NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, ÚNICAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS QUE MI IMAGINACIÓN TANTO SE ESMERO EN ELABORAR.
¡Gracias!
Por todos los comentarios que me han dejado. Lamento decir que es lo único que podré actualizar hoy. Dígamos que aún tengo algunos problemitas por ahí, probablemente actualice la próxima semana, pero no puedo asegurarlo. Si actualizo la próxima semana prometo que será "Avatar, la leyenda de Aang, Libro IV Aire" sé que estoy atrasada con el fic. Lo lamento ¡No es mi intención!
El capítulo no es precisamente largo. Si tuviera MI compu-no la del cyber-hubiera actualizado todas las historias. Pero lamentablemente, no tengo acceso a mi computadora T-T
Sin más que decir, disfruten el cap. ¡Mucho trabajo me costó subirlo!
Capitulo 4.
A raíz del contacto con tanta energía electromagnética, y entrar al espacio de la energía cuántica, Sokka y Katara quedaron completamente desmayados. Cuando sus cuerpos se reestablecieron de la interacción de tales energías, despertaron.
Pero todo era muy diferente.
Katara fue la primera en reaccionar. Su cuerpo entero dolía tras ser recorrido por una descarga tan fuerte de energía; sentir sus músculos contraerse una y otra vez le hizo soltar un gemido. Pero cuando comenzó a moverse, la energía extra en su cuerpo pudo salir y el dolor con ella. Se paró lentamente y parpadeó confundida cuando e percató en dónde estaba.
-¡Sokka!—lo llamó, mientras se inclinaba para moverlo con mucha fuerza.
El chico abrió los ojos y miró a su hermana, antes de sentir ese horrible calambre recorrer su cuerpo entero. Gimió mucho más fuerte que Katara antes de intentar moverse. Cuando el dolor se fue, se inclinó para intentar pararse.
-¿Qué pasa?—inquirió.
Cerró los ojos intentando relajarse.
-¿Qué crees tú?—contestó Katara.
Repentinamente todo a su alrededor se enfrío. Sintió un gélido viento golpear su rostro, un viento muy familiar. Abrió los ojos y se paró de golpe, quedando más impresionado que Katara.
Estaban en el Polo Sur.
-Pero… ¿Cómo llegamos aquí?
-No lo sé.
-Busquemos a Bato, o a Suki ¡Debemos irnos pronto al Polo Norte!
-Tienes razón.
Los dos comenzaron a caminar, llevaban ropas ligeras y tenían mucho frío. Pero encontraron pronto un sendero en la nieve, que seguramente llevaría la tribu. En su emoción, no pensaron más. Siguieron el sendero pero cuando llegaron, quedaron impactados.
¿Aquello era el Polo Sur? ¡No se parecía en nada al lugar donde crecieron! Un enorme Palacio similar al del Polo Norte, pero más alto, se alzaba en el centro de la Ciudad. Las calles eran ríos y las diferentes casas hechas de hielo tenían diferentes formas, resplandecientes todas ante la luz del sol. Aquello era muy parecido al Polo Norte, pero sin fortalezas y con un toque arquitectónica muy diferente, más sin embargo, parecido.
Se adentraron a las banquetas de la ciudad y comenzaron a caminar ¡Había demasiada gente ahí! A la primera persona que vieron, pararon.
-Disculpe señor…-habló Katara.
-Cho—dijo el hombre con una amable sonrisa—Mi nombre es Cho ¿Qué desean, jóvenes?
-¿Dónde estamos?—inquirió Sokka.
El hombre vio las ropas verdes de ambos y pensó que eran provenientes del Reino Tierra. Ante esta conclusión, sonrió de forma aún más amistosa.
-Están en la Tribu Agua del Polo Sur, claro. Han de tener frío, sus ropas son muy delgadas. Síganme, los llevaré a una posada donde podrán calentarse y comprar buenos abrigos de lanza o piel de pingüino.
El hombre hizo un ademán a la canoa que estaba cruzando la calle-río y ésta se detuvo.
-Suban—dijo el conductor.
Cho se subió a la canoa e hizo ademán a Katara y Sokka de que subieron. Sin vacilar, Katara subió.
-¿Qué haces?—le susurró Sokka.
-¡Tú ven!—le contestó.
Ambos hermanos sonrieron a Cho mientras subían en la canoa y tomaban asiento. La canoa se movió por el Agua-Control del conductor.
-¿A dónde los llevo?—inquirió el hombre.
-A la Posada del Reino Tierra—contestó Cho.
-Muy bien.
-¿Posada del Reino Tierra?—preguntó Katara.
-Aquí en el Polo Sur existen cuatro enormes posadas, todas rodeando el Palacio Real. Cada posada es para miembros de las otras naciones que llegan aquí de visita. A quienes les guste la idea de vivir aquí, la Posada facilita la obtención de alguna vivienda.
-Usted nos lleva a la Posada del Reino Tierra—dijo Sokka en forma inquisitiva.
-Pude darme cuenta de su origen por sus vestuarios. Díganme ¿De qué parte son?
