NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, ÚNICAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.

Al fin, el capítulo ocho, donde también aparece Aang y las cosas parecen complicarse para Katara. El próximo cap, que ya casi tengo listo, todo se pondrá aún peor y veremos más escenas del futuro.


Capitulo 8.

-Hola—Katara sintió que su corazón dio un salto cuando escuchó la angelical voz de un Aang con solo once años de edad. La inocencia pasmada en cada facción de su rostro.

Obligó a su rostro lucir una expresión casual y sonriéndole, tendió su mano.

-Hola—saludó—Me llamo Katara, soy la hermana menor de Sokka. Es un gusto conocerte, Aang, un honor.

-El placer es mío—contestó el sonrojado niño.

Katara río levemente por aquella reacción.

-Sokka—dijo el susodicho, saludando—También de la Tribu Agua ¿Cómo estás, muchacho?

Katara notó que su hermano llevaba la situación con una calma impresionante ¡Lo que ella daría por estar así de tranquila!

-¿Son de la Tribu Agua?—Aang preguntó.

-Así es, la del sur.

-Me tengo que retirar—dijo Gyatso—Aang ¿Quieres mostrarles el templo?

-con gusto.

Hizo una respetuosa reverencia a su maestro mientras Gyatso se alejaba, dejando a los dos adultos con el niño.

-¿Quieren que les de un recorrido por el Templo?

Sokka se encogió de hombros.

-Creo que eso es un sí.

Caminando por delante de ellos, Aang les mostró a los dos hermanos cada rincón del Templo, explicándoles la historia del mismo y las funciones de todos los lugares.

-Dime Aang—dijo Katara—Tu… ¿Ya eres Maestro Aire?

Sokka miró a su hermana de reojo, ella lo ignoró.

-Si, por eso tengo mis tatuajes.

-Oh… ¿Y… no lo sé… a dónde has viajado?

-¡Por tantos lugares que ni se por dónde empezar!

Silencio.

-A propósito—dijo el chico-¿Eres una Maestra Agua?

Ella lo miró con una nítida sonrisa en sus labios.

-Así es.

Aang sonrió con emoción.

-¿De verdad? ¡Ah, que bien! He visto a pocos Maestros Agua usar sus poderes, pero siempre es impresionante ¿Puedes hacerme una demostración?

La miró con esos suplicantes ojos que, pasado o futuro, siempre la hacían ceder a sus deseos.

-De acuerdo, si me haces una demostración de Aire-control.

-¡Trato hecho!

-¿Y yo qué?—dijo Sokka—Soy un Maestro de la Espada ¿No merezco que me pidan realizar una demostración?

-Oh...—Aang pensó antes de hablar—Sí, lo mereces ¿Te parece después de la demostración de la señorita Katara?

Ella volteó ante esa mención suya.

-No me hables así, solo dime Katara—replicó, conteniendo su enojo. Nunca le gustó que le llamaran de "señorita" o "señora".

-Como desee.

Sokka cruzó los brazos.

-Bien, usen sus poderes, yo aquí los observaré con los normales.

Aang río.

-Tu hermano es divertido.

-Sokka—dijo él.

-Perdón. Sokka es divertido.

-Supongo que lo es al principio—contestó ella—Pero después fastidia.

Aang carcajeó mientras Sokka le dirigía a su hermana una mirada asesina.

-¿Y la demostración?

Apenas Aang terminó su oración cuando un pequeño flujo de agua pasó delante suyo, bajando hacia sus pies y subiendo hasta encima de su cabeza, formando círculos en rededor suyo. Aang reía mientras trataba de agarrar el flujo, mientras el agua parecía esquivarlo anticipando sus movimientos.

Katara sonreía casi maternalmente mientras veía a Aang jugar y divertirse con ese simple flujo de agua; verlo como un niño mucho más inocente del que sacó del Ice Berg era una experiencia fascinante. Sintió más amor y comprensión que nunca hacia el chico, que en el futuro sería su marido.

Movió sus manos y el flujo se hizo mucho más grande, maravillando al Maestro Aire que jadeó por sorpresa cuando el flujo se dividió en tres chorros que se movieron flexibles a su alrededor, congelándose y descongelándose ocasionalmente. Al final, los tres chorros se unieron en un mismo flujo que regresó a la pequeña noria cercana.

-Te toca—dijo Katara.

Aang asintió mientras movía sus manos delante suyo, haciendo que un remolino de are se formara y alzará como pequeño tornado el techo. De un segundo al otro, el are del remolino se expandió antes de dirigirse como corriente hacia la espalda de Aang, empujándolo para que llegara hasta el apartado techo del pasillo donde se sostuvo con una esfera de aire sobre la cual estuvo parado un buen rato.

Katara sonrió cuando reconoció ese movimiento: era la patineta de aire que Aang frecuentemente usaba para escapar o esquivar, o simplemente para divertirse en algunas ocasiones.

Aang bajó al suelo y Katara aplaudió dos veces.

-¡Eso fue emocionante!—exclamó.

Aang primero se ruborizó, antes de contestar.

-Gracias.

Sokka se aclaró la garganta para llamar su atención, ellos lo miraron mientras empuñaba su espada.

