NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HSTORIAS.

La mera verdad, no pensé tener comentarios en el primer capítulo ¡Eso me alegra mucho! Bendito es el señor y en clases no me han encargado mucha tarea, pero si de repente me desaparezco por días, ya sabe la razón. Actualizaré casi todos los fics, porque probablemnte no pueda hacerlo en mucho.


Capitulo 2.

Aún cuando habían pasado cinco años después del Caos Espiritual, solamente Katara, Zuko, Sokka y Toph lo recordaban. No había nadie en el mundo que tuviera memorias acerca de esos días en que vivieron el completo desequilibrio universal. Obviamente, Aang estaba enterado de aquellos hechos y Azula, loca y sin poderes, tenía frecuentes recuerdos de esos momentos, pero cuando los mencionaba más loca la creían en el manicomio.

Katara estaba sentada en la sala de su casa. Ella y Aang se casaron poco después del Caos y, tras su boda, viajaron como una pareja casada por el deber de Avatar que siempre llamaba a Aang. Cuando Katara quedó embarazada, decidieron instalarse ya definitivamente en una confortable casa no muy grande, ni muy pequeña, en el Reino Tierra; la casa estaba bastante cerca de la Cadena Montañosa en cuya cima se encontraba el Templo Aire del Sur.

La casa estaba también cerca de un pueblo pequeño pero bastante generoso que era el único que trataba al Avatar con respeto pero simpatía; Aang se sentía bastante bien con esa gente que no hacia muy marcada la diferencia entre él y las demás personas, parecían comprender el deseo de Aang de ser una persona normal y trataban al Avatar y a su familia como iguales; eso alegraba también a Katara, porque le daba a Usagui un ambiente más humilde.

La casa de dos pisos estaba cerca de la costa con una pequeña playa frente a ella, en donde Katara solía practicar algunos movimientos de Agua-Control. A veces, Aang se le unía. La pareja pasaba sus días cotidianos cuidando de su hija, velando por la paz del pueblo y conviviendo amorosamente. Eran muy felices.

Claro que se mantenían en contacto con sus amigos, a veces les hacían visitas, se reunían o simplemente se mandaban cartas entre ellos; esto último era lo más frecuente. Sabían que Toph finalmente se reconcilió con sus padres y vivía ya con ellos, eso no le arrebataba su espíritu libertino y con frecuencia emprendía largos viajes, sola por el Reino Tierra buscando peleas y dignos adversarios; ahora sus padres le daban completa libertad para hacerlo y financiaban torneos únicamente para su hija.

Sokka se había instalado con Suki en el Polo Sur, donde vivía una plácida vida junto con Hakoda y Gran-Gran; los dos tenían un par de gemelas muy monas, dos años mayores que Usagui, llamadas Mei y Mai. Katara quería mucho a sus dos sobrinitas y visitaban continuamente el Polo Sur para verlas a ellas y a Hakoda.

Zuko se había convertido en un Señor de Fuego bastante respetado que tenía ya un hijo pocos meses menor que Usagui: Tok, cuya madre obviamente y para sorpresa de todos era Mai (quien se mostró bastante sorprendida y feliz cuando supo que Sokka y Suki nombraron a su hija como ella, según Sokka, por la ayuda que les prestó cuando escaparon de la Roca Hirviente) Mai llevaba también tres meses de embarazo y ambos reyes estaban muy emocionados por la noticia de tener un hijo más.

Habían tenido tiempos de mucha paz y prosperidad. Pero siempre hay más responsabilidades de las que a una persona les gusta llevar. Por ello, estaban esperando a Sokka, quien llegaría en un barco de la Tribu Agua.

En Omashu salieron algunos pequeños problemas; Bumi era un gran rey, pero la diplomacia no era precisamente lo suyo y aunque el conflicto era menor, Aang prefería ir para ayudar a su amigo; no quería que ningún problema se hiciera lo suficientemente grande como para que se le escapara de las manos.

Además, estaba otro pequeñito problema: Gran-Gran abuela había hecho un viaje hacia el Polo Norte, acompañado de Pakku, ahora su esposo. Pero cuando llegaron cayó muy enferma y hasta decían que podía morir. Hakoda ya había partido para el Polo Norte, pero Sokka no.

