NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, UNICAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA TAN CURIOSA.

Este capítulo quiero dedicarlo a:

**^*Bronkaloka*^**

Gracias por tus comentarios, tu apoyo y demás. Tal y como me lo pediste, aquí te dejo los dos capítulos antes del 14 de marzo, disfrútalos mucho pues apure la redacción por ti.

NOTA: A los demás que lean mis historias, pedir no me enfada, es más, me gusta que tanto les agrade la historia. Recuerden lo que dijo el señor: "pide y se te será dado"


Capitulo 10.

Mientras Katara y Sokka recorrían los jardines, Aang optó por irse a volar con sus amigos durante un rato, prometiéndoles que volvería lo más pronto posible para guiarlos al patio de meditación.

Katara aceptó eso y pidió a su hermano algo de privacidad, cosa que sorprendentemente le cedió. La Maestra Agua caminó por los jardines sola, admirando la bella pigmentación de las plantas y deleitándose con su fragancia. Llegó a una pequeña fuente para pájaros.

Al escuchar el sonido del agua cayendo, pudo relajarse más de lo que consideró. Ella entonces, usó sus poderes, controlando un pequeño flujo de agua que movió con flexibilidad a través de sus manos, guiándolo hacia el cielo y evitando que colapsara en tierra. Dominar su elemento la calmaba de una manera que ni ella misma era capaz de comprender.

Pero ni absorta en el poder de sus ancestros, legado por la luna, pudo olvidarse de la situación que pasaba. El agua era elemento de cambio, que dejaba fluir las emociones. Pero era imposible arrojar al río emociones que no se terminaban de asimilar.

Katara experimentó un pinchazo profundo en el corazón causado por la sensación de vacío, que provocaba el no poder ver ni a Aang ni a Usagui. Extrañaba a su familia de sobre manera ¿Cómo podría sobrevivir sin sus dos amores?

El flujo de agua cayó al suelo, ella no intentó detenerlo más. Simplemente se sentó en la banca de piedra cercana, bajo la sombra de un árbol, donde sin permitir lágrimas se dejó sentir el dolor entero de su soledad. Apretó fuertemente el dije de corazón que colgaba de su cuello.

-¿Qué te pasa?

Se sobresaltó. Alzó la mirada para reconocer a Aang, que estaba mirándola de manera curiosa y preocupada.

-¿A mí? Nada…

-No mientas, sé que algo te pasa.

¿Es que ese chico desde niño la conocía tan bien? Sintió nostalgia, pues el Aang del futuro, su marido, era igual. Siempre sabía qué le pasaba, cuándo, cómo y porqué.

-No es la gran cosa.

-Todo siempre es importante.

-Bueno, me rindo—alzó los brazos pretendiendo ser graciosa, pero Aang no río. Los bajó antes de continuar—Extraño a mi esposo y a mi hija…

¿Qué había de malo en decirle la verdad? Mientras no supiera Aang que él sería su esposo en el futuro y el padre de su hija, todo estaba bien ¿No?

Los ojos de Aang se abrieron como platos, sorprendidos hasta dilatarse.

-¿Estás casada?

-Si

-¿Y tienes un hijo?

-Una hija.

Pareció pensar bien su próxima pregunta.

-¿Y porqué no están ellos aquí?

Notó que Aang tenía demasiada curiosidad, conociéndolo, no descansaría hasta saberlo todo. No podía decirle nada que le diera pistas de su futuro; se percató entonces de que estaba metiéndose en un gran lío, pero optó por improvisarse una historia creíble.

-Mi marido es un noble importante y se ha quedado en Ba Sing Se. Yo vine al Polo Sur por mi hermano, y decidimos visitar el Templo. Por curiosidad…

-¿Y tu hija?

-estudia en colegio. Aún no son sus vacaciones.

Aang se quedó algo pensativo, cosa que dejó seria a Katara.

-¿Por qué te importa tanto, Aang?—inquirió. El chico se quedó pensativo, antes de contestar.

-No, por nada. Solamente curiosidad.

Había un deje de tristeza en su voz, tras tantos años de conocerlo, Katara diferenciaba la más mínima diferencia en su manera de hablar, lucir, ver o inclusive actuar. Lo conocía de pies a cabeza. Y que fuera un niño no hacía diferencia alguna.

Aang se dio la vuelta antes de caminar, adentrándose en el Templo. La primera reacción de Katara fue pararse, para ir tras de él y conseguir, de un modo y otro, que le dijera qué le ocurría. Pero recordó entonces que no era su esposo, era un niño; no estaban en su tiempo, si no en un pasado ajeno a su vida. Tragándose la ansiedad, se sentó nuevamente en la banca.

