Capítulo 7: Sancta Terra.
"Un lugar que he buscado miles de veces, donde poder ser yo mismo."
—Me gusta este lugar —comentó Tina, sonriendo maravillada, en cuanto cruzaron las puertas del club.
—Claro, no me sorprende —afirmó Kurt, indiferente, mirando en derredor.
—Oigan, ustedes eran los que querían venir —dijo Kate, ceñuda, y abrió sus brazos-. Aquí lo tienen. No será el sitio más elegante de la Tierra pero al menos no es el centro donde los drogadictos se reúnen.
Los chicos se tomaron un momento para repasar el lugar donde el auto de Kurt, conducido por las indicaciones de Kate, los había llevado. Afuera el nombre del club "Thunder" aparecía escrito con letras de neón azul sobre un rayo amarillo colocado a un lado de la puerta. Carteles de bandas de rock, metal y punk cubrían la mayoría de las paredes de ladrillo pintadas de negro. El escenario estaba al fondo, compuesto de un piso de madera y cortinas grises a cada lado. Encima de él había ya un soporte para el micrófono, altoparlantes y un atril para guitarra eléctrica. Enfrente una pequeña zona vacía iluminaba por focos de baja intensidad, presumiblemente para los comensales que quisieran bailar al ritmo de la banda que se presentara.
El resto del espacio estaba ocupado por sofás pegados a la pared, mesas redondas y sillas donde las personas se acomodaban para hablar lo suficiente apartadas de otras para obtener algo de privacidad. La barra de bebidas estaba iluminada por luces azules y detrás de ella atendía un muchacho en la veintena, calvo, con una brillante cadena que iba desde el lóbulo de la oreja hasta el piercing en su labio. Tatuajes oscuros adornaban sus brazos y las muñecas iban cubiertas de muñequeras con tachas de metal.
Rachel no podía apartar la vista de él. El look más extremo que había conocido se limitaba al gótico de Tina y éste nunca había incluido aros de metal en la ropa. Esa apariencia y la actitud indiferente del sujeto le intimidaban hasta un punto que casi la hacía estremecer. Tal vez fuera mejor que no los mirara. Se habría espantado mucho más fácil si se diera cuenta de que había reparado en su presencia.
El lugar tampoco era de su agrado. No quería decirlo -sabía cómo sonaría, ya que ella fue quien insistió en verlo por sí misma- pero parecía de la clase de lugar donde sólo se juntaban bravucones y motociclistas agresivos, quizá como primera parada antes de cometer un crimen o agarrar sus bates de béisbol para destrozar los buzones de otras personas.
—Tiene cierto encanto urbano —admitió Kurt pasado un tiempo, adelantándose otro poco. A nadie pareció interesarle el grupo de adolescentes que acababa de entrar y los clientes que había ahora no tenían más de veinte y pico y un poco más. El joven asintió, visualizando que sus adornos colgaban del techo. Obviamente los carteles tendrían que irse. Y las cortinas del escenario. Y la luz azul de la barra. Pero fuera de eso, no estaba tan mal—. Al menos tiene el espacio necesario y con unos cuantos arreglos funcionaría bien.
—No son bebidas alcohólicas lo único que tienen ahí, ¿verdad? —susurró Rachel sin dirigirse a nadie en particular, ocupada en estrujarse las manos y asegurarse de que el cantinero mantuviera la vista en su celular.
Kate la oyó por ser la más cercana y dirigió una mirada fugaz a la barra.
—No, claro que no —respondió haciendo un gesto despreocupado—. Tienen un poco de todo pero nada de alcohol. Eso por un disturbio que pasó hace como dos años y les dejó el lugar destrozado.
Rachel hubiera preferido que se abstuviera de decir eso último. Deseó tener a Finn ahí para sentirse más protegida pero obviamente no iba a suceder, por lo que, además de nerviosa, sintió una repentina punzada de tristeza. Casi a su pesar su cuerpo se acercaba instintivamente a Kate como si buscara que ella la protegiera de alguna forma, lo cual, bien pensado, no dejaba de contener cierta lógica: era obvio que, además de una fascinada Tina, la rubia estaba cómoda en esa clase de ambientes.