Debido a todas las cartas que siempre se mandaban, acordaron un pequeño pero buen plan: Sokka pasaría con su barco por el pueblo donde Aang y cía vivían, para llevar a Katara al Polo Norte, mientras Aang iba hacia Omashu llevándose a Usagui. Era preferible que la niña acompañara a su adorado padre cuando éste fuera a su trabajo, que viera con su madre lo que posiblemente se convertiría en un funeral (que si bien no era bueno ser pesimistas, tampoco se debía arriesgar esa suerte la inocencia de la niña)

Ese mismo día partirían y Katara estaba sentada aún en la sala esperando la llegada de su hermano.

-¡No me atapas!—gritó Usagui.

-¡Que si!—contestó Aang.

Katara sonrió cuando vio a su esposo correr bastante lento hacia su hija, claramente dejándola ganar. Aang siempre jugaba mucho con Usagui y esos juegos divertían a Katara.

-¡Usagui, no te manches la ropa, el traje es nuevo!—le dijo a su hija cuando la vio caerse en el suelo.

-No mami—contestó la niña nada más por contestar, pues ni sabía lo que su madre acababa de decirle.

-Aang, dile algo.

-Vamos Usagui, juguemos algo que no manche tu vestido—le dijo entonces.

-Pero ¿A qué?—contestó la niña.

-No lo sé…

Katara miró por la ventana y sonrió.

-¡Llegó al fin Sokka!—dijo—Anden, vamos al puerto.

Usagui respingó y Aang fue por las maletas de Katara, cargándolas hacia el puerto. Appa, que llevaba ya sobre la silla de montar todas las maletas de Aang y Usagui, los siguió ante la orden de su amo. Momo volaba también hasta caer en el hombro de Usagui: la niña adoraba a la mascota de su padre y a veces decía que el lémur era más de ella que de Aang.

En el puerto estaba ya anclado el barco de Sokka, quien los esperaba al lado.

-Tardaste mucho—le riñó Katara.

-Culpa a la marea, no a mí.

-Me alegra verte.

-Y a mí.

Los dos se dieron un corto abrazo antes de separarse.

-¿Lista ya para irnos?—inquirió.

-Si—dijo Katara con un dejo de tristeza.

-¡Tío Sokka!—gritó Usagui, corriendo hacia él.

-¡M conejita favorita!—contestó Sokka mientras cargaba a su sobrina, dándole vueltas.

-No me digas conejita, tío. No me guta—contestó la niña.

-Dile eso a tus padres, ¡Ellos te pusieron el nombre!

La niña le sacó la lengua y Sokka la bajó al suelo. Vio a Aang caminando detrás de ella con todas las maletas de Katara. Sokka inmediatamente perdió su energía.

-¿Tanto vas a llevar, Katara?

-Es solo lo necesario.

-¡Puf! Mujeres.

Aang rodeó los ojos y subió al barco, dejando las maletas en la proa.

-¿Y Tía Suki? ¿Y mis primas Mai y Mei?—preguntó Usagui.

-En casa, pequeña—contestó Sokka—se quedaron en el Polo Sur.

-¡Pero yo quedía verlos!

-A la próxima, linda.

La niña hizo un mohín y le dio la mano a su padre.

-Nos vemos en unas semanas.

Dijo Katara mientras besaba a su hija y la abrazaba. Le dio a Aang un corto beso en los labios a modo de despedida.

-Cuídense mucho—dijo el Avatar.

-Tú también.

Katara subió al barco de Sokka que de inmediato levantó anclas. La morena vio a Appa emprender su vuelo hacia la ciudad de Omashu, con Aang y Usagui sobre sus espaldas.

-Los voy a extrañar mucho…

-Solo son unos días—replicó Sokka.

-Aún así, los extrañaré.

El barco comenzó a navegar, rumbo al Polo Norte.


Se que algunas cosas que Usagui menciona no estan bien escritas, es porque la niña es pequeña y su dicción aún no es buena.

¡Ah! y Usagui en japonés significa "conejo" (por lo que dice Sokka)

chao!