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No era posible ¡Estaba casada! Realmente no me sorprendía. Una mujer tan preciosa, encantadora y a simple vista talentosa como ella debió captar la atención de algún hombre. Pero… no podía dejar de imaginarme a quien sería su marido ¿Quién era ese patán que la dejaba sola en un Templo?

Para acabarla, era madre. ¿Cómo sería su hija? ¿Acaso igual de hermosa y graciosa como lo era su madre? Probablemente sí. Pero ¿en qué cosas pienso? No es como si ella fuera algo mío. Simplemente es una huésped que los Monjes alojan en el Templo.

Y siendo así ¿Por qué me siento tan triste y vacío por dentro? ¿Qué es ésta sensación de dolor, reunida en mi pecho?

Aang abrió los ojos, esos pensamientos le causaron menos dolor al habitual. Su cabeza pareció calmarse lo suficiente como para dejarle dormir un rato y descansar otro más. Ese recuerdo le vino justo cuando meditaba para entrar al Mundo de los Espíritus. Ni siquiera lo analizó cuando le lanzó al fondo de su mente y volvió a concentrarse.

Su cuerpo se sintió pesado y a los pocos segundos, ligero. En fragmentos de milésimas de segundos, recorrió una distancia física impresionante para llegar al Mundo de los Espíritus. Al menos ahí sabía que no le dolería la cabeza.

Encontrar a Roku fue increíblemente sencillo, porque el fallecido Avatar también buscaba al chico.

-Aang—lo llamó—Me alegra verte, de echo, necesitaba verte.

-Y yo a ti, Roku. Han surgido graves problemas. Necesito hablar con el espíritu Gio-Ra.

-Lo sé, pero antes, debo explicarte una delicada situación.

-¿Cuál es?

-Gion-Ra es hermano del espíritu Koh.

-Oh no…

-Oh sí, Aang. Como a Koh, nos guarda rencor, difícil será hacerle cooperar.

-¿Tiene poderes especiales?

-No, más que los que le corresponden. Pero no puede hacerte nada, pierde en eso cuidado.

-Bueno, eso ya es un ligero alivio ¿Sabes dónde está?

-En la cima de aquella montaña—la señaló, no era muy alta.

-Bien, iré de inmediato.

-Cuídate, porque es rencoroso.

-Lo haré, gracias.

Se despidió con una reverencia antes de partir hacia la montaña. Subirla fue difícil, estaba acostumbrado a usar sus poderes de aire-control o tierra-control para escalarla y no pudo usarlos. Cuando subió, encontró un pequeño templo de apenas cinco metros de área, con techo cuadrado y cinco pilares que lo sostenían en las cuatro esquinas. Dentro, estaba un espíritu con forma de hombre pero cabeza de halcón.

-¿Avatar? ¿Qué te trae a mi presencia?

Estaba en posición de flor de loto, sus ojos cerrados. Aang se relajó antes de pararse delante suyo y hablarle.

-Espíritu Gio-Ra—dijo con respeto—Soy el Avatar Aang y venía para pedirle consejo y ayuda.

-¿Ambas?

-Si me las da.

-Te escucho.

-Verá, mi esposa y su hermano…

-Se han perdido en el tiempo pasado.

-si ¿Lo sabe?

-claro. Nada pasa a través del tiempo sin que me entere de ello.

-Y ellos…

-Están cien años atrás, poco antes de la guerra.

-Y…

-viven aparentemente en Templo Aire del Sur, interactuando con tu yo pasado.

-Vaya que está enterado,

-De todo.

-¿Puede ayudarme?

-¿A qué?

-Traerlos al presente.

-Lo dudo.

-¡Por favor! Es menester…

-No me digas lo que es necesario, yo lo sé bien

-Pero…

-¡Eh! Calla. ¿Quieres que los traiga de vuelta? Lo haré, pero con una condición.

-¿Y cuál es?

-Ellos están en el pasado, así que el futuro seguramente será cambiado.

-¿Y?

-Qué no interferiré en ningún cambio que ocurra al futuro. Si ellos hacen algo malo que cambia toda la guerra y hace ganar a la Nación de Fuego, ni modo. No intervendré en nada asociado al futuro.

-Bien, pero tráelos.

-Lo haré, pero cuando sea el tiempo.

-¿No se puede ahora?

-No.

-¿Por?

-Yo sé cuándo y cómo deberé traerlos al futuro. Te prometo que los traeré, antes de que la luna complete otro ciclo. Pero no presiones ¿entendido?

Aang decidió que era caso perdido continuar suplicando y mejor se resignó.

-Sí, como diga.

-Adiós.

-Gracias.

Se fue sin decir nada más.

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La hora de meditación comenzó poco después. Katara y Sokka fueron guiados al patio correspondiente, donde todos los niños y adolescentes, aprendices Maestros Aire, se formaron en perfectas hileras detrás de los Monjes.

Cuando la hora fue indicada por el sol, sonaron los tambores y todos se sentaron en posición de loto. Katara y Sokka tomaron asiento en la primera hilera, con las piernas cruzadas ya que esa posición no les era posible de adoptar. Centraron su atención en el ambiente, antes de comenzar un viaje hacia el interior de ellos mismos que nunca antes habían intentado realizar.

Katara, sentía que nadaba en un océano que no la ahogaba, sus olas ondeaban alrededor suyo calmándola y abrazándola como si estuvieran protegiéndola de algún enemigo invisible y que ella no conocía.

Apareció entonces frente a ella un ser enigmático con un reloj de arena en sus manos que no pudo reconocer. Nunca antes lo había visto, pero esa criatura la miraba de una manera analizadora impresionante.

"¿Quién sois vos?" inquirió la criatura.

"Me llamo Katara, de la Tribu Agua del Sur"

"Katara ¿Eh? Así que tú eres la esposa del Avatar"

"Así es"

"Al fin te he encontrado"

"¿Tú quién eres?"

"Soy el espíritu Gion-Ra, guardián del tiempo. Noto que tu no estás en el tiempo que te corresponde ¿Verdad, muchacha?"

"No"

"¿Y cómo has llegado aquí?"

"¡No lo sé! Lo que más quiero es volver a mi tiempo"

"Lo harás, con tu hermano al que ya he visitado"

"¿De verdad nos ayudarás?"

"Tu esposo me ha contactado y he prometido ayudarle. Los devolveré a su tiempo, pero, no aún, si no más adelante"

"¿Cuándo?"

"Cuando yo lo decida"

"Pero… ¡Necesito volver ya!"

"Tú no lo decides, yo sí. Nos vemos, chiquilla"

Y ese espíritu retrocedió hasta desaparecer tras una gruesa cortina de neblina.

Con sudor sobre su frente, Katara abrió los ojos. Muchos Monjes ya habían terminado su meditación y ella era de los pocos que quedaban haciéndola. Vio a Sokka sentado al lado de Aang, ambos enfrente de ella.

-¡Por fin despertó!—exclamó su hermano, aplaudiendo al cielo-¡Ya era hora! Nos llevas esperando un buen rato

-¿Cuánto llevo meditando?—preguntó.

-Cas tres horas—contestó Aang.

Katara abrió los ojos desmesuradamente.

-¿¡Tres horas!

-Así es.

-Bueno, ya que estás despierta, puedo irme a comer.

Sokka le dio la espalda y se fue hacia el comedor. Aang le dijo que iría con el Monje Gyatso y después los alcanzaría, así que la morena aprovechó ese intervalo a solas con su hermanp para hablar con él.

-¿Viste a un espíritu mientras meditabas?

-Sí, no sé como se llama, pero dijo ser el espíritu del tiempo

Katara saltó de emoción.

-¿Sabes lo que significa Sokka? ¡Muy pronto podremos volver a casa!

-Así es.

-¿No estás feliz?

-¿no se me nota?

-No tanto.

-Katara, tengo hambre, sed y sueño. No estoy de humor.

Ella respingó.

-Nunca lo estás.

-¿Me dejarías comer?

-Anda, come. Me iré a dormir.

-Como quieras.

Le dio la espalda a su hermano, enojada con él ¡Tan buenas las noticias y él con ese humor! No era posible.

Claro, no sabía que Sokka estaba más que nada deprimido. Todo porque, mientras meditaba, además de ver al espíritu, juró ver a Suki. Y estar frente a su amada esposa le afectó más de lo que nunca consideró. Ante todo, juró que volvería con ella y con sus hijas, costara lo que costara.


Este capítulo me quedó algo más largo que el anterior. Ojalá les haya gustado leerlo. ¿Por qué creen que el espíritu Gio-Ra no quiere ayudarles para un futuro? ¿Las cosas cambiarán mucho?

¡Espero sus comentarios!

chao!