—¿Va a haber un espectáculo esta noche? —preguntó Tina sentándose en una silla cerca de la pared. Kurt se ubicó en el sofá y Rachel, al sentarse, se abrazó a sí misma—. ¿Tu primo tocará?
—Sí —contestó Kate revisando el reloj en su muñeca—, ya dentro de un rato deberían apagar las...
En el momento en que lo dijo, los focos en el techo mitigaron su luz. Un segundo después los del escenario se encendieron. Los clientes que dirigieron hacia ahí su atención vieron la entrada de los músicos por un lado del escenario. Eran una chica de piel morena, cabello negro con reflejos verdes y una guitarra eléctrica de color negro colgando de su cuello. Detrás de ella un chico con mohicano, pero no del mismo tipo que estilizaba la cabeza de Puck. Los cabellos negros eran más largos y obviamente usaba alguna clase de gel para mantenerlos parados. Tenía un aro como el de Kate en el labio y dos puntos de metal brillaban en su ceja izquierda.
Él llevaba un micrófono en la mano que se apresuró en colocar en su soporte y tomó un bajo alcanzado por el joven que le seguía. Este era más bajo que el otro, de casi la misma altura que la chica, pelirrojo y brazos gruesos. Aro en la nariz y piel blanca, pecosa. Era otro guitarrista y en cuanto se puso en su sitio la conectó a los amplificadores. Por último un chico asiático, teñido de blanco el cabello, que usaba grandes anteojos de marco negro. Era el único que no tenía nada metálico en su vestimenta.
En tanto los músicos se cuadraban y susurraban entre sí, más personas llegaban al club y se sentaban lo más cerca posible del escenario. El conjunto musical obviamente contaba con cierto número de seguidores.
—Ya los oirán —dijo Kate, cruzada de brazos en una silla al lado de Rachel—. Son excelentes.
Kurt tomó nota de la interesante combinación de vestimentas. Les reconoció mentalmente ser fieles a su estilo metalero, a excepción del asiático detrás de la batería. La chica, con sus pantaloncillos de jeans cortos y blusa negra, transmitía un aire de ser simpática y sonreía mucho. Probablemente esa fuera una de sus funciones en la banda. No había que ser un genio para saber que el del mohicano era el líder. La camiseta negra que usaba le quedaba tan justa que no pudo evitar notar el estómago plano. La cantidad de gel que debía usar le hizo sospechar una posible homosexualidad.
Tina jamás había visto una banda en vivo, por lo que estaba emocionada. Al principio mostró interés en el joven asiático pero pronto le pareció aburrido y prefirió fijarse en el cantante, que de lejos era el más guapo a sus ojos. Le gustó la amplia sonrisa blanca que dedicó al público, haciéndole parecer simpático, y le encantó que la camiseta se le subiera a veces, revelando los bien definidos abdominales. El joven, a pesar de las luces, alcanzó a ver al grupo de adolescentes y agitó la mano en el aire como saludo. Rachel disimuló como pudo su sobresalto mientras Kate le correspondía.
—¿Tu primo? —inquirió Kurt.
La chica cabeceó afirmativamente.
—Es guapo —dijo Tina con una sonrisa.
Ahí la rubia ya no supo qué otra respuesta dar, así que se encogió de hombros y desvió la mirada. Rachel dio una segunda ojeada al cantante.
—Los piercings... —dijo dubitativa— ¿son cosa de familia o algo así?
Comenzaba a imaginarse señores de cuarenta años con sus esposas de cuarenta años, ambos cubiertos de piercings y tatuajes y llevando mohicanos. Una imagen vergonzosa, sin duda. Kate lanzó un resoplido de disimulada risa.
—Joder, no —dijo sonriente—. A mis padres por poco les da un infarto cuando vieron lo que me hice. Me castigaron por dos meses y me dieron el sermón más largo de la historia sobre infecciones y quién sabe qué más. Además tengo entendido que a mis tíos tampoco les gustaron lo que él se hizo.