Katara apenas iba a decir que ellos eran del Polo Sur, cuando Sokka golpeó suavemente su costado con el codo y habló.
-De Ba Sing Se, hemos venido para conocer.
-Les encantará el Polo Sur.
-Solo tengo una pregunta que hacerle—dijo Sokka—¿En qué año estamos?
Cho parpadeó confuso.
-Bueno, hace mucho que no veo un calendario.
-Estamos en el año 1890, en el segundo equinoccio. Vamos para el solsticio de invierno.
-¿Año 1890?
-Así es. El tercer ciclo del año. En términos estacionales, estamos en el segundo ciclo del 456 equinoccio de otoño.
Año 1890… ¡Por todos los espíritus! Ellos vivían en el año 1990. Ambos hermanos se miraron, recobrando la compostura por el hombre parado frente a ellos.
-¡Miren! Hemos llegado—el hombre señaló un enorme edificio de hielo.
La canoa se detuvo y orilló para que pudieran bajar. Cho bajó y ayudó a Sokka y Katara a que bajaran.
-Espero que les guste la posada. Me quedaría, pero tengo un compromiso. Nos veremos pronto, adiós—entonces, subió a la canoa y se fue rumbo al Palacio.
-Era muy amable—comentó Katara.
-Entremos antes de que me congele.
Entraron a la posada donde volvieron a decir que eran de Ba Sing Se, dieron una pequeña descripción de la ciudad—¡Como se alegraron de conocerla en verdad!—y los llevaron a una confortable habitación para dos, con las dos camas separadas.
-Les daríamos una para cada quien—dijo la encargada—pero me temo que no tengo más recámaras. Espero se encuentren cómodos.
-No se angustie—dijo Katara—gracias por hospedarnos
-Es un placer. La cafetería esta abajo y pueden pasar a comer cuando gusten. Ah, y si quieren un guía turístico están todos en el living. Siéntanse como en su casa.
-Gracias.
La encargada se fue y Sokka y Katara se sentaron en las camas uno frente al otro. El pánico estaba escrito en sus ojos y los dos, al mismo tiempo, emitieron un agudo grito de terror.
-¡Hay que calmarnos!—gritó Katara.
-Si, debemos pensar bien…
Pero Sokka gritó aún más fuerte, agarrando a Katara por los hombros y agitándola con fuerza.
-¡ESTAMOS CIEN AÑOS EN EL PASADO Y CONDENADOS A VIVIR PARA SIEMPRE AQUÍ!
-¡Sokka ya tranquilo!
Reaccionó finalmente el chico tras el grito de su hermana.
-Bien, si entendí bien ¿Estamos cien años en el pasado?
-Parece que sí—contestó Katara.
-Pero ¿Cómo?
-¿Acaso crees que yo sé más? ¡¿Cómo volveremos al futuro? Y gran-gran, y Aang y Usagui… ¡Oh dios!
-Primero hay que tranquilizarnos ¿Hay alguien que conozcamos cien años en el pasado?
Los dos se miraron.
-¡AANG!—gritaron al mismo tiempo.
-Ese calvo ya debe haber nacido.
-¿Supones que hagamos una visita al Templo Aire del Sur?
-¿Porqué no? No hay guerra alguna, viajar es completamente permitido.
-Creo que tienes razón.
-Partimos mañana
-¿Mañana?
-¡Quiero probar comida de la cafetería!
Y salió de la habitación bajando las escaleras.
Katara aún no estaba convencida de que ir al Templo Aire del Polo Sur fuera una idea muy buena. Pero si alguien vivía para ayudarles, ése era Aang. Ni su padre, ni Toph, ni Zuko ¡Ni gran-gran había nacido! Nadie, más que Aang, vivió cien años en el pasado.
Estando ya sola en su cuarto, Katara pudo despejar su mente y la verdad la abrumó. Su mano inmediatamente fue hacia su cuello, donde debería estar el collar de su madre, pero no estaba. Desesperada, buscó algún lugar donde se le pudo haber caído, bajo la cama, el pasillo de la posada ¡Todos lados! Pero no lo encontró.
Inconscientemente agarró su relicario y lo abrió, ahí estaba el retrato de su esposo y el de su hija. ¿No volvería a verlos? ¿Nunca más? Sintió un sollozo atorarse en la garganta y lágrimas reprimidas que no dejó salir. No era tiempo de llorar, si no de actuar. El talismán también seguía colgando de su cuello; al menos eso ya era algo.
Sokka estaba comiendo como poseído, no porque tuviera hambre, si no porque la comida, extrañamente, le confortaba. La sola idea de no volver a ver a Suki o a sus dos hijas le rompía el corazón en miles de partes. ¡Quería volver con su familia! A su tiempo. Quería regresar.
En silencio se hizo la promesa de que, costara lo que costara, volvería a su tiempo.
Eso es todo. Me encantaría también aquí dejar adelantos, pero lamentablemente, me es por el momento imposible.
¡Los comentarios siempre me animan!^^
Chao!