-¡Miren a un maestro de verdad!

Sokka hizo una gran rutina usando movimientos de la espada verdaderamente impresionantes. Aang mantenía bien abiertos sus ojos mientras Sokka vencía a cada enemigo imaginario que aparecía delante suyo. La elegante espada fluía en su mano con una flexibilidad improbable de un metal ¿Cómo conseguía hacer eso?

Terminó y envainó el arma.

-¡Fantástico!—dijo el chico.

Sokka pulió las uñas de sus manos en el pecho, con una tajante mirada.

-Lo sé, lo sé ¿A que no soy impresionante?

-Además de petulante—agregó Katara—Aang ¿Seguimos recorriendo el Templo?

-Como quieras.

Katara y Sokka siguieron a Aang por el resto del Templo, hasta que decidieron descansar y dijeron así al chico, quien los dejó en sus aposentos.

-Es tan diferente—dijo Katara a su hermano, cuando estuvieron ya los dos solos.

-Si, muy niño.

-¿Te imaginas, Sokka?—Katara miraba al Templo entero desde la ventana—Es más hermoso que nunca antes… ¿Cómo es que la Nación de Fuego se atrevió a atacarlos? Los Monjes son tan pacíficos… no lo entiendo.

-Ni entenderemos—contestó—Son cosas que pasan sin razón aparente. Katara, debo pedirte un favor.

-¿Cuál?

Ella miraba aún al Templo.

-No te encariñes mucho con este Aang.

Inmediatamente volteó y encaró.

-¿Cómo? ¿Por qué no? ¡Será mi marido!

-Bien dicho, será. Pero este Aang no sabe ni de la guerra ni que es el Avatar. No debemos interferir con su futuro y, además, debemos regresar al nuestro.

Bajó la mirada, rendida ante la verdad de su hermano.

-¿Alguna idea de cómo volver?

-Ni una.

Los últimos rayos del sol dieron paso a la luna. El día había terminado.

-Iré a dormirme—dijo Sokka.

-Descansa.

Katara miró a la plateada luna, escuchando cuando su hermano cerró la puerta al salir. Cerró los ojos y sintió por un momento la energía fluir dentro de su cuerpo, su poder acrecentado por los plateados rayos del astro nocturno. Llevó su mano al dije espiritual que colgaba de su cuello y apretándolo, rezó.

Oró intentando sentir toda la energía de su ser y del ambiente, poco a poco su espíritu se fue desprendiendo del cuerpo. Su intención original era ir al Mundo de los Espíritus, pero eso no ocurrió. Al momento de concentrarse, algo la distrajo; el eco de una lejana risa infantil llegó a sus oídos, haciendo que su mente visualizara por completo a Aang. No hubo tiempo de cambiar su visión mental, la energía se expandió del dije y su espíritu con ella, volando sepa Dios a dónde.

Fue como caer a un túnel de voces conocidas, colores que parecían formar imágenes de recuerdos borrosos que se tornaban más y más distantes conforme más caía. ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaba?

"¿Katara?"

Ella escuchó la nítida voz de su esposo. No del Aang de once años. Si no el Aang de su futuro, de su tiempo, su Aang.

"¿Aang?" pensó.

Pareció tocar un suelo y en ese lugar la oscuridad era intensa. Frente a él, estaba Aang, mirándola con una incredulidad que era incapaz de interpretar y que ni quería pensar. Solamente sintió lágrimas formarse en sus ojos mientras abría sus brazos para correr hacia él.

"¡Aang!" él le sonrió y también fue hacia ella.

La energía regresó al dije en ese instante. Y todo el rededor se fue con ella. Cuando Katara abrió sus ojos, el cuerpo lo tenía sudado y jadeaba, estaba sentada en su habitación del Templo Aire del Sur, en el pasado. Lejos de su esposo.

Sokka, en cambio, no estaba mucho mejor. Había intentado usar la energía de su dije como medio para comunicarse con alguien del futuro, pero la energía era escasa y solo permitía cortos viajes del espíritu, más no del cuerpo. Además, no estaba completamente seguro de cómo ocurrían ni de invocarlos.

Se estaba volviendo loco, esa era una realidad. Y es que todas las noches le lloraba a Suki, Mai y Mei. Sus hijas eran su tesoro y sin ellas sentía que el alma estaba perdida y un intenso vacío dentro suyo ¿Qué hacer sin su familia? El corazón no estaba mejor y seguidamente dolía tanto que hacer sus bromas le era día con día más difícil. No sabía cuánto tiempo podría soportarlo más.

Katara al mismo tiempo acariciaba la fotografía en su relicario que mostraba a Usagui. Su hija era el lucero que iluminaba su vida ¿Podría ella vivir sin un sol, en las tinieblas, eternamente?

Los sentimientos del pasado no eran muy distintos a los sentimientos del futuro.


Quise poner este capítulo para mostrar a un Aang más inquieto e inocente, pues apenas tiene once y no sabe que es el Avatar. La trama y su nudo comenzarán a profundizarse en el próximo capítulo. Dependerá de la cantidad de comentarios que reciba el tiempo que tarde en actualizar.

¡Nos leemos! n.n

chao!