre la bandeja y comenzó a beber unos sorbos de su café tomándose su pastilla para la jaqueca.
-¿Dan's? – Preguntó - ¿Qué hacías ahí? ¡Es para mayor de 21 años!
- Lo sé- lo miró – Grace se consiguió unas identificaciones falsas y…
-¡Por dios Ava! ¿Cuándo madurarás?
- Yo hago con mi vida lo que se me dé la gana – tomó un sorbo de café enojada - No tengo porque darte explicaciones James – lo miró – Ya tengo 20 años – tomó su último sorbo y dejó el tazón encima de la bandeja – y tú… ¿Dónde fuiste anoche?
- Salí Chloe a un Restaurant.
-¿Con Chloe? – Lo miró enfurecida -¡Chloe es una estúpida!
- Ava, nuestra relación va enserio – su mundo se vino abajo, no quería que nadie estuviera con su hermano y menos con Chloe, que trataba a Ava de la misma manera que lo hacía Lily.
-¡Ella es una perra James! – Bufó – ¡ha tenido sexo con todos los chicos de mi universidad!
-BASTA AVA- gritó, le dolía que su hermana no la entendiera y menos cuando se trataba de algo que a James, le importaba demasiado – NO VOY A PERMITIR QUE HABLES ASI DE CHLOE.
- ¡Es una suelta James! – se levantó desesperada, no quería que su hermano preferido se vinculará con tal porquería y terminaría haciéndole daño - ¡Te lo estoy diciendo porque yo la he visto con mis propios ojos!
- ¿Y qué pasa con Brad Woods? – le preguntó – Chloe me contó lo que sucedió la noche antepasada- Ava se tensó por completa, sus ojos estaban blancos, sus manos temblaban y su piel estaba fría como un tempano – No tienes ningún derecho de llamarla perra cuando Brad Woods tenía sus manos en tu trasero – sus ojos se aguaron, no podía creer que su propio hermano, la estuviera llamando una perra. Sus lágrimas comenzaron a salir luego de sentir como su corazón se salió de su lugar y ya no bombeaba la cantidad de sangre necesaria. Su pecho dolía, un dolor indescriptible se habitó en su pecho dispersándose en sus pulmones provocándole una respiración nula, en donde la cantidad de aire necesaria, se atascaba en su garganta. Tragó las palabras de su hermano con dolor y las sintió caer en su corazón como una piedra cae bruscamente en el mar.
-James… - pronunció, aferró sus brazos alrededor de su estómago, apretando el dolor que sentía – Lárgate…
- Ava… yo no quise… - Ava dio la media vuelta y coloco sus codos en su balcón, perdiéndose en la vista de su jardín con sus ojos nublados – Lo siento Ava…
-Ándate James… Esta perra quiere estar sola – Le dolió en alma las palabras que le decía Ava, se sentía un idiota, había dañado a Ava y la había llamado de la peor manera – Corre atrás de Chloe… Te estaré esperando cuando me digas "¿Por qué no te escuche?".
-Ava… no me haga esto.
-LARGATE JAMES –gritó, haciendo que James, sin ninguna alternativa, abandonara su alcoba.
Varias horas estuvo perdiéndose en el horizonte desde que su hermano había abandonado su alcoba. Chloe había logrado lo que siempre quiso y además, lo había puesto en su contra. Su hermano que tanto amaba la había llamado una perra, suelta o zorra, haciéndola sentir como tal. Sus lágrimas salían de sus ojos como cascada y golpeaban la baranda de su balcón. Sus ojos estaban hinchados y sus mejillas estaban húmedas, varias lágrimas habían salido desde sus castaños ojos del dolor, angustia y soledad. Sollozos tras sollozo era lo único que podía emitir desde su boca y su respiración se perdía al igual que su ritmo cardiaco. Se acordó de toda la conversación que había tenido con su hermano y del placentero momento que vivió con Chad. Limpiándose sus lágrimas entró a su habitación. Se visitó rápidamente y cogió una maleta, en donde guardó una gran cantidad de ropa y sus cosméticos. Al terminar escribió una carta. Se sentó en su cama y pensó nuevamente si lo que estaba haciendo era lo correcto. No buscaría a Chad, dejaría todo lo vivido en el olvido, como si nunca hubiese ocurrido. No iba seguir lastimándose por algo que no tenía importancia y sobretodo que al despertarse Chad, no estaba a su lado y no había dado explicaciones del porqué de su huida. Sin darle más cartas al asunto tomó su maleta y sus llaves, y sin mirar atrás cerró su puerta. Pegó en ella su carta en donde decía el porqué de su repentina partida. En pocos minutos, sus maletas estaban en su auto y ella se marcharía hasta un próximo aviso. Giró las llaves y con su pie en el acelerador, abandono su casa sin la necesidad de mirar atrás.
