NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.
Sigo completamente impresionada. No me esperaba tantos comentarios y hits de esta historia ¡Cómo da sorpresas la vida!
Este fic será más largo que "¡Ayuda! Un Caos Espiritual" pero espero que leerlo valga la pena. A mí sinceramente me está divirtiendo bastante el escribirlo.
Capitulo 5.
Al día siguiente Katara y Sokka se levantaron muy temprano. El día anterior habían comprado con el poco dinero que llevaban en sus ropas unos buenos abrigos, algo de comida y una bolsa para meterlo todo. Bajaron entonces las escaleras de la posada para ir al living y fueron hacia la encargada.
-¡No me digan que ya se van!—dijo ella.
-Si, nos llegaron malas noticias. Nuestro padre ha enfermado y queremos ir para ver cómo se encuentra—mintió Katara, Sokka se sorprendió por la buena excusa que su hermana encontró.
-Oh, que mal. Dígale a vuestro padre que le mando mis más sinceros deseos para que mejore. Espero verlos pronto de nuevo en el Polo Sur—les sonrió la mujer.
-Creo que si, es muy lindo—agregó Katara—Pero ¿Cómo podemos salir de aquí?
-Solamente pídanle a una canoa que los lleve al puerto. De ahí podrán embarcarse a donde deseen.
-Gracias.
-Les deseo un buen viaje.
-Nos vemos.
Ambos salieron y detuvieron la canoa, misma que los llevó hacia el puerto en pocos minutos. Ambos vieron impactados la enorme cantidad de barcos anclados de diferentes naciones, con personas bajando y otras subiendo; miles de mercancías estaban siendo importadas y exportadas. Nunca habían visto ellos tanto comercio en el Polo Sur.
-¿Puedes creer que así eran antes las cosas?—preguntó Katara.
-La guerra destruyó más de lo que alguna vez pensamos—contestó Sokka.
Y Katara estuvo completamente de acuerdo con su hermano.
Había tanta vida recorriendo esas calles; tanta alegría en las pacíficas personas que vivían día y noche sin saber que pronto la guerra vendría.
-¿Crees que deberíamos decirles de la guerra?
-No—dijo Sokka con firmeza—No aún. Primero debemos hablar con Aang.
Katara asintió. Vieron que el puerto estaba dividido en cuatro partes, cada una correspondía a una de las cuatro naciones. La parte correspondiente a los Nómadas del Aire era la más grande. Vieron a muchos pequeños niños y niñas corriendo, bajando de sus bisontes voladores o planeadores. Encontraron solamente dos barcos y uno de ellos, para su surte, iba al Templo Aire del Sur.
El capitán aceptó llevarlos, sin cobro alguno, eso dejó a Katara y Sokka extrañados.
Claro que nuestros héroes estaban consternados por la gran amabilidad de las personas. Katara y Sokka crecieron en un mundo hostil y egoísta donde confiar era tan peligroso como lo era ir al campo de batalla. Los cien años de guerra dejaron al mundo bastante herido; ellos crecieron en el mundo herido y trataban de curar a personas llenas de rencor y dolor. No tenían idea de cómo era el mundo anterior a la guerra y vivirlo era más extraño de lo que pudieron imaginar.
Esas personas no conocían dolor, rabia, coraje, hambre, guerra, separación. Para ellos solo había amor y paz, la que el Avatar Roku mantuvo en vida y que mantendría el próximo Avatar, aún no encontrado. Era gente que gustaba de ayudar a otras personas, benevolente y generosa. Emociones que ni Katara ni Sokka estaban acostumbrados a ver en tantas personas en un mismo lugar.
El barco comenzó a adentrarse al mar. El capitán les dijo que el Templo no estaba nada lejos y aseguró que llegarían en pocas horas.
-¿A qué va al Templo Aire del Sur?—inquirió Sokka.
-Comerciamos con los Maestros Aire, les llevamos frutas y vegetales más variadas; ellos nos dan esas raras ciruelas que crecen en lo alto de las montañas y también finas maderas.
-No sabía que los Maestros Aire comerciaran.
-No es comercio propiamente dicho, no hay dinero de por medio. Es más bien un trueque. Los Maestros Aire son las personas más pacíficas que conozco, ellos nunca mienten o engañan, así que se puede confiar en la calidad de sus productos. Aman las frutas y verduras y se muestran agradecidos; incluso algunos monjes me han dicho que ni sus más finas maderas pueden pagar la delicia que les damos—dijo El Capitán mientras sonreía.
-Tengo muchas ganas de ver un templo aire ¡Dicen que son preciosos!—agregó Katara.
-Sí, lo son. Los monjes son muy hospitalarios, les encantarán los templos.
Dicho y hecho, llegaron en pocas horas al Templo Aire del Sur. No hacía ya tanto frío, así que decidieron quitarse los abrigos y ver, desde la cubierta, un pequeño puerto donde solamente había dos barcos anclados. Sobre el puerto se alzaba el inconfundible símbolo de los Maestros Aire y había algunos monjes esperando, sentados y charlando entre ellos.
Sokka y Katara bajaron del barco y se acercaron a los monjes, inclinándose en señal de respeto.
-Es un honor estar frente a los Maestros Aire—dijo Katara—Hemos venido porque queremos conocer su cultura y ver los templos con nuestros propios ojos.
-Sí, lo que ella dijo—agregó Sokka.
Los monjes vieron a ambos hermanos y sonrieron.
-Hay dos formas de subir al Templo. Escalando la montaña por ese camino—indicó el monje—O esperar a los bisontes voladores que bajaran en unos minutos. Ustedes decidan.
-Mejor esperamos a los bisontes—dijo Sokka, cuando alzó la mirada para ver que la montaña desaparecía en las nubes. Era demasiado alta.
-Sabía elección—dijo el monje—si escalan seguramente morirán, nadie puede llegar a un Templo del Aire si no es volando.
Katara y Sokka se sentaron al lado de ambos monjes, esperando.
Todo había ocurrido tan rápido. Aún les costaba creer que estaban en el pasado. Pero no era momento de entrar en pánica, desesperación, o de llorar. Debían de buscar pistas, pruebas o algo que les ayudara a volver al futuro. ¡Necesitaban ayuda! Y Aang se las podría dar.
Pero no fue si no hasta que estaban montados sobre el bisonte y ya casi llegando al Templo Aire, cuando la mente de Katara se abrió y detectó y fallo en el plan de Sokka.
-Sokka ¿Tú crees que Aang nos puede ayudar, verdad?
-Si, él es el Avatar—hablaban quedamente, para que el monje no los escuchara.
-Pero, si estamos cien años en el pasado ¿No significa eso entonces que Aang tiene doce años?
-¿Qué quieres decir?
-Qué el no nos conoce aún.
-Y eso significa qué….
-¡Que no sabe que es el Avatar!
Esa verdad y su consecuencia aún no entraba plenamente en la cabeza de Sokka, menos cuando el bisonte volador comenzó a volar verticalmente y ellos tuvieron que agarrar la silla de montar para no caerse, con el vértigo mareándolos.
Sip, hasta aquí termina el capítulo.
Dudas, quejas, tomatazos, sugerencias, adulaciones ¡Todo es bien recibido!
Pero no olviden dejar un comentario ;)
Chao!