Rachel podía entender que así fuera. Pensó que ella nunca podría ver lo que llevaba a alguien a querer perforarse algo más que los lóbulos de las orejas, especialmente una zona tan visible como el rostro.
—Hey, buenas noches —sonó la voz del cantante por los altavoces. Era una voz masculina, clara, pero sin llegar a ser ronca. Rachel sospechó a un tenor—. Como sabrán los clientes frecuentes, esta noche es de covers. Los chicos y yo después de haberlo hablado decidimos interpretar algo de Limp Bizkit para ustedes hoy. ¿Les gustaría eso?
Kate y el resto de la clientela dieron su aprobación mediante silbidos y aplausos. Tina, la única del grupo además de la rubia grupo que conocía un par de canciones de la banda, también se sumó a la algarabía. Kurt y Rachel se miraron entre sí, igualmente incómodos pero reconociendo en el otro que no tenían más opción que resignarse. Esa estaba lejos de ser su clase de música. La respuesta fue del agrado del cantante.
—De acuerdo entonces —Le hizo un gesto a sus compañeros. La chica y el pelirrojo colocaron sus manos sobre sus instrumentos. El chico de la batería alzó sus baquetas—. La selección de hoy segura la reconocerán. Y si no, ¿qué diablos les pasa?
De nuevo los clientes manifestaron su acuerdo. La música empezó con la chica rasgando las cuerdas una vez. Luego el chico pelirrojo la siguió emitiendo las notas de forma espaciada. Entonces el chico del mohicano entonó las primeras estrofas. La canción era una curiosa combinación de rap y metal, por lo que más que cantar lo que el primo de Kate hacía era manejar su tono para acompañar a la música. Había partes que ninguno de los instrumentos tocaba, si no que debía ser de un teclado pregrabado y que alguien colocó para que sonara en los altoparlantes acompañando al resto de los sonidos. Sin embargo ese pequeño engaño no pareció molestar a los clientes y en cambio apreciaban más lo que sí salía del momento, lo que no era de menos porque lo cierto era que se notaba que hacían bien su parte.
La chica bailaba agitando sus pies y caderas, sin perder ni una sola nota en la guitarra. Sus movimientos sin duda eran tanto para atraer las miradas como para participar más de la música. El pelirrojo acompañaba al cantante en el estribillo y su voz clara complementaba a la perfección con la del otro. El cantante acercaba el micrófono y hacía gestos como si le estuviera hablando de lo harto que estaba de su relación y la resolución que había tomado de ser de nuevo el rey de su destino. Interpretaba la canción como si realmente la sintiera. El asiático parecía extrañamente ajeno a todo pero aún así tocaba como era debido, manteniéndose a la par del ritmo que los demás seguían.
Incluso Rachel se vio atrapada por la música y al moverse a un lado chocó con el hombro de Kurt. Ella se giró y se dio cuenta de que no había sido la única que bailaba en su sitio. Kurt le sonrió, comprendiendo. y volvió su atención al escenario. Le parecía encantadora la cercanía confiada entre cantante y guitarrista. Se sentía casi eufórico, como si estuviera viendo un romance gay en vivo y nadie más que él hubiera sabido interpretarlo. Lo que era obvio era que ninguno dedicaba una mirada de especial interés a la chica, aunque cumplía todos los requisitos para ser visualmente atractiva, y no era tampoco como si la ignoraran.
Cuando la canción estaba cerca de terminar y ahora sólo la guitarra del pelirrojo era tocada, la chica levantó su mano con los dedos índice y meñique extendidos. Sacó la lengua (lengua perforada, con el piercing brillando en el centro) y lanzó un aullido salvaje cuando por fin el pelirrojo rasgó la última nota. Los aplausos, silbidos y otros aullidos festejaron la interpretación.
Kate miró a sus compañeros, y además de a Tina, descubrió a Kurt y Rachel aplaudiendo. Esta última se percató de ello y se sintió indecisa entre pretender que sólo lo hacía por amabilidad o simplemente detenerse. Al final se encogió de hombros y optó por sonreír. Después de todo no debería ser sorpresa que ella supiera reconocer el talento cuando lo oía.