James, luego de retirarse de la habitación de su hermana, se encerró en su cuarto. Su llanto era como de un bebé, le dolía pensar que su hermana, estaba destrozada y aún más le dolía saber que fue causado por el mismo. Varios minutos estuvo llorando sobre su acolchada almohada pensando porque lo había hecho, Chloe no era más importante que su hermana y aun así la había defendido hiriendo los sentimientos de su pequeña ardillita. Sus lágrimas corrían por sus narices y se deslizaban por su mejilla hasta mojar su cobertor. Miró un portarretrato que estaba en su velador, era su foto preferida, en donde Ava, estaba vestida como ardilla y él la abraza elevándola en los aires en su acogedor jardín. Tomó la foto y la examinó por varios minutos, analizando que su hermana, en aquella foto, aún era una pequeña, con tan solo seis años de edad y el con tan solo once años, hacían maravillas para divertirse. Se veía feliz, su pecoso rostro mostraba una sonrisa iluminadora y su alocado cabello marrón estaba desordenado debido al viento.
El día estaba caluroso para ser otoño, y Ava, no se le ocurrió nada que hacer una sesión de fotografías con disfraces. Hace varios días que Sam le había regalo un cómico disfraz de ardilla a Ava, haciéndose sentir identifica, debido al apodo que le decía James a ella, su ardillita. Ava, saltando de felicidad, al ver que sus hermanos gemelos asistieron con su idea de las fotografías, corrió a su alcoba en busca de su disfraz. Al cabo de unos minutos, todo estaba preparado, Sam había bajado su cámara fotográfica, James había adornado un poco el jardín y Ava, con su carismático disfraz, arreglaba sus flores que tanto apreciaba.
- ¿Lista Ava? – preguntó Sam con su cámara en mano, preparado para apretar el botón y que el flash hiciera su trabajo.
- Unos segundos… solo debo colocar estas flores en su lugar – Ava acomodaba cada una de sus flores en distintas posiciones, los pétalos estaban desparramados por todo el lugar y con unas cuantas hojas de colores rojos y naranjos estaban en el contraste de la imagen – Listo.
- ¿James, terminaste de arreglar los adornos?
- Claro – contestó - ¡Ven aquí Ava! – Ava se acercó a su hermano dándole un fuerte abrazo – Párate ahí y sonríe de la mejor manera – Ava corrió hacia los árboles y con unas cuantos brincos llego sin dificultad.
- James se paró al lado de su hermano mirando el espectáculo que había tenia, se veía tierna y apretujable, se moría por abrazarla y por hacerle unos cuantos mimos – Sonríe Ava – con sus pequeñas manos posadas en su cintura, sonrió. El sonido del flash fue el aviso que la foto había sido tomada.
Más de treinta fotos habían sido tomadas, con diferentes poses que Ava hacía. Unas cuantas fotos saltando en las hojas habían sido tomadas, corriendo por el terreno, lanzándose a las montañas de hojas, persiguiendo una ardilla y queriendo atrapar un pájaro habían sido captadas por la cámara. Sam ya estaba agotado de apretar el botón y James se cansaba de tener una hermosa sonrisa que estaba en su rostro al ver como su hermanita reía de felicidad.
- James quiero una foto contigo – dijo Ava mientras corría hacia James.
- Está bien – tomó a Ava en sus brazos y se dirigió a donde se encontraba el hermoso jardín que había creado Ava hace unos meses atrás - ¿Cómo quieres salir en la foto?
- ¡Volando, James! – Rió- Quiero volar.
- ¿Preparado Sam? – Sam asintió guiñándole su ojo derecho. Miro a Ava, que con dulzura, le sonreía - ¿Preparada para volar? – Ava, con dulzura, asintió.
- James, dejó a Ava en suelo, en donde su espalda, se encontraba con su pecho. Sitúo sus manos debajo de sus axilas y la levantó hasta la altura de su pecho - Uno…dos…y…tres ¡Ahora! – Lanzó a Ava a los aires y la radiante luz del flash, captó la imagen antes de que Ava, cayera en los brazos de su querido hermano.
- Sam… ¿Me viste?- corrió donde su hermano y lo abrazo - ¿Me viste volar?
- Claro que si Ava – le sonrió – Volaste más alto que un pájaro.
- Te quiero James – se lanzó a su brazos cuando James se aproximaba a ella – Eres el mejor.
- Yo también te quiero Ava, nunca lo olvides – tomó a su pequeña ardilla en brazos, y los tres, cansados, se entraron a su casa, dejando el mejor día de la vida de Ava, en el recuerdo.
Luego de soltar unas cuantas lágrimas más, al recordar uno de sus mejores días de su vida, se durmió. Soñando que su adora Ava, entrara por su pieza y se acurrucara entre sus brazos como en los viejos tiempos.