La banda interpretó otras cuatro canciones del grupo al que habían hecho referencia. Para cuando finalizaron la quinta el club se había llenado de tal modo de jóvenes de entre su edad y los veinte que era difícil ver por debajo del pecho de los músicos desde donde los chicos del coro estaban. La zona destinada al baile estaba llena de cuerpos moviéndose, manos que se elevaban realizando los conocidos cuernos y voces que reclamaban pidiendo su favorita. El griterío que se formó cuando el cantante del mohicano anunció que ya no tocarían más -"la marrana ya puso la puerca, gente"- fue tan intenso que por casi un minuto entero fue imposible sostener cualquier conversación. Cuando el público se apaciguó un poco y los músicos salieron al fin del escenario, Kate se levantó de su asiento y gesticuló para indicarles a sus compañeros que la siguieran.
—Vamos a ir a hablar con ellos por lo del permiso —gritó para hacerse oír.
Fue difícil hacerse paso entre la multitud, incluso agobiante. Después de la banda aún sonaba música en el club, ahora proveniente de un CD, por lo que la pista de baile continuaba atestada de gente. Kate los guió como pudo a través de ellos y les indicó un camino a la izquierda del escenario, donde un corto pasillo conducía a una puerta blanca adornada con un cartel de AC/DC. Kate tocó con los nudillos unas tres veces antes de recibir permiso para entrar.
La habitación era cuadrada, con su propio sofá, escritorio y un mini refrigerador en un rincón. La chica de los reflejos verdes y el pelirrojo estaban sentados uno al lado del otro. Ella repasando unas notas en la guitarra y él con una gaseosa en la mano. El del mohicano fue el que los recibió sonriente y agitó la gorra de su prima, dejándosela ladeada.
—Hace tanto tiempo, enana —dijo como saludo y cayó en cuenta de que no venía sola-. ¿Más groupies para nosotros?
—Jódete —le respondió Kate acomodándose la gorra nuevamente y entró, arrugando el ceño—. Son mis compañeros del colegio. Rachel, Kurt y Tina.
Los dos primeros dedicaron un saludo tímido a los mayores luego de que el del mohicano les estrechara la mano, presentándose a sí mismo como Alex. Tina se adelantó poniéndose en frente del de mohicano con una amplia sonrisa que no disimulaba en lo absoluto su admiración e incluso retuvo la mano del cantante entre las suyas por más tiempo del necesario.
—Ustedes actuaron tan bien esta noche. De verdad fue... genial. Creo que incluso superaron a Limp Bizkit. Jamás había visto una interpretación tan fiel.
"Y luego dicen que yo no sé ser sutil" pensó Kurt frunciendo el labio. Era obvio que también la chica mayor y el pelirrojo se dieron cuenta de la situación porque intercambiaron una mirada socarrona entre sí. No obstante, Alex mantuvo su sonrisa, ahora irguiéndose con arrogancia, y aceptó los cumplidos diciendo que Tina seguro sabía de lo que hablaba, lo que casi le quitó el aire de los pulmones a la gótica. Alex continuó ofreciéndole una gaseosa. Sacó otras más para alcanzarle a su prima e incluso les preguntó a Kurt y Rachel si querían pero éstos negaron con la cabeza. Mientras tanto, ellos habían averiguado que la chica de reflejos verdes se llamaba Alice y el pelirrojo Justine.
—Si se preguntan por nuestro baterista —agregó Justine— no sabemos qué fue de él.
—Es un sujeto de lo más práctico —comentó Alice en tono bromista—. Jamás dice una coma a menos que sea programada, calculada y necesaria.
Dicho lo cual se levantó, dejó la guitarra sobre el escritorio y sacó una gaseosa para ella. El lugar que dejó fue ocupada por Kate, que cruzó ambas piernas sobre el asiente. Alice no dijo nada y se limitó a beber un largo sorbo de bebida. Kate no parecía ahora del todo cómoda ahí dentro. Kurt lo notó cuando se dirigió a Justine sin levantar la mirada del suelo.
—¿Y Albert?
—Dijo que vendría después del espectáculo —respondió Justine encogiéndose de hombros—. Ya debería estar aquí.
—¿A ustedes les gusta el metal, chicos? —preguntó Alice mirando a Rachel y Kurt.
Había un algo intenso en su mirada que intimidó a Rachel pero no a Kurt. El chico sólo sabía que le resultaba interesante aunque no alcanzaba a determinar la razón. Ya había visto gente con cabello de dos colores después de todo.
—No especialmente pero siempre es buena idea mantenerse abierto a las opciones —contestó.
—No mucho, a decir verdad —dijo Rachel forzando una sonrisa amable, sin animarse a alejarse demasiado de Kurt.
Alice se sonrió de medio lado. Kate se removió un poco y cambió de posición sus brazos.
—Me pareció —dijo Alice observando a la rubia—. Yo enseñé a la enana a cantar. ¿Se los mencionó?
¿Era la imaginación de Rachel o Kate se había sonrojado? Si era así sería la primera vez que la viera hacerlo.
—Cuando tenía 13 años —agregó Kate sin levantar la vista—. Mis padres venían a esta ciudad por vacaciones y Alex me traía aquí.
—Esta chica canta excelente —aseguró Alice con gesto orgulloso—. Casi no tuve que indicarle nada. Todavía andabas en la escuela para niños cristianos por entonces, ¿no? Con el coro de la iglesia.
—Aja —afirmó Kate simplemente.
Rachel encontró extraño esa parquedad, aunque pronto supuso que sería solo porque Alice hablaba de una época en que no cantaba tan bien como ahora. Ella sentía algo parecido por sus primeros instructores de ballet, los únicos testigos de su carencia de gracia propia de una novata. Por otra parte, ahora que sabía que su instructora de canto había sido la chica que tenía enfrente le resultaba más interesante. Esa noche sólo la había oído hablar y tocar la guitarra. Su voz era agradable, probablemente lo fuera también al cantar.
Curioso grupo, se dijo Kurt. A diferencia de muchos jóvenes de su edad (y no es que él conociera una docena, más bien pensaba desde su situación), a ese trío no parecía afectarles en nada la presencia de menores. Alex incluso se permitía coquetear un poco con Tina, quizá porque le gustaba recibir la atención. Eso o tenía gusto por las jovencitas, lo cual desbarataría completamente su teoría de que era homosexual. Tal vez el que todos conocieran a la prima del cantante y ella estuviera presente hacía la gran diferencia. De ese modo ellos tenían un motivo para bajar sus defensas.
—¿Se puede? —dijo alguien detrás de la puerta y luego de un "pasa" de Alex, la puerta se abrió.
Era otro con mohicano, esta vez de cabello color púrpura. Sus ojos azules eran el centro de un montón de delineador negro. Fiel al estilo de casi todos los presentes, vestía de negro con una cadena colgándole de los bolsillos y una de sus delgadísimas cejas estaba perforada.
—Hey —saludaron Alice y Alex al nuevo, que miró sorprendido a los adolescentes al entrar.
—Son compañeros de la escuela de Kate —explicó Justine sonriente, irguiéndose. Le dio un beso en los labios al joven y le tomó de la mano para conducirlo hacia el sofá, donde se sentaron lado a lado, Justine manteniendo un brazo sobre los hombros del otro—. ¿Te costó llegar?
—Jefe pesado, es todo.
—Albert es el novio de Justine —explicó Alice inclinándose hacia Kurt y Rachel.
Rachel, criada por padres gay y acostumbrada a ver muestras de afecto entre ellos, asimiló sin ninguna dificultad la nueva información e incluso se alegró de ver algo que conocía. Otro camino lo recorría la mente de Kurt, cuya mandíbula la sentía capaz de llegar hasta el suelo. Ni en un millón de años habría supuesto que el fortachón pelirrojo sería el gay. A lo sumo que se adecuaba a las miradas de su compañero en el escenario por algún viejo afecto pero no eso. Simplemente no lo parecía.
—¿Te pasa algo? —preguntó Justine, un tanto desconfiado al notar su expresión—. ¿Eres homofóbico o qué?
La palabra actuó como una acusación imperdonable, convirtiéndolo en el foco de atención y no de una manera agradable. Hasta Alex y Tina detuvieron su conversación para verlo. Tina se tapó la boca para cubrir la risa que le causaba la ironía de la situación, pero Alex no la notó. La tensión era notable.
—Yo... —dijo Kurt, abochornado por su error—. Lo lamento pero es que esto me ha tomado por sorpresa. No se preocupen, soy gay también. Es sólo que no es habitual ver a gente como ustedes. Creí que yo era... el único fuera del clóset —En tanto acababa de pronunciarlo, Kurt se dio cuenta de cuán presuntuoso había sido al suponerlo.
Alex volvió con Tina, Alice tomó otro sorbo de gaseosa y Justine incluso sonrió un poco.
—Ya veo —dijo comprensivo—. No te preocupes, todos pensamos eso alguna vez. Pero el hecho de que no vayamos gritándolo a los cuatro vientos no quiere decir que estemos solos, sólo que nos gusta ser discretos.
—¿Hace cuánto te saliste? —preguntó Albert arqueando una delgadísima ceja con interés.
A Kurt le supo extraña esa manera directa de preguntarlo. Incluso que a nadie ahí pareciera importarle especialmente era algo nuevo. Se le antojaba casi irreal tener esa conversación. Pero también era liberador.
—El año pasado pero una parte de mí siempre lo intuyó.
Justine y Albert asintieron al unísono. Para sorpresa de Kurt, incluso Alice lo hizo. Cuando captó la mirada de Kurt levantó su botella como para un brindis imaginario.
—Discípula de Safo y a mucha honra.
—¿Disculpa? —preguntó Kurt sin entender.
—Safo —repitió Alice—. La poeta que vivía en la isla de Lesbos y dedicaba poemas a sus alumnas. Por la cual se inventó la palabra "lesbiana."
—Oh —dijo Kurt comprendiendo, llevándose una nueva sorpresa. Así que eso era lo que le llamaba la atención de ella—. No lo sabía.
—Me di cuenta —respondió Alice.
A Kurt no le gustó esa manera de hablarle. Le recordaba a Rachel de cierta forma, siempre segura de que lo sabía todo.
—Kate también lo es —agregó Alice.
Kate alzó la cabeza pero estaba tan anonadada que no le salía ninguna palabra de protesta. Rachel la miró abriendo los ojos. No por el nuevo dato, si no porque no se creía la manera en que venía a saberlo. ¿Cómo no pudo verlo antes?
—¿Qué? ¿Te avergüenza? —picó Alice enfrentando la mirada de la joven.
Kate al fin pudo cerrar la boca y recuperar la compostura ante esa cuestión.
—No, para nada —respondió y Rachel se recriminó su ceguera. A Kurt no le sorprendía en lo absoluto. Tina se quedó estupefacta porque no hubiera negado la afirmación de la otra—. Pero decirlo o no es cosa mía, ¿no crees?
—Mi error —dijo Alice encogiéndose de hombros—. Creí que ya lo sabrían. De todos modos no es algo que luego podrán usar para chantajearte porque no tienes problema en admitirlo, ¿no te parece? ¿Qué hay de ti, Rachel?
La morena se sorprendió de ser aludida entonces.
—Yo no soy lesbiana.
Alice soltó una breve risa.
—No, chica —dijo agitando la botella en su mano de lado a lado—. Te preguntaba si tienes algo que decir sobre todo esto.
Esta vez Rachel se convirtió en el foco de atención de todos los presentes, con la diferencia de que ella lo entendió un poco mejor que Kurt gracias a todas las conversaciones que pescó entre sus padres. Comprendió que ellos sólo estaban defendiendo el sitio donde se sentían más cómodos para ser ellos mismos y la manera de hacerlo era asegurarse de que no hubiera peligro de ser discriminados. Incluso Alex, que bien podía no tener nada que ver con la homosexualidad, lo hacía al permitir ese escrutinio de Alice porque también le gustaba el ambiente que habían conseguido.
—No —respondió sin vacilar. Kate arqueó una ceja. No se esperaba esa respuesta—. Mis padres son gays y acepto toda forma de sexualidad.
—Aunque no seas lesbiana —remarcó Alice.
La miraba de una manera tan intensa como si quisiera descubrir la posición de cada uno de sus huesos.
—Sí, exactamente —afirmó todavía intimidada, pero menos que antes. Y sin saber por qué, agregó—: Tengo novio.
No mencionó que era una relación a distancia porque sabía que eso le quitaría credibilidad a su afirmación anterior.
—Bien por ti, chica —dijo Alice sonriendo.
Ahora que había tenido confirmación de que no estaba ante un potencial peligro podía permitirse volver a ser abierta y simpática, en lugar de directa y desafiante.
—¿Tienes a alguien, Kurt? —preguntó Justine de repente.
Kurt inmediatamente pensó en Mike y sonrió nostálgico.
—No, no todavía.
—Eso es una mierda —comentó Albert con despreocupación—. A tu edad especialmente es difícil. Todos temen ser tachados de maricas y por eso se ocultan.
Era grosera su manera de hablar pero Kurt se encontró sintiendo agrado por él. Ese par eran las primeras personas que podían entender su situación y mejor, porque no sólo sobrevivieron a ella si no que vivían sin temores. El haberse besado frente a ellos sin el menor recato era prueba suficiente.
—Dímelo a mí.
Albert miró a su pareja mordiéndose ligeramente el labio, como si dudara de algo. Justin entendió el mensaje y asintió.
—Mira —dijo Albert inclinándose hacia el más joven—, nosotros tenemos un cierto lugar donde gente como nosotros puede reunirse por las noches. También vienen chicos de tu edad de vez en cuando.
—Es un lugar tranquilo —acotó Justine—. La idea es reunirnos para ayudarnos a aceptar que no somos los fenómenos de la ciudad. Así es como lo promocionamos en Facebook. Divertirnos y pasarla bien.
—¿Te interesa?
Kurt parpadeó.
—Oh, Dios...
Albert frunció el ceño.
—¿Qué?
—Es que... ¿esto realmente está pasando? Hace menos de media hora hubiera jurado que no había nadie más como yo y ustedes me dicen ahora que incluso tienen un lugar donde se juntan.
Justine sonrió elevando una ceja.
—¿Eso es un sí?
—Es un "¿qué diablos estuvieron esperando toda la noche?"
Su entusiasmo manifiesto causó la risa de los mayores. Hasta los hombros de Kate se agitaron un poco. A Kurt no podría haberle importado menos. Albert miró a los compañeros del chico.
—Ustedes también pueden venir, si quieren. No discriminamos.
—Alex es genial —dijo Tina—. Incluso me dio su dirección de correo para contactar con él si quería. Dijo que pronto hablaría con el dueño y me haría saber su decisión por ahí.
Estaban de vuelta en el auto de Kurt, ahora regresando a sus hogares. La gótica iba al lado del amante de la moda pero éste no prestaba la menor atención a lo que decía. No podría haberlo hecho aunque la muchacha hablara de cualquier cuestión menos trivial. Sólo pensar que en su bolsillo guardaba la dirección hacia una especie de paraíso de gay en la ciudad le llenaba de tal buen humor que su corazón todavía palpitaba acelerado.
—Te das cuenta de que tiene 19 años, ¿verdad? —inquirió Rachel—. Si él decidiera salir contigo, y no creo que así sea, sería un delito.
Tina chasqueó la lengua.
—Lo sé. De todos modos no es como si le pidiera una propuesta de matrimonio o algo así. Sólo me simpatiza y me gustaría volver a verle.
Rachel giró los ojos lanzando un resoplido y volteó el rostro hacia Kate como si esperara que hiciera entrar en razón a Tina. Era la prima del sujeto, debería poder argumentar mejor que ella. La rubia había estado arisca desde que salieron del club y aun ahora continuaba con los brazos cruzados.
—A mí no me mires, chica. Por mí que hagan lo que quieran.
La respuesta agrió aun más el ánimo de la morena.
—No entiendo cómo puedes decir eso. Si alguien decide hacer una denuncia tu primo será el perjudicado.
—¿Y quién va a hacer la denuncia, Rachel? —replicó Kate, girando hacia ella con el ceño fruncido—. ¿Tú? Tina seguro que no y Alex tampoco, no si es algo consensuado. Por Dios, ¿por qué tener una miserable cita tiene que ser ilegal? Es más ¿por qué una maldita relación debe ser contra la ley? Nadie está forzando a nadie a nada.
—¡Es una menor de edad! —remarcó Rachel. La cuestión en sí no requería que elevara la voz pero la forma en que Kate le había respondido avivaba su enojo—. Tu primo, de acercarse de manera inapropiada a ella, estaría aprovechándose de su juventud e ingenuidad.
—No soy ingenua, ¿verdad? —preguntó Tina pero Kurt sólo se encogió de hombros y Kate ni siquiera la había oído.
—Hablas de ella como si fuera una tonta —reclamó la joven rubia—. ¿No te parece que tiene bastante seso para saber dónde se mete?
—Es-contra-la-ley —respondió Rachel pronunciando con especial énfasis la última palabra—. Y no, no creo que alguien de nuestra edad pueda saber la diferencia entre lo que es correcto o incorrecto, especialmente cuando es influenciada por una presencia nociva.
—¡Lo haces ver como un maldito violador, demonios! Hazte un favor, chica, y deja de hablar de lo que obviamente no conoces.
—Pues si llegara a hacerlo a algo a Tina y ella no está mentalmente lista para ello, poco le faltaría para serlo.
—Realmente no te das cuenta de lo que haces, ¿verdad?
—¿Qué? —exclamó Rachel impaciente, confundida por ese giro en la discusión.
Pero Kate negó con la cabeza y decidió mirar por la ventana. Al cabo de un tiempo de silencio, como si no pudiera resistirlo, masculló:
—No somos tontas.
Rachel decidió no dejarse ablandar.
—No dije que tú lo fueras pero si Tina...
—No, Rachel —dijo Kate irguiéndose en el asiento y mirándola—. No lo somos. Y digo somos porque yo sí salí con una persona mayor que yo, y puedes creérmelo o no, todo siempre fue consensuado entre nosotras. Yo sabía perfectamente dónde me metía y por qué. Y pienso que la gente estrecha de mente que vive usando el bendito argumento de la edad como si fuera un niñita en prescolar, una retrasada o algo así, no tiene el menor derecho a decirme si lo que sentí es incorrecto o no. ¿Acaso te gustaría que yo dijera algo así sobre tu novio? No, ¿verdad? Así que no quiero escuchar más sobre eso, ¿queda claro?
Rachel no alcanzó a asimilar ese arrebato del todo antes de que la rubia diera un suspiro y continuara, un poco más tranquila.
—No apoyo a la pedofilia ni nada así. Sólo digo que ser joven no te hace estúpido. Ser estúpido te hace estúpido y eso puede suceder a cualquier edad.
Dicho esto volvió a ver por la ventana. "Vaya, eso fue incómodo" pensó Tina, un tanto aliviada de que Rachel finalmente se callara. No podía saber que lo único que hacía Rachel no era obligarse a guardar silencio si no conectar puntos. Y cuando lo hizo, le encontró perfecto sentido.
—Fue Alice, ¿verdad? —preguntó con voz suave.
Kate puso una expresión de asco.
—Lo dices como si fuera víctima de violación, por Dios. ¿Qué parte de "yo sabía dónde me metía" no te entra en la cabeza? De acuerdo, fue ella, ¿contenta? ¿Por qué? ¿Planeas denunciarla a la policía? Quiero verte intentándolo.
—No, no —dijo Rachel elevando las manos en un gesto apaciguador—. Sólo quería asegurarme. Disculpa que te molestara.
—Guárdate la condescendencia —respondió Kate desviando la vista—. No la necesito.
La morena se encogió de hombros. Si quería permanecer molesta, estaba bien por ella. No iba a rogarle por perdón. El resto del viaje lo realizaron en silencio